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jueves, 17 de julio de 2014

PERCEPCIÓN CATÓDICA. CABALLO DE TROYA.

¡Qué locura tan grande, pobres ciudadanos! ¿Del enemigo pensáis que se ha ido? ¿O creéis que los dánaos pueden hacer regalos sin trampa? ¿Así conocemos a Ulises? O encerrados en esta madera ocultos están los aqueos, o contra nuestras murallas se ha levantado esta máquina para espiar nuestras casas y caer sobre la ciudad desde lo alto, o algún otro engaño se esconde: teucros, no os fieis del caballo. Sea lo que sea, temo a los dánaos incluso ofreciendo presentes.
Eneida, Virgilio, Libro II.

El texto de Virgilio es el que mejor describe lo ocurrido con el famoso equino de madera. La Odisea  lo trata episódicamente y la Illiada lo dibuja esquemáticamente. Así que si pensábamos que todo lo referente al famoso caballo fue creado por Homero, estábamos equivocados. El desacierto ha sido utilizado como propio "caballo de troya" para enmarañar su significado metafórico en la narración occidental. Con el paso de los años la figura mítica se ha transformado en figura narrativa recurrente en la diégesis universal. Bien, nosotros lo utilizaremos para finiquitar la primera temporada de Warehouse 13 y vaticinar el final de Firefly. Lo primero que nos puede llamar la atención es una desigualdad. Un final de serie no es un final de temporada, y más una como la creada por Whedon donde ni él mismo se creía la cancelación de su show. Quiero decir que con Warehouse 13 asistiremos al típico cliffhanger y con Firefly, se producirá una especie de cortocircuito solamente restablecido, años después, con el film Serenity.


El show no se ha cansado de utilizar figuras, herramientas, útiles mitológicos para disfrazar sus desarrollos narrativos durante toda la temporada y en su conclusión tenía que recurrir a un verdadero fuego artificial digno para la ocasión. La figura del Fénix era la apropiada por su relación con el fuego, auténtico protagonista destructor de este último capítulo. El ave mítica que regresa una y otra de las llamas proclamando su inmortalidad, es utilizada por su elemento mimético, el personaje de Macpherson, otra ave fénix de la serie. Siempre sobrevive, mucho más poderoso de los rescoldos de las cenizas de episodios anteriores. Su presentación fue antológica (Implosion) y sus apariciones posteriores, aunque solamente se le nombren son ejemplares (Breakdown) hasta su resolución final en el capítulo anterior a éste (Nevermore).
El episodio se convierte en uno de anzuelo al principio, hay que captar la máxima atención escópica para después provocar la frustración de dejarte colgado con el ya citado cliffhanger. Empezamos con Macpherson y Artie, quince años atrás formando equipo. Ambos están intentando salvar a alguien de un incendio. El fuego estará presente, como ya he dicho, a lo largo de todo el metraje. Asistiremos a la ruptura entre los dos. Macpherson optará por desobedecer a su compañero, eligiendo el lado más lógico en el salvamento de un ser humano. Se adentrará en el interior del esqueleto de armazón del edificio para salvar a alguien. El personaje se presenta como ejemplo de insubordinación ante el drama humano, es decir se deja llevar por las pasiones frente al hieratismo y profesionalidad de Artie, que se niega a salvar a esa persona.


Desde el comienzo, los creadores planifican su particular "caballo de troya". Confunde los propósitos de los actantes. Macpherson se posiciona en el lado emocional mientras que Artie en el racional, más tarde como ya hemos sido testigos, los roles se intercambiarán y uno se pasará al bando contrario y viceversa. La confusión se materializa en el mundo de las pasiones y en el de las razones. O quizás ambos caracteres siempre estuvieron en sus lados correspondientes y ahora es cuando se muestran sus verdaderos objetivos. En cualquier caso, la mascarada continúa hasta llegar a la actualidad cronológica de la serie. Pete y Mika creen por fin estar tras la pista de Macpherson y lo consiguen atrapar, con ayuda de Artie. Pero lo que no saben es que Macpherson ya ha posicionado su "caballo de troya" en uno de los integrantes del equipo del Warehouse 13. A partir de este punto, además de intentar retener a Macpherson (a la manera starwarsiana de congelarlo), la trama dará un giro detectivesco con el único fin de averiguar quién es el traidor. Claudia se llevará todas las papeletas cuando descubran que la joven integrante del grupo conocía a Macpherson y que la ayudó a ella y a su hermano (Claudia).


Pero, y como los troyanos, cuidado con los regalos helenos porque el engaño no es haber atrapado al archienemigo sino el comprender hacia donde nos llevará tal acción: a la destrucción del Warehouse 13 y a un plano impagable. Artie consciente de su equivocación y atrapado en el túnel de salida del almacén, se ve perdedor y la lengua de fuego a su espalda refleja en su rostro su equivocación, aunque digámoslo ya, parece otro truco. Uno que nos lo explicarán en las sucesivas temporadas siguientes. La sucesión rompe el mecanismo de sorpresa. O más concretamente, como veremos a continuación, la narración de este episodio es un "caballo de troya" construido sobre otro.



El título del capítulo es basura, que es donde irá escondido el objetivo de la trama. También acabará un personaje rodeado del mismo deshecho, como si fuese un aqueo parapetado a punto de asaltar los palacios de Troya. Pero no adelantemos acontecimientos, más bien analicémoslos. El tiempo es usado, otra vez como constructor narrativo. El relato comienza en un futuro, aunque bien podía ser el presente narrativo objetivo del espectador, en cualquier caso, toda la narración estará sostenida sobre un flashback. Un retorno al pasado de los hechos para comprender porque el capitán Mal se encuentra solo y desnudo en un ambiente desértico.


También, curiosamente, será un episodio en el que volvamos a recordar a otros personajes y sus acciones. Por ejemplo, la presentación de Saffron no nos coge por sorpresa, es más nos ilusiona, sobre todo por su turgente cuerpo que ya usó a modo de sirena con los integrante de la Serenity como ya vimos en Our Mrs Reynolds o la razón de la traición de Jayne en Ariel. Pareciese  que el pasado, una y otra vez, fragua estos elementos distribuyéndolos de tal manera que fuesen posicionamientos éticos sobre las actitudes de ambos personajes, por los cuales va varando la traición. Es decir, juzgarles por sus acciones pasadas, como si en la tripulación todos sus integrantes tuviesen algo por lo que estar orgulloso en su pretérito. Como ya vimos incluso con Inara en Heart of Gold, todos tienen heridas que sanar, y eso es precisamente lo que les hace ser personajes ricos y complejos en la historia. El pasado herido hace avanzar la narración transformándose en el verdadero "caballo de troya" argumental del capítulo y que reside, curiosamente en un plano conceptual. Todo está en la mente de Mal, por tanto lo que vemos es un viaje a su pensamiento mientras él divisa en la lejanía una puesta de sol, completamente desnudo. Es el plan perfecto diseñado por el ilusionista Whedon. Una historia pensada por un creador que a su vez es escenificada por su personaje y que, al mismo tiempo, hace involucrarse a su confidente, el espectador. Un truco malabar ejecutado y realizado perfectamente pero que tiene un fallo. El no haber sabido evolucionar en los mecanismos narrativos constructivos. Es decir, para uno que no conozca a Whedon, le parecerá maravillosa su magia pero para los que le conocemos, o le hemos ido conociendo a través de sus shows (es mi caso por ejemplo), ya es un poco tarde. La sorpresa argumental a estas alturas de la película se presenta cansina y el artificio se nos muestra aburridamente repetitivo. La complejidad constructiva de este "caballo de troya" se derrumba por su propio peso. Esta vez los troyanos harán caso a Virgilio. La prueba la tenemos que el próximo capítulo de la serie será su último. ¿Cómo nos sorprenderá el señor Whedon? ¿Con otro "caballo de troya"? Estaremos expectantes...


  

sábado, 21 de junio de 2014

DE PEREGRINACIÓN. (Y VAN CUATRO).



Cambiamos de latitudes y nos dirigimos hacia el norte del país para detenernos en Valladolid, donde dejé más ejemplares de mi novela.


La primera parada fue en Oletvm, una librería maravillosa que ha cambiado recientemente de dirección. La actual es esta:

                           -LIBRERÍA OLETVM, Plaza del Salvador S/N – 47002 – Valladolid
                           -LIBRERÍA OLETVM JUNIOR, Teresa Gil nº 16 – 47002 – Valladolid
Es un santuario para la  lectura y el descubrimiento, si alguna vez pasan por la capital pucelana no olviden acercarse y si son amantes de los libros, no duden en pedir un ejemplar de La Caída de Dundee por supuesto. 
El segundo pilar de lectura de la ciudad castellano leonesa es, sin ninguna duda, la librería Margen. Paradigma de las letras. 

Otro espacio mágico de conexión entre las páginas y los seres humanos. Adentrarse en su interior es explorar la tranquilidad y el confort de leer un libro, tomar un café o degustar una conferencia.
No podía irme de la ciudad, sin intentar dejar más ejemplares en una librería mítica. Una encrucijada entre dos mundos: la literatura y el cómic.

Caminar entre todo su extenso catálogo es un viaje astral a otro tiempo, a otra época. Allí podréis encontrar desde cómics descatalogados hasta libros perdidos. Aventúrense dentro de sus paredes.

Y de retiro, regresé a Medina del Campo donde dejé más novelas en otro espacio cultural de la villa, la librería Mena. Resumiendo, ya podéis disfrutar de las aventuras de Lagasa y Voyage no sólo en Madrid o Getafe o Parla, sino también en Valladolid y Medina del Campo.

Nos vemos dentro de Dundee...

lunes, 16 de junio de 2014

HOJA APERGAMINADA (XVII). CANCIÓN DE FUEGO Y HIELO. JUEGO DE TRONOS. CAPÍTULO 3. LORD SNOW.


¡La muerte es tan… definitiva! Mientras que la vida está llena de posibilidades.
                                                                                                Tyrion Lannister.

La frase del gnomo aparece en la página 98 de la novela y en la serie en el capítulo segundo, así que tendría que pertenecer a los análisis anteriores pero me parece muy sintomática citarla, acerca de lo que va a suceder a continuación. Las palabras de Tyrion son augurios, enseñanzas que veremos cómo se cumplirán con el paso del tiempo. La vida como la narración de cualquier novela se encuentra sujeta a cambios, nuevas estructuras gramaticales que pueden hacer girar la diégesis a un lado o a otro. La posibilidad se encuentra parapetada en lo más recóndito de nuestra mente, dispuesta a salir como un resorte impulsada por la creatividad. Bien, en el capítulo de hoy veremos algunas enseñanzas que formaran la actitud de algunos personajes en el futuro de la canción de hielo y fuego.

CAPÍTULO III. (Desde la página 163 hasta la 233).

Los comienzos de ambas fuentes vuelven a diferir. Cada uno elige su propio camino, aquel que más le conviene. La novela lo dejó zanjado hace mucho tiempo, allá por el año 1996 de la primera edición y la serie camina sobre su propia ruta para intentar conseguir una buena adaptación de la misma. No obstante era algo obvio, si tenemos en cuenta cómo empieza esta “tercera parte”, con el capítulo de Bran. Algo inadaptable desde unos moderados presupuestos televisivos y desde unos parámetros comprensibles dentro de la lógica narrativa de la trama.

Vio Invernalia tal como lo veían las águilas: los esbeltos torreones parecían chatos y rechonchos desde arriba; los muros del castillo no eran más que líneas en la tierra.” (pág 165).

Bran se encuentra soñando despierto, sintiéndose que está cayendo aunque la verdad es que está levitando, volando observándolo todo desde un punto de vista omnisciente. Observa toda la geografía del Westeros que conoce y a todos los habitantes que le importan. De alguna manera, desde la metarrealidad literaria podría decirse que Martin coloca un inteligente resumen de todo lo que ha acontecido hasta ahora, o de donde se encuentran sus actantes para que el lector no consiga despistarse con lo que ha sucedido y que esté listo para lo que vendrá. En la serie, este momento no existe y será mutado por despertares de Bran que lo relacionan con un cuervo de tres ojos en los capítulos sucesivos. Aquí más que nunca las políticas narrativas se dispersan, convirtiendo este momento de la novela en una encrucijada por donde cada uno pasará por un lado distinto. Me parece la idea más inteligente porque los amantes de ambos formatos disfrutaremos con uno y con otro, es decir el doble.
La serie continuará con explicaciones dejadas al aire bajo frases (elemento muy socorrido en los guiones) de personajes determinados, como la explicación de Lord Varys (Conleth Hill), la araña, que le da a Catelyn Stark acerca de la existencia de la daga valyria en su poder: “El conocimiento es mi característica […]. Mis pequeños pájaros están en todas partes, incluso en el Norte.” Mientras que en la novela, Catelyn llega a una conclusión: el chivatazo se lo ha dado el maestre del barco que le ha llevado a Desembarco del Rey, el capitán tyroshi Moreo. Teniendo en cuenta que en la serie Catelyn llega por tierra a la capital y no por mar, ambas opciones son perfectamente lógicas y honestas con sus propósitos. Pero teníamos que hablar de enseñanzas, ¿no?


La primera sería entre la reina Cersei Lannister y el príncipe Joffrey Baratheon, que misteriosamente no aparece en la novela hasta ahora. El joven príncipe se sincera ante su progenitora contándole la verdad del ataque del lobo huargo pero su madre le corrige rápidamente, diciéndole que eso no es verdad. La reina representa lo que sucedió, incluso cuando ella no estuvo allí, de una manera ideal y beneficiosa para su hijo y le dice que “alguna vez tú te sentarás en el trono y tú decidirás lo que es verdad y lo que no es.” El príncipe le mira extrañado para después sentirse reconfortado por el apoyo materno y se muestra  soberbio ante su futura responsabilidad real. La seguridad en la soberbia que puede amparar un cargo de la índole que sea, al final resulta corrupta para la propia función de ese mismo cargo. Como veremos más adelante, Joffrey beberá de ese licor llamado arrogancia.


La segunda secuencia de enseñanza, es entre la mano del Rey, Lord Eddard Stark y su hija pequeña, Arya. Después de lo sucedido con el lobo huargo y el asesinato de su amigo, la joven se encuentra rencorosa contra todo el mundo incluida su hermana mayor, Sansa. Su  padre le dice que su hermana tendrá que decir lo que diga su futuro marido, el príncipe Joffrey incluso si no está de acuerdo y le dice que “el invierno se acerca y debemos protegernos a nosotros mismos. No te quiero asustar pero tampoco engañar, hemos venido a un sitio muy peligroso, no podemos estar luchando entre nosotros.” Ned forma a su hija en el recelo y la desconfianza, herramientas que la salvaran la vida en varias ocasiones y además le presenta al Maestro de Danza del Agua, Syrio Forel (Miltos Yerolemou). La Mano del Rey se rearma e intenta proteger a los suyos. Nada más pisar Desembarco del rey, su mirada ante sus muros y ante las gentes que da cobijo, son suspicaces y siniestras. Le recuerdan lo sucedido hace años como cuando está viendo a Arya entrenar y no deja de oír el choque de filos del pasado.
Se podría decir que la protección es una de las enseñanzas que ambas partes, tanto Lannister como Stark, toman como justificación para cualquier acto. Hay que estar preparados y como le recuerda la reina a su primogénito: “Cualquiera que no sea nosotros, es el enemigo.
Frente a la enseñanza política del mito o frente al aviso protector de la realidad vivida, sólo cabe una cosa, prepararse para lo peor y clavar la espada por el extremo más puntiagudo.


lunes, 9 de junio de 2014

LA CAÍDA DE DUNDEE. (XXII). HOJAS DE PERSONAJES. ANTÓNIMUS Y HORACIO.


Soy de los que prefiere la construcción antes que el esquematismo tanto en la narración como en sus habitantes, los personajes. Con esto quiero decir que no me gusta aquellos actantes estereotipados que abundan en infinidad de obras, aunque sin embargo los utilizo siempre que juego a las reglas genéricas creativas, tanto literarias como cinematográficas (ya lo veréis en mis cortometrajes próximamente). Con La Caída de Dundee hay una mezcolanza de posturas, ya que por un lado estoy navegando por los meandros del pulp y todas su características genéricas (unión de géneros y subgéneros, fusión de caracteres y localizaciones subjetivas en mi mundo creativo que en alguna manera me han influido desde que tengo conocimiento de causa, etc, etc) pero por otro lado, quería darle un giro a ese propósito, sobre todo refiriéndome a los roles que iba a presentar en mi historia. Los arquetipos aparecieron nada más sugerirse la historia de Dundee, y la verdad es que me apoyé en  ellos sobre todo en el lado de los protagonistas "buenos". En cuanto a los enemigos, quería ser diferente. Me gustaba la idea de que reflejasen dudas y fueran, aunque fríos en sus decisiones, más humanos, aunque la verdad el componente "realista" empaña a cada personaje, o por lo menos eso era lo que intentaba. Volviendo a los antagonistas, en esta primera parte del mundo de MINVS, desde su aparición, siendo testigos de la catástrofe en primer plano, aparecen como profesionales. Son científicos y militares que han recibido una señal de socorro y van en su busca, o por lo menos esa es la sensación al principio. Los hombres del Convenio son seres marciales, belicosos y draconianamente pulcros en sus objetivos. Todo lo que se proponen, cualquier empresa que realicen es sometida al más mínimo escrutinio de realización y ejecutada con rapidez y limpieza, no tiene que quedar ní rastro o testigos de su labor. Y lo más importante su objetivo siempre será construido para un bien común, el del pueblo cupular. El Convenio es el órgano regente de las ciudades cúpulas, protege a sus ciudadanos y los juzga si es preciso para mantener la calma y paz entre las diferentes ciudades estado. Ahora bien, cuando un peligro de proporciones inconmensurable amenaza la estabilidad de todo el mundo cupular, el Convenio no dudará en utilizar todas sus armas para poder solucionarlo, en favor de ese bien común que es el pueblo y del que ellos forman parte. Aunque suene idealista esa fue la idea con la que se creó el primer Convenio regulador de las ciudades cúpulas pero claro, ha pasado mucho tiempo de eso y el virus de la corrupción, disfrazado de arrogancia, transformado en perjurio y malversación ha hecho que el Convenio se haya mutado en un grupo de poderosos, arribistas en sus propósitos y sobre todo intocables para el resto de la población. Se han convertido en unos auténticos Césares. Ahora bien existen entre ellos gente que ve con malos ojos esta intolerancia e independencia con respecto al pueblo, y la caída de Dundee será una oportunidad de oro para intentar desequilibrar la balanza de poder de un lado al otro.
Posiblemente el profesor Antónimus sea uno de los "malos" más transparente que he escrito hasta ahora. Sabemos prácticamente todo de él, cosa que desconocemos por ejemplo del piloto Lagasca o de Lepanto, o incluso Voyage. En varias partes de la novela casi nos metemos en su cabeza para explorar lo que piensa en ese momento. El cómo se enfrenta al motín de sus hombres o lo que ha hecho para conseguir el puesto donde ha estado y lo que tiene que hacer para mantenerlo, o incluso ascender en su brillante escalafón dentro de la estructura de poder que representa el Convenio son ejemplos bastante representativos. Por otra parte su compañero Horacio, es presentado más estereotipado, es el bufón de al lado. Se muestra más débil, menos seguro , siempre en comparación con su colega. Y es que la función comparativa es importante entre los dos. Ambos son personajes entrelazados de alguna manera porque forman pareja profesional e institucional, aunque Antónimus se muestre más tosco, duro en sus decisiones, algunas tremendamente insoportables de llevar, Horacio es más dócil, más sumiso quizás, aunque también posee algo valioso y es que lo que me propuse desde el principio es crear caracteres que siempre pueden escamotear la información al lector. En el caso de Horacio, aquello que esconde es de suma valía para el lector, ya que descubrirá muchas cosas sobre el objetivo de la misión de rescate del Convenio sobre Dundee, pero también juega con los tripulantes del Fortaleza, ya que piensa que puede utilizarlos como moneda de cambio para saber más  acerca de lo que está buscando. Y aquí sobresale lo interesante de la propuesta de la pareja.


Aunque bien podría ser un Mortadelo y Filemón del maestro Ibañez, o un Hernández y Fernández del maestro Herge, individualmente tiene misiones diferentes que perseguir.


Mientras el "malísimo" Antónimus quiere a toda costa saber dónde se encuentra el Fragmento y así salvar a la humanidad de su colapso, el profesor Horacio está más interesado en la cultura Seeker, que fueron los seres que guiaban al Convenio en su búsqueda del Fragmento hace muchos micraños atrás. Siempre he dicho, que en MINVS juego con las apariencias, lo que es verdad puede ser una mentira y la mentira, la propia realidad. Y eso también va relacionado con los intereses de los personajes, sean estos los protagónicos o sus antagónicos. Se nos abre un fascinante mundo de posibilidades que estamos arañando en estos momentos con La Caída de Dundee. Ya veremos...

jueves, 5 de junio de 2014

PERCEPCIÓN CATÓDICA. LA CUADRATURA DEL CÍRCULO.

Aunque suene ilógico, el gran contrincante de la imagen siempre ha sido la palabra. Cuando cito al vocablo me refiero al sonoro porque el cine silente siempre se ha apoyado de carteles explicativos para una mejor comprensión narrativa. Durante aquella primitiva época hubo un desarrollo prodigioso donde la imagen intentó independizarse de la palabra pero duró poco y el vocablo invadió el cuadro del fotograma. El cine ya no volvería a ser el mismo. Siempre pongo el mismo ejemplo, pero si tienen oportunidad de ver El último (Der letzte mann, 1924) de F.W. Murnau, lo entenderán perfectamente. Y aunque casi siempre la imagen se haya apoyado en la palabra para intentar sobrevivir (serían las adaptaciones literarias de la que las diferentes Hojas Apergaminadas dedicadas a Canción de Hielo y Fuego son un buen ejemplo en esta Fortaleza de Nintes), siempre ha intentado desgajarse de la disciplina del lenguaje hablado.  Bien, hoy nos proponemos asistir a un combate entre una disciplina y otra, entre un arte y el otro. Preparémonos, quizás la televisión se haya convertido en el último baluarte de este enfrentamiento.


Heart of Gold es un título engañoso. Las palabras se alían entre ellas para confundir al espectador. El entente, como todos,  produce recelo en el sistema. No nos encontramos en el centro de una epopeya en pos del oro, de hecho, en Firefly todo se encuentra a millones de millas del mito. El oeste espacial de Whedon tiene que ver más con el realismo sucio de Leone que con el pulcro de Ford. Lo que nos encontramos es otro tipo de búsqueda, una que tiene que ver con la dignidad de elegir. La posibilidad de un grupo de prostitutas de ser independientes dentro de una comunidad regida por el hombre. O más bien por un hombre, Ranse Burguess (Fredric Lehne) y frente a esa dominación se encuentra el burdel de Nandi (Melinda Clarke), desafiante. Aunque lo que interesa al cacique es obtener algo más de una de las meretrices. Su bebé. El "Jarrapellejos" particular de la Luna de Deadwood quiere a toda costa robar su vástago, aunque sea bastardo para inculcarle otro tipo de educación, una alimentada en el más atroz de los
-ismos, el  predominante sexual. Pero no contará, a modo de eco ronroneante de Sin Perdón (1992) de otro heredero de Sergio Leone, Clint Eastwood, con la resistencia de la tripulación de la Serenity, que vendrá a socorrer a la jefa del prostíbulo. Una de las razones, si no la principal, por las cuales el capitán Mal aceptará el encargo es que Inara fue amiga y compañera de Nandi. Por lo tanto, el conflicto se generará en los márgenes narrativos de uno de los personajes más crípticos de la tripulación hasta ahora. Sobre la compañera Inara, nunca hemos sabido exactamente cuáles han sido sus sentimientos, nunca se ha desnudado ante el voyeur televisivo como si lo han ido haciendo el resto de la tripulación. Por lo tanto, el personaje siempre ha estado por encima de los demás, siempre se ha mostrado independiente, de hecho tiene su propia nave espacial, cosa que la permite una independencia que ningún otro tiene en la Serenity. Podríamos decir que la representación del grupo, la tripulación, está en una situación delicada frente al individuo, Inara, que es cierto que pertenece al mismo pero que ha demostrado unos niveles independientes deslumbrantes. Eso tiene un precio, creativamente hablando. El espectador se verá más identificado con la pluralidad de la Serenity que con la escurridiza Inara. Su rol se muestra frío, inalterable, intocable y lejano. Y si bien es cierto que los creadores del show han querido construir una relación entre ella y el capitán Mal, nunca queda del todo claro. Whedon juega al doble juego hasta este episodio.


Por fin observaremos los sentimientos del personaje y, aunque siga igual de imperturbable delante de la tripulación y del capitán, el derrumbe emocional que sufre es devastador. Todo se resume en una sola imagen, un plano donde la vemos sentada, recogida como si fuera una niña, llorando desconsoladamente. La imagen parece aprisionar al personaje. Inara ha sufrido una traición por parte de su amiga, aquella que ha ido a socorrer. La felonía se produce cuando ella ve salir del cuarto de Nandi a Mal abrochándose la camisa. Inara no pierde la compostura como buena profesional e incluso se alegrará por su amigo, pero en la soledad todos regresamos a nuestra infancia, a ese País de Nunca Jamás. Ese plano, esa imagen, capta el momento individualizando los sentimientos del actante. La infranqueable, sentimentalmente hablando, compañera se derrumba ante la narración y ante el espectador. La verdad es reflejada. Está enamorada de Mal. Sobre los sentimientos del capitán hacia ella ya nos lo imaginábamos  pero desde el otro lado del valle sentimental no quedaba tan claro, ahora sí y gracias a una sola imagen, luego vendrá la parafernalia explosiva del asunto, la resolución del conflicto a través de un asedio pero lo más importante lo posee ese plano. Las cosas ya no volverán a ser lo mismo, la anagnórisis se produce: ella le dirá al capitán que se marcha y él se quedará congelado en el tiempo, otra imagen desoladora: la de un hombre que ve cómo lo que más quiere se le escapa de sus manos.



En Nevermore, MacPherson regresa y se consagra como el Moriarty particular de Artie pero lo interesante del episodio será el esquema elegido para su presentación. Si es cierto que en Regrets (Percepción Catódica. Heridas) hizo su debut particular hiriendo con una catana a Artie y en el episodio Breakdown (Percepción Catódica. Lo ridículo), los Regentes  le advirtieron de que tuviese cuidado, aquí seremos testigos de toda su malevolencia a la hora de construir su mecanismo. Y su estructura embaucará a Myka, o más bien a su pasado, elemento capital en la estructura de un personaje y en la de un individuo. MacPherson denota astucia atacando al talón de Aquiles de cada víctima potencial, incluido el espectador, ya que observándolo, o más bien como su tela de araña se va expandiendo, somos testigos de la trama pero no somos conscientes de la importancia de la misma hasta su resolución. Bien, como he dicho, MacPherson utilizará el pasado de la agente para atraerla hacia él e intentar conseguir otro de los peligrosos artefactos. El episodio empieza alocadamente con Pete persiguiendo a MacPherson por las calles de Montreal mientras se presentan los personajes que harán de continentes de las palabras de Edgar Allan Poe. El acoso de un estudiante de una Universidad privada en Portland , Oregon será el detonante para que la pluma y un libro del escritor norteamericano se conviertan en los artefactos buscados. El último inmiscuye al padre de Myka, que como ya hemos oído otras veces regenta una librería de libros antiguos, Bering and Sons, en Colorado.


Por lo tanto, hoy nos encontraremos con un capítulo con resonancias muy literarias donde la palabra ejercerá de elemento indispensable para la presentación, desarrollo y desenlace del mismo, e incluso las letras se transformaran en un mortífero virus. El vocablo se transforma ungiendo de importancia su sentido para resolver el enigma elegido, un misterio que tiene que ver con el mundo de Poe porque cada situación utilizada por el artefacto, en este caso la pluma del escritor de Boston, se precipita hacia un esquema interior escenificando algún pasaje de sus obras como el cuento El Gato Negro (1843) o El pozo y el Péndulo (1919). Las secuencias del emparedado vivo al profesor o la de Pete y Claudia a punto de morir seccionados por un péndulo son divertidamente fantásticas y sólo aquel conocedor del mundo del autor del Cuervo, puede sacarles el máximo partido. El chico que ha sufrido bullying al principio será el que se dé cuenta de que la pluma lo atrae y con ese poder, se vengará de su acosador y también de todo aquel que se inmiscuya en su camino. El esquema es básico, aquel que escriba una palabra y después la lea se convertirá en realidad. Prodigiosamente la palabra ordena la realidad ficticia de la narración, apoyándose en la imagen para su resolución. Sin la palabra, el plano, la secuencia carecería de valor.


El padre de Myka rodeado de libros constantemente sufre el ataque inmisericorde de MacPherson y su libro maldito, que hace que las palabras fluyan por las venas de aquel que lo lea. Todo es un homenaje a la pasión por la lectura, incluso aquella que todavía ni siquiera ha salido a la luz (el padre de Myka tenía manuscritos de su puño y letra que no se atrevía a publicar). Frente al dicho de si una imagen vale más que mil palabras o una palabra vale más que mil imágenes, elijo la posición diplomática de estar en tablas. Mirando al padre de Myka sentado en su trono rodeado de su reino, a uno le entran ganas de estar en su misma coyuntura, rodeado de un universo de palabras pero no nos engañemos, estamos mirando una imagen, un plano. Por lo tanto este enfrentamiento es la eterna cuadratura del círculo.

miércoles, 28 de mayo de 2014

DÍA DE PRE-ESTRENO: RESETEAR EL DÍA.


La frase informática se ha convertido con el paso del tiempo en una expresión usual en nuestra cotidianidad. Rehacer todo lo hecho por algún error o regresar al punto de partida, retrocediendo lo ya andado por un cambio de rumbo en nuestras vidas. La narración de Al Filo del Mañana (Doug Liman, 2014) también se apoya en este hecho, una y otra vez como si estuviera condicionada sobre una cinta de Moebius. En un futuro apocalíptico, la humanidad se encuentra amenazada por una raza alienígena. Sus falanges son los indestructibles miméticos que aniquilan el paisaje mundial a su paso. El protagonista no es un soldado, más bien es su farsa. El sargento Cage (Tom Cruise) nunca ha estado en el campo de batalla, siempre ha estado haciendo trabajo de oficina mientras otros se dedicaban a morir por él. Pero eso va a cambiar porque por avatares del destino, el publicista castrense se verá inmerso en plena vanguardia de una batalla. Y lo más sorprendente es que algo pasará en el ataque condenándolo a vivir el mismo día una y otra vez. El personaje es el motor del proceso reseteado antes mencionado. Cuando está a punto de morir se despierta, regresando al mismo sitio una y otra vez. La reiteración se convierte en el sistema narrativo de la diégesis como ya le sucediese al reportero Phil (Bil Murray) en Atrapado en el Tiempo (Groundhog Day, 1993) pero existe una diferencia genérica. Mientras la propuesta de Harold Ramis se apoyaba en la comedia, aquí lo estará bajo el estigma del género actioner y sus características. Una intentaba fabular jocosamente con la noción divina y la otra la connota seriamente. No tenemos que olvidarnos de la figura del señor Cruise. Si en Oblivion (Joseph Kosinski, 2013), mata a un dios, en Al Filo del Mañana quiere igualarse a uno mismo. Al principio es un cobarde pero más adelante, armado de consciencia jugará con ventaja con respecto a los demás actantes, convirtiéndose en demiurgo de sus acciones, ayudándoles en algunos casos o dejándoles al libre albedrio (incongruencia del guion porque no existe como tal en el mismo). El concepto divino persigue a este actor, o es él, a través de su cienciología, quién designa todos sus principios apoyándose en el cine como herramienta perfecta de publicidad para hacerlo. Reseteemos esta crítica.

Hemos dicho que la película está sometida a los vaivenes del género de acción y el comienzo de la misma es revelador a su propósito: contarnos una distopía. A través de una reel informativa del statu quo de la historia, se posiciona el contexto narrativo y la sumisión del espectador al mismo. Nos encontramos ante una producción hollywoodiense y todo tiene que estar bien masticado para una mejor digestión. Si el futuro que nos presenta el film es todo lo contrario a uno utópico, la mirada del espectador tiene que estar sujeta a una disciplina acomodaticia. La de aquel que va a contemplar un espectáculo de una manera pasiva mientras come sus palomitas y bebe su refresco. No actúa, no piensa sólo observa. En una sociedad distópica donde un gobierno autoritario controla al ciudadano, el cine se convertiría en una formidable forma de control. Y para este viaje cinematográfico en flashbacks hay que tenerlo todo muy claro para que aquel que haya pagado su entrada, no consiga frustrarse por no entender nada.
El paisaje bélico nos ayuda  a encajar la trama en una de “guerra” donde habrá muertes, violencia, comandos, misiones suicidas y mucha testosterona. Eso es fácil para el espectador. Hacerlo encuadrar desde el minuto primero en la historia. Pero existen curiosidades que podrían dejarlo fuera, como aquellos primeros planos, durando un par de segundos, donde se presenta a la teniente Rita Vrataski (Emily Blunt). Son como pequeñas interrupciones dentro de la plana narración que provocan un nimio desconcierto sobre el voyeur cinematográfico. Son fogonazos en el montaje que pertenecen al legado creativo del que se alimenta la película, la novela All you need is kill (Shueisha, 2004) de Hiroshi Sakurazaka. Y es que la inclusión del rol femenino es interesante porque es depositaria de la verdad, sabe algo que desconoce el protagonista por lo tanto la ubica por encima del héroe, y es utilizada como reclamo explicativo de lo que le está sucediendo. En un momento del metraje le llega a soltar al sargento Cage que no es un soldado, cosa muy cierta, sino un arma. La condición bélica construye, rearma al personaje y lo transforma en un arma de destrucción masiva. Para hacer frente a un super-enemigo, uno tiene que convertirse en super-soldado y ella lo es, solamente hay que ver las secuencias de batalla en las que emplea su espadón. Volvamos a resetear que de eso se trata.

El final de la película se sostiene sobre una sonrisa perfecta, la de Cruise hacia su compañera o es hacia la mirada del espectador. ¿Nos estará diciendo que ha conseguido su propósito? ¿Hacernos pasar dos horas y media a través de un montaje sincopado, viendo explosiones, mutilaciones o sufrimiento? ¿O por el contrario, de ver una historia donde podemos ser testigos de las numerosas muertes del protagonista, algunas de ellas chocarreras como la del camión que le pasa por encima, de la cual sólo oímos los gemidos del héroe? ¿Habrá dejado Cruise de tomarse en serio él mismo? Ojala. Reseteo final. Out.


domingo, 25 de mayo de 2014

HOJA APERGAMINADA. (XVI). SIMBOLISMO MISTERIOSO ETERNO.


El año es 1900 y para aquella época “El colegio Appleyard era todo un anacronismo arquitectónico en medio de la abrupta maleza.” Es la página 20 de la única edición traducida al castellano por Impedimenta de la novela de Joan Lindsay. Desde ese momento, el lector será testigo de una crónica, la sucesión de una serie de hechos que llevarán consigo un derrumbe existencial, la destrucción de un orden humano establecido por la enigmática presencia de la naturaleza que confabula con el misterio ocurrido en torno a un día de San Valentín, donde tres niñas y una institutriz de ese mismo colegio, desaparecieron sobre la planicie de una formación rocosa llamada Hanging Rock en la zona del monte Macedon en la provincia de Victoria, al sur de Australia. El apunte periodístico no sólo valida el relato, sino su punto de vista. En más de una ocasión la escritora nos lo recuerda como al comienzo del capítulo noveno, en la página 167, que se abre con un titular: “Niña hallada en la Roca. Encontrada heredera desaparecida”. O más adelante en la página 185, al comienzo del capítulo décimo, cuando nos recuerda que: “El lector que haya contemplado a vista de pájaro los acontecimientos que fueron sucediéndose…”. El objetivo es dar fe de unos hechos ocurridos pero transformando su diégesis con el fin de insuflarles una cierta dosis de inmortalidad narrativa como pocas veces se ha leído. El enigma fecunda la historia y se extiende a lo largo de sus más de trescientas páginas, transformando lo acontecido en una espesa niebla de duda y desconfianza.  Su forma de contarlo uniéndose a la realidad de la que se nutre, también estará constantemente recelosa jugando al juego de realidad o ficción. ¿Será verdad lo que pasó?
He citado al enigma de la desaparición como elemento capital, aunque quizás convendría resaltar su forma y no su fondo. El cómo describe la desaparición y no el suceso en sí. Si hubiésemos asistido a una trama policial al modo Christieniano o ConanDoyleniano, donde Poirot o Holmes al final resuelven el caso o se llega a saber lo que sucedió, quizás la novela de Joan Lindsay no habría sido catapultada a la fama desde su mismo año de creación en 1967. El misterio precisamente es aquello que no se llega a comprender del todo, aquel hecho que podemos empezar a entenderlo pero que a medida que empezamos a saber más del mismo, tenemos la irremediable desfachatez de saber menos, abocándonos a un mar de inseguridad y desazón que hacen perpetrar en aquel que se enfrenta al reto de su resolución, cualquiera que sea, un componente temporal casi eterno que lo perseguirá toda su vida. Existe variedad de ejemplos, incluso la escritora termina su obra rememorando uno “al igual que aquel célebre caso del Marie Celeste, no llegue a resolverse jamás”. Y es ahí, en su inconclusión donde reside su atracción. En la idea de la esperanza de que algún día alguien llegue un poco más lejos y, si no consigue desentrañarlo, al menos desvelar más cosas acerca de esas desapariciones. La película de Peter Weir del año 1975 se encargará de perpetuarlo.
Hemos descrito brevemente el suceso en sí pero habría que hablar de sus participantes porque en ellos, o en su construcción, reside una serie de pistas que nos puedan llegar a resolver el misterio o no. ¡Desempolvemos la lupa!


La trama está alambicada de una serie de actantes prestos a resolver el misterio (Michael Fitzhubert) o a complicarlo (la señora Appleyard). El primero acaba de llegar de la Gran Bretaña y será, junto con ayuda del cochero de su tío, Albert Crundall quien encontrará a una de las tres niñas desaparecidas. Inglaterra y lo que representa, es incapaz de encontrar ninguna solución pero si se alía con las fuerzas australianas puede obtener un cierto éxito en la búsqueda, aunque sea uno incomprensible. Podría decirse que eso es lo que pretende la autora, uniendo a los dos jóvenes pero hay más. La figura de la madre patria inglesa es determinante para la elaboración de la historia (ficción) pero también para sus márgenes (realidad) de la que es pasto. No podemos olvidarnos que la primera novela de la escritora (Through Darkest Pondelayo, 1936) es una sátira sobre el turismo inglés en la isla. Australia fue colonizada casi en su extensión por Inglaterra y su proceso erosionado fue duro y destructor (como todos los esquemas colonizadores) para las tribus aborígenes del lugar (Peter Weir habló de ello también en su film La Última Ola dos  años después de su exitosa adaptación del texto de Lindsay). Lo malo que trajeron los barcos ingleses, no solo fue su población sino su modo de pensar. Y si bien es cierto que la mayoría fueron presidiarios, también hubo un gran número de colonos, gente que decidió empezar de cero en un nuevo país. La estricta sociedad inglesa clavó sus raíces expandiéndose por el lugar, ayudando a civilizarlo pero no pudo con lo ignoto, lo atávico, las fuerzas indómitas naturales. La razón intentó enfrentarse a la sinrazón. Aquello que la cultura victoriana quería poseer, y por tanto dar una explicación, y que la aborigen no deseaba. Este choque de culturas más que de civilizaciones es crucial para intentar comprender algunos comportamientos de algunos personajes en la novela. El hecho confraternizado de Michael y Albert es revelador frente al de la señora Appleyard por ejemplo, que desde las desapariciones parece transformada. El actante representa un sistema clasista, autoritario y autárquico. Su manera de vestir, pensar (cómo dirige el colegio con mano de hierro) y la geografía del mismo ahogan a su población y nos anuncia que dicho sistema está a punto de hacer aguas. El cambio que sufrirá la señora Appleyard y su resolución, retornando al origen del problema, es revelador del lado simbólico de la narración. El universo periclitado del colegio con su abigarramiento arquitectónico y estructural es un buen ejemplo del simbolismo que rezuma cada página de la historia. Como si fuera un compendio de la escuela simbolista de finales del siglo XIX, su presencia disipará muchas dudas apoyándose en su juego fundamental, aquel asociativo de las palabras o de sus signos para producir la emoción consciente. Constantemente se hace alusión al sueño, a ese tiempo sin tiempo donde lo inconsciente se despierta. En la página 44, "no estoy dormida... Solo estoy soñando despierta." O la página 48 que dice "... se hallaban en esa hora en que la gente [...] tiende a adormilarse y a soñar..."
Sin duda, si tenemos que hablar de un rol que resume todo eso, el de Miranda es el apropiado. Agujero negro de la trama por donde todo será succionado, ¿desaparecido? Su presencia es aterradora pero aún más su omisión tras su desaparición. La joven ha dejado heridas en sus compañeras que la harán recordar durante toda la travesía narrativa. Miranda se transformará en un símbolo (¿un ángel?) de autodestrucción para la rigidez del colegio Appleyard, haciéndole desestructurarse y desmoronar sus cimientos. Existe un momento sobrecogedor en el interior de este libro, que también lo ha sabido exponer con acierto Weir en su adaptación cinematográfica, donde podemos vislumbrar un halo de luz que nos puede iluminar el discernimiento de lo que de verdad pasó ese día de San Valentín. Ocurre entre las páginas 226 y 230. Irma la única niña aparecida, regresa al colegio Appleyard para recoger sus cosas y despedirse. Va vestida con una capa escarlata y se adentra en el gimnasio del colegio. A partir del momento en el que sus compañeras la ven se produce un terremoto emocional, haciendo escindir, ya no sólo la ficción sino la realidad, provocando una sensación desagradable de recelo, agobio y violencia cuando todas deciden atacarla en manada, rodeándola y gritándola. La inocencia ha sido violada (la desaparición) y ese manto escarlata bien podría representar aquello a lo que a las otras todavía les queda por descubrir (por tanto celosas de su saber), la mutación de niña a mujer, el proceso menstrual como inicio desestructurado al mundo adulto. Un mundo por otra parte alejado de la ilusión, deseo y felicidad de la que hacía gala Miranda cuando se despierta al principio de la novela y que, otra vez más, su no presencia alumbra toda la trama de principio a fin.