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viernes, 23 de enero de 2015

DÍA DE PRE-ESTRENO. INTO THE WOODS O INTO THE BUSHES. HISTORIA DE UNA ANTÍTESIS.


La antítesis que encierra el título no es aleatoria es completamente intencionada como lo es también el musical de Sondheim y Lapine. Todo el mundo entiende, o al menos de esta parte del  mundo la occidental quiero decir, que el cuento es un relato de adultos contado a los niños  y que con el paso del tiempo su contenido ha ido degenerando en algo “suave”, estéticamente didáctico enclaustrado en una moraleja. Es más, siempre se le ha adjetivado el componente feérico para proporcionarle más encanto si cabe. Por poner un ejemplo oriental, Las Mil y una Noches es totalmente diferente a la percepción que tenemos del cuento. Su laberíntica estructura se aleja de la simpleza de nuestros relatos infantiles; su numerosa población actante desborda a los individuales protagonistas de nuestros relatos y en lo único en lo que pueden llegar a estar de acuerdo es en su misteriosa génesis, perdida en el albor del pretérito. Por lo tanto podríamos decir que nuestros cuentos son narraciones bonitas que cuentan algo terrible pero que al final la crueldad de su contenido es transformada en un final feliz. Bueno, la verdad es que eso no fue así hasta que esos cuentos murieron sobre el papel. Antes fueron composiciones orales que se trasmitían de generación en generación, viajando de un sitio a otro y no tenían por qué ser tan políticamente correctas como lo son ahora. En cualquier caso tendríamos que agradecérselo a los hermanos Grimm o a Charles Perrault su corrupta conservación a nivel literario y al tío Walt a nivel cinematográfico. El origen de los cuentos es tan neblinoso como sus traducciones que con el paso del tiempo, en una escala menor pero igual que le ha podido pasar al gran cuento que es la Biblia, han ido reinterpretando sus significados hasta quién sabe qué final. Lo que es evidente es el proceso manipulador sufrido que podríamos emparentarlo con la creación de una película o un musical. Bien, con Into the Woods sus creadores han querido realizar una operación un tanto curiosa: experimentar, o más bien jugar con la idea, el concepto del cuento occidental pero apoyándose en elementos orientales como ya hemos señalado. Y lo hacen otorgándolo consciencia, o mejor, autoconsciencia a los mismos. Como si de una “muñeca Matrioska” se tratase se van presentando los cuentos en forma de sus personajes, uno a uno para entrelazarlos y unir sus desarrollos encauzándolos a un bosque de tintes “buñuelianos” (vertiente Ángel exterminador, 1962) del que es fácil entrar pero que jamás saldrán.
Prueba de ello es el primer número musical de la función. Matemáticamente se van enhebrando los hilos para acabar en una diégesis de cierto cariz irónico. Esto es otro elemento importante, otra herramienta postmoderna que se operará en el universo del show. La ironía está presente en muchos momentos. Cuando el Príncipe Encantador (Chris Pine) le dice a Cenicienta (Anna Kendrick) que a él le enseñaron a ser encantador pero no sincero, después de serla infiel con la mujer del panadero (Emily Blunt), ahí está reforzando el componente postmoderno. Y es que la génesis de Into the Woods es una muy “Brechtiana”. La autoevaluación constante  de ser consciente, en este caso, de pedir un deseo. Los protagonistas de este musical no lo son. El relato comienza con un “Yo deseo…” y todo el relato del mismo versará sobre esa plegaria dividiéndose en dos partes bien diferenciadas por su tonalidad, su duración milimétricamente coreografiada en el musical menos coreografiado de la historia, y en sus estructuras. La primera hora podría ser la del relato ortodoxo, lo que se entiende por un cuento, presentación de los diversos personajes que lo habitan deseando algo y sus desarrollos por todos conocidos. La segunda hora correspondería a la parte más heterodoxa, donde los personajes se enfrentan a sus responsabilidades del deseo adquirido. El soñador Jack (Daniel Huttlestone) y su represiva madre (Tracey Ullman) tomarán ventaja de los suyos, convirtiéndose él en un ladrón y ella en una pomposa ricachona; la inocencia de Caperucita Roja (Lilla Crawford) se transformará cuando conozca al Lobo (Johnny Depp) en un pragmatismo sanguinario representado por esa nueva caperuza lobuna; Cenicienta descubrirá que quizás su príncipe no es tan ejemplar como hemos visto al comienzo. Aunque parezca mentira el único personaje íntegro y honrado es el de la Bruja (Meryl Streep), que haciendo lo que hace (retener a una niña durante más de veinte años, encerrándola en una torre), es consciente de su maldad y se enfrenta a la hipocresía del resto con sus principios inalterados.
Pero existe una novedad en la propuesta. Es la incorporación del testigo dentro de la fábula, y no estoy hablando del narrador que también existe de una manera extradiegética, sino de uno diegético, bueno en este caso se trata de dos, una pareja, el Panadero (James Corden) y su desleal esposa que ya hemos mencionado. Son personajes que no son originariamente de ningún cuento y proporcionan el punto de vista del espectador guiándole por la trama. Es el aliado postmoderno de la narración, emparentándolo con el espectador contemporáneo. Ellos tendrán que conseguir una serie de objetos para poder engendrar después de haber pactado con la Bruja su obtención. Dicho esto y sin olvidar la forma, un musical, dentro del contenido, una película podríamos ir directamente al Into the Bushes de la crítica.
Os preguntareis si lo anteriormente redactado podría perfectamente encajar en cualquier versión de Broadway  y si es así, que lo es, ¿qué tendría de nuevo la versión cinéfila? o mejor ¿qué intención tendría una nueva versión de la misma? Para la primera pregunta tengo un NADA y para la segunda, la respuesta iría a parar al callejón oscuro de la rentabilidad económica construido por los buenos productores, aquellos dispuestos a arriesgar absolutamente nada para obtener el máximo de los beneficios. Pero ensuciémonos que para eso estamos. Analizar un cuento hoy en día es mancharse las manos. Es realizar un viaje al otro lado del espejo “carrolliano” para encontrar que la moraleja inherente en toda fábula está bañada por una pátina de conservadurismo (y todo lo que implica el termino social, económico y existencial) al que hay que combatir. El tema principal de Into the Woods es la responsabilidad comunal (en palabras de Sondheim). Al principio los personajes actúan por sí mismos desembocando el caos y solamente serán capaces de desenredarlo si trabajan juntos en equipo para enmendar los errores de pedir sus deseos. Pues bien, dentro del discurso liberal siempre se esconde pequeños resquicios de su contrario. Lo podemos rastrear en el personaje de la mujer del Panadero. Muere porque le ha sido infiel, ni más ni menos. Al Príncipe no le pasará nada, seguirá desflorando damiselas que es lo que suelen hacer los príncipes encantadores pero el personaje femenino ha recibido su castigo narrativo. Ni Walt Disney en sus mejores momentos lo hubiera hecho mejor. A veces mirar de cerca no es lo más satisfactorio, lo mejor es contemplar las cosas de lejos para poder tener una perspectiva que te permita un mejor análisis de los hechos. Sondheim y Lapine han querido reunir a los cuentos a la luz de una fogata en un bosque surrealista conscientes de su inutilidad como moralistas, ejerciendo mejor como herramientas de un entretenimiento que proporciona goce. De ahí lo de Into the Bushes y de ahí la formación de la retórica antítesis. Dos frases de igual número de palabras pero de significando distinto en sus finales. 



lunes, 19 de enero de 2015

PASANDO EL LUDOMINGO CON EL SÍMBOLO ARCANO. CAPÍTULO 4. CONOCIMIENTOS EXTRAÑOS... EN UNA MENTE PERTURBADA.



"Y aquí nos encontrarás, no importa si llueve, nieve o diluvie. Esperaremos justamente aquí tu llegada. Dándote la bienvenida que te mereces, sacrificando a los infieles prometidos e ingresando entre nuestras huestes a los nuevos adictos. ¡Salve al Rey Amarillo! ¡Vive Primigenio Hastur!"


¿Demasiados Símbolos Arcanos? No, no os habéis perdido nada, lo que pasa es que la instantánea es una recolección de dichos objetos conseguidos en una partida doble que me supuso un cierto caos organizativo para este taller narrativo. Pero bueno, eso no impide seguir adelante y ya veréis que en este capítulo se conseguirán muchos símbolos arcanos, no tantos como los mostrados más arriba pero los suficientes para enseñaros que nuestros tres investigadores van por el buen camino en su confrontación con Hastur. ¡Adelante, con errores o sin ellos, siempre en la brecha!



Monterey Jack parece encontrarse en una aventura difícil pero su emblemático Cultos Inconfesables y un Cuchillo le han servido para obtener preciadas recompensas y alguna que otra maldición en forma de monstruito.

"Se despertó súbitamente regresando a una especie de Cónclave Secreto donde él parecía ser la atracción principal. Volvió a mirar a los congregados que lo rodeaban. Los Cultistas de Hastur orando sin parar, cabizbajando sus rostros, estaban concentrados en su rezo. Decidió mirar a  su alrededor comprobando que su posición se encontraba en serio peligro. A escasos centímetros existía un agujero subterráneo en el centro de una sala circular. Miró por encima de su cabeza, sin dejar de observar el pozo que se encontraba a sus pies, y descubrió que se encontraba en el interior de una caverna, decorada con unos candiles ubicados en las paredes. Monterey observó también que a su derecha se encontraba el Conservador  y su bigotillo sonriente seguido por Duque. Bajando una pequeña escalinata se encontraba una serie de compuertas que daban a unos pasillos que confluían en esa misma sala. Al final del que estaba situado enfrente de él, se encontraba un pequeño altar donde la Vigía Azul de la Pirámide reposaba. El arqueólogo regresó a observar el suelo a sus pies descubriendo que su bandolera estaba abierta, sobresaliendo la punta de su emblemático libro Cultos Inconfesables y que un poco más lejos se encontraba el Cuchillo del Conservador. Pensó que serían dos buenas herramientas para una posible huida. De pronto un rayo turquesa salió despedido del espejo y se incrustó en la bóveda de la caverna. Los fieles dejaron de orar y dirigieron sus miradas hacia el techo. El rayo seguía apuntando el centro de la bóveda de arcilla. El arqueólogo miró atentamente como el rayo concentraba su poder en un punto e iba erosionando la superficie. Hilillos de terracota empezaron a caer sobre las capuchas de los Cultistas al mismo tiempo que empezaban a gritar como posesos. Todos miraron atentos el efecto destructor del rayo que salía del objeto. Monterey pensó que podría ser una oportunidad de oro para poder escapar de sus captores pero cuando se decidió a empezar su fuga, el techo terminó de ceder y la bóveda cayó, desintegrándose sus componentes, y dejando entrever un haz verdoso que iba descendiendo hasta posicionarse justamente delante del arqueólogo. Pe… pero ¿qué diablos…? Pensó enseguida llegando a la misma conclusión que la del Conservador cuando le dijo que eso no era un espejo, sino que era una llave. La luz empezó  a expandirse hasta llegar una circunferencia que emitía ondas desde su epicentro, expulsándolas por todo su diámetro. Bajó la circunferencia esmeralda y desapareció en el interior del pozo a los pies de Monterey. Todos los congregados dejaron de mirar el haz para dirigir sus miradas a su prisionero, incluido el Conservador y Duque. Los Cultistas no tardaron mucho tiempo en sacar del interior de sus ropas unos cuchillos y apuntar el rostro del arqueólogo.
 —Creo que me toca hacer los honores. —Se dirigió el Conservador a Monterey, blandiendo su puñal.
Éste no dejaba de sonreír mirando los ojos del arqueólogo. Monterey había estado en situaciones muy peligrosas pero ésta sobrepasaba al resto. Delante tenía la hoja afiladísima de un puñal plateado acercándose a hacia sus ojos y detrás se encontraba con un ejército de puñales esperándole para hacerle picadillo. No tenía escapatoria. De repente la luz verdosa regresó a la caverna desde el pozo iluminando la única vía libre a Monterey. Miró al Conservador y después a Duque y no se lo pensó dos veces, sobre todo teniendo el reflejo de su rostro sobre la daga de su verdugo. Éste alzó su arma dispuesta a clavársela en el rostro del prisionero, pero Monterey bajó su cuerpo haciendo que su cabeza golpease el estómago de su adversario. El Conservador cayó al suelo ante la irritada muchedumbre que empezó a dirigirse hacia el arqueólogo. Éste consiguió coger el Cuchillo y rápidamente se deshizo de las cuerdas que lo tenía aprisionado y antes de saltar al pozo, pudo placar otro ataque de un puñal lanzado furtivamente hacia su persona, poniendo el tomo de Cultos Inconfesables sobre su cuerpo. El puñal se clavó en el centro del libro, salvando al hombre que ya caía hacia lo desconocido. Inesperadamente Duque siguió a Monterey, saltando por encima del Conservador que se erguía del golpe sufrido. El animal y el humano desaparecieron de la vista de los Cultistas igual que el fulgor esmeralda del pozo. Todos se quedaron callados mirando al Conservador.




Amanda pasito a pasito va descubriendo cosas a medida que encuentra pistas y algún que otro portal a otros mundos.

"El cuerpo de la estudiante vaciló al llegar al final del pasillo. No sabía cómo pero había llegado hasta el punto donde se  había oído más cercano el ruido de una metralleta. Lo más significativo de todo esto es que al llegar se dejó de oír los disparos, regresando un silencio sospechoso. Amanda aprovechó para recapitular su odisea. Se encontraba en el Museo para poder acabar su tesis sobre la teosófica Helena Petrovna Blavatsky y había terminado de caerse dormida y encerrada tras sus muros, descubriendo que en el edificio se escondían los objetos más fabulosos que ella no habría podido imaginarse nunca, entre ellos dos que llevaba consigo. Uno era la legendaria Lámpara de Alhazred y el otro, la Espada de Gloria. Los disparos volvieron a oírse pero con diferente intensidad, pareciendo que era otra arma la que chillaba. Amanda miró la puerta del almacén del Museo. En su interior había poca luz y los fogonazos de un arma automática ayudaban a describir el lugar, prendado de un olor a pólvora. No sabía el porqué, pero se aventuró al interior pensando tal vez que podría tratarse de su única vía de escape. Sobre una pila de cajas se encontraba una dama disparando sin cuartel hacia un agujero en el techo del almacén. Desde arriba parecía sobresalir un brazo azulado que se dirigía perezoso hacia la mujer. Su piel arrugada y bulbosa daba más asco que temor. De repente salió disparado un haz verdoso que impactó en la mujer. Amanda se acercó más y pudo comprobar que se encontraba ante un Portal a otra dimensión. Su luz esmeralda y su formación líquida la pusieron sobre aviso, además de que ella ya había investigado ese tipo de fenómenos en su tesis, buceando en el Libro de Dzyan. No tenía la menor duda se encontraba ante un Portal a Cualquier otra Parte. Jenny la miró asombrada mientras Amanda la sonrió.

 —Os encontráis ante un portal a lo desconocido.
 —No me digas, guapa. Pues te puedo asegurar que hay algo más físico que un portal ahí arriba.

Ambas miraron a la luz y algo se movió al mismo tiempo que emitía unos gruñidos, aproximándose a ellas."





Jenny Barnes no se relaja ni un segundo, desempolvando su Automática del. 45 consigue otro Símbolo Arcano y el encontronazo con un monstruo.

"Sobre el rostro de la señorita Barnes disparaba el haz esmeralda, mapeando su físico. Era como si esa extraña luz la estuviera poseyendo, eliminando sus decisiones, que ahora mismo pasaban por eliminar a la extraña presencia de arriba. Amanda se acercó más a Jenny intentando explicarla algo cuando del agujero del techo, arropado por la luz, cayó un ser orondo. No era humano pero tampoco animal. Era un híbrido de ambas especie pero ninguna concretando. Su carnoso brazo tocó al de Jenny y en ese mismo instante la mujer sintió como si toda su vida pasara en un segundo. Enseguida volvió  a ese pueblo de mala muerte donde había nacido y se había criado. A ese tiempo infame donde había aprendido a sobrevivir en las calles de Arkham y de repente se encontró en un callejón sin salida. Una presencia la perseguía y Jenny no sabía quién podría ser. Sacó su pistola pero no la llevaba con ella. La sombra la acarició su rostro y ella pegó un grito al comprobar que era el rostro de su padre quien la perseguía por las tinieblas. Jenny se zafó de su agresor y salió corriendo calle abajo. Volvió a recordar pasajes de su adolescencia cuando su progenitor la maltrataba a ella y a su madre delante de su hermano mayor, sin que éste pudiera hacer nada. Era como los disparos de su Automática del. 45. Eran precisos y muy rápidos y podían llegar a matar la conciencia de la libertad, de su libración. Algo salió de su conciencia, algo que mantenía guardado por mucho tiempo. La verdad. No lo había dudado ni por un instante. Para poder crecer tuvo que hacerlo, tuvo que matar al padre acosador y lo hizo antes de huir de ese pueblo. Empezó a llover a cántaros y la señorita Barnes cansada de correr se detuvo en una esquina. Al principio no se percató de la acumulación de agua, pero rápidamente de creó un charco delante de la mujer. Jenny descansando miró el fondo del mismo, descubriendo con terror como se reflejaba un rostro y no era el suyo. Era el de su padre. Pensó enseguida que a veces Te Conviertes en los que Más Temes. El ser orondo sonrió a Amanda a la vez que se acercaba al cuerpo de la paraliza Jenny. En seguida supo la estudiante de que ser se trataba. Era un Gul. Habitante de otras dimensiones, contaminando la nuestra. Con solo su tacto podría hacer morir del miedo más atávico a quién tuviese tan mala suerte de encontrarse en su camino.

 —¡DESPIERTE!, ¡DESPIERTE!


Los gritos de Amanda surtieron efecto porque Jenny se desperezó y empezó a disparar su arma sobre la presencia del Gul. Éste se hizo añicos saltando por los aires. La estudiante se apartó para librarse de la explosión pero no lo hizo de la luz verdosa del Portal. El haz engulló a la joven haciéndola desaparecer en el acto. Cuando Jenny quiso buscarla para agradecerla su gesto, no encontró a nadie. Bajó de las cajas y miró a su alrededor. Volvía a estar sola. Algo captó su atención. La mujer se agachó mirando un libro que sobresalía de una de las cajas afectadas por la explosión.


 —Vaya, vaya. Qué tenemos aquí. —Habló para ella mientras levantaba el Necronomicón
entre sus manos."

CONTINUARÁ...

viernes, 9 de enero de 2015

PASANDO EL LUDOMINGO CON EL SÍMBOLO ARCANO. CAPÍTULO 3. MONSTRUOS HORRIBLES... REVELAN UN SECRETO.



"El ansia me corroe rápidamente. Deseo invadir vuestro mundo para hacerlo mío. Aquellos que me estéis esperando lo agradeceréis infinitamente y los que se muestren escépticos o en contra, pereceréis pero no lo haréis fácilmente. Os cubriere con una muerte que serán mil. Sufriréis lo indecible eternamente y solamente, después moriréis pero antes veréis caer a vuestros seres queridos en esa orgía de sangre y dolor."

Siguiendo las directrices de la carta de Mitos, preferimos colocar una ficha de perdición en el medidor y comenzar la aventura, a sabiendas de que cuando pase la medianoche, ¡sí es que sobrevivimos otra más! ganaremos una pista. Veremos...

Bueno, empezamos bailando con la más fea menos mal que Jenny posee a su "picola", pudiendo resolver sin apenas dificultad la carta de aventura que eligió.



Obteniendo de esta manera, nuestro primer Símbolo Arcano, que aparece al principio en la carta del Primigenio Hastur, y ganándose una pista y otra arma. Y es que la señorita Barnes es una mujer de armas tomar.


"La sintió cuando llegó a rozar su rodilla. Detuvo su lectura y miró a la niebla de una forma extraña. Aquello no la parecía muy normal. El clima había sido un lastre para su periodo de aclimatación en Arkham. No soportaba los bancos de niebla en el exterior pero era la primera vez que sufría un ataque de éstos en un interior. Jenny cerró bruscamente el libro y salió del rincón dispuesta a seguir con su rapiña profesional. La presencia gaseosa se quedó embalsamada iniciando un trayecto ascendente hasta invadir el fulgor de la lámpara, empezando a alimentarse del mismo. Al mismo tiempo que devoraba el haz de luz amarillento, sumía la cercanía en oscuridad. Al dar el tercer paso para adentrarse en el interior de otra de las cajas, Jenny resbaló hasta caer sentada delante de una. La joven maldijo en voz baja hasta erguirse completamente y comprobar con sus ojos qué había sido el causante de la caída. Sus ojos se volvieron a extrañar. La poca luz que emitía la lámpara de queroseno, conquistada por la niebla dejaba poco que contemplar, pero Jenny se esforzó por ver una especie de mancha oscura al principio que lentamente, a medida que se acercaba, cambiaba la tonalidad de la sustancia a un color rojizo pastoso. ¡Era sangre! Había Sangre en el Suelo. Rápidamente dejó el libro apoyado sobre una caja y sacó su "picola" dispuesta a hacerla hablar. Expandió su mirada hasta donde pudo y regresó al cero sanguinolento descubriendo que iba expandiéndose muy sutilmente. Al no ver nada de frente ni detrás ni a sus lados, optó por la única opción que la quedaba. Su cabeza se alzó hacia el techo del almacén. ¡DIOS! Pensó en el creador ante algo que no había sido creación del todopoderoso. Colgando de unas fauces había un brazo y de su mano colgaba una pistola. El sonido tamborileante de un mordisco hizo que el arma cayese a los pies de la joven mientras un rostro animal de rasgos esqueléticos hacía acto de presencia. La sangre seguía manando, gota a gota mientras la bestia continuaba con su comida. Jenny pudo observar con más detenimiento mientras la apuntaba, que poseía alas y una columna que sobresalía de su estructura afilados huesos puntiagudos. No perdió más el tiempo. La bestia la vio y en cuestión de segundos se abalanzó sobre la joven. Ésta, en un acto reflejo, fruto de su vida o de su supervivencia se dejó caer al suelo empezando a disparar con su metralleta. Las balas de la "picola" encontraron a su diana sobre la piel dura de la bestia alada. Una o un par de balas no le hubiesen hecho nada, pero la mecánica de la metralleta y sus disparos a doquier hicieron que Jenny descargase todo el cargado de su "picola" sobre el vientre de la bestia. Su cuerpo cayó encima de la mujer tapándolo completamente. La metralleta no la serviría más pero la Automática del .45 la cogería con gusto, sobre todo cuando empezó a oír voces del interior del agujero que había hecho su amigo en el techo del almacén. Parecía que no estaba sola."



Amanda se enfrenta a lo desconocido con una espada y una lámpara, consiguiendo dos pistas en su aventura.



"Al cruzar el umbral del Archivo, algo atrajo la atención de Amanda. En la zona baja de la última estantería, en un rincón sepultado por el polvo se encontraba el lomo de un libro. Era el único objeto de su especie que descansaba en la tumba de madera que acogía otros singulares objetos. La joven tenía ante ella el oscuro pasillo de salida pero decidió coger el libro antes de marcharse. Algo la decía que tenía que hacerlo. Las manos de la estudiante cogieron el voluminoso libro y antes de aventurarse por sus páginas decidió dar un soplido para no invadirse del mar de polvo que recubría el objeto. Al hacer desaparecer el manto de polvo apareció el título del libro: Los Registros Perdidos. ¡Vaya! Así que había alguien en el museo que sabía lo que hacía pensó mientras empezó a pasar sus páginas. Ante los ojos de Amanda iban pasando artículos e imágenes de la colección de cosas y objetos más curiosos que jamás se habría encontrado en toda su vida. Entre ellos pudo descubrir los que poseía ella: el Libro de Dzyan, la Lámpara de Alhazred o la Espada de Gloria entre otros. Volvió a ejercitar su mente. Sabían lo que tenían aquí, y desde hace mucho tiempo por lo tanto no sería trabajo de una sola persona sino de un grupo. Un conjunto de personas salvaguardando estos objetos tan antiguos y tan desconocidos. ¿Y con qué propósito? Repentinamente se oyeron disparos muy cerca de donde estaba. Parecía el sonido de una metralleta. Los escalofríos volvieron a recorrer el cuerpo de la joven. Dejó el libro en el suelo y se marchó del lugar con muchas dudas y alguna que otra pista."


Las cosas se complicando para todos, incluido nuestro arqueólogo favorito. La Vigía azul de la Pirámide le será de gran ayuda para la tirada de dados y conseguir un valioso pergamino que le permitirá obtener otro codiciado Símbolo Arcano.



Y la suerte estuvo de parte del amigo Jack porque además de utilizar su Revólver del .38 consiguió todos los premios de su carta de aventura. Interesante, sí señor.




"Tranquilo Duque. Calmó Monterey al animal al mismo tiempo que intentaba apartar su viscosa lengua canina. ¡Vaya, por fin alguien ha encontrado a mi perro! Unos pies trajeados entraron en la oficina de seguridad dejando entrever la figura de un corpulento hombre. El arqueólogo se levantó y miró al bien vestido y fornido ser. El hombre le sonrió y le lanzó su mano derecha como símbolo de fraternidad y diplomacia para saludarle. Monterey podía haber estado en las cloacas más inmundas del planeta, cosa que le gustaba, pero también conocía las reglas del juego y no se mostraría descortés con el extraño individuo. El arqueólogo lanzó su mano ante la atenta mirada de Duque olisqueando la confrontación de las dos extremidades. Usted debe ser el señor Monterey Jack, ¿no es cierto? El arqueólogo asintió en un noventa y nueve por ciento de la seguridad mostrada por aquel hombre. Tenía un pelo demasiado engominado para Jack y demasiado bien peinado y ordenado, además su bigotillo mejor poblado que el suyo, incitó alguna que otra envidia. Soy El Conservador dictaminó manteniendo una sonrisa falsa. Enseguida los ánimos se calmaron, sobre todo los del arqueólogo. Por fin estaba ante alguien del Museo y por fin alguien le explicaría lo que estaba pasando y saber más acerca del extraño objeto que descubrió en el pasado. El conservador le invitó a que se sentase en la silla de la oficina mientras él se ponía cómodo enfrente.

 -Así que lo consiguió señor Jack.
 -¿El qué señor...?
 -La Vigía Azul de la Pirámide. -Contestó rápidamente sin dejar de respirar a Monterey.
 -¿La qué? -Desconociéndolo por completo.

Escupió una risotada ante el rostro del arqueólogo, que no dejaba de mirarlo sorprendido, y del asustadizo Duque, desperezándose debajo de la mesa.

 -Lo que usted encontró en Egipto, es algo muy valioso.
 -Me hago una ligera idea, sobre todo desde hace unos meses.
 -Teníamos que conseguirla sea como fuese, señor Jack. -Entrelazó todos sus dedos, enmarañándose su rostro, que aún conservaba restos de la risita demoníaca.
 -¿Conseguirla? -Se volvió a extrañar sacando el objeto de su bandolera de cuero- Se refiere a este espejo.
 -Exacto. -La miró adorándola-. Y no es un espejo. Es una llave.
 -¿Una llave?

Esta vez Monterey miró el reflejo del cristal sorprendiéndose de la revelación. ¿Una llave? Un simple espejo, aunque algo raro pero espejo al fin y al cabo. ¿Y si fuera cierto? ¿Qué clase de puerta abriría?

 -Creo que ya le he dicho demasiado señor Jack.
 -No ha llegado ni al principio, amigo.

El conservador se levantó bruscamente y con él Duque, pero no fueron lo suficientemente rápidos porque Monterey ya los tenía encañonados con su Revólver del. 38.

 -Y ahora es cuando me va a explicar lo que está pasando aquí, ¿quiere?

El arqueólogo no se dio cuenta de la intromisión de la niebla en la oficina pero echando un ligero vistazo a Duque, el animal empezó a gruñirla. Monterey intentó eludirla pero en ese momento el conservador se lanzó sobre su cuerpo. Los dos hombres se revolcaron en el suelo de la oficina mientras que el manto gaseoso los engullía y Duque no dejaba de ladrarlo. El primero que golpeó fue Monterey con un codazo en la ingle del conservador. Éste se revolvió alejándose del arqueólogo. En su huida dejó caer un objeto: un Cuchillo. El arqueólogo se levantó dispuesto a disparar al conservador pero la niebla cegó el tiro. Monterey intentó salir fuera de la oficina al mismo tiempo que seguía oyendo los ladridos de Duque y ahora una presencia sonora nueva, los sonidos de una metralleta, pero no llegó muy lejos. El conservador parapetado detrás suyo pudo golpearle fuertemente por la espalda haciendo que Monterey cayese inconsciente al suelo, perdiendo su Revólver del .38 y agarrando de su mano el Cuchillo del conservador mientras éste sonriendo, teniendo en su derecha la Vigía Azul de la Pirámide."

CONTINUARÁ...


martes, 30 de diciembre de 2014

PASANDO EL LUDOMINGO CON EL SÍMBOLO ARCANO. CAPÍTULO 2. LAS ESTRELLAS SE ALINEAN... SOBRE NUBES OSCURAS.



"No existía espacio ni tiempo solo vacío. Y desde allí el Rey Amarillo vigilaba los designios humanos como si éstos fueran meros títeres a su antojo. Algunos lo seguían como el gran Maestre de su orden pero otros pensaban que estaban en el mundo gracias al libre albedrío. Pobres ilusos pensaba el Primigenio, inconscientes de sus paupérrimas vidas y de lo que estaba por venir, su advenimiento."

Bien amigos las cosas no han empezado muy bien. La carta de Mitos, que pondrá título a todos los capítulos, nos hace poner una ficha de perdición en el contador del Primigenio y nos dice que no se pueden utilizar ni hechizos ni objetos únicos. Así que nuestros protagonistas, además de soportar esta limitación, se enfrentaran a los misterios más insondables y a los monstruos más terribles. Esperemos que tanto Amanda Sharpe como Monterey Jack y Jenny Barnes puedan detener a Hastur, que se proclama como demiurgo de la historia, reuniendo los trece símbolos arcanos que hacen falta para que se mantenga dónde está para siempre. ¡Veámoslo!
La dinámica o estructura de la crónica será la siguiente; primero se procederá a describir brevemente lo sucedido en el juego y acto seguido pasaremos a un relato narrativo de los hechos. Esta vez empezaremos por Jenny Barnes en su aventura: Reliquias del Pasado.
Jenny no ha empezado mal obteniendo un hechizo y una pista pero la ha costado lo suyo, ya que la carta de Aventura venía envenenada. Por cada símbolo de terror obtenido en cada tirada perdería uno de cordura. Por lo tanto la ganancia de la carta le ha costado tres de cordura, sabiendo que su medidor es de seis, se encuentra a mitad de su nivel. Vamos que en cualquier momento se puede volver loca. Pero, ¿qué es lo que ha visto o con qué se ha topado para llevarla a ese estado? ¡Averigüémoslo!



Siguió avanzando  a lo largo del oscuro pasillo. A cada paso dado se sentía más cómoda con la penumbra reinante pero no podía bajar la guardia. Tenía que hacer su trabajo de la manera más rápida posible. La confianza de McGlen la podía ayudar en muchos casos pero también se podría volver contra ella misma. No podía fallar al escocés ahora, ya habría tiempo de hacerlo en el futuro, pensaba la diletante mientras observaba como una extraña neblina se filtraba por la única ventana abierta de la sala. Jenny se quedó mirando la invasión gaseosa y después, más allá del marco para poder distinguir un manto de niebla que parecía rodear el museo. No podía perder el tiempo en un fenómeno meteorológico como ese, así que pensó en otro tipo de fenomenología, su profesionalidad. Dejó la metralleta en el suelo y empezó a abrir la primera caja con la que su pie tropezó. No tardó mucho en poder acceder al interior de la misma descubriendo una serie de tomos enterrados en capas de polvo. La primera reacción de la mujer fue el estornudo seguida de la abertura de su boca en forma de O gigante. Parecía que había descubierto algo. La señorita Barnes empujó la caja hasta llevarla a un rincón del almacén, donde una lámpara de queroseno iluminaba el pequeño perímetro de la pared. No se percató de la carrera hecha en su media derecha mientras su mano empezó a temblar, cogiendo el primero de los tomos. Sus ojos se emborrachaban de placer a medida que iba pasando las páginas del libro, descubriendo una colección de hechizos. A medida que los iba descubriendo, los leía en voz alta fantaseando con su alquimia. Hubo uno que la resultó muy atractivo: Consunción. Repentinamente, del interior cayó una hoja al suelo. La mirada también descendió siguiendo la hoja. Era otro hechizo: Curar. Lo estuvo leyendo detenidamente, concentrándose en su construcción. Tanto que no se dio cuenta de que la niebla la terminaba de rodear. Era un tacto sutil e inaprensible.”



A Monterey Jack le han ido un poco mejor las cosas, ya que ha encontrado un peculiar aliado en su aventura: La Oficina de Seguridad.


Dejó aparcada las coincidencias para otro momento y continuó explorando la oficina revuelta. Al no encontrar ningún percance inminente, bajó su revólver y empezó a olisquear cada papel que encontró. Podría ser una pista que le explicase lo que había sucedido allí pensó, empezándole el pretérito a nublar su pensamiento al mismo tiempo que lo hacía la espesa niebla, infiltrándose lentamente por el resquicio de la puerta. El arqueólogo se encontraba muy concentrado en su reminiscencia para darse cuenta de la sinuosa presencia gaseosa. Volvió a recordar cómo halló el extraño objeto, que al fin y al cabo era lo que le había traído al museo aquella noche. Ocurrió en el penúltimo día de excavación, concretamente en la segunda cámara donde encontró una serie de hornacinas cubiertas por la arena milenaria. Ya había pasado varias veces por ese lugar con el profesor Walters y no se había percatado de su existencia, pero un ocurrente ataque de tos le hizo detenerse y desviar su mano hacia la pared izquierda de la cripta. Con asombro descubrió que parte de la pared albergaba los objetos de barro, algo muy común en la época, pero lo que verdaderamente le atrajo fue un pequeño símbolo incrustado en cada una de ellas. Una estrella de cinco puntas en cuyo centro se podía distinguir un extraño signo. Cuando desenterró la última de las hornacinas comprobó que ésta contenía algo en su interior. Su mano titiritó al introducirse en el interior sacando un espejo cuadrado del tamaño de su palma. En sus cuatro filos había una escritura indescifrable que la adornaba en todo su perímetro. Parecían como unos tentáculos que rodeaban toda la superficie acristalada del objeto. Monterey estaba en éxtasis arqueológico, de repente el objeto empezó a iluminarse con un haz azulado. El arqueólogo se estremeció cuando vio a través del cristal a una figura espantosa. Unos ojos negros como la noche lo espiaban y unos tentáculos saliendo de sus fauces hacían peligrar su propia existencia, acompañados por unos gigantescos brazos cartilaginosos acabados en unas manos venosas con tres dedos terminados en afiladas uñas indicándole la presencia de la parca en cualquier momento. Sin lugar a dudas Monterey Jack era un especialista en meterse en la boca del lobo. Lo que le despertó de su recuerdo no fue un aullido sino un gruñido. Rápidamente volvió a apuntar a la nada con su revolver. La puerta de La Oficina de Seguridad se empezó a ladear hacia la derecha dejando entrever a un pastor alemán que miraba babeando al arqueólogo. Monterey bajó su revólver acercándose al perro. En ese momento se dio cuenta de la presencia de la espesa niebla. El ladrido del perro volvió a llamar su atención. El hombre miró una medalla colgada del cuello del animal y se agachó para leer con más detenimiento una inscripción que ponía Duque. La presencia del can no sólo le reconfortó también le produjo más tranquilidad, sobre todo después de que el perro pasase su gruesa lengua por su rostro. Pensó que ya no estaba solo en el lugar."


La que también se encontraba sola era Amanda, que también tuvo suerte en su primera carta de aventuras: El Archivo, descubriendo valiosos objetos únicos.


Continuó corriendo hacia la salida sin prestar atención a las estanterías vivientes. De pronto volvió a oír los susurros anteriores. La joven se detuvo y miró atrás. No había nadie en el interminable pasillo. Decidió aventurar su mirada entre las baldas que conformaban la colección de estanterías pero el resultado fue el mismo: nadie. Inesperadamente vio como una cortina de humo empezaba a penetrar el espacio que ella quería dejar y los susurros regresaron con una peculiaridad, ahora estaban en proceso de transformación. Amanda oyó ahora risitas infantiles que la congelaron el alma. Decididamente algo raro estaba pasando en el museo. Retomó la carrera a medida que la niebla la seguía incansablemente. El  pequeño jolgorio acústico cesó para cambiar a unos sonidos guturales muy desagradables. Al pasar la última de las estanterías, algo cayó sobre su cabeza haciendo que pegase un grito y que cayese al suelo frío del Archivo. La estudiante abrió los ojos manteniendo su cuerpo tumbado en el suelo y contempló con extrañeza el causante de su susto y caída. Una especie de lámpara se ubicaba en el camino visual de su mirada. Los eructos parecían ya rozar su cuerpo cuando se levantó y cogió el extraño objeto. Inmediatamente el acompañante o acompañantes sonoros desaparecieron mientras leía una inscripción sobre el objeto. Empezó a sonreír. Tenía bajo su poder la Lámpara de Alhazred. ¡Todo un hallazgo! Pensó espiando cada ángulo de la misma. Era un objeto familiar para la joven ya que era licenciada en estudios árabes por la universidad de Granada hace más de cinco años y la lámpara había sido un enigma para cualquier estudioso de la ciencia arcana morisca medieval. Era el trasunto de la lámpara de Aladino musulmana y ya se sabe quién habitaba su interior nimio. En cualquier caso no se dedicó a frotar la lámpara sino a mirar el hueco dejado por el objeto al caerse descubriendo algo. No se percató pero la niebla la alcanzó conquistando sus pies y expandiéndose por todo el pasillo hasta llegar la primera a la puerta.  Sus ojos se agrandaron hasta casi salírseles de sus cuencas. Penetró con su mano derecha en el oscuro rincón dejado y sacó un objeto afilado terminado en una empuñadura. Lo que había encontrado era una espada. Pero no una cualquiera. Ésta tenía una empuñadura en forma de ángel abriendo sus manos en señal victimaria y sobre su plateado filo había una inscripción: Espada de Gloria. Era justo lo que necesitaba en estos casos pensó. Un arma con la que combatir lo qué fuera o contra quién fuese que la estaba atormentando en el museo. Guardó la lámpara en su mochila junto al Libro de Dzyan y se la posicionó en su espalda, llegando a la puerta con una espada en su mano. Parecía sentirse más segura y con ese sentimiento se dispuso a seguir a la niebla.” 

CONTINUARÁ...

lunes, 22 de diciembre de 2014

PASANDO EL LUDOMINGO CON EL SÍMBOLO ARCANO. CAPÍTULO 1. PRÓLOGO.

Como ya habéis leído (Pasando el Ludomingo con el Símbolo Arcano. Presentación), el azar eligió por mí a mis actantes: Monterey Jack, arqueólogo de profesión, Jenny Barnes, gánster de ocupación, sobre todo experta en antiguallas, y Amanda Sharpe, la estudiante. Bien además de haber elegido, aleatoriamente al Primigenio Hastur la composición y comienzo de la partida quedó de la siguiente manera establecida: 



El reloj se convertiría en pieza angular del mecanismo del juego, avanzando el tiempo situado en la zona superior mientras que en la inferior estaría la hoja de la Entrada al Museo, donde los investigadores podrían ir a recuperarse de algún susto o fatal descubrimiento, al mismo tiempo que poder conseguir artículos muy preciados como objetos únicos, hechizos, aliados o incluso los valiosos símbolos arcanos. Lo que hay dispuesto en la zona central sería las diferentes estancias del museo, que en algunos casos también se convertirían en localizaciones exteriores cercanas al mismo. Esas seis cartas de tamaño Tarot representarían las habitaciones/aventuras por las cuales mis intrépidos investigadores podrían introducirse para conseguir los símbolos arcanos y poder vencer al Primigenio. Bien, teniendo en cuenta esto y sabiendo que nos encontramos en  medio de un taller creativo (teórico de momento), nuestra imaginación empieza trabajar al mismo tiempo que el propio juego. En la opción lúdica empezaríamos a mandar a uno de nuestros aventureros a realizar tareas implícitas en las cartas tirando los dados correspondientes pero a la hora de escribir, tendríamos que crear un comienzo a los acontecimientos. Intentar seguir un orden lógico a nuestra estrategia narrativa. A decir verdad habría que inventarse toda la historia. El Símbolo Arcano nos propone las herramientas pero nosotros tenemos que darle a la cabeza para pergeñar la trama. Por lo tanto la primera acción sería la de escribir un prólogo. El exordio de una obra, aquello que acontece lo primero, antes de que algo se desarrolle dentro de una estructura dramática. Podría ser la presentación del protagonista si siguiéramos un orden aristotélico. La idea sería la de construir un suceso que enriqueciera a la trama principal, que nos presentase al héroe y nos dejase un buen sabor de boca. Que nos inquietásemos por lo que le sucede y, como si fuésemos agarrados de su mano, aventurarnos con él a lo impredecible y terrorífico.
Elegiría por ejemplo a Amanda Sharpe como la primera y ya que es una estudiante y ha conseguido de una de sus cartas, un objeto único, el Libro de Dzyan la ubicaría en el Archivo, que de las seis aventuras es la que más lógica tiene, desde los parámetros establecidos por el juego mismo (es estudiante y posee un incunable).



Su historia bien podría empezar así (nota: las palabras subrayadas son los títulos de las Cartas de Aventura y las escritas en negrita corresponde a los títulos de las Cartas de objetos y aliados):

Las gafas se deslizaron hasta frenar su caída en la respingona punta de la nariz. Se despertó bruscamente y, todavía soñolienta, estiró su cuello para mirar aturdida a su alrededor. Lo primero que se le pasó por la cabeza fue su estado. ¿Cómo diablos se había podido quedar dormida? Amanda Sharpe se desperezó en El Archivo del museo mientras miraba el reloj de pared que marcaba la medianoche. Un escalofrío recorrió su cuerpo al observar que era la única persona de la sala. ¿Dónde estaba la gente? Pensó y bostezó llegando a una conclusión. Por la hora seguramente que se habrían ido a sus casas pero, ¿por qué nadie la despertó? El ceño de la joven universitaria se fruncía extrañándose de la situación que estaba viviendo. Una mezcla de ridícula e insólita al mismo tiempo rozando el surrealismo. Recolocó sus gafas e irguió su cuerpo mirando un libro que tenía a su lado. La portada, un fondo rojo inundado el espacio y ahogando el título del mismo escrito en letras góticas y en color oro, parecía mantenerla hipnotizada por unos segundos. El Libro de Dzyan. Inmediatamente recordó porque había ido al museo y porque se encontraba en el archivo del mismo. Estaba recabando información para su tesis final sobre la teosófica Helena Petrovna Blavatsky. Autora rusa cuyo trabajo giraba en torno al misterioso volumen, conocido por los especialistas como el primer libro de la humanidad creado mucho antes de la invención de la imprenta. No era un libro usual, era un conjunto de pergaminos antiguos realizados en hojas de palma que incluía registros de toda la evolución humana en un idioma desconocido hasta la fecha. Una especie de crónica de la evolución donde había poca letra y muchos dibujos de insólita factura, diferenciándose uno de ellos por su persistente repetición en cada hoja: un extraño símbolo en forma de estrella de cinco picos con un signo en su centro. Hipótesis o no, lo cierto es que el museo poseía una copia de tan singular libro y Amanda quería verlo en persona.

La joven cogió el incunable y se levantó hacia el final de uno de los pasillos que conformaban la laberíntica distribución del archivo. A medida que avanzaba todo le parecía cada vez más raro. Una anormalidad que se hermanaba con las cosas más singulares que habitaban en las diversas estanterías por las que pasaba. Insólitos volúmenes devorados por telarañas, viales que contenían líquidos de colores muy vivos e incluso restos de osamenta de origen desconocido siendo invadidas por múltiples capas de polvo. De pronto oyó unos susurros, parecía que al fin y al cabo no estaba sola y decidió seguirlos llegando a la oficina del encargado del archivo. Cuando llegó vio que estaba completamente desierta, sin resto del personal y sin indicios de que habían estado trabajando allí. Otro escalofrío, éste de mayor intensidad, la atenazó completamente. Amanda empezó a sentir miedo y retrocedió para intentar salir de allí. Si antes las estanterías la parecían los compartimentos perfectos donde resguardar el conocimiento, ahora la parecían los espacios más amenazantes. A cada paso que daba parecía estar más lejos de la salida y la acompañaba una extraña sensación: las estanterías parecían desplazarse hacia su cuerpo intentando cerrar su camino.” 


Ya que seguimos con libros, elegiría a mi arqueólogo para continuar este prólogo/presentación de los protagonistas, ya que ha conseguido otro fabuloso volumen: Cultos Inconfesables, además de un Revolver del .38. Y es que Monterey Jack es un hombre de acción, con un poco de sobrepeso pero de acción y lo pondría en una situación muy embarazosa antes de visitar la Oficina de seguridad del museo, jugando con una de las herramientas temporales más utilizadas hoy en día:


Su corazón empezó a acelerarse al mismo tiempo que oyó las primeras voces. Su pesado cuerpo deambulaba desorientado. Las voces cada vez parecían más cercanas y los haces de luz se filtraban por la tela de la capucha negra que llevaba puesta. Sabía que lo habían llevado a un sitio profundo, bajo tierra quizás, por la bajada de temperatura que sintió y también por el terreno que estaba pisando, uno arenoso y lleno de irregularidades geográficas. Monterey Jack sabía que había molestado a alguien, lo suficiente como para que le secuestrasen y eso le preocupaba y lo reconfortaba al mismo tiempo porque significaba que estaba en peligro pero también, que iba por la senda correcta de su búsqueda. Adentrándose en un terreno peligroso, alejado de sus clases de arqueología en la universidad, no le importaba; lo que verdaderamente apreciaba era el trabajo de campo y éste en concreto, le había llevado la mitad de su carrera por no decir toda su vida. Todo empezó hace mucho, cuando en uno de sus primeros viajes al extranjero descubrió un manuscrito que le serviría de guía, Cultos Inconfesables. Un voluminoso libro hallado en una bodega vaticana que hizo revelarle el fascinante mundo del Rey Amarillo. Una leyenda que se solidifico en su cabeza y que desde ese momento, quiso hacerla realidad: buscar vestigios, lugares, nombres que remitieran a ese Dios Pagano, conocido como el Primigenio Hastur. Un foco de luz  persistente impacto directamente en el rostro del arqueólogo, haciéndole detenerse a él y a sus captores. Uno de ellos le quitó la capucha violentamente. Un bigotillo inclinado a lo Errol Flynn apareció en plena acción. Monterey alzó su cabeza y abrió sus ojos encontrado una potente luz que lo cegó al instante. Al poco tiempo, los ojos del arqueólogo se acostumbraron a la luz y pudo observar tímidamente donde se encontraba. Delante de él había un grupo de individuos, no más de una quincena ataviados con túnicas amarillas. Encapuchados estaban arrodillados y empezando un canto. La vestimenta de los congregados no le resultaba extraña al arqueólogo, ya que la había visto con anterioridad en el extraño libro que había llegado a sus manos en el pasado. No tenía la menor duda ahora, había sido raptado por el culto Hastur.
Y pensar que hace un par de horas se encontraba en La Oficina de Seguridad del museo de Arkham, contrastando su último descubrimiento. Un extraño objeto encontrado en la planicie de Guiza hace un mes exactamente cuando un colega, el profesor Harvey Walters, le invitó a unas nuevas excavaciones en el Valle de los Reyes del Cairo. Cuando entró en la sala la encontró totalmente desordenada. Era como si hubiese pasado un huracán en la oficina dejando un caos a su alrededor. Monterey se cubrió las espaldas y sacó de su bolsillo un Revolver del .38. Había viajado por el mundo y este tipo de situaciones las había vivido desafortunadamente muchas veces. Aseguró todo el perímetro de la oficina sin descubrir nada, ni ver a nadie. No se tranquilizó, todo le parecía muy extraño. Se habían puesto en contacto con él  esta misma mañana para que llevase el objeto al museo para poder descubrir más cosas acerca del mismo. Empezaba a pensar que no se encontraba en ninguna oficina de seguridad sino en la misma boca del lobo. Esa idea le hacía estar preparado para lo que fuese pero también se enfrentaba al peligro con una sonrisa perpendicular, puede que por fin pudiese saber quién estaba tras una serie de “accidentes” que le habían ido acompañando desde el hallazgo del objeto.

Y al final la acción predomina y el último personaje es heredero forzado de la misma. Jenny Barnes está enfadada con el mundo por eso siempre lleva consigo una cierta seguridad en forma de arma, una metralleta. A ella la posicionaría a punto de transgredir la ley en Reliquias del pasado:


La oscuridad la rodeaba y eso la gustaba. Ella lo había propiciado y no había nada que la hiciese más feliz que sentirse protagonista de algo. Sus ojos gatunos vigilaban el compartimento donde se había escondido durante un par de horas. El único susto que se llevó fue cuando los operarios del museo depositaron la caja en el almacén del mismo. Una fuerte sacudida se multiplicó en el interior del oscuro espacio haciendo peligrar la misión y su vida pero sólo se quedó en un susto, aunque podía haber sido otra cosa peor. Por la cabeza de Jenny Barnes desfilaban comparsas de argumentos por los cuales podía llegar a ser traicionada algún día. En el mundo donde vivía era muy lógica la traición y había que andarse con mucho ojo. Su forzada sociedad con Michael McGlen y su clan habría respondido a una “medida cautelar”  para su protección. La señorita Barnes era muy buena en lo que hacía pero mujer al fin y al cabo, y en una sociedad dirigida por hombres eso podría resultar bastante peligroso. Sola no habría durado ni un día, aliándose con una de las bandas más peligrosas e influyentes de Arkham la otorgaba más tiempo para sobrevivir. Dejó de oír voces como una hora atrás y solamente oía las de su pensamiento. Parecía que ya no había gente en el almacén pero si un tumulto en su mente. Su vida no había sido fácil, nacer en un poblacho del oeste norteamericano no te abre mucho las puertas del éxito. Si además eres una mujer y encima tienes la mala suerte de vivir en la peor crisis americana de todos los tiempos, te quedan pocas opciones. Así que decidió aventurarse y coger el mundo por montera, escapándose una noche no sólo de su pueblo sino de un padre maltratador y de una familia humillada para no regresar jamás. Aunque ahora mismo esa palabra parecía eterna en la cabeza de Jenny.
Las cajas estaban ordenadas por volumen en el interior del almacén. Todas formaban bloques inamovibles pero, de pronto una se movió. De un lado de una de las cajas salió una culata de Metralleta y lentamente el agujero se agrandó hasta que Jenny Barnes salió de su interior. Lo hizo como si fuese un bebé naciendo en ese momento. Se incorporó elegantemente sin hacer doblar ni un centímetro de su vestido de fiesta azul. Miró a su alrededor atentamente y decidió explorar el almacén pero a la segunda zancada se acordó de algo palpando su melenita negra. Pareciera que la faltase algo así que retrocedió lo andado para introducir su mano en el interior de la caja y sacar un gorro con una pequeña extensión ala ancha que se lo puso al instante. Ya estaba preparada la gánster para realizar su trabajo. La señorita Barnes tenía un currículo muy extenso en labores de tráfico de antigüedades y en pasar al otro lado de la ley en cuestión de segundos, de ahí lo de su pequeña “piccola” como la llamaba ella. Había seguido de cerca las nuevas adquisiciones del Museo de Arkham y esta noche se encontraba buscando el nombre de la nueva exposición. Reliquias del Pasado abriría dentro de un par de meses y ella se encontraba allí para poder limpiar todo lo que pudiese o encontrase de más valor. La prueba había sido difícil. Se había mantenido oculta en el muelle de la ciudad y había localizado las cajas que provenían de Asia pertenecientes a dicha exposición. Logró conseguir introducirse en una de ellas y estuvo esperando el momento para que la transportasen al museo. De eso ya habían pasado casi doce horas y Jenny seguía igual que como entró. Preparada y lista para realizar inmaculadamente su trabajo.

CONTINUARÁ...

domingo, 14 de diciembre de 2014

PASANDO EL LUDOMINGO CON EL SÍMBOLO ARCANO. PRESENTACIÓN.


¿Otro juego más? ¿Otra tentativa creativa? Si a ambas preguntas pero con diferente sentido en la respuesta, ya que El Símbolo Arcano supondrá mi primer taller creativo para jóvenes de 0 a 99 años (¡toma homenaje implícito a la mítica revista Spirou Ardilla!). Por lo tanto la propuesta tiene, al menos en su base, un gran desafío didáctico por mi parte: lograr construir, o al menos aproximarse, a lo que sería un esquema novelizado de una partida del juego. Es decir, pretender escribir una novela conjunta con los integrantes del taller. Lo que veréis en la Fortaleza de Nintes en sucesivos Ludomingos será la teoría de dicha propuesta, ya que todavía queda la realización de dicho taller creativo en las aulas de los diferentes colegios e instituto, que espero que para el 2015 se convierta en una realidad. Bien, dejadas las cartas boca arriba, ¡juguemos con este magnífico juego!
El Símbolo Arcano, de entrada es un juego de mesa peculiar porque está situado en un limbo genérico, ya que no se sabe muy bien si estás ante un juego de cartas o de dados o las dos cosas al mismo tiempo (creo que esta última opción es la más acertada). Debido a sus componentes no se le puede catalogar categóricamente como a otros juegos. Esto, que podría ser un handicap para mí fue una de las razones por las que descubrí, y por supuesto me hice con una copia del mismo, del juego.
El Símbolo Arcano forma parte de una colección, si se le quiere llamar así, de juegos ambientados en el mundo de las novelas de H.P. Lovecraft editados en nuestra país por la casa hispalense Edge, aunque su matriz es la norteamericana  Fantasy Plight Games (de la cual me he ido nutriendo en los anteriores Ludomingos con The Adventurers: El Templo de Chac o Cadwallon. Ciudad de Ladrones). De esta manera tendríamos el fundacional Arkham Horror y Las Mansiones de la Locura, ambos juegos de mesa, y después La Llamada de Cthulhu, un LCG y este Símbolo Arcano, sin olvidarme de su última propuesta, Eldrith Horror, un nuevo lavado de cerebro al universo lovecratftiano que está muy bien. Dejando a un lado la miríada de opciones lúdicas de ambiente "providenciano", me decanté por el juego de Richard Launius y Kevin Wilson por varios motivos. El primero, fue la sencillez de la propuesta, de cómo unas simples cartas de diferente tamaño y una tirada de dados pudiesen albergar tantas historias, tantos giros argumentales y, sobre todo, tanta inspiración. ¡Gente si estáis escribiendo algo y de repente os encontráis atascados, no dudéis en echar una partida a este juego! El otro motivo es su mecanismo interno, más complejo requiriendo que uno esté concentrado mientras avanza el juego desde su comienzo hasta su finalización, como si estuviese viendo una película que lo mantuviese sentada en la butaca del Odeon o leyendo un libro en su hamaca hogareña.



La historia se encierra tras los muros del museo de Arkham, donde un grupo de investigadores (si jugáis en grupo) o uno solo (modo individual) intentan recolectar lo único que puede mantener sellado a uno de los Primigenios, los símbolos arcanos. Mediante aventuras (cartas tamaño tarot) y ayudado por objetos mágicos, únicos, hechizos o aliados (cartas pequeñas) tendrán que ir resolviéndolas para conseguir esos preciados objetos. Mediante un medidor llamado de perdición, irá pasando el tiempo apoyado en un reloj que irá marcando las horas. Si ese medidor llegase a completarse y no se hubiese conseguido los símbolos arcanos requeridos para encerrar al Primigenio, éste despertaría y automáticamente tendríamos que hacerle frente, lo que significaría el fin de nuestros personajes y el del mundo. Así, a voz de pronto parece muy negativo el enfrentamiento pero es una realidad, a partir de que el Primigenio se despertase tendríamos muy pocas oportunidades de victoria y la fase del juego entraría en una dinámica casi imposible de conseguir por lo tanto tenemos que intentar que no pase. Bien, como habréis observado en la foto de arriba aparecen tres investigadores elegidos al azar. Serán mis personajes a los que habrá que insuflarles vida narrativa a medida que vayamos jugando. Un arqueólogo Monterey Jack, una estudiante Amanda Sharpe y una gánster Jenny Barnes. También elegí al azar contra quién me enfrentaría y... ¡voila! Aquí debajo lo tenéis.



Ni más ni menos que el Primigenio apodado el Rey Amarillo, Hastur. No es uno de los más complicados (tendremos solamente que conseguir 13 símbolos como aparecen en su carta de personaje) pero ¡cuidado!, este juego apuesta mucho por la diosa fortuna, y quién sabe lo que nos deparará los misterios que tendremos que resolver para intentar que Hastur no despierte de su milenario letargo.
Como habréis podido observar no he hablado ni de los Primigenios ni de Lovecraft porque he asumido que conocéis al creador y a su criatura pero si no fuera el caso (¡bienvenidos los neófitos!) podéis recabar información en las innumerables opciones disponibles bibliográficas, ya que está editada en nuestra país toda la obra del escritor de Providence. No obstante os recomiendo un libro editado por Cátedra hace un par de años dentro de su colección Letras Populares, En Las Montañas de la Locura. Es una edición revisada y traducida nuevamente por Juan Antonio Molina Foix donde, además de leer el fundacional relato de Lovecratf, sabréis más cosas de la génesis de sus obras.
Me gustaría acabar esta presentación con un ejemplo del poder sugerente del componente artístico del juego heredado de la obra de Lovecraft. Con solo dos cartas de Aventuras (los títulos de dichas cartas están señalizados en subrayado) y la Hoja de la entrada al Museo Arkham, se puede crear el ambiente necesario para desarrollar el punto de partida de la novela que queramos construir apoyándome en la dinámica lúdica del juego presto a jugar. La ambientación, el decorado, la geografía, lo que acompaña a la acción y soporta el diálogo, es una de las características fundamentales de la prosa lovecraftiana, en una palabra, la descripción. Su presencia en su corpus narrativo es apabullante dejando poco espacio para el diálogo y relegando la acción a una velocidad casi de cámara lenta, paralizándose  en muchos momentos por la numerosa, y para algunos farragosa, descripción de los hechos. Es a través de este estilo descriptivo como Lovecraft ha pasado a la historia de la literatura mundial, obsequiándonos con el culto a la descripción con un único fin, crear la sensación gélida de enfrentarse a lo desconocido, ser testigos de algo irrepresentable e inenarrable, en definitiva, construir el sentimiento más universal de todos, el miedo. El ambiente es fundamental a la hora de la descripción, el detalle, la numeración, la adjetivación son piezas esenciales de ese puzle. Aquí os dejo con un anticipo, establecer el mundo donde se desarrollará nuestra propuesta literaria.

Parecía un cementerio. El muelle de carga había vivido tiempos mejores pero ahora solo era un espacio que alimentaba la soledad y el polvo. Su estado había sido caótico en todos los sentidos desde las primeras horas de la mañana hasta bien entrado el anochecer, e incluso en algunos casos la madrugada. El bullicio del gentío era el común denominador del lugar. Operarios con sus rudimentarias grúas trabajando a destajo para poder almacenar la infinitud de productos exóticos llegados de todos los rincones del planeta. Los mozos prestos con sus carretillas a desplazarse rítmicamente por los innumerables pasillos, edificados al ritmo del apilamiento masivo de cajas. La tripulación, y en algunos casos pasajeros, de los barcos que remontando el afluente llegaban a la ciudad. Los diferentes administrativos que controlaban con ayuda de los agentes aduaneros el paso o la marcha de los productos. Pero la Gran Depresión se había cebado con la empresa siderurgia de Arkham y rápidamente los barcos dejaron de atracar en las dársenas y la reducción del personal del muelle se extinguió hasta la presencia de un guarda. Uno que ni siquiera se percató del vuelo rasante de una gaviota. También hacía  mucho que no se posaban dichas aves carroñeras para disputarse las sobras de aquellos buques que traían pescado del mar. Se posó sobre la superficie de una de las cajas de madera, que servía de alimento a la salubridad del muelle. Parecía que su pico dirigiese su mirada a un punto concreto de la caja. No tardó en empezar a picotear sobre la superficie elegida, comenzando su ejercicio taladrador sobre el carcomido objeto. Las olas empezaron a golpear violentamente la zona de los diques y la brisa se violentó, ululando entre los innumerables pasillos del muelle. Repentinamente el picoteo del ave cesó, al mismo tiempo que se oyó a un ejército de graznidos aproximarse. Esta vez el vigilante se percató del ataque sonoro. Se desperezó de su silla y miró a la derecha de su ventana. Su mirada era una mezcla de asombro y escepticismo. Salió de la garita abriendo la puerta al mismo tiempo que chirriaba. Se apoyó en la barandilla de madera y miró una bandada de cuervos. No sabía si sorprenderse de tal hallazgo o de la manera tan ordenada que realizaban su vuelo. La gaviota se percató de la presencia alada y despegó agitada de la caja, dejando al descubierto el origen de su contenido: Antártida, 1926. Mecánicamente los cuervos se posaron al unísono sobre la misma superficie, dejando al resto de cajas desnudas frente al erosionador choque del viento. Hace años la presencia de cualquier tipo de pájaro no hubiese supuesto ninguna distracción pero ahora, se convertía en todo un evento circense para el aburrido guarda del muelle. El hombre miró a los cuervos reunidos en torno a la caja, posados ordenadamente sobre la misma. Parecían una espesa mancha negra que la cubriese, disfrazándola de un intrincado manto sombrío. Del interior de la caja empezó a filtrarse una humareda blanquecina que espantó a la bandada, haciéndoles que revoloteasen descontroladamente alrededor. La cortina de humo empezó a formarse más espesa, engullendo a los cuervos que a medida que iban desapareciendo, lo hacían sus respuestas sonoras. El vigilante se sorprendió que rápidamente la niebla se tragara a las aves y sus graznidos, haciendo regresar un incómodo silencio al lugar. El hombre bajó extrañado hacia la misteriosa caja que expulsaba la niebla. Cuando su pie derecho penetró en el suelo del pasillo, descubrió que la niebla protagonizaba el espacio engulléndolo todo a su paso. El guarda no tardo en desaparecer del muelle con el resto de las cajas.
La gaviota dejó atrás el espacio portuario para adentrarse en la geografía urbana, esquivando las cornisas y tejados de los edificios que la poblaban. Su vuelo fue rastreado por la niebla que, abandonando los límites de su cubículo, se arrastraba hacia el pavimento de la primera acera, invadiéndola un pegajoso vaho que humedecía su superficie. El gas empezó a filtrarse por los conductos de las farolas anunciando el comienzo del reino de la noche. El foco de luz desprendía un amarillento resplandor en sus alrededores chocando con el brillo del vaho neblinoso. La poca gente que caminaba por las calles, corrían para guarecerse de la oscuridad en sus respectivos hogares y los carruajes circulaban de un extremo a otro para acabar su trabajo lo más rápido posible. Cuando cayó la noche, Arkham quedó completamente deshabitada y nadie pudo observar el paso de la gaviota por el majestuoso museo de la ciudad. Un gran edificio de dos pisos cuya sobria fachada era decorada con una interminable hiedra que caracoleaba sus muros, asfixiando con sus ramas sarmentosas su perímetro.





De sus raíces adventicias sobresalían infinitud de hojas verdes granuladas que tapaba las dimensiones de la estructura granítica en algunas zonas del museo. Subiendo por una escalinata de piedra se llegaba a la puerta de madera de roble, cuyas inscripciones databan del año de construcción del museo y de su funcionalidad. Sobre la misma había cinceladas varios entrepeños cuadrangulares que sobresalían, otorgando un curioso efecto de tridimensionalidad a la puerta. Sobre el dintel de la misma había un objeto cubierto por las ramificaciones de la hiedra. Si uno se acercaba, y era lo suficientemente alto, podía explorar la orla donde se incluía una especie de rostro animal. La hiedra había hecho bien su trabajo sepultando el símbolo a la vista de todos pero una mirada curiosa podía adentrarse entre sus fibrosas raíces y comprobar con asombro que dicho animal parecería que mirase al atrevido. Unos ojos gatunos ovalados lo observaban atentamente y varias especies de colas de trompas de elefante lo alertaban de la contra-natura de su creación. La gaviota pasó de largo pero la niebla se detuvo drásticamente en la fachada del museo. Como si tuviese iniciativa propia empezó a dividirse en pequeños bancos neblinosos que empezaron a rodear el museo. Desde la lejanía de una colina cercana parecía que la niebla sitiaba a Arkham y desde el Muelle al Museo, trazando una línea horizontal divisoria, la espiaba mientras sus habitantes inconscientes se dejaban caer bajo los brazos de Morfeo.”