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sábado, 7 de marzo de 2015
LA CAÍDA DE DUNDEE. (XXIV). DONDE SE GUARECE LA AVENTURA.
¿Qué es la acción sin su pausa? ¿Qué es un camino sin su posada? ¿Qué es un recorrido sin su descanso? Aunque parezca mentira la intensidad se mide por su grado de calma y los mejores momentos literarios y cinematográficos de la aventura, siempre han estado localizado en sus partes más reposadas. Aquellos lugares prestos a desvelar los objetivos narrativos de la historia y al mismo tiempo, desnudar los de sus actantes generando un esquema irónico en su (inter)relación: aquellos que más se han movido anteriormente son los que deambulan tranquilamente en una guerra dialéctica por desentrañar la diégesis. Son momentos característicos por su apariencia reaccionaria, parecen que no pasa nada y sin embargo se dice mucho. Yo los llamaría "tabernas" donde se guarece la aventura. Con La Caída de Dundee quería utilizarlas para informar al lector, para indicarle por dónde tendría que seguir a los personajes pero también cuáles serían sus directrices y objetivos, y al mismo tiempo modelar su contexto narrativo. Imaginémonos que mi novela se desarrollara en la obertura del film En busca del Arca Pérdida (Steven Spielberg, 1981), es decir que en las doscientas cincuenta y nueve páginas está toda la persecución del principio de la mítica película, aquel momento en el que Indiana Jones activa el mecanismo del templo por el cual una gigantesca bola de piedra lo irá persiguiendo. Esa era una de mis primeras intenciones. Escribir con un ritmo trepidante todo lo que iba a acontecer en Dundee, desde que se produce los primeros apagones de electricidad en el Complejo Ocioso hasta el derrumbe y caída de la ciudad-cúpula. Ahora bien, si me hubiese dado por relatar esa tragedia no me hubiese dado tiempo a exponer algunos temas que creo son importantes para el futuro de la novela y, espero, de la serie. Así que me puse a desarrollar un epílogo y prólogo a modo de "tabernas", además de la inclusión de otras situaciones particulares, donde al mismo tiempo que reposan los héroes y villanos de mi fabula, el lector atento incansable iría descubriendo una retahíla informativa valiosa para el devenir del mundo de MINVS.
Ejemplos de hiatos circunstanciales serían el capítulo doce (Algunas Explicaciones) y el trece (La Llave), que no es que denoten a la narración sino que la connotan deliberadamente. Se produce un gancho entre ambos representado por un suspense, la espera a una explicación. Son momentos donde, curiosamente, se cede protagonismo a los secundarios descubriendo cosas y donde uno de ellos, el profesor Horacio, se erige en maestro de ceremonias de un ritual, el de la revelación. El ritmo se interrumpe dentro del Fortaleza, la geografía de la sala circular conlleva a la inmovilidad (se encuentran sentados creando circunloquios mentales esperando a la exposición), el clima es apagadamente oscuro, lejano de las luces eléctricas y de neones que han ido escoltando los avatares de los personajes en sus diversas huidas, consiguiéndolo algunos y pereciendo otros. La continuidad se frena con un único sentido, parar la diégesis pero no para fosilizarla sino para revivirla cogiendo impulso y retomando el ritmo para mucho más tarde. La trama ha llegado a una encrucijada y ahora toca posicionarse en otra dirección, y si bien es algo peligroso y no cabe duda que la historia se queda suspendida, el riesgo alimenta mi creatividad constantemente. Es mi dinero y mi trabajo conjunto a mi tiempo y sacrificio el que hace posible que La Caída de Dundee haya sido un rotundo éxito. Y no lo digo por el número de unidades vendido, que es más bien escueto, sino por un hecho incuestionable: mi obra ha salido a la luz. Eso ya es un logro aunque uno no puede quedarse en solamente eso, hay que seguir consiguiendo muchos objetivos más, como por ejemplo saber venderla. En eso soy más cauto pero continuo en la brecha y mientras tanto me tomo un gin-tonic en mi taberna favorita.
viernes, 20 de febrero de 2015
ENCRUCIJADA DAIKINI. (2014).
Lo hemos conseguido, ya vamos por el tercer año. Aunque con alguna que otra ralentización debido a mil causas, aquí seguimos en nuestra trinchera cultural favorita para poder ofreceros un surtido de fantasía, magia y espectacularidad pero también de crítica, análisis y opinión. Ahí sigue Madmartigan esperando a alguien o a algo que lo rescate y por ahí vienen Willow y compañía prestos a realizar tal acción o no. Ha pasado un año y la sensación que uno tiene es contradictoria. Por un lado, a nivel personal mi vida ha dado un giro de trescientos ochenta grados, decelerando mi ritmo creativo hasta unos límites insospechados y por otro, un vértigo por ese cambio. De pasar a tener más tiempo para poder desarrollar "mis cosas" a tener un par de horas al día para poder llevarlas a cabo. Es un cruce de alegría y tristeza, de confianza y traición, de libertad y aprisionamiento, en definitiva, de lo que trata la vida. Pero el reloj de pared de la vida creativa tiene que seguir, aupándonos con más responsabilidad que antes pero reforzando la ilusión primigenia con la que empecé este blog y todos mis proyectos. Con ese motor empiezo una nueva temporada, con nuevos proyectos (CIUDAD DIVIDIDA o MINVS II se acerca), nuevas secciones (Una Noche en la Filmoteca) y nuevas sorpresas pero sin dejar de lado los otros elementos que me han provocado alegrías y decepciones a la par.
La imagen congelada del film de Ron Howard nos habla a las claras de qué deseamos hacer. ¿Ser Madmartigans o Willows? ¿Convertidnos en rescatados o en rescatadores? La Fortaleza de Nintes sigue entre vosotros para responderos.
NOTA: el esquema de búsqueda es idéntico al del año pasado. Debajo tenéis el nombre de cada sección (en negrita) y seguido el capítulo correspondiente actualizado. Una vez más si queréis seguir en esa sección solamente tendréis que seguir la numeración de dicho capítulo, si los hubiera.
-SESIÓN CONTINUA. (Críticas de films de serie B,westerns, de autor, de aventuras, etc, etc,...).
XI. Tributo a la mirada primigenia.
-BLOG. (Reseñas y análisis de películas, de opinión, trabajos de Scifiworld y poesía).
Oda.
-LA CAÍDA DE DUNDEE. (Toda la información concentrada acerca del universo de MINVS).
XIX. Hoja de personajes. Lepanto.
-PARTITURA NOCTURNA. (Reseñas de bandas sonoras).
VIII. El secreto de una Saloma.
-PERCEPCIÓN CATÓDICA. (Análisis de series de televisión).
Lo ridículo.
-HOJA APERGAMINADA. (Reseñas de libros y cómics).
XI. Canción de Hielo y Fuego. Juego de Tronos. Capítulo 0. Intenciones.
-PASANDO EL LUDOMINGO. (Reseñas de juegos de mesa, de carta, de dados, rol, etc, etc,..).
Cadwallon. Ciudad de Ladrones. Capítulo 6. El Maestro Alquimista.
-LOS TEMÁTICOS DEL MES. (Especiales monotemáticos que aglutinan diferentes secciones en una, utilizando un tema como eje común para su desarrollo).
I. De espadachines y otros menesteres.
lunes, 16 de febrero de 2015
PASANDO EL LUDOMINGO CON EL SÍMBOLO ARCANO. CAPÍTULO 5. EXTRAÑAS VISIONES... EN LA CALMA.
"Soñé la destrucción de vuestra insulsa sociedad. Empecé con los Imperios reinantes, después vendrían las sociedades hipócritamente democráticas para, por último desestabilizar el reino animal. Sería un trabajo fácil solamente haría falta una cosa: sembrar la duda. ¡Despertadme y os concederé el beneplácito de ser testigos del Apocalipsis."
Otra noche más en el interior del museo más lovecraftiano del mundo. ¡Bienvenidos al misterio y la aventura! Hemos conseguido más Símbolos Arcanos y hemos hecho frente a más peligros. Sin duda alguna, nos estamos acercando al final del juego o al final de nuestras vidas. ¿Qué pasará? ¿Venceremos al Rey Amarillo?
Empecemos con la señorita Barnes que parece salir de un peligro para meterse en otro. La gánster se enfrentará con adoradores de Hastur y con bestias mitológicas, consiguiendo valiosos objetos.
“Todavía
se encontraba en un auténtico éxtasis. Y no era por lo que había vivido desde
que eligió penetrar en una caja y mantenerse escondida un buen tiempo hasta
llegar al Museo. No. Sus aspiraciones se habían colmado con creces. Entre sus manos de porcelana tenía un libro, pero no
uno cualquiera. Era uno recubierto de una piel rugosa y cuyo interior estaba
escrito con una peculiar tinta roja, sangre humana. Lo que llevaba Jenny consigo era el
famoso y, según algunos, perdido Necronomicón,
El libro de los Muertos. Lo estuvo mirando detenidamente sin pestañear mientras
se alejaba del almacén, pensando en la cantidad de dinero que podrían darla por
semejante tesoro literario. Atrás quedaban los ataques de bestias mitológicas o
presencias demoníacas, sólo importaba poseer el afamado incunable. Perdiéndose
en su partiular cuento de la lechera, también se olvidó de la joven que la ayudó a
escapar de las garras del Gul. A cada paso dado, no dejaba de pensar en el
dinero que recibiría de parte de su socio McGlen. Con esa cantidad podría
jubilarse del mundo del hampa, aquel que la había concedido una oportunidad
para sobrevivir. De pronto empezó a oír gritos seguido de un tumulto, como gente
corriendo. Jenny se detuvo en seco en el tercer paso que dio hacia la salida. Oía cada vez más cerca las voces desde los pasillos que
conformaban la laberíntica estructura del Museo. Inconscientemente, apretó el Necronomicón fuertemente contra su
pecho y decidió esconderse en una esquina, acurrucada como una niña traviesa
por haber hecho algo prohibido. La señorita Barnes estaba detrás de una estatua
y junto con la oscuridad reinante, transformada en su aliada perfecta, su
parapeto parecía el más sofisticado de los escondites. Los gritos se aproximaban
hacia donde se encontraba. Las sombras empezaron a desfilar delante de su
rostro. A la primera de ellas no prestó mucho caso, pero a medida que iban apareciendo
empezó a alzar su cara viendo como un ejército de encapuchados corrían poseídos
hacia el otro lado del pasillo. Al principio no entendía sus palabras pero
después se volvieron más inteligibles, a medida que se acercaban a su posición.
Eran comentarios que solamente tenía un hilo conductor: ¡Tiene que estar por
algún lado! Rápidamente la joven pensó en ella. ¡La habían descubierto! A
medida que llegaba a esa conclusión, sus manos no dejaban de sostener
fuertemente el libro, reduciendo su estrés al mismo tiempo que la masa terminó
por desaparecer de su mirada. El silencio regresó para gobernar el lugar.
Pasaron unos interminables segundos hasta que la cabeza de la diletante surgió
de detrás de la estatua. Miró en ambas direcciones sutilmente y se incorporó
lentamente. Pensó que no sería muy buena idea tomar el pasillo por donde había
ido la turba, así que dio marcha atrás. Al voltearse se percató de que un
pequeño rayo de luz señalaba su turgente pecho. Le bastó un ligero
movimiento para darse cuenta de que detrás no había una pared, sino una puerta que se
empezaba a entreabrir a medida que su cuerpo hacía presión. ¡Una habitación
secreta! Pensó y rápidamente se introdujo en su interior. Era una biblioteca en
miniatura. Jamás iba a olvidar esta noche. Tenía en sus manos uno de los libros
más buscados del planeta y quizás, quién sabe, podría encontrar otro en
singular lugar. La habitación sólo tenía una ventana cuadrada y el resto eran
cuatro paredes enmoquetadas en estanterías de libros. Los había de varios
tamaños y compartían espacio sin mostrar ningún tipo de predominio. Jenny los
miró de pasada y fantaseando con su interior. Al llegar a la ventana miró más
allá del museo pero no pudo ver nada. Una espesa niebla la impedía ver con
claridad la calle. Pero repentinamente pudo ver una forma que se le aproximaba
rápidamente. No la conocía al principio pero cuando apareció el rostro reptiliano
alado la recordó.
—¡OTRO! —Se apartó violentamente de la
ventana.
El
graznido llegó antes que el ruido. El impacto fue brutal. La cabeza de un Byakhee se incrustó en el marco de la
ventana. Los cristales se hicieron añicos saltando con una virulencia
inusitada. Uno de ellos rajó la bella mejilla izquierda de la señorita Barnes.
La joven se echó para atrás al mismo tiempo que dejaba caer el Necronomicón y sacaba su pistola. La
bestia empezó a berrear de tal manera que pronto se empezaron a oír pasos corriendo
hacia la habitación. El animal azulado empezó a aletear intentando salir del
marco de la ventana e intentando morder el cuerpo de Jenny. La joven no perdió
el tiempo y descargó todo el cargador de su pistola sobre la nerviosa presencia
animal. Sus alas se convirtieron en coladores. Ya no podría volar pero sí
morder, y siguió insistiendo en acercarse a su presa. No sabía cómo pero se
había metido en una trampa, era como concentrar una Tempestad en una Tetera.
No sabía cómo iba a salir de ahí, sobre todo cuando la puerta empezó abrirse
lentamente y un manto amarillento se dejó caer, rozando el suelo de madera de
la biblioteca. Uno de los adoradores de Hastur, el más rezagado pensó Jenny se preparaba para el ataque. Éste alzó sus corpulentos brazos para asfixiar a la joven, pero la señorita Barnes tenía mucho oficio aprendido en las calles de Arkham y, sin miramientos como un rayo, lanzó su pistola hacia una estatuilla situada en la esquina derecha del atacante. La figura cayó a su cabeza, haciéndole detenerse de dolor y haciéndole ganar un tiempo precioso a Jenny. En ese momento, el Byakhee se desencajó del marco de la ventana y se lanzó hacia la joven pero ésta fue más rápida y se agachó dirigiéndose hacia la puerta y haciendo que la bestia se encontrase con el aturdido adorador del Rey Amarillo. El infernal reptil se abalanzó sobre su desconcertada presa mordisqueándole parte de su rostro. El hombre empezó a berrear cuando su piel era roída por la bestia. Jenny se disponía a abandonar la biblioteca cuando miró el objeto que la había salvado la vida. Era muy extraño, una Estatuilla alienígena. Los gritos la desconcertaban mientras el emisario de Hastur se retorcía de dolor siendo devorado vivo por el Byakhee. No perdió más el tiempo y cogió la estatuilla, si la había salvado en ese momento la podría salvar en otro pensó y rápidamente desapareció de la habitación. Allí se quedaron los huesos de un hombre mientras el animal se arrastraba hacia la ventana, pensando tal vez que podría retomar el vuelo cuando lo que hizo fue caer al vacío."
Un efecto de una de las cartas de Mitos perjudicó en la tirada de dados de Monterey Jack haciéndolo que perdiese la oportunidad de ganar otro suculento Símbolo Arcano. Los efectos de terror le supusieron perder su oportunidad. Algo vio el arqueólogo en la Meseta de Leng que le petrificó de miedo, pero ¿qué fue?...
"No podía abrir sus ojos y sentía un calor intenso que lo ahogaba lentamente. Sus parpados estaban sellados por una potente luminosidad. No podía verla pero la percibía. Era como cuando una persiana está bajada a mediodía. Aunque la superficie esté cerrada los rayos solares se filtran por sus agujeros. Lo único que sentía a su lado era la presencia de Duque, olisqueándolo y babeándolo. El sudor empezó a extenderse por su cuello al mismo tiempo que sus manos se deslizaban por un manto de hierba. Empezó a estar intranquilo cuando Duque comenzó a ladrar precipitadamente. El pelaje del perro se erizó como si se tratase del de un felino comenzando a salivar rápidamente.
—¡Ey! ¿Qué te pasa chico? —Intentó
tranquilizarlo poniendo su mano derecha sobre su cabeza pero no pudo
conseguirlo, porque al poco tiempo, Duque salió disparado hacia ninguna parte.
—¡DUQUE!
¡DUQUE!
Monterey
no pudo esperar más, no era ese tipo de hombre. Así que decidió arriesgarse, incorporándose
al mismo tiempo que intentaba abrir sus ojos. La retina empezó a alimentarse del fogonazo luminiscente de un
sol. El arqueólogo se cubrió su rostro con sus manos para que la primera
impresión no le supusiese un daño irreparable. Al principio solo podía ver
perfiles desenfocados en la lejanía pero lentamente se fueron formando
elementos más definidos, como picos montañosos para después pasar a matojos y
rincones de vegetación. Sus ojos estaban sumergidos en lágrimas mientras se
mantenía atento a todo lo que le rodeaba.
Se encontraba en una especie de meseta pero una especial. Estaba guardada por
una cordillera al norte de sus ojos y sobre sus pies se entendía una extensa
planicie donde la hierba crecía poco y en determinados sitios concretos, a la
asombra de esqueléticas ramas de árboles disecados por una presumible sequía
eterna. Monterey miró en busca de algún tipo de poblamiento humano pero no
encontró ningún resto. A cada paso dado, sus pies iban pisando hojarasca y
hierbas con tonos marrones arañándolo. Siguió caminando totalmente desorientado
por los alrededores. ¿Dónde demonios estaba? Se preguntaba una y otra vez. Lo
último que recordaba era su acción desesperada de introducirse en un portal
para poder escapar de las garras del culto a Hastur y de cómo había ido a parar
a su cónclave secreto. Había sido una larga historia que los ladridos de Duque
interrumpieron. Monterey se dirigió hacia el perro, que lo esperaba bajando una
ladera. El arqueólogo se detuvo justamente donde se encontraba el animal sin
parar de ladrar. Humano y perro se encontraban cerca de una construcción humana.
Una gran muralla les impedía ver más allá.
—¡No
puede ser! —Se extrañó mientras se acercaba al muro de piedra, tocándolo con su
mano derecha—. Pe…pero…
El arqueólogo empezó a recordar, regresando al
libro que le abrió todos los secretos a cerca del Rey Amarillo, Cultos Inconfesables. Había estado
estudiándolo durante toda su vida y parece que la muralla que tenía ante él, le
era conocida. Recordó que entre muchas de las residencias, o supuestas
localizaciones, de Hastur en este planeta una de las más queridas por el Rey
Amarillo era una ubicada en Mongolia, concretamente en la lejana y misteriosa Meseta
de Leng. No podía ser, era algo imposible. Si hace un rato estaba en el
museo de Arkham, en Estados Unidos cómo había ido a parar a Mongolia. Era algo inconcebible
al menos que estuviera equivocado. Duque empezó a aullar desconsoladamente, parecía asustado de algo. Monterey se dio la vuelta y miró asombrado la presencia de una extraña sombra que se cernía sobre ambos. La sombra dibujada sobre la pared iba creciendo rápidamente y, a la vez, le iban saliendo diferentes patas peludas de un centro que se expandía. Ante el arqueólogo había una araña del tamaño suyo, aproximándose peligrosamente. No era normal, su tamaño desafiaba cualquier regla natural conocida hasta ahora. Pero lo que más asustaba al hombre no era el tamaño desproporciona que también, lo que más odiaba Monterey en esta vida eran a los arácnidos, tenía auténtica aracnofobia y una de ellas empezaba a rozarla su pie. La espalda del hombre chocó contra el muro de piedra mientras Duque no dejaba de encabritarse ladrando sin piedad. La sombra de la araña los engulló por completo..."Y por último nuestra estudiante favorita Amanda, que no deja de descubrir cosas nuevas. Pistas que la permitan adentrarse en dimensiones desconocidas y encontrar elementos que la hagan aumentar su conocimiento, pero también su bolsa de valiosos objetos.
“Parecía que estaba levitando pero eso era
imposible. Cómo podría hacer eso, era algo sobrenatural aunque bien visto, ella
se dedicaba a lo sobrenatural y lo que había presencia en el Museo no era nada
normal. No sabía dónde se encontraba, había sido succionada por un Portal y
ahora flotaba en una especie de limbo existencial. Sentía a veces frío y otras,
calor. Una brisa la escupía constantemente indicándola la temperatura a la que
iba su cuerpo. Además sentía una velocidad que por momentos deceleraba y
parecía detenerse para después continuar el ritmo incrementándose. La primera
sensación que tuvo fue la náusea pero después vino la estabilidad,
seguida de algún que otro espasmo apunto de hacerla vomitar. Una arcada
seguida de un asombro cuando pasaba por los lugares más extraños y sombríos que
se podía imaginar en algunos casos, y que jamás en su vida podría haberlos
conocidos, en otros. Era un auténtico viaje a lo desconocido que por un lado la
aterraba y por otro la fascinaba. Pasó de fogonazos de luz a una auténtica
oscuridad y en ese momento se acordó de la Lámpara
de Alhazred. Introdujo su mano derecha en su mochila y la sacó lentamente.
Mágicamente la luz empezó a iluminar los alrededores y como si respondiesen a
la llameante luz rojiza que desprendía el objeto, enseguida empezaron a
aparecer junto a la estudiante ejércitos de medusas. Amanda pudo ver lo que
parecía un mar azulado y ella estaba sobre el mismo. Agitó la Lámpara y las
medusas que se acercaban a ella desaparecieron de su alrededor. Inesperadamente
creyó ver un templete en medio del océano y sin saber muy bien dirigió la Lámpara de Alhazred hacia el lugar.
Inmediatamente sus pies tocaron tierra firme y caminaron sobre una superficie
de granito. La estudiante se encontraba sobre un templete con dintel abovedado
y en el centro peristilado un pequeño altar con un libro abierto en el centro.
Amanda se aproximó al objeto, engulléndola un aura misteriosa. Las manos de la
estudiante empezaron a pasar página del libro. Parecía un Viejo Diario por las páginas pasadas. Alguien había llegado a donde
había ido a parar y parecía que había escrito algo. Amanda dejó la lámpara en
el suelo y sin que se diese cuenta, el objeto se hundió lentamente como si se
tratase de arenas movedizas. Amanda se concentró en el libro, manteniéndola
absorta. De pronto sintió un ruido y se dio la vuelta encontrándose rodeada
otra vez del ejército de medusas grises y blancas. Sus manos empezaron a buscar
nerviosamente la lámpara pero no encontraron nada. La segunda opción vino sola.
Amanda sacó su Espada de Gloria por
si la haría falta ante el inminente ataque pero, inesperadamente empezó
a brillar una luz amarillenta de entre las letras que conformaban el Viejo Diario y rápidamente la luz
aumentó engullendo a tiempo a la joven. Las medusas se abalanzaron hacia la
nada. No había joven pero tampoco diario. Habían desaparecido y la oscuridad
regresó a reinar en Otra Dimensión.”
martes, 10 de febrero de 2015
PERCEPCIÓN CATÓDICA. MÉRITO EN LA INSOLENCIA.
“Mucha de la presión de un show que podría
cancelarse en cualquier momento te puede ayudar realmente. No lo hace en tu
digestión, no lo hace en tu matrimonio pero lo hace en tu forma de contar una
historia. Porque vas marcha atrás y piensas: ¿Qué es lo más importante que
necesito sentir? ¿Qué es lo esencial de la historia? ¿Qué quiero contar de
verdad?”
Joss Whedon.
Pues
vayamos al asunto. El Capitán Reynolds mira a su alrededor: el paisaje, una ceremonia, a sus participantes, a sus compañeros y después… ¿a nosotros?, ¿al
espectador de Firefly? Último capítulo, última secuencia y último plano. Podríamos
hablar de muchas cosas en este episodio pero nos volveremos minimalistas y lo
haremos de un simple gesto. Aquel del que se abasteció y sigue haciéndolo un arte: de su mirada. Uno que, como hemos visto a lo largo de los catorce capítulos, está
construido y premeditadamente ubicado al
final del relato. Todo tiene que seguir un ritual y Mal rompiendo la cuarta
pared “brechtiana” lo finiquita haciéndolo
de la manera más clara, observándonos. Pero, ¿qué miran sus ojos? Como he dicho
antes, podríamos ser su centro de atención o quizás lo que esté contemplando
sea algo más transcendental, el abismo que se cierne ante él (consciente por su
mirada frontal) frente a la inconsciencia de los suyos, perdidos en el funeral. Esto nos
llevaría a otra cuestión. ¿Qué es el abismo? o concretamente, ¿qué es la mirada
abisal? Cuando un personaje mira al abismo está declarando su insolencia con
respecto al de otros. Ubica su prepotencia en el sagrado olimpo de los dioses
narrativos realizando un ejercicio de constricción individual, consciente de su propio final incluido en la diégesis.
Y por final no quiero decir muerte, sino simplemente cierre de una historia o termino de un personaje. Pero ya
que nos encontramos en un funeral, no desentonaría para nada la idea de estar mirando al más
allá. ¿Qué hay allende el abismo? Más allá existe el mundo sensible, no
tangible, el contracampo alimentado por la mayor de las energías creadoras, la
imaginación. Las interpretaciones se han ido multiplicando con cada episodio de
Firefly pero en este momento, Whedon aparta su descaro creativo, dejando atrás el
artificio para ofrecernos directamente su esencia. Las diferentes herramientas que
conforman y hacen posible la secuencia, potenciándola (la cámara lenta, la
música, los efectos visuales de la nieve cayendo) nos hablan de un momento
trágico, pero no hay que engañarse porque no nos encontramos ante una elegía
sino, más bien ante una despedida pero no una definitiva. Para aquellos que no
lo sepan, el amigo Joss hizo una especie de secuela-sumario en el 2005 con su film Serenity. Si quiso con esta película reanimar a la mortuoria serie, no lo
consiguió ayudándola a convertirla aún en más maldita que antes, quizás ese fue
el objetivo desde el principio (“Firefly
fue insoportable…” Whedon dixit).
Decir
adiós nunca es fácil. Lo ridículo puede hacer acto de presencia y destrozar
cualquier tentativa de despedida. La última secuencia tiene el honor o la
obligación de cerrar un ciclo pero a Whedon no le interesa cerrar arcos
argumentales más bien, acelerarlos. Y lo que nos ofrece el último plano es
un salto al vacío en esa mirada de su protagonista. “Firefly cuenta la historia de nueve personajes mirando la negrura del
espacio, observando nueve cosas diferentes.” Puede que al final y partiendo
de esa hipótesis tan sutil como sencilla (son palabras suyas), esa mirada
resuma en unos minutos el universo de su creador. Uno que empezó a expandirse a
una velocidad que ni él mismo pudo contener, ni controlar, como ya dejó claro más
arriba. El universo actante se multiplicó de tal manera que fue imposible describirlo todo. Cada integrante de la Serenity desarrolló su propio cosmos mezclándose sutilmente con una trama principal, sí es que la ha tuvo alguna vez Firefly, enriqueciéndola y en algunos casos, la mayoría de ellos, relegando su protagonismo. Cuando no tenían que hacer un trabajo para subsistir tenían que ayudar a algún personaje secundario, o incluso, episódico como somos testigos en este The Message. La trama se genera en el pasado bélico del Capitán Reynolds y de su lugarteniente, Zoë pero ensuciará al resto poniéndoles en aprietos.
Todo eso ya pertenece al pasado aunque quizás, y con el éxito cosechado
con Los vengadores (2012), cosa que parece no se le ha subido a la cabeza (Mucho ruido
y pocas nueces, 2012), puede que algún día regrese a su universo de Browncoats. Siempre
nos quedará una incertidumbre (quizás alimentada por él mismo): el misterio de
cómo un afamado showrunner (creador de Buffy o Ángel) acabó siendo cancelado y
después resucitado por sus fans (según él). O quizás es otra pieza más de su
puzle creativo. Otro integrante más de su particular juego con el otro. Aquel
con el que ha estado jugando durante todo este tiempo: romper sus expectativas
ofreciéndoselas y transformándoselas en otras opciones. Nos puede gustar o no
pero tiene su mérito, digo yo.
martes, 3 de febrero de 2015
HOJA APERGAMINADA (XX). CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO. JUEGO DE TRONOS. CAPÍTULO 5. EL LOBO Y EL LEÓN.
“Te lo juro, jamás estuve tan vivo como cuando
peleaba por este trono, ni tan muerto como ahora que lo tengo.”
Robert Baratheon.
Si bien es cierto que es el episodio que mejor adapta la
novela de Martin hasta el momento, existen fallas narrativas en su descripción, que nos muestran las pequeñas diferencias. No cabe duda que respeta religiosamente cada capítulo dentro del libro y aquellos que no
aparecen sobre el papel tampoco lo hacen en su versión catódica. Así que una advertencia, no
sabremos nada de Dany ni de Snow por ahora. Estas diferencias estriban más en la forma que en el contenido, produciéndose vaivenes estéticos entre la literatura y la imagen visual. No es lo mismo aquello que imaginamos leyendo que lo que vemos en imágenes digitales. Lo primero es creado y lo segundo es producido. El proceso formativo de la lectura opera al mismo tiempo que su descubrimiento (lees luego imaginas por lo tanto ves) mientras que la opción visual, ya está construida, solamente tienes que contemplarla. Estas desigualdades, que pueden resultar insustanciales para algunos, resultan tornarse nucleares para los amantes del detalle, cosa de la que hace gala el escritor y repudian los productores. Todo desde la lógica aplastante del canon de la adaptación, cualquiera que sea, donde, y no hay que olvidar su condición industrial, el presupuesto posiciona a la creatividad.
CAPÍTULO V. (Desde la página 299 hasta la 375).
Para el que suscribe existe en esta parte de la novela un momento descriptivo que la enriquece, burdamente eludido en la serie y otro, magistralmente realizado pero desestimado en el libro. Empecemos por el final. Es un momento icónico crucial para la serie televisiva, que más tarde enlazará con la presentación del icono mismo: el dragón. Es aquel momento en el que Arya Stark alimentando su vena curiosa, se aventura por las mazmorras del castillo acabando en el interior de las fauces de la bestia mitológica.
La literalidad visual asume su protagonismo. La joven presintiendo una futura riña por su indisciplinado comportamiento, se parapeta en el interior de una calavera de dragón al oír unas voces aproximándose. En la novela se describe la osamenta pero ni siquiera se menciona su origen, quizás porque no hace falta ya que unas hojas atrás se mencionaba la historia de los anteriores regentes Targaryen de Desembarco del Rey y de los trofeos de dragones que poseían.
"Poco a poco, los objetos que la rodeaban empezaron a tomar forma. Enormes ojos vacíos la miraban hambrientos desde la penumbra, y entrevió las sombras puntiagudas de unos dientes enormes. [...]. Arya se puso en pie y avanzó con cautela. Las cabezas la rodeaban por doquier. Tocó una con curiosidad, y se preguntó si sería auténtica. Rozó una mandíbula gigantesca con los dedos [...]. Arya sentía como si los ojos vacíos la observaran en la penumbra [...]. Se apartó del cráneo y chocó de espaldas contra otro, aún más grande. Durante un momento fue como si los dientes se le clavaran en el hombro, como si intentara arrancarle un bocado de carne. Arya giró en redondo [...]. Otra calavera apareció ante ella; era el monstruo más grande de todos [...]. Saltó una barrera de dientes negros altos como espadas, pasó como una centella entre mandíbulas hambrientas y se lanzó contra la puerta."
En la novela vemos que se potencia el suspense creando la ambientación pertinente, pero pareciese que es ninguneado por su autor, desplazándolo como si fuese uno más de los muchos momentos de su novela mientras que en la serie se le da un protagonismo exultante. Lo que de verdad interesa a Martin es lo que acontecerá más adelante con la conversación de los dos dos extraños caminando por la mazmorra. Para él, el nacimiento conspirativo es capital en su historia, dirigiéndola por este entramado lúdico de poderes y ambición que es Canción de Hielo y Fuego. En cambio para los creadores catódicos, es un momento oportuno para volver a presentar el componente fantástico de la historia, que se estaba diluyendo desde aquel lejano prólogo con la presentación de los Caminantes Blancos, y que será protagonista en un futuro con la presencia digital de los dragones. La importación estratégica de los showrunners de la serie no es para nada gratuita. Nos encontramos en el ecuador de la serie y nos están diciendo que la trama puede pivotar a un lado u a otro (combinando diferentes géneros) pero que el fantástico predominará en la misma, no ya solo en su génesis:
Sino en su nudo:
Y como veremos en su final:
De ahí la importancia vectorial de David Benioff y D. B. Weiss. Saben lo que quieren, y lo más importante, saben cómo hacerlo, es decir, cómo contarlo.
El otro momento es el de su sustracción descarada por parte la serie, sustituido por una imagen. Un plano general donde se puede contemplar, al fondo la fortaleza del Nido de Águilas y donde el ascenso por parte de Catalyn y Mya Piedra desaparece en favor del ritmo televisivo. La descripción literaria (motor de la misma) se evapora en la imagen desacelerada.
La odisea de las dos mujeres en un mundo gobernado por hombres se convierte en un desafío para ambas, sobre todo psíquico (la inclusión de la bastardía representada por Mya recuerda a la señora Stark que ella también tiene otro bastardo cerca, John Snow y que su sola presencia la recuerda su debilidad frente a su marido) y físico (casi a punto de perder la vida en el ascenso) para Catalyn. Es un momento donde la descripción es la pura táctica del escritor para mantener en perpetuo suspense al lector. A medida que los personajes vayan pasando por diferentes estados emocionales y físicos, representados en los diferentes pasos geográficos de la impotente torre, comprobaremos su enseñanza. Catalyn lo sabe, gracias al comportamiento ejemplar de la acompañante bastarda podrá ver otro día, podrá ser testigo del castigo a un Lannister (Tyrion) por lo que hizo a su hijo (Bran), y en definitiva, puede que perdonar al bastardo que convive con ella. Todo eso se esfuma en el momento en que vemos a los caballeros del Valle acompañar a Lady Stark con su potencial prisionero. Puede que sea cinematográficamente bello pero está vacío. Ironías del destino, más tarde finiquitando el capítulo, el momento del ataque a Ned en las calles de
Desembarco del Rey es mucho más poderoso cinematográficamente hablando en la novela que en la serie. La tensión germinará apoyándose en la creación de un ambiente (la lluvia, la oscuridad de la noche,
el tratamiento de la luz o más bien de su ausencia) frente a la
intromisión de sus personajes, dirigiéndose de un Burdel al Palacio. Un movimiento descrito en la hoja frente al estatismo de cómo la serie recrea el suceso. Los personajes se quedan
acorralados en la entrada del burdel y a plena luz del día (no existe el
movimiento y la presencia de la luz lo inunda todo). Llegados a este momento es
como si la novela se transformase en película y ésta en literatura. Ya solo
queda el páramo de la incertidumbre, nos encontramos en las manos de Martin.
viernes, 23 de enero de 2015
DÍA DE PRE-ESTRENO. INTO THE WOODS O INTO THE BUSHES. HISTORIA DE UNA ANTÍTESIS.
La
antítesis que encierra el título no es aleatoria es completamente intencionada
como lo es también el musical de Sondheim y Lapine. Todo el mundo entiende, o
al menos de esta parte del mundo la
occidental quiero decir, que el cuento es un relato de adultos contado a los
niños y que con el paso del tiempo su
contenido ha ido degenerando en algo “suave”, estéticamente didáctico
enclaustrado en una moraleja. Es más, siempre se le ha adjetivado el componente
feérico para proporcionarle más encanto si cabe. Por poner un ejemplo oriental,
Las Mil y una Noches es totalmente diferente a la percepción que tenemos del cuento.
Su laberíntica estructura se aleja de la simpleza de nuestros relatos
infantiles; su numerosa población actante desborda a los individuales
protagonistas de nuestros relatos y en lo único en lo que pueden llegar a estar
de acuerdo es en su misteriosa génesis, perdida en el albor del pretérito. Por
lo tanto podríamos decir que nuestros cuentos son narraciones bonitas que
cuentan algo terrible pero que al final la crueldad de su contenido es
transformada en un final feliz. Bueno, la verdad es que eso no fue así hasta
que esos cuentos murieron sobre el papel. Antes fueron composiciones orales que
se trasmitían de generación en generación, viajando de un sitio a otro y no
tenían por qué ser tan políticamente correctas como lo son ahora. En cualquier
caso tendríamos que agradecérselo a los hermanos Grimm o a Charles Perrault su
corrupta conservación a nivel literario y al tío Walt a nivel cinematográfico. El
origen de los cuentos es tan neblinoso como sus traducciones que con el paso
del tiempo, en una escala menor pero igual que le ha podido pasar al gran cuento
que es la Biblia, han ido reinterpretando sus significados hasta quién sabe qué
final. Lo que es evidente es el proceso manipulador sufrido que podríamos
emparentarlo con la creación de una película o un musical. Bien, con Into the
Woods sus creadores han querido realizar una operación un tanto curiosa:
experimentar, o más bien jugar con la idea, el concepto del cuento occidental
pero apoyándose en elementos orientales como ya hemos señalado. Y lo hacen otorgándolo
consciencia, o mejor, autoconsciencia a los mismos. Como si de una “muñeca
Matrioska” se tratase se van presentando los cuentos en forma de sus
personajes, uno a uno para entrelazarlos y unir sus desarrollos encauzándolos a
un bosque de tintes “buñuelianos” (vertiente Ángel exterminador, 1962) del que
es fácil entrar pero que jamás saldrán.
Prueba de ello es el primer número
musical de la función. Matemáticamente se van enhebrando los hilos para acabar
en una diégesis de cierto cariz irónico. Esto es otro elemento importante, otra
herramienta postmoderna que se operará en el universo del show. La ironía está
presente en muchos momentos. Cuando el Príncipe Encantador (Chris Pine) le dice
a Cenicienta (Anna Kendrick) que a él le enseñaron a ser encantador pero no
sincero, después de serla infiel con la mujer del panadero (Emily Blunt), ahí
está reforzando el componente postmoderno. Y es que la génesis de Into the
Woods es una muy “Brechtiana”. La autoevaluación constante de ser consciente, en este caso, de pedir un
deseo. Los protagonistas de este musical no lo son. El relato comienza con un
“Yo deseo…” y todo el relato del mismo versará sobre esa plegaria dividiéndose
en dos partes bien diferenciadas por su tonalidad, su duración milimétricamente
coreografiada en el musical menos coreografiado de la historia, y en sus
estructuras. La primera hora podría ser la del relato ortodoxo, lo que se
entiende por un cuento, presentación de los diversos personajes que lo habitan
deseando algo y sus desarrollos por todos conocidos. La segunda hora correspondería
a la parte más heterodoxa, donde los personajes se enfrentan a sus
responsabilidades del deseo adquirido. El soñador Jack (Daniel Huttlestone) y
su represiva madre (Tracey Ullman) tomarán ventaja de los suyos, convirtiéndose
él en un ladrón y ella en una pomposa ricachona; la inocencia de Caperucita
Roja (Lilla Crawford) se transformará cuando conozca al Lobo (Johnny Depp) en
un pragmatismo sanguinario representado por esa nueva caperuza lobuna;
Cenicienta descubrirá que quizás su príncipe no es tan ejemplar como hemos
visto al comienzo. Aunque parezca mentira el único personaje íntegro y honrado
es el de la Bruja (Meryl Streep), que haciendo lo que hace (retener a una niña
durante más de veinte años, encerrándola en una torre), es consciente de su maldad
y se enfrenta a la hipocresía del resto con sus principios inalterados.
Pero
existe una novedad en la propuesta. Es la incorporación del testigo dentro de
la fábula, y no estoy hablando del narrador que también existe de una manera
extradiegética, sino de uno diegético, bueno en este caso se trata de dos, una
pareja, el Panadero (James Corden) y su desleal esposa que ya hemos mencionado.
Son personajes que no son originariamente de ningún cuento y proporcionan el
punto de vista del espectador guiándole por la trama. Es el aliado postmoderno
de la narración, emparentándolo con el espectador contemporáneo. Ellos tendrán
que conseguir una serie de objetos para poder engendrar después de haber
pactado con la Bruja su obtención. Dicho esto y sin olvidar la forma, un
musical, dentro del contenido, una película podríamos ir directamente al Into
the Bushes de la crítica.
Os preguntareis si lo anteriormente redactado
podría perfectamente encajar en cualquier versión de Broadway y si es así, que lo es, ¿qué tendría de nuevo
la versión cinéfila? o mejor ¿qué intención tendría una nueva versión de la
misma? Para la primera pregunta tengo un NADA y para la segunda, la respuesta
iría a parar al callejón oscuro de la rentabilidad económica construido por los
buenos productores, aquellos dispuestos a arriesgar absolutamente nada para
obtener el máximo de los beneficios. Pero ensuciémonos que para eso estamos. Analizar
un cuento hoy en día es mancharse las manos. Es realizar un viaje al otro lado
del espejo “carrolliano” para encontrar que la moraleja inherente en toda
fábula está bañada por una pátina de conservadurismo (y todo lo que implica el
termino social, económico y existencial) al que hay que combatir. El tema
principal de Into the Woods es la responsabilidad comunal (en palabras de
Sondheim). Al principio los personajes actúan por sí mismos desembocando el
caos y solamente serán capaces de desenredarlo si trabajan juntos en equipo
para enmendar los errores de pedir sus deseos. Pues bien, dentro del discurso
liberal siempre se esconde pequeños resquicios de su contrario. Lo podemos
rastrear en el personaje de la mujer del Panadero. Muere porque le ha sido
infiel, ni más ni menos. Al Príncipe no le pasará nada, seguirá desflorando
damiselas que es lo que suelen hacer los príncipes encantadores pero el
personaje femenino ha recibido su castigo narrativo. Ni Walt Disney en sus
mejores momentos lo hubiera hecho mejor. A veces mirar de cerca no es lo más
satisfactorio, lo mejor es contemplar las cosas de lejos para poder tener una
perspectiva que te permita un mejor análisis de los hechos. Sondheim y Lapine
han querido reunir a los cuentos a la luz de una fogata en un bosque
surrealista conscientes de su inutilidad como moralistas, ejerciendo mejor como
herramientas de un entretenimiento que proporciona goce. De ahí lo de Into the
Bushes y de ahí la formación de la retórica antítesis. Dos frases de igual
número de palabras pero de significando distinto en sus finales. lunes, 19 de enero de 2015
PASANDO EL LUDOMINGO CON EL SÍMBOLO ARCANO. CAPÍTULO 4. CONOCIMIENTOS EXTRAÑOS... EN UNA MENTE PERTURBADA.
"Y aquí nos encontrarás, no importa si llueve, nieve o diluvie. Esperaremos justamente aquí tu llegada. Dándote la bienvenida que te mereces, sacrificando a los infieles prometidos e ingresando entre nuestras huestes a los nuevos adictos. ¡Salve al Rey Amarillo! ¡Vive Primigenio Hastur!"
¿Demasiados Símbolos Arcanos? No, no os habéis perdido nada, lo que pasa es que la instantánea es una recolección de dichos objetos conseguidos en una partida doble que me supuso un cierto caos organizativo para este taller narrativo. Pero bueno, eso no impide seguir adelante y ya veréis que en este capítulo se conseguirán muchos símbolos arcanos, no tantos como los mostrados más arriba pero los suficientes para enseñaros que nuestros tres investigadores van por el buen camino en su confrontación con Hastur. ¡Adelante, con errores o sin ellos, siempre en la brecha!
Monterey Jack parece encontrarse en una aventura difícil pero su emblemático Cultos Inconfesables y un Cuchillo le han servido para obtener preciadas recompensas y alguna que otra maldición en forma de monstruito.
"Se despertó súbitamente regresando a una especie de Cónclave Secreto donde él parecía ser la atracción principal. Volvió a mirar a los congregados que lo rodeaban. Los Cultistas de Hastur orando sin parar, cabizbajando sus rostros, estaban concentrados en su rezo. Decidió mirar a su alrededor comprobando que su posición se encontraba en serio peligro. A escasos centímetros existía un agujero subterráneo en el centro de una sala circular. Miró por encima de su cabeza, sin dejar de observar el pozo que se encontraba a sus pies, y descubrió que se encontraba en el interior de una caverna, decorada con unos candiles ubicados en las paredes. Monterey observó también que a su derecha se encontraba el Conservador y su bigotillo sonriente seguido por Duque. Bajando una pequeña escalinata se encontraba una serie de compuertas que daban a unos pasillos que confluían en esa misma sala. Al final del que estaba situado enfrente de él, se encontraba un pequeño altar donde la Vigía Azul de la Pirámide reposaba. El arqueólogo regresó a observar el suelo a sus pies descubriendo que su bandolera estaba abierta, sobresaliendo la punta de su emblemático libro Cultos Inconfesables y que un poco más lejos se encontraba el Cuchillo del Conservador. Pensó que serían dos buenas herramientas para una posible huida. De pronto un rayo turquesa salió despedido del espejo y se incrustó en la bóveda de la caverna. Los fieles dejaron de orar y dirigieron sus miradas hacia el techo. El rayo seguía apuntando el centro de la bóveda de arcilla. El arqueólogo miró atentamente como el rayo concentraba su poder en un punto e iba erosionando la superficie. Hilillos de terracota empezaron a caer sobre las capuchas de los Cultistas al mismo tiempo que empezaban a gritar como posesos. Todos miraron atentos el efecto destructor del rayo que salía del objeto. Monterey pensó que podría ser una oportunidad de oro para poder escapar de sus captores pero cuando se decidió a empezar su fuga, el techo terminó de ceder y la bóveda cayó, desintegrándose sus componentes, y dejando entrever un haz verdoso que iba descendiendo hasta posicionarse justamente delante del arqueólogo. Pe… pero ¿qué diablos…? Pensó enseguida llegando a la misma conclusión que la del Conservador cuando le dijo que eso no era un espejo, sino que era una llave. La luz empezó a expandirse hasta llegar una circunferencia que emitía ondas desde su epicentro, expulsándolas por todo su diámetro. Bajó la circunferencia esmeralda y desapareció en el interior del pozo a los pies de Monterey. Todos los congregados dejaron de mirar el haz para dirigir sus miradas a su prisionero, incluido el Conservador y Duque. Los Cultistas no tardaron mucho tiempo en sacar del interior de sus ropas unos cuchillos y apuntar el rostro del arqueólogo.
—Creo que me
toca hacer los honores. —Se dirigió el Conservador a Monterey, blandiendo su
puñal.
Éste no dejaba de sonreír mirando los ojos del
arqueólogo. Monterey había estado en situaciones muy peligrosas pero ésta
sobrepasaba al resto. Delante tenía la hoja afiladísima de un puñal plateado acercándose
a hacia sus ojos y detrás se encontraba con un ejército de puñales esperándole para
hacerle picadillo. No tenía escapatoria. De repente la luz verdosa regresó a la
caverna desde el pozo iluminando la única vía libre a Monterey. Miró al
Conservador y después a Duque y no se lo pensó dos veces, sobre todo teniendo el
reflejo de su rostro sobre la daga de su verdugo. Éste alzó su arma dispuesta a clavársela en el rostro del prisionero, pero Monterey bajó su cuerpo haciendo que su cabeza golpease el estómago de su adversario. El Conservador cayó al suelo ante la irritada muchedumbre que empezó a dirigirse hacia el arqueólogo. Éste consiguió coger el Cuchillo y rápidamente se deshizo de las cuerdas que lo tenía aprisionado y antes de saltar al pozo, pudo placar otro ataque de un puñal lanzado furtivamente hacia su persona, poniendo el tomo de Cultos Inconfesables sobre su cuerpo. El puñal se clavó en el centro del libro, salvando al hombre que ya caía hacia lo desconocido. Inesperadamente Duque siguió a Monterey, saltando por encima del Conservador que se erguía del golpe sufrido. El
animal y el humano desaparecieron de la vista de los Cultistas igual que el
fulgor esmeralda del pozo. Todos se quedaron callados mirando al Conservador.”
Amanda pasito a pasito va descubriendo cosas a medida que encuentra pistas y algún que otro portal a otros mundos.
"El cuerpo de la estudiante vaciló al llegar al final del pasillo. No sabía cómo pero había llegado hasta el punto donde se había oído más cercano el ruido de una metralleta. Lo más significativo de todo esto es que al llegar se dejó de oír los disparos, regresando un silencio sospechoso. Amanda aprovechó para recapitular su odisea. Se encontraba en el Museo para poder acabar su tesis sobre la teosófica Helena Petrovna Blavatsky y había terminado de caerse dormida y encerrada tras sus muros, descubriendo que en el edificio se escondían los objetos más fabulosos que ella no habría podido imaginarse nunca, entre ellos dos que llevaba consigo. Uno era la legendaria Lámpara de Alhazred y el otro, la Espada de Gloria. Los disparos volvieron a oírse pero con diferente intensidad, pareciendo que era otra arma la que chillaba. Amanda miró la puerta del almacén del Museo. En su interior había poca luz y los fogonazos de un arma automática ayudaban a describir el lugar, prendado de un olor a pólvora. No sabía el porqué, pero se aventuró al interior pensando tal vez que podría tratarse de su única vía de escape. Sobre una pila de cajas se encontraba una dama disparando sin cuartel hacia un agujero en el techo del almacén. Desde arriba parecía sobresalir un brazo azulado que se dirigía perezoso hacia la mujer. Su piel arrugada y bulbosa daba más asco que temor. De repente salió disparado un haz verdoso que impactó en la mujer. Amanda se acercó más y pudo comprobar que se encontraba ante un Portal a otra dimensión. Su luz esmeralda y su formación líquida la pusieron sobre aviso, además de que ella ya había investigado ese tipo de fenómenos en su tesis, buceando en el Libro de Dzyan. No tenía la menor duda se encontraba ante un Portal a Cualquier otra Parte. Jenny la miró asombrada mientras Amanda la sonrió.
—Os encontráis ante un portal a lo desconocido.
—No me digas, guapa. Pues te puedo asegurar que hay
algo más físico que un portal ahí arriba.
Ambas miraron a la luz y algo se movió al mismo tiempo que emitía unos gruñidos, aproximándose a ellas."
Jenny Barnes no se relaja ni un segundo, desempolvando su Automática del. 45 consigue otro Símbolo Arcano y el encontronazo con un monstruo.
"Sobre el rostro de la señorita Barnes disparaba el haz esmeralda, mapeando su físico. Era como si esa extraña luz la estuviera poseyendo, eliminando sus decisiones, que ahora mismo pasaban por eliminar a la extraña presencia de arriba. Amanda se acercó más a Jenny intentando explicarla algo cuando del agujero del techo, arropado por la luz, cayó un ser orondo. No era humano pero tampoco animal. Era un híbrido de ambas especie pero ninguna concretando. Su carnoso brazo tocó al de Jenny y en ese mismo instante la mujer sintió como si toda su vida pasara en un segundo. Enseguida volvió a ese pueblo de mala muerte donde había nacido y se había criado. A ese tiempo infame donde había aprendido a sobrevivir en las calles de Arkham y de repente se encontró en un callejón sin salida. Una presencia la perseguía y Jenny no sabía quién podría ser. Sacó su pistola pero no la llevaba con ella. La sombra la acarició su rostro y ella pegó un grito al comprobar que era el rostro de su padre quien la perseguía por las tinieblas. Jenny se zafó de su agresor y salió corriendo calle abajo. Volvió a recordar pasajes de su adolescencia cuando su progenitor la maltrataba a ella y a su madre delante de su hermano mayor, sin que éste pudiera hacer nada. Era como los disparos de su Automática del. 45. Eran precisos y muy rápidos y podían llegar a matar la conciencia de la libertad, de su libración. Algo salió de su conciencia, algo que mantenía guardado por mucho tiempo. La verdad. No lo había dudado ni por un instante. Para poder crecer tuvo que hacerlo, tuvo que matar al padre acosador y lo hizo antes de huir de ese pueblo. Empezó a llover a cántaros y la señorita Barnes cansada de correr se detuvo en una esquina. Al principio no se percató de la acumulación de agua, pero rápidamente de creó un charco delante de la mujer. Jenny descansando miró el fondo del mismo, descubriendo con terror como se reflejaba un rostro y no era el suyo. Era el de su padre. Pensó enseguida que a veces Te Conviertes en los que Más Temes. El ser orondo sonrió a Amanda a la vez que se acercaba al cuerpo de la paraliza Jenny. En seguida supo la estudiante de que ser se trataba. Era un Gul. Habitante de otras dimensiones, contaminando la nuestra. Con solo su tacto podría hacer morir del miedo más atávico a quién tuviese tan mala suerte de encontrarse en su camino.
—¡DESPIERTE!, ¡DESPIERTE!
Los gritos de Amanda surtieron efecto porque Jenny se desperezó y empezó a disparar su arma sobre la presencia del Gul. Éste se hizo añicos saltando por los aires. La estudiante se apartó para librarse de la explosión pero no lo hizo de la luz verdosa del Portal. El haz engulló a la joven haciéndola desaparecer en el acto. Cuando Jenny quiso buscarla para agradecerla su gesto, no encontró a nadie. Bajó de las cajas y miró a su alrededor. Volvía a estar sola. Algo captó su atención. La mujer se agachó mirando un libro que sobresalía de una de las cajas afectadas por la explosión.
—Vaya, vaya. Qué tenemos aquí. —Habló para ella mientras levantaba el Necronomicón entre sus manos."
CONTINUARÁ...
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