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viernes, 14 de marzo de 2014

LOS TEMÁTICOS DE MARZO'14. DE ESPADACHINES Y OTROS MENESTERES. HOJA APERGAMINADA. (XIV). LA MIRADA ENRIQUECIDA.



Has viajado mucho, capitán, si…, pero te has fijado poco. Sin embargo, un día abrirás los ojos […]. Y acabarás dándote cuenta.”
                                                                                   Saltiel Ben Bezalel. Cabalista judío.


De eso mismo se trata, de abrir los ojos y mirar, contemplar la riqueza de cada viñeta que componen las páginas de la búsqueda del legendario tesoro de las Islas Tingitanas. Don Lope y Don Armand todavía no son conscientes de la empresa en la que se van a embarcar, de igual manera que tampoco el lector. Es curioso el proceso simbiótico que se genera entre ambos elementos, auténticos compañeros de viaje en esta aventura, generando un cierto grado de anagnórisis en el mismo y en el resto del Dramatis Personae que componen el relato. La ignorancia proporciona coraje para seguir adelante. La valentía es presionada por ese desconocimiento que hace avanzar a nuestros gentilhombres en su odisea y al lector pasar cada página. A decir verdad, ningún personaje conoce exactamente la dimensión de su posición en la historia, son náufragos narrativos a la deriva de la diégesis. Quizás el único afortunado sea el cabalista judío, que con esas palabras que abren este artículo dichas al jenízaro Rais Kader, lo posicionan a una cierta distancia del resto, aunque sea un personaje secundario e incluso anecdótico de toda la trama. De alguna manera, esa presencia al margen invoca ese culto a lo nimio, su ubicación sutil en la génesis de la historia representa esa religión al detallismo de la que hace gala. Ese culto a una mirada concentrada en los rincones más inhóspitos de la página es un proceso que no se disfruta al instante sino que precisa de una segunda oportunidad, y debido a su riqueza estética y argumental, de una tercera o cuarta y así ad infinitum. El verdadero tesoro que encierra esta obra es ese: el reconocimiento depositado sobre el detalle. Lo que hemos subtitulado un cierto enriquecimiento en la mirada, un saber cifrado que paulatinamente se irá descifrando a medida que el lector se deje embaucar por los personajes y la trama. La escena del encuentro entre el berberisco y el cabalista transforma la narración en tablero de ajedrez, donde cada elemento estructural que la compone juega un papel fundamental, como si fuesen las figurillas lúdicas del mismo. Es el momento nuclear de la historia. Nos habla del mapa de las Islas Tingitanas, de un talismán, la Piedra de Tanit, de peligros inciertos y lugares apócrifos, mientras tanto unas extrañas figuras creadas por el alquimista se pasean deambulando por el laboratorio para acabar desapareciendo en el interior de un caldero en ebullición. En la hoja doce de la edición española (Norma Editorial), en la última viñeta, las vemos en todo su esplendor, son como tubérculos de mandrágora andantes y un gran bocadillo del cabalista insta al jenízaro a seguirle. Los creadores nos invitan a seguir el trayecto, igual que Rais Kader seguirá al jorobado alquimista, por una senda que nos conduzca a nuestra /su perdición. ¿Por qué Ayroles y Masbou se dedican con tanto mimo a estos seres que caminan como pollos descabezados dirigiéndose obedientes a su destrucción? ¿Quizás sea una advertencia por parte de los mismos? El saber cuesta sacrificio. No estamos ante un simple cómic de espadachines sino ante una obra que hay que mirar con lupa para saborearla profundamente.



En retórica existe la figura de la concatenación, que enlazando la última palabra de una frase con la primera de otra, se produce una unión metódica que ejemplariza la armonía de su contenido. De armonía y rima hablaremos en otro momento, ya que el verso será fundamental en el transcurrir de los acontecimientos, pero sí podemos detenernos en la escena del principio para observar con que maestría Ayroles y Masbou son capaces de conseguirla, y además de una manera muy sutil, sin esconder nada, de cara al vulgo de una representación teatral en un rincón de una Venecia bañada por el astro Lunar. A modo de escaleta cinematográfica podíamos desglosarlo con el comienzo de un plano general, situando el contexto de la historia.



La masa sedienta de ficción se agolpa buscando sus propios intereses. En la siguiente viñeta, un músico desafinado, un ragazzo de la calle a punto de hurtar un pincho moruna a Plaisant, un mosquetero a punto de rebasar territorio femenino ignoto a su condición masculina. Y en la siguiente, concatenando los hechos, somos testigos del ritmo incrustado a la página, que independientemente en cada viñeta, ofrece en su conjunto una armonía con ritmo puramente cinéfilo. El director de orquesta castigará al desafinado con un porrazo mientras Plaisant abofeteará al chico y la mujer, extenderá su mano para golpearla sobre la mejilla del atrevido. Como si fuese una sinfonía, donde todas las notas cumplen su cometido sonando al mismo tiempo armoniosamente, los creadores podrán en el interior de unos bocadillos notas musicales que concatenan el objetivo de la obra: el disfrute de la misma. Toda la obra está plagada de un ritual al detallismo, pero concretando en este primer acto, El secreto del Jenízaro, llegaran a lo más difícil todavía, cuando utilicen esa misma técnica para unir diferentes escenarios y situaciones provocando una sensación de ritmo cinematográfico pocas veces representado sobre una hoja. Regresando al encuentro entre el cabalista y el jenízaro y uniéndolo con la escena de los dos gentilhombres encontrando la botella y el mapa en el interior del Jabeque turco.
Merece la pena sentarse un rato en este mundo tan estresante y disfrutar de una historia bien contada, plagada de memorable elenco, prestos a entrenar la mirada y a enriquecerla buscando los secretos que esconde el detallismo gráfico de la misma.


Del cromatismo y del color también hablaremos en otro momento porque la historia no acaba, sino que continúa...


...Pues eso, ¡Von Voyage!

lunes, 10 de marzo de 2014

LOS TEMÁTICOS DE MARZO '14. PRESENTAN...


                               DE ESPADACHINES Y OTROS MENESTERES.

Cojamos nuestros mejores sombreros de ala ancha, nuestros floretes y nuestras capas y dispongámonos a realizar un viaje por un subgénero popular inabarcable. Alimentándose de la literatura, el teatro y el cine, se ha ido expandiendo por un universo de trúhanes, damiselas, malvados y avaros, provocando en el vulgo más de una risotada en la platea. Este mes viajaremos al siglo de oro literario, a la comedia del arte escénica, al cine de espadachines en una propuesta que nos ofrece la mezcolanza de personajes, historias y opciones artísticas con el único fin del goce contemplativo cultural. No es una cosa baladí que Don Lope de Villalobos y Sangrín y Don Armand Raynal de Maupertuis junto al conejo Eusebio nos den la bienvenida al género de la capa y la espada, se convertirán este mes en nuestros anfitriones de singular singladura.
Los principales protagonistas de la serie de la BD francesa, De Capa y Colmillos (De Cape et Crocs) de Ayroles y Masbou nos regalan algunas claves para empezar. A nuestra izquierda tenemos a un lobo humanizado, que representa a un hidalgo español y a la derecha a un humano "zorrorizado" que bien podía ser el mismísimo trasunto del gascón D'Artagnan literario francés. El subgénero subvierte empezando por la mezcla y distorsiona la contemplación. No son animales antropomorfos sino avatares de los personajes inventados por Cervantes y Dumas. Paradigmas de un tiempo y un espacio presto a ser transformado para siempre al ritmo de una estocada. Ambos escritores se apoyaron en lo popular para realizar una travesía que los llevaría a la inmortalidad artística. No me olvido de una figura nimia que inteligentemente está situada en el centro del dibujo y que casi no se percibe gracias a la cola de Don Armand. Es la personificación, o mejor dicho, la animalización de una de las herramientas fundamentales para llegar a tales cotas creativas: la inocencia o su sensación. El contemplar con ojos de niño todo aquello que el adulto ha pervertido. Es una mirada nueva, fresca sobre temas manidos que proporciona un giro inesperado a la estructura del contenido. Basándose en fenecidos temas recurrentes narrativos, los mutan en unos nuevos. Quizás los fénix literarios antes citados no fueron conscientes, sobre todo porque el genio siempre está preocupado generando arte, y por lo tanto aislándose del mundanal ruido circundante, pero la creación del conejo Eusebio, como ya descubriremos sumergiéndonos en las páginas del cómic, es la inocencia ubicada en la narración. Es el motor por donde se filtra el tema nuclear del teatro de oro y de la parafernalia de la capa y la espada, el honor y su dirimir. Sin él, nuestros bestiarios héroes no serían nada y sin ellos, no podríamos disfrutar como lectores, espectadores atentos a la diégesis por narrar.
Curiosamente Miguel de Cervantes citaba en su Don Quijote de la Mancha, ese "capa y espada" que se ha bastardeado popularmente. Si el escritor manchego ponía en solfa las novelas de caballería en su obra magna, los diferentes creadores que han utilizado el subtítulo, adjudicándoselo por derecho propio al subgénero, han mimetizado tal objetivo, mostrándonos en la mayoría de los casos el peligro que corren las modas: la saturación indiscriminadas de repeticiones narrativas que solamente llevan a un sitio, al callejón de la indiferencia. No obstante, intentaremos que los elegidos de este mes no sean esas representaciones, que si bien nacen de un mismo patrón, se diferencia en algunos momentos o se ejemplarizan en otros, demostrando un gran respeto a su fuente primigenia. Y es que hablar de subgénero o género viene a ser lo mismo, quizás exista una diferencia metodológica a la hora de estudiar el arte, proponiendo una división del mismo pero el concepto está engendrado en su raíz de igual manera en un caso que en otro.  El género se engendró en la oralidad clásica griega y nos ha sido legado, o más bien intercambiado, a las páginas literarias para después sufrir un proceso de espectacularización de masas. Por lo tanto, siempre ha estado entre el ser humano del ayer, del hoy y presumiblemente del mañana. Su presencia mítica alardea cualquier ejercicio artístico de cualquier disciplina. Por tanto hablar de subgénero no implica reducción de calidad, ni posicionamiento segundón hacia ciertas disciplinas representativas. De esta manera tendremos que hablar primeramente del teatro y la literatura para acabar con el arte que mejor los aglutina, el cine.


De la pluma nace la idea y de ésta sus diversas formas de representatividad. Siempre me acordaré de niño viendo esa magna serie de animación de la adaptación del Quijote, llevada cabo por el maestro Cruz Delgado, con la música de Antonio Areta y la pegadiza letra de Juan Pardo. Allí veíamos al manco de Lepanto empezar a escribir su historia. Con un zoom de aproximación nos adentrábamos en la noche manchega para vislumbrar la única luz que hacía frente a la oscuridad castellana. La génesis del teatro siempre la he querido recordar de esa manera. Una luz tenue lo suficientemente poderosa para alumbrar la creatividad y defenestrar la ignorancia y la incultura del páramo arrogante que la apresaba. Un gesto nimio pero férreo, la sujeción de una pluma ahogada en un tintero. La mano que la apresa pero al mismo tiempo la deja libre para explotar la narratividad. Cuánto artista, cuánto genio ha pasado realizando ese pequeño gesto, esa especie de genuflexión prensil, siendo representado su corpus narrativo hasta nuestros días. De Don Lope de Vega a Don Calderon de la Barca pasando por Don Francisco de Quevedo o Don Luis de Góngora. O explorando otras latitudes, de Sir Shakespeare a Monsieur Moliere con el paso de los años. De Sir Rafael Sabatini al Signore Emilio Salgari.


La construcción del espacio ideal de la fantasía, la ubicación de la tramoya, los palcos bien diferenciados situacionalmente con respecto al gallinero. El universo ficticio respirando por las cuatro paredes de un espacio invadido por ejércitos de ojos sedientos de risas, desplantes, amoríos y otros menesteres. El teatro es eso y mucho más. La multiplicación de la sensaciones se transfugó a otro lugar, una sala oscura, solamente violentada por un haz de luz poderosísimo que hería una superficie plana. Regreso a la luz, regreso a la farsa y a la mentira, el retorno a la ilusión, el cine en una palabra. De la época silente a la actual, la travesía a seguir es inagotable. Desde la versión de Rex Ingram del Scaramouche de 1923 a la de George Sidney en 1952 (sin menospreciar su versión de los Tres Mosqueteros que hizo en 1948), sin olvidarnos de un arquero de Sherwood y sus versiones múltiples (Robin de los Bosques de Michael Curtiz, 1938, o Robin Hood: príncipe de los ladrones de Kevin Reynolds, 1991) incluida la animada de la casa Disney (Robin Hood de Wolfgang Reitherman de 1973). Pasando por la vertiente bucanera de la capa y la espada, el Capitan Blood (1935, Michael Curtiz) o el Halcón del Mar (1940, idem) y su  legado pirotécnico (la trilogía de Piratas del Caribe). Incluso girando el globo terráqueo, no nos olvidaremos de otro justiciero enmascarado que también nos regaló momentos inolvidables (El signo del Zorro, Rouben Mamouliam, 1940) hasta desembocar, quizás en ese "totum revolotum genérico" que se ha transformado Star Wars. El duelo de espadas láser es una calcomanía de todos los choques de filo aparecidos en los films citados. Bien, de todo eso o de casi todo, intentaremos hablar en este mes. Así que sin demorarnos más, posicionemos nuestras brújulas y preparémonos a seguir su dirección.

¡Disfracémonos con nuestras mejores máscaras!:

                                             

¡Ubiquémonos en la acción!:

                                                 

¡Preparémonos para el romance!:

                                                    

¡Y Aprestémonos al duelo!:

     

Nunca el cine, el teatro, la música, el cómic o la literatura han tenido una espada como vinculo estético y estructural que vertebra toda una idiosincrasia genérica. ¡Qué se abra el telón!


¡Y qué empiece la función!:

                                                         

                                                         

viernes, 21 de febrero de 2014

ENCRUCIJADA DAIKINI. (2013).


Leyendo el título y viendo esta foto sobran los comentarios ¿no? Acabando el mes de Febrero de 2014 y haciendo balance desde aquel lejano 30 de Octubre de 2012, con la portada de La Caída de Dundee, me gustaría realizar un alto en el camino. O mejor dicho, un punto y seguido donde resumiros a modo de índice todo lo que habéis podido (para los viejos exploradores) o podéis (para los nuevos) encontrar en esta Fortaleza de Nintes. De cara a una nueva sección que empezará en Marzo, llamada "Los Temáticos del Mes", me gustaría dejar un poco las cosas zanjadas con respecto a la temporada primigenia de mi Blog. O sea que siempre que aparezca una "Encrucijada Daikini", significará el final de una temporada y el principio de otra. En esta especie de recopilación, auténtico cruce de caminos para navegantes, aparecerá el título de cada sección del Blog y el primer capítulo de la misma, de esta manera si alguien está interesado en proseguir el viaje en esa misma sección, que sea el interesado el que continúe. ¡Descansemos con Madmartigan y Willow!

-SESIÓN CONTINUA. (Críticas de films de serie B, westerns, de autor, aventuras,...)
 -I. La construcción de lo lúdico a través de lo maravilloso y el caos.

-BLOG. (Reseñas y análisis de películas, opinión, trabajos en Scifiworld y poesía).
 -I. Día de los muertos.

-LA CAÍDA DE DUNDEE. (Toda la información relacionada con el universo de MINVS).
 -I. El origen de todo o casi todo.

-PARTITURA NOCTURNA. (Bandas sonoras).
 -I. Cómo ganar una batalla.

-PERCEPCIÓN CATÓDICA. (Reseñas a series de T.V.)
 -I. Pilotos.

-HOJA APERGAMINADA. (Reseñas de libros y cómics).
 -I. En busca de Justicia por parte de un Camisón.

-PASANDO EL LUDOMINGO. (Reseñas de juegos de mesa).
 -I. The Adventurers: El Templo de Chac. Presentación.


Con igual ilusión y mayor fuerza que la primera vez, me dedicó a seguir en esta trinchera cultural, preparando la segunda Temporada. ¡No os perdáis Los Temáticos de Marzo!

martes, 18 de febrero de 2014

PASANDO EL LUDOMINGO EN CADWALLON. CAPÍTULO 6. EL MAESTRO ALQUIMISTA.


"Fue uno de los más insignes y respetados ciudadanos de Cadwallon. La muerte de Herostophilos, el maestro alquimista ha cogido a la ciudad en una profunda tristeza. Una pena relativa porque mientras unos, aquellos que sólo quieren aparentar su amistad incondicional a su familia, una de las más ricas por cierto, otros se dedican a rebuscar sus gemas por los sitios más recónditos de la urbe. ¡Ese era el plan! Mientras todo el mundo estaba honrándolo en su funeral, la laberíntica estructura del barrio de Sienne se encontraba prácticamente vacía. Bueno salvo la presencia de dos inútiles y apestosos milicianos, que deambulan sin saber que el alquimista había muerto. A priori parecía un plan perfecto pero solo a priori..."

Aquí estamos de vuelta, Vane y un servidor, después de una larga temporada y parecía que nos íbamos a encontrar con una de las misiones más fáciles del juego de mesa, pero las cosas no son siempre lo que parecen en la Ciudad de los Ladrones.


Empecé usando a mi mercenario Lucius, apoyándome en sus cartas Arcanas y la cosa salió bastante bien, (que si un hechizo de Teleportación, que si uno de Pasadizo Secreto...,


...que si otro de Doble Cierre), consiguiendo al final sus tesoros.



Cosa que no pudo decirse de los personajes de Vane, Iris y Leona que enseguida se encontraron con gemas malditas que las hicieron paralizarse.


El tal Herostophilos parecía el típico abuelete encantador pero bajo su barba blanca a lo "Papa Noel", se escondía una mente perversa, o por lo menos más que la de nuestros héroes. No obstante no podíamos perder ni un segundo, así que Vane decidió despertar el sable de Iris, apoyándose en una carta Arcana por si las moscas, contra el miliciano Valrut.



Mientras Lucius seguía amasando una pequeña fortuna, a expensas de los milicianos.


No me podía quejar de la partida que estaba teniendo, no señor. Además Anays se unía al latrocinio, dejando los dientes largos de Leona al fondo.


Vane podía dejarse llevar por la rabia sino por la ambición, así que hizo sumar a Iris al carro de la buena fortuna con estos dos cofres.



La alarma ya había sonado...



...y empezaban a caer los primeros rastrillos del distrito, haciendo que Leona se quedase atrapada en sus calles.


Igual que a Lucius. Las cosas se estaban poniendo peliagudas para ambos y no podíamos perder ni un solo hombre más.


Al final triunfó el sentido común y pudimos escapar de Cadwallon. Aunque claro unos con más riquezas que otros.


Unos ducados que nos vendrían muy bien para el siguiente capítulo, el Mercado de Peristas.

Continuará...


jueves, 13 de febrero de 2014

DE PEREGRINACIÓN.


Esta es mi primera peregrinación en busca de mi Santo Grial particular por las tierras madrileñas. Armado con mi macuto, voy recorriendo las calles de la capital pero también las de mi pueblo de adopción. Y mi odisea empezó el treinta y uno de Enero de este año por Parla. Así que es menester hablar de aquellos que me han dado cobijo estructural para poder difundir La Caída de Dundee, como Dios manda.


Ahí la tenéis, mi primera parada y fonda. Parece pequeña pero no os engañéis, es enorme en cuanto a solidaridad con el extraño como yo y en dar cobijo a un sinfín de libros de dispar género y repercusión. Si vivís en Parla, ni lo dudéis en ir a echar un vistazo a su interior: alaska_7@hotmail.es
¡Gracias Susana!


El símbolo de la librería Sur es un claro ejemplo de síntesis. Buscar algo que identifique lo que quiero mostrar. Y como la paloma en busca de una cierta paz, me encontré en el interior de la librería que está situada muy cerca de la Estación de Renfe de Parla, rodeado de una calma solamente rota por la aparición de dos mujeres simpatiquísimas que me dejaron venderles mi novela. Solamente por ofrecerme ese pequeño pero intenso tiempo fue suficiente para confiar en ellas y en la librería. Por cierto, su colección de puzzles es impresionante a este lado del río manzanares y no digamos de su material. Ya sabéis para Septiembre adonde tenéis que ir a encargar los libros de texto, ¿eh?


Y no podía faltar en mi última parada la librería Carmen. Me recibieron con mucha profesionalidad y me sentí alagado del trato.
Muchas gracias a los tres, ya sé que entre vosotros formáis una dura competencia pero sin vosotros Parla, sería un mero páramo de incultura y salvaje escepticismo literario.

Hoy, día trece de Febrero comienza mi segunda peregrinación. Me acerqué a la capital para conseguir un poco de fortuna en esto de la distribución de mi novela y me encontré con una agradable sorpresa. Cada uno de los lugares donde estuve, me recibieron amablemente y se dispusieron a colaborar conmigo. A todos ellos les doy las gracias. Cada lugar es un auténtico santuario para aquel que se quiera adentrar en el maravilloso mundo del noveno arte o los juegos de mesa, o simplemente buscar alguna fricada para su chica o su chico, ahora que se acerca ese exhibicionista armado con un arco y una flecha.






¡Ya tenéis la oportunidad de conseguir La Caída de Dundee en estos lugares de peregrinación narrativa!

lunes, 10 de febrero de 2014

HOJA APERGAMINADA (XIII). CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO. JUEGO DE TRONOS. CAPÍTULO 1. SE ACERCA EL INVIERNO.


La aparición de la loba huargo en el camino a Invernalia redunda en la eclosión del fantástico en el logos. Tanto la novela como la serie de televisión lo dejan expuesto, eso sí cada una a su manera: la primera en una frase puesta en boca por Theon Greyjoy, "hace doscientos años que no se ve un lobo huargo al sur del muro." Y en la segunda, simplemente es un cruce de miradas enigmáticas entre Eddard Stark y Rodrick Cassel. Las dos opciones eligen sus herramientas aliadas, una la palabra y otra la imagen, ambas maneras son perfectas para representar el presagio que sobrevuela en la historia. El rey Robert, de la casa Baratheon, se aproxima a los territorios de los Stark. La hembra de huargo aparece muerta por el asta de un ciervo, ambos animales son símbolos de las casas Stark y Baratheon respectivamente. Toda la construcción de este vaticinio péndula sobre el género fantástico, atrayendo el prólogo de la novela y de la serie y, manteniendo un halo de misterio acerca de los caminantes blancos y sus respectivas consecuencias fantásticas en el relato, como la presencia de los huargos a lo largo del mismo y de los dragones al final. Estamos ante una Edad Media fantástica y estos elementos nos lo recordaran, aunque las vicisitudes y aventuras estén alimentadas por características más terrenales, más cercanas a los hombres y mujeres de una época medieval que a héroes y heroínas de un mundo fantástico. Sería fácil comentar que el ocultamiento de lo maravilloso, podría responder a una justificación económica en el presupuesto de la serie pero no es el caso, ya que en este aspecto sigue fiel al patrón narrativo de la novela. Y es que el primer libro de Martin no es una antología fantástica al respecto. Pero no obstante, aunque parezcan aliarse en sus objetivos compartiendo estrategias, existen diferencias estructurales en sus contenidos.


CAPÍTULO I (desde la página 15 hasta la 92 de la novela).

Empecemos con una de las analogías más importante entre ambos medios artísticos, quizás la más importante: el descubrimiento del mito en el interior de la diégesis y la presentación de su antagonismo, la religión, como estandartes narrativos disímiles. La razón principal de tal estratagema es proporcionar una confrontación metanarrativa entre ambas formas de contar un suceso, justificando su lucha como creación de un cosmos fantástico al que nos vamos a adentrar. Es por esa razón que constantemente tanto Martin como los creadores de la serie, nos muestran las urdimbres del relato a través del cuento (la herencia del mito). La vieja Tata es la portadora de esta sabiduría y es bajo su presencia que se filtra la mitología de Canción de Hielo y Fuego.


Concretamente, en la página 25 de la edición Gigamesh Omnium (será la edición que seguiremos) de Juego de Tronos, Bran se convierte en testigo del origen mitológico norteño: Los hijos del Bosque, los Primeros Hombres, su lucha y su pacto y después la invasión de los Ándalos. Elementos que alimentan el misterio y el miedo del pasado milenario de la narración. Es un recurso poderosísimo si se hace correctamente, con una cierta lógica narradora. Y frente a eso, ¿qué nos queda? Otro elemento, igual o más poderoso, para contrarrestarlo. Uno que solo nombrarlo, infunde respeto: la religión. Frente a la fábula, el ritual. Lo desconocido disfrazado de metáfora contra la lógica de una liturgia. Catelyn, como buena Tully de Aguasdulces que es, es su anfitriona en la página 33, presentándonos la religión de los Siete Reinos: los Siete Dioses y su Septón. Y a partir de ahora se establecen interesantes paralelismos entre ambas formas de pensar y creer. Los Dioses con rostros y nombres frentes a otros más antiguos, sin nombre ni rostros. Pero atención, Juego de Tronos y también su serie, no son una oda al misticismo, ni una plegaria religiosa, también puede llegar a ser un ejemplo de pragmatismo frente a tanto espiritualismo. En la página 40, curiosamente con la presentación de los Targaryen, aparece el Magister de Pentos, una de las Ciudades Libres, Illyrio Mopatis, ayudando a despertar al Dragón. Las intenciones de Viserys son también consecuencias directas de sus deseos, alejadas de la ola religiosa/mitológica que inunda Westeros: su deseo de reconquistar el Trono de Hierro.


Ahora continuemos con las diferencias. Existen cambios sustanciales sobre personajes y sobre acciones, aunque sean pueriles la mayoría, es decir momentos insustanciales, que incluso podrían omitirse en la adaptación televisiva pero que en cambio se permutan, cambiando el orden de los factores sin alterar el producto final: el entretenimiento del espectador otorgando pleitesía al lector.
El cambio más importante sobrevuela sobre el personaje de Catelyn (Michelle Fairley), la mujer de Eddard Stark (Sean Bean). O más bien sobre sus motivaciones acerca de la partida de su esposo hacia Desembarco del Rey. En la novela se muestra displicente, animando a Ned a regresar junto a su Rey, amigo a la capital del Reino, pero cuando oye que el señor de Invernalia quiere llevarse a casi todos sus hijos, se molesta. Cat se preocupa y se muestra recelosa y triste. En la serie de televisión estos sentimientos son compartidos desde el principio. Pareciera que antes que amar a un esposo, hay que respetar el honor y defender a su hermana y su sobrino frente a las intrigas de la corte. Además en la adaptación televisiva pareciera que está perdiendo a su gran amor, mientras que en la novela la percepción es diferente. Ese amor pareciese haberse forjado con el paso del tiempo y no incubándolo sobre un flechazo romanticón, y es que el poder de la imagen es pretenciosa, intentando hipnotizar a la mayoría, amarrando su estructura a un bagaje más romántico que su mentora literaria. Es como si quisiese dar la mano al romanticismo del siglo XIX, cosa que la novela rechaza a cada momento.
El personaje de Tyron también sufre una pequeña mutación. En la serie es más activo sexualmente que en la novela, entre otras cosas porque la imagen, devoradora curiosa y morbosa, necesita del componente voyeuristico, priorizando la sexualidad como gran elemento diferenciador con respecto a su fuente literaria. La serie está cargada de elementos sexuales que erotizan el relato transformándolo en una auténtica erótica del poder. No digo que en la novela no se folle, pero en la serie se convierte en una reiteración triunfal. El icono colabora con el sexo expectacularizándolo.
En cuanto a las acciones o momentos desarrollados en la trama, el sentido parece bifurcarse en aquellos lugares donde la acción se adormece en favor de una descripción más pausada. Permutándose en diferentes posiciones dentro de una cronología narrativa dispar. La noticia de la la llegada del Rey a Invernalia y la muerte de John Arryn están juntas en la novela pero en la serie están separadas. O cuando Arya (Maisie Williams) está recibiendo las clases de costura mientras en el exterior Bran (Isaac Hempstead Wright) está recibiendo las de arco. Otro momento muy agradecido por los aficionados del mundo de Hielo y Fuego es la pequeña confrontación entre Ned y Jaime Lannister (Nicolaj Coster-Waldau), inexistente en las primeras páginas de la novela, igual que la secuencia de caza que se mantiene como elemento en la sombra de la narración. Regresa el presagio al corpus narrativo, al final del libro y de la serie habrá otra caza, que tampoco se mostrará, con diferente sentido y finalidad pero coincidiendo en su objetivo, cerrando un círculo y abriendo otro. La narración parece llegar a una encrucijada, donde la novela y la serie pueden  llegar a coincidir en algún punto, pero se distancian a su manera porque sobre todo son diferentes medios, opuestas propuestas. Puede que el Invierno se aproxime pero de diferente manera.

martes, 4 de febrero de 2014

LA CAÍDA DE DUNDEE. (XX). MI ESTRATEGIA.



¿Por qué elegimos un camino y no otro? ¿Por qué al cruzar la calle giramos a la derecha y no a la izquierda? Parecen preguntas sencillas pero sus respuestas pueden que no tanto. Entre otras cosas porque van adheridas a circunstancias o elecciones privadas. A la hora de escribir pasa lo mismo. ¿Por qué decidimos optar por una forma de narración y no otra? La respuesta también podría llevar implícita un cierto grado íntimo pero no es el caso, más bien es el objetivo de La Fortaleza de Nintes.
En La Caída de Dundee, la historia podría haber sido más lineal, ordenada, cosa que lo fue en su génesis, pero decidí optar por una cierta complejidad, un desorden voluntario que diese como resultado un paralelismo rítmico narrativo. El componente lúdico sobresalía en esta elección. El juego como representación de un universo por donde pululan unos personajes en busca de algo. Había que situarlos no solamente a ellos, los jugadores conjuntamente con el lector, sino también a la acción propiamente dicha. De ahí la inclusión de un mapa muy sinóptico en la parte trasera del libro. Y es más, la minuciosidad con la que describo lo que parece ser un atlas en las paredes agrietadas de la Cámara del Encuentro, respondía a ese problema situacional. El mapa como gráfico que revela una(s) ruta(s) por donde mis héroes y villanos campan a sus anchas buscando su(s) objetivo(s). La analogía narrativa se abría paso en ese mapeado dundiano para poder situarlos, ya no solamente a ellos geográficamente, sino hacer visibles sus múltiples acciones que estaban haciendo o iban a realizar. En ese justo momento, estalló el mecanismo y el engranaje se empezó a observar al detalle.
La multiplicidad de acciones, dividida casi en parejas (Lagasca y Lepanto escapando por los hangares subterráneos del aeropuerto de subviones; Voyage, Heads y Casandra huyendo del profesor Antónimus; Horacio buscando un mito y los hijos de Dundee esperando para ser rescatados)  respondía a esa opción jugable. Dejar al lector en pleno Cliffhanger al final de cada parte para volver a retomarlo más tarde, como si fuese un capítulo de Perdidos (y es que Lost juega mucho con el espectador y con su percepción). En algún momento me plantee el dejarlo y regresar a la linealidad decimonónica pero en seguida pensé que ya lo había hecho, el comienzo de la novela es muy lineal y tenía que mutarlo de alguna manera. Es más, es tan poderosa esa continuidad monótona que el libro empieza con ella y acaba con ella. El nudo tendría que ser desenredado por el lector así que la novela parte como un desafío. Pero no uno muy rebuscado, simplemente es adoptar una elección, elegir un lado de la calle, un camino por donde hacer discurrir mi estrategia, aventurarse en mi historia.