Buscar este blog

martes, 28 de abril de 2015

LA CAÍDA DE DUNDEE. (XXV). EN EL CAMINO DE BALDOSAS AMARILLAS.


¿Por qué seguir escribiendo cuando uno tiene la sensación de que nadie lo lee? ¿Por qué seguir adelante pensando que pierdo el tiempo, o más bien la cabeza pensándolo? ¿Tendría que dejarlo y dedicarme a otra cosa? ¡Pero si ya lo hago! Por el momento ni La Caída de Dundee ni mi Blog me dan de comer, así que me aferro a un trabajo insatisfactorio, al cual tengo que estar agradecido el resto de mi vida. El problema se encuentra a un nivel mucho más profundo, intravenoso diría yo. De nada me sirve echar las culpas a otro si uno mismo no realiza un ejercicio constreñido interior y recapacita por qué pasan las cosas y en qué grado de implicación te encuentras con las mismas. La inseguridad y el miedo nacen del "yo" más subrepticiamente diegético y tienden a expandirse hacia afuera, de una manera ejemplarmente extradiegética. Si logramos detectar la causa con tiempo podremos evitar la germinación de su efecto, una especie de procrastinación. La mente tiende a ser vaga y la cuesta mucho empezar cualquier actividad y para ello busca, desarrolla, explota escusas para retrasarla. El peligro que se corre es que nos dejemos invadir por el inmovilismo creativo, representado por la pereza y la desidia, abocándonos a una depresión que puede terminar con las preguntas del principio de este artículo. Tenemos que combatirlo, ahora mismo yo lo estoy haciendo, generando una cantidad de ansiedad en nuestro cerebro proporcional al intento de terminar una actividad una vez empezada. ¿Cómo hacerlo?
Desde el minuto cero, el mismo agente creativo que nos posibilita la idea, es el que nos está contraatacando con su imposibilidad. Por esa razón tenemos que ser constantes con la efervescencia creativa del momento y no caer en engañosas bifurcaciones triviales (como, ya lo haré, tengo que hacer primero esto antes que lo otro, etc, etc,...) que a lo único a lo que nos conducen es a su incapacidad narrativa de realización. No todos los días escribes de igual manera y no todos los días llegas a las mismas conclusiones, desarrollando las ideas que te invaden. No nos imaginemos que porque ayer uno escribió doce páginas, hoy se multiplicaran. No, puede que escribas solo una o ninguna y a veces de esa generosa productividad literaria, después te des cuenta que no sirve para nada y que quizás lo único que salvarías sería uno o dos renglones, mucho más valiosos que esas doce naderías que has escrito anteayer. Escribir conlleva ese tipo de trabajo fascinante y frustrante al mismo tiempo donde la constancia, primero en uno mismo y después en lo que haces, se tercia nuclear. El vértigo vendrá después, una vez se hayan constituido los pilares formativos de aquello que hayas elegido relatar. Esa sensación de velocidad, como si te fueses a quedar sin páginas donde escribir, ese ritmo endiablo por capturar la idea, es un valioso acicate creativo que predispone a la mente para poder desarrollar cualquier cosa. Para mí eso es escribir, un proceso interno expresivo que tendría que ver más con el contenido que con la forma. Es una opción creativa. O se hace o no se hace y se convierte en un punto de partida para la imaginación. Dorothy siguió el camino de baldosas amarillas hasta la ciudad esmeralda para encontrar una solución a su regreso a Kansas pero eso no fue lo más importante que vivió en las novelas de L. F. Baum. En su trayecto descubrió a los seres más increíbles que jamás hubiera imaginado y camino con ellos. Lo más importante no fue el destino, encontrarse con el mago de Oz, sino su desarrollo, el viaje que encontró y los valores que descubrió. Al final, no puedo responder a las preguntas de arriba porque, sinceramente no encuentro las respuestas. Ahí reside parte de su misterio y encanto. Una búsqueda incansable por querer saber el por qué. ¡Ojala me quede vagando en ese camino de baldosas amarillas eternamente para comprobarlo! Y si es así... ¿Por qué quejarse?





viernes, 24 de abril de 2015

DÍA DE PRE-ESTRENO. VENGADORES: LA ERA DE ULTRÓN. DE REGRESIÓN Y DIVAGACIONES. EJEMPLOS DE METANARRATIVIDAD.



Antes de hablar de la secuela, primero tenemos que hacerlo de Los Vengadores (2012). Existe un plano en su pelea final que representa todo el discurso de la misma. Es un momento revelador que entrelaza el objetivo de su creador y el de sus actantes, vaticinando el esquema que seguirá en esta rimbombante “Era de Ultrón”, convirtiéndolo casi en un rito. A Whedon más que acabar con la amenaza de Loki (Tom Hiddleston), lo que le interesaba era reunir al mayor grupo de superhéroes y esperar a ver sus (inter)relaciones. El enemigo a abatir no era el medio hermano de Thor (Chris Hemsworth) sino sus propios egos y lo más interesante fue comprobar su interacción, cuyo ejemplo paradigmático fue la constitución de la propia diégesis hasta su enfrentamiento coordinado final. El entretenimiento no estaba en cuántos malos destruirían, sino sí podrían soportarse ellos mismos frente al común adversario. El supergrupo (¡nimio homenaje a Jan!) se reunió frente a la amenaza alienígena y la cámara los recogió arropándolos sobre un movimiento circular. Frente al griterío contrincante se presentaban los rostros impertérritos de los héroes desafiándoles. El círculo como figura geométrica encapsulando su sentido (su oscilante rotación sobre el eje del grupo) y su significado (el culto a la autorrefencialidad para después girarlo) del argumento fílmico. No está mal para una película de estas características y no está mal para Joss Whedon, un tipo curioso cuanto menos. Y entendamos bien el adjetivo desentrañando a su beneficiario. Exuda curiosidad en todo aquello que hace, bien cuando logra cobardes éxitos como Buffy (1997-2003) o valientes fracasos como Firefly (2002-2003) por citar sólo un par de sus aproximaciones catódicas (por otra parte su escuela formativa).


La curiosidad se nutre de dos sensaciones recíprocas, una es el deseo y otra el vicio. La primera es el impulso por saber algo que no te concierne y la segunda, la corrupción que nos invade a inquirir lo que no debemos. Whedon representa a la perfección esa dualidad y sus creaciones, como no, también. Aunque hay que hacer una distinción de libertad creativa, audaz en la televisión (dinamitando las expectativas de los espectadores) y sumisa en el campo cinematográfico, Ultrón es su máximo heredero y valedor, aunque habría que decir que también tiene algo de culpa Stan Lee y Jack Kirby. El nuevo enemigo de los Vengadores posee una gran curiosidad por todo lo que tiene relación con lo humano y también es consciente de que su corrupción emana de un deseo profundo, el de Tony Stark (Robert Downey Jr) por acabar con el mal, por lo tanto su recorrido desde esa secuencia embrionaria de su nacimiento/duelo en la oscuridad entre J.A.R.V.I.S (la inteligencia artificial de Iron Man) y él mismo hasta el bautismo de su progenitor, Visión (Paul Bettany), es un camino casi “cristiano” desde las tinieblas hasta la luz. Quiere la paz de la humanidad a costa de la misma provocando su extinción. Ultrón (James Spader) aparece con más entidad narrativa que el Loki de la primera parte, entre otras cosas porque vemos su proceso creador desde el principio, frente a la aparición “en media res” del asgardiano. Quizás habría que restarle un poco de solemnidad a su figura, una que roza ridículamente el tono shakespeariano, y aumentarle el componente bufonesco que tenía Loki por ejemplo y de este modo, se filtraría otra de las características/estrategias de Whedon en el universo vengador y en prácticamente toda su carrera (potencialmente en televisión): la incorporación del humor a la sordina. El gag visual entre el dios nórdico y Hulk (Mark Ruffalo) en la primera parte fue mítico, sorprendiendo a la platea elocuentemente. Y aquí volverá a repetirse en forma de comentarios cuya estructura deja un cierto regusto a “ya visto y oído”  por su proceso reiterativo, que aun haciendo sonreír a algún que otro nostálgico fracasa estrepitosamente. Pero si seguimos con procesos, el civilizador en Whedon, veremos que eso que hemos señalado como lo más interesante de la fundacional Los Vengadores, se confina a toda la organización de su segunda parte. Desde el principio, con el asalto a la fortaleza, mostrando el ataque de cada héroe por su cuenta para después juntarles en un plano al ralentí informatizado, hasta su lucha final la múltiple copia ad infinitum de este tipo de estrategia, deja claro en todo el metraje una evidencia: que la invención pasa por una reinvención y que Joss Whedon no lo consigue. Quizás tendría que haber mirado atrás y haber recordado su propia Serenity (2005) para saber cuál es el camino correcto.


En el mundo creativo no existen certezas absolutas sino más bien conclusiones erróneas que conducen al éxito o al fracaso de una manera arbitraria. Ahí va una: el hecho de que con el paso de los años nadie recuerde al Whedon cinematográfico y si al televisivo implica el grado de valentía que emplea en un campo o en el otro. El no arriesgarse implica solamente una cosa, que nuestra interpretación divague alocadamente sobre un yermo guion. No importa que contenga momentos increíbles si después la estructura narrativa no puede sostenerlos, condenándolos a un destierro creativo marginal, quedando solamente hipótesis peregrinas que se subvierten en el inconsciente colectivo “jungiano” de cada uno, dejando a un lado todo lo que de verdad importa en una historia y empezar a desvariar sobre la misma. Así que, y aunque sólo nos quede eso de esta Era de Ultrón, no hablaré del componente intervencionista del bando norteamericano a la hora de salvar cierta región centroeuropea, cuya inmoral actualidad informativa nos hace oler un tufillo malsano de oportunismo político. O de cuando los héroes se esconden en una especie de refugio “arcádico”, donde se pone hincapié en la cualidad nuclear que la familia juega en una organización social como la estadounidense. Sino de cómo Whedon ha abierto la puerta a la metanarratividad marveliana.

miércoles, 8 de abril de 2015

PASANDO EL LUDOMINGO CON EL SÍMBOLO ARCANO. CAPÍTULO 6. UNA ADVERTENCIA... DE UNA CONSPIRACIÓN.


Creéis estar cerca de vuestro objetivo y cada vez estáis más lejos. Pensáis que pronto llegará el descanso tras fatigosa batalla, pero no sabéis que esto no ha hecho más que comenzar. Predisponéis vuestras estrategias contra mi persona pero sabéis que no tendréis ni la más mínima oportunidad de victoria… Y sin embargo continuáis adelante. Habrá una cosa que echaré en falta cuando destruya vuestra raza, vuestra tozudez.”

Quizá sea la noche más exterior que hayamos tenido en nuestro museo favorito. Nuestros héroes se introdujeron en el interior del fastuoso edificio en busca de respuestas a sus preguntas y, lentamente, se han ido enclaustrando entre sus paredes, casi emparedándose con las mismas. Poco a poco van encontrado pistas y símbolos mientras  descubren los objetos más fabulosos (Espada de Gloria, el Libro de Dzyan o el mítico Necronomicón) y topan con los seres más extraños (un Gul o un Byakhee) que jamás hayan podido imaginar.
Empezaremos hoy con Amanda Sharpe que desapareció de esa Otra Dimensión y aparecerá en la Meseta de Leng, ¡junto a Monterey Jack!



La oscuridad lo inundaba todo a su alrededor, ella seguía sintiendo un ritmo en su interior que la propulsaba hacia no sabe qué lugar y hacia qué dirección. Pero la incertidumbre duró poco tiempo, aunque la sensación agobiante parecía perdurar eternamente en su consciencia. La desorientación era tal que Amanda pensó en una sensación similar a la que tuvo cuando de pequeña su madre la encerraba en el ático de su casa. Sabía dónde estaba y como era la geografía del espacio pero cuando su madre apagaba la luz y oía la puerta chirriar cerrándose, la invadía la desazón que borraba cualquier atisbo de racionalidad física y psíquica, empezando un proceso desorientativo que la hacía no volver a desobedecer a su progenitora nunca más, o por lo menos, hasta la próxima semana. En ese pensamiento se encontraba cuando una potente luz la cegó completamente. La primera reacción de la joven fue defenderse del fulgor amarillento sacando la única arma que poseía, la Espada de Gloria, y empezó a dar bandazos a diestro y siniestro. Cuando oyó un berrido descomunal paró de ejercitar su esgrima y abrió sus ojos. Ante sus lentes apareció un hombre de mediana edad, con un bigotillo depurado en su constitución capilar pero al mismo tiempo, correctamente definido en su acabado. A su lado había un perro que se mostraba rabiosamente alerta ante su presencia. El rostro del hombre era de asombro ante Amanda. La estudiante decidió cambiar de objetivo visual, siguiendo la miranda de aquel hombre hacia el suelo arenoso. La joven contempló asustada como el filo de su arma se encontraba incrustado sobre una cabeza peluda que poseía mil ojos. Asqueada, se apartó de lo que parecía una araña descomunal posicionándose al lado del hombre y del perro. Los tres contemplaban el cuerpo sin vida de la bestia y sus corazones no dejaban de bombear al mismo ritmo, el del terror.

 —¡Bu... buena puntería! —Alabó el hombre.
 —Gra… gracias.
 —¿De... de dónde saléis?
 —Cre… creo que de arriba. — Cabeceando desconcertada.
Monterey miró al cielo encapotado y después asintió. Una incongruencia más no le molestaba después de su fantástico periplo. Duque se calmó y se acercó a la joven rozando su piel con su pantalón.
 —Me llamo Monterey Jack. —Lanzó su mano hacia la joven mientras Duque ladró entusiasta.
 —Amanda, —seguía contemplando a la araña—. Amanda Sharpe.
La estudiante aceptó la rugosa mano del arqueólogo y juntos se miraron por primera vez después de la confrontación con la bestia.

 —¿Sabéis dónde estamos?

Monterey estaba a punto de contestarla. Iba a ser una respuesta contundente como aquellas que solía dar al principio de su carrera cuando estaba en la universidad de Miskatonic, ejerciendo como profesor frente al ejercito de sus alumnos.
    —¡EN LA MESETA DE LENG! --Se oyó una voz cavernosa.

El hombre miró hacia arriba, hacia el muro. Sabía dónde estaba y quería responder a la joven pero hubo alguien más rápido que él en contestar. Eso lo repateaba mientras Duque empezaba a encabritarse expulsando una fina y viscosa espuma por su hocico. Ante ellos apareció un ser envuelto en una túnica. Parecía alto y corpulento y sólo se podía vislumbrar unos profundos ojos oscuros mirándoles atentamente. La mirada, o la sensación de ser contemplados, era una fría y cargada de autoridad y desprecio. Al oír el nombre del lugar, Amanda precipitó su mente. Había oído, o mejor dicho, leído ese nombre en algún lugar pero… ¿dónde?
   —¡SOIS UNOS MORTALES DESPRECIABLES!
El ser saltó al vacío y ante ellos, empezó a caer levitando hacia posicionarse enfrente suyo y al lado de la cabeza sangrante de la araña gigante. De la túnica grisácea salió un brazo y una tersa mano acarició la peluda cabeza. Monterey y Amanda se dieron cuenta que el ser no tenía ojos sino unos agujeros en sus cuencas, tan profundos como abismos. El ser miró a la bestia y después al objeto que tenía clavado encima. La mano lo cogió y la Espada de Gloria se deshizo rápidamente, descomponiéndose molecularmente. Duque se asustó y salió corriendo desesperado.
    —No es humano. —Susurró a la joven.
    —¡No me digas! —Se burló Amanda mientras pensaba en dónde había leído el nombre del lugar.
    —Habéis matado  a mi mascota y, —se fue acercando a los dos—… ¡A LA DE MI SEÑOR!
Otra vez gritó y Amanda dejó de recordar llegando a una conclusión.
    —¿En el Viejo Diario? --Llegando a una conclusión mientras el extraño se detuvo bruscamente.
    —¿Qué?
La estudiante se sacó el tomo que encontró en la Otra Dimensión y lo ojeó al mismo tiempo que el ser la espiaba cada centímetro de su cuerpo. La mirada de Monterey se giraba hacia la joven sin perder de vista a la del extraño.
    —¡Te está mirando! —Avisó susurrante.
Amanda seguía concentrada en el interior del tomo hasta que llegó a la parte que más la interesaba.
    —¡Nos encontramos en otra realidad!
    —¿Otra realidad? Que yo recuerde la Meseta de Leng se encuentra en Mongolia, en Asia, en el Planeta Tierra. —Increpó el arqueólogo.
    —¡Inocente! --Sonrió el ser--. ¿Crees que esto es real?
El extraño se levantó parte de su túnica y dejó ver su desnuda barriga. Los dos parecían hipnotizados mirándola. Se empezaron a formar arrugas a la altura del estómago y repentinamente apareció un gran ojo. La pupila se les quedó mirando mientras que la arruga funcionaba como párpado ocular.
    —¡Madre mía!
Amanda cerró el Viejo Diario emitiendo una arcada.
    —No me extraña que mi señor Hastur quiera eliminaros.
    —¡El Rey Amarillo!
    —No valéis ni siquiera para sacar de vosotros lo mejor.
    —De ése también habla el diario. —Susurrándoselo al arqueólogo.
    —Es un viejo conocido. —Ironizó Monterey.
    —Bueno, ¡ya basta! —Se volvió a cubrir su cuerpo—. Habéis cometido un sacrilegio y antes de vuestro final, lo pagaréis con vuestra vida.
    —¿Nuestro final?
    —Sí, el vuestro como raza. —Retomó el acercamiento hacia los dos—. Estáis viviendo con tiempo prestado.
Automáticamente, tanto Monterey como Amanda empezaron a recular hasta que sus cuerpos chocaron contra la estructura de piedra. Parecían no tener escapatoria.
    —Pe… pero ¿Por qué?
    —Toda la vida habéis querido saber más y más. Y esa energía es vuestro motor que os llevará a la destrucción. No hay posibilidad de escape.
    —¡El apocalipsis!
    — Muchas religiones lo han llamado de muchas maneras y pronto se hará realidad.
Se detuvo drásticamente enfrente de los dos y se sacó una flauta de madera con seis agujeritos, empezando a tocarla suavemente. Las cuencas vacías empezaron a empequeñecerse y la otra mano, subió la túnica donde se encontraba el ojo. Una mirada maligna los espiaba mientras el ser no dejaba de tocar la flauta.
     —¡Existe una solución!
El ser dejó de tocar y bajó su túnica.
     —¡Qué decís!
     —Que podemos salvarnos…
Las cuencas del ser se empezaron a abrir otra vez, mecanicamente como si fuera un autómata mirándoles detenidamente.
     —En el Viejo Diario lo pone…
     —Seréis los primeros y los últimos humanos que profanáis el templo del Sumo Sacerdote de Hastur. —Miró el libro que tenía Amanda entre sus manos.— ¡Ese libro pertenece al Rey Amarillo!
En un amago el sumo Sacerdote quiso robar el libro a la estudiante pero esta lo esquivó desplazándose hacia la izquierda. La mano etérea del ser rozó a la de la estudiante. Monterey se abalanzó sobre el sacerdote de Hastur e intento detener su latrocinio. Inesperadamente, de la espalda del ser salió un musculoso brazo y un puño cerrado golpeó al arqueólogo en su rostro. El golpe fue brutal, produciéndose un desmayo contundente. El cuerpo de Monterey cayó a los pies del sumo Sacerdote. Amanda no perdió el tiempo y golpeó la cabeza del ser de tal manera que el lomo del libro, robusto y terminado en pico, se lo clavó en su sien. El ser se desplazó unos metros y mientras gritaba, se empezó a derretir. La túnica no tardó mucho en desaparecer ante los atónitos ojos de Amanda pero ante de su desaparición, el brazo del sumo Sacerdote consiguió alcanzar el Viejo Diario y hacerlo desparecer con su propio ser. La joven se quedó mirando la nada y después el cuerpo tendido de Monterey. El cielo se nubló completamente y empezaron a caer las primeras gotas. Amanda no se percató al principio porque estaba socorriendo al arqueólogo, pero cuando una gota rozó su piel, exclamó con rabia. La quemaba, no era lluvia sino una especie de ácido. Al mirar el suelo constató que dónde la lluvia golpeaba se creaba una pequeña cortina de humo. ¡Ácido! Las gotas empezaron a caer con mayor asiduidad rodeando a la pareja. ¡No tenían escapatoria! La lluvia rozó la piel del arqueólogo haciéndole despertar dolorido del golpe sufrido. El hombre miró extrañado la lluvia ácida.

  --Pero... ¿Qué es esto?

Los dos miraron en todas las direcciones buscando alguna salida a su precaria situación, pero la lluvia los iba cercando rápidamente. ¿Sería su final? Inesperadamente los ladridos de Duque regresaron al lugar, haciendo sonreír a la pareja.

  --¡Ese perro, te juro que si salimos de ésta, me lo quedo!

Duque se detuvo a una altura cercana a la pareja ladrando. Amanda desafió a la lluvia ácida y se apartó del muro unos metros. Los ojos de la joven pudieron ver lo que parecía una entrada."


Jenny, por su parte, en solitario va a descubrir muchas cosas acerca de la extraña niebla que rodea Arkham y un extraño símbolo dibujado en el suelo...



"Buscaba frenéticamente alguna salida al museo pero no la encontraba y a cada paso dado, oía más voces acercándose al mismo tiempo que la niebla se hacía más espesa en el interior del edificio. ¿Cómo era posible la formación gaseosa? La pregunta explotó en su mente pero esquivó su onda expansiva, evitando comerse más la cabeza, sobre todo después de lo que había vivido esa noche. ¡Había pasado de todo! Incluso había recordado a su nefasto progenitor. Pero la señorita Barnes no era de aquellas personas que se dieran por vencida tan fácilmente. No señor y la diletante continúo aventurándose por habitaciones y pasillos del museo. A medida que lo hacía notó un calor que provenía del Necronomicón. Se detuvo en frente de una sala oscura cuya puerta entreabierta la incitaba a resguardarse de las voces y de la niebla. Rápidamente el ente vaporoso hizo su presencia acercándose a la mujer. Entre el calor, la duda y el miedo, no lo dudó ni un segundo. Jenny se introdujo en la sala cerrando su puerta tras ella. Lo asombroso de la acción es que la niebla pasó de largo y se perdió por el final del largo pasillo del segundo piso del edificio. Su cuerpo se relajó apoyándose sobre la puerta al mismo tiempo que su esbelta mano pulsó el interruptor del interior. A la izquierda de la mujer existía una mesa con su correspondiente silla y enfrente había una serie de vitrinas que permanecían a oscuras manteniendo su interior censurado para los ojos más curiosos. Jenny los tenía y no podía perder la oportunidad de encontrar otro objeto fabuloso. La avaricia la llenó por completo. Quería más y más y enseguida pensó que estaba en el lugar adecuado y con el tiempo preciso. Ya no existían las voces, ni las bestias ni siquiera la pesada presencia de la niebla, sólo esas vitrinas que escondían algo, estaba segura. Las vitrinas estaban posicionadas en tres filas de cuatro objetos cada una. Sobre un pedestal de madera estaban los cuatro cristales opacos. La mujer dejó el libro de los muertos y la Estatuilla alienígena sobre la mesa de la sala y se acercó a la primera vitrina. La espió concienzudamente mirando el perímetro de la misma. No pudo ver nada. Deseo ver algo pero no vio nada. Solo oscuridad. Sus manos intentaron explorar la superficie acristalada pero las retiró bruscamente porque se quemaron al posarlas sobre uno de sus lados. No sabía lo que había en el interior de cada vitrina pero los cristales irradiaban un calor semejante al del Necronomicón. El aumento de temperatura la hizo recordar que poseía el famoso libro y fue en su búsqueda. Jenny lo miró sorprendida. El libro estaba abierto y que ella recuerde, lo había dejado cerrado sobre la mesa. La mujer se acercó más y comprobó que por donde estaba el libro abierto había un dibujo: era una especie de niebla envolvente como la que la había estado persiguiendo prácticamente desde el muelle. Sobresalía de un extraño edificio cuya arquitectura no era normal. Muros titánicos acababan en puntas inaccesibles. Ángulos sin fin ahogaban cualquier  espacio libre. Era como si el edifico cobrase vida y se retorciese por algún motivo.
   —Las Nieblas de Releh. —Leyó en voz alta.
El dedo femenino buscó algo más que la imagen, explorando los párrafos que seguían al icono. Releh, más conocido como R’lyeh fue la ciudad santa del gran Cthulhu. Hace eones fue el foco de atención del universo y ahora no era más que un conglomerado de ruinas, hundidas bajo el manto del océano Pacífico sepultando la morada del más grande de los Primigenios. Dejó de leer extrañada y desorientada, no entendía nada pero algo llamó su atención. La estatuilla no estaba. Jenny miró por todos lados y no vio nada. ¿Dónde demonios habría ido? Y lo más importante, ¿quién la habría cogido? La mujer miró nerviosa a su alrededor. Inesperadamente la luz se apagó y misteriosamente, el interior de todas las vitrinas se encendió proporcionando un fulgor rojizo al interior de la habitación.
    —Pe… ¿pero qué diablos?... —Volvió a sombrarse.
Del interior de la vitrinas se podía ver la misma estatua pero con diferente dimensión y peso. La señorita Barnes tenía a un pequeño ejército de estatuillas alienígenas a sus pies. Jenny se acercó a la primera fila mirándolas con una sonrisa.
    —¡No me lo puedo creer! —Dejó de mirarlas para mirar alrededor de toda la sala—. Esto no es un museo, es una feria de las vanidades.
La mujer no pudo contener su sonrisa pero algo volvió a llamar su atención. Sobre una escalera de caracol, que no había visto al principio, pudo observar en el cuarto escalón a su estatuilla. La mujer se aproximó hacia la escalera, comprobando que seguía hasta un segundo piso escondido en la oscuridad. La sala era más grande de lo que parecía a primera vista. Los pies de Jenny llegaron al cuarto escalón y su cabeza se pudo vislumbrar desde el segundo piso. Cogió la estatuilla y sonriéndola se aventuró al piso de arriba. Llegó a un balcón donde podía divisar toda la sala y las vitrinas, algo la mantuvo petrificada. Desde aquella altura pudo comprobar algo que no pudo ver a ras del suelo. Las vitrinas tapaban un dibujo abstracto a un primer visionado pero que acercándose empezaban a tener sentido. Era una especie de estrella de David muy grande. Inesperadamente la puerta de la sala explotó en mil añicos asustando a la mujer que se arrodilló automáticamente. La niebla empezó a invadir el espacio. El ente gaseoso se empezó a dividir formando cuatro hileras correspondientes a las cuatro filas de las vitrinas y rápidamente iba siendo succionado por cada una de ellas. Era como si las estatuillas chupasen todo la niebla. Jenny se levantó y comprobó que el extraño símbolo esculpido sobre el suelo de madera empezaba a iluminarse con un fulgor azulado, a medida que las estatuillas absorbían la niebla. La mujer bajo la escalera de caracol y vio que el Necronomicón había pasado de página. Ahora se encontraba en una que ponía: El Símbolo Arcano. O había alguien que quería que descubriese algo o estaba perdiendo completamente la cabeza esa noche."

lunes, 16 de marzo de 2015

HOJA APERGAMINADA (XXI). CANCIÓN DE FUEGO Y HIELO. JUEGO DE TRONOS. CAPÍTULO 6. UNA CORONA DE ORO.

Tenía que salir de allí, y pronto. Sus posibilidades de enfrentarse a Mord y escapar eran entre escasas y nulas, y nadie le iba a pasar a hurtadillas una cuerda de trescientas varas, así que tendría que emplear todas sus dotes de convicción para salir libre. Era la lengua lo que lo había metido en aquella celda, así que la misma lengua tendría que sacarlo.”


Las cosas se le ponen cuesta arriba a Tyrion (nunca mejor expresado en este capítulo y a decir verdad, al resto de la troupe narrativa) y esa será una constante en la historia. Pero, además será el ingenio del Gnomo el que desenrede, y a veces enrede, la(su) diégesis. Existen varios personajes que pueblan la trama que han decidido utilizar la astucia antes que el acero (la Araña, Meñique o la propia reina Cersei) y otros, son una mezcla de ambos propósitos (el Matarreyes por ejemplo). Aunque parezca mentira (en parte por su adscripción detallista), la violencia narrada en el orbe de Westeros ejerce un efecto contrario en quienes la utilizan. Su mayor representación, la fuerza bruta es descrita sin ningún tipo de carácter enaltecedor sino más bien todo lo contrario, mostrando su lado más débil. Aquellos que la utilicen se convertirán por derecho propio en perdedores de la diégesis, como vemos en este capítulo con el Rey Mendigo y que la novela lo escamotea hasta un rato (páginas) después. Por lo tanto, podríamos decir que el objetivo dramático (o uno de ellos) recae sobre la intriga antes que sobre la acción y lo que acontece a continuación, en ambos medios mediáticos, es un buen ejemplo de supervivencia, diplomacia e inteligencia otorgada a unos pocos.

Capítulo VI. (Desde la página 376 a la 431).
El destino de Jon Snow sigue siendo un misterio tanto literario como catódico, ninguna de las narraciones lo menciona manteniendo una frágil concomitancia que se irá  deslavazando a partir de esta Corona de Oro. Empecemos por ella. Deseado objeto simbólico para el príncipe Viserys desde el principio (Capítulo I. Se acerca el Invierno): “Más le vale. Me prometió una corona, y la quiero. Nadie se burla del dragón.” Se irá transformando en utópico y, como veremos, en maldito para su sueño de reinar sobre el trono de hierro. El destino del Targaryen, que acontece antes en la serie que en la saga, se convierte en la punta del iceberg creativo de las intenciones de Martin para relatar los sucesos posteriores. Lo que de verdad importa, lo que subyace en la historia, es la intención de supervivencia de aquellos que hemos mencionado anteriormente. Ahí reside uno de los secretos del Juego de Tronos. El príncipe Mendigo, perteneciente a ese grupo de actantes que se apoyan en el acero para alimentar su fuerza (eso creen ellos) y para preponderar su poder, no podrá ver más allá de sus narices que todo su potencial se irá desmembrando convirtiéndose en una mera ilusión. Una mentira confeccionada inocentemente sobre la figura mitológica del dragón (él mismo se cree heredero de su estirpe), que curiosamente la retomará, más tarde Daenerys de la Tormenta. El cambio es uno simbólico. Khaleesi ya no está posicionada en los márgenes narrativos, sino flanqueada por Ser Jorah Mormont y Khal Drogo en el lado protagónico.
La primera incursión de Martin en los Siete Reinos también es una meticulosa descripción del fin de una época y el principio de otra. El cambio estacional suscita desazón en algunos y total indiferencia en otros, pero no cabe duda de su hecho: (“se acerca el invierno”) el cambio en las estructuras mentales y sociales de los habitantes de Westeros no ha hecho más que empezar. La nueva mentalidad empieza a sobresalir como esa punta de iceberg antes mencionada, en algunos personajes y en otros sigue latente convirtiéndose en lanza de sus intenciones, incluso llegando a describirles a ellos mismos delante del espectador o lector. El ejemplo paradigmático es el de Tyrion Lannister. El personaje se enfrenta a multitud de situaciones armado con su inteligencia. A lo largo de la historia esas situaciones le irán dejando heridas físicas y psicológicas pero no cabe duda que logrará superarlas. El primer juicio (de unos cuantos) al que se someterá a Tyrion es el localizado en el Valle de Arryn. Como recordaréis (Capítulo V. ElLeón y el Lobo) Catelyn Stark lleva al Gnomo para ser encarcelado en la fortaleza de su hermana, Lysa Tully.


El encierro en el inexpugnable Nido de Águilas es uno muy singular: se trata de una serie de mazmorras construidas en las alturas de la fortaleza sin pared alguna sobre una ligera pendiente en el suelo. A aquel que se introduzca en las mismas tiene la “oportunidad” de contemplar un extenso y bello paisaje a sus pies. No existe nada que detenga al reo solamente su disposición de supervivencia que al final de los casos, casi siempre sucumbe a la desesperación (“el Azul me llama”). Se establece un interesante paralelismo en las alturas entre Bran y Tyrion. Ya de por sí, en Invernalia el último mostró un cariño al primero produciéndose una subterfugia relación entre ambos. El Lannister ayudará al Stark a salir adelante con una silla diseñada por él mismo, proporcionando al chico su primera desventura en el Bosque de los Lobos. El escenario en ambos momentos funciona de metáfora. La altura como lugar de revelación. El ascenso como maldición para Bran y la mazmorra como bendición para Tyrion. En ambos casos veremos que la caída física de un personaje será el detonante de toda la historia y su posible némesis en la mente del Gnomo, se convertirá en una herramienta para su propia supervivencia. El peligro como acicate de las mentes de los actantes propulsándolos al vacío narrativo, siendo ésta la historia y su discurrir, auténtica geografía mental de sus vivencias.


Tyrion empezará a maquinar su estrategia sobre la marcha y sobre el personaje de Mord el carcelero. Es muy importante reseñarlo porque demuestra que el Lannister es un actante intrigante pero no maquiavélico, como pudiera ser el de la Reina. Usa su mente para sortear un problema, apoyándose en los elementos inherentes a su linaje por ejemplo y después improvisa los ajenos, siempre teniendo en cuenta su legado cultural, su auténtico aliado, como la capacidad de observación del medio y sobre sus pobladores. Utiliza la intriga de una manera espontánea (salir del calabozo mediante un acercamiento al lema de la casa Arryn, “Tan Alto como el Honor”) para después dirigirla a su propio terreno (un juicio) manufacturando el complot de tal manera que le permita salir victorioso del mismo sin derramar una gota de sangre y siempre pagando sus deudas, ¿es una Lannister no?

Tyrion puede llegar a ser uno de esos personajes literarios, hecho en gracia física por Peter Dinklage, que habiten el olimpo clásico creativo pero no nos engañemos con George R. R. Martin, porque poco después lo veremos en un campo de batalla y en un futuro próximo en otro tipo de juicio donde no saldrá muy bien parado, pero eso ya será otra historia.

sábado, 7 de marzo de 2015

LA CAÍDA DE DUNDEE. (XXIV). DONDE SE GUARECE LA AVENTURA.


¿Qué es la acción sin su pausa? ¿Qué es un camino sin su posada? ¿Qué es un recorrido sin su descanso? Aunque parezca mentira la intensidad se mide por su grado de calma y los mejores momentos literarios y cinematográficos de la aventura, siempre han estado localizado en sus partes más reposadas. Aquellos lugares prestos a desvelar los objetivos narrativos de la historia y al mismo tiempo, desnudar los de sus actantes generando un esquema irónico en su (inter)relación: aquellos que más se han movido anteriormente son los que deambulan tranquilamente en una guerra dialéctica por desentrañar la diégesis. Son momentos característicos por su apariencia reaccionaria, parecen que no pasa nada y sin embargo se dice mucho. Yo los llamaría "tabernas" donde se guarece la aventura. Con La Caída de Dundee quería utilizarlas para informar al lector, para indicarle por dónde tendría que seguir a los personajes pero también cuáles serían sus directrices y objetivos, y al mismo tiempo modelar su contexto narrativo. Imaginémonos que mi novela se desarrollara en la obertura del film En busca del Arca Pérdida (Steven Spielberg, 1981), es decir que en las doscientas cincuenta y nueve páginas está toda la persecución del principio de la mítica película, aquel momento en el que Indiana Jones activa el mecanismo del templo por el cual una gigantesca bola de piedra lo irá persiguiendo. Esa era una de mis primeras intenciones. Escribir con un ritmo trepidante todo lo que iba  a acontecer en Dundee, desde que se produce los primeros apagones de electricidad en el Complejo Ocioso hasta el derrumbe y caída de la ciudad-cúpula.  Ahora bien, si me hubiese dado por relatar esa tragedia no me hubiese dado tiempo a exponer algunos temas que creo son importantes para el futuro de la novela y, espero, de la serie. Así que me puse a desarrollar un epílogo y prólogo a modo de "tabernas", además de la inclusión de otras situaciones particulares, donde al mismo tiempo que reposan los héroes y villanos de mi fabula, el lector atento incansable iría descubriendo una retahíla informativa valiosa para el devenir del mundo de MINVS.
Ejemplos de hiatos circunstanciales serían el capítulo doce (Algunas Explicaciones) y el trece (La Llave), que no es que denoten a la narración sino que la connotan deliberadamente. Se produce un gancho entre ambos representado por un suspense, la espera a una explicación. Son momentos donde, curiosamente, se cede protagonismo a los secundarios descubriendo cosas y donde uno de ellos, el profesor Horacio, se erige en maestro de ceremonias de un ritual, el de la revelación. El ritmo se interrumpe dentro del Fortaleza, la geografía de la sala circular conlleva a la inmovilidad (se encuentran sentados creando circunloquios mentales esperando a la exposición), el clima es apagadamente oscuro, lejano de las luces eléctricas y de neones que han ido escoltando los avatares de los personajes en sus diversas huidas, consiguiéndolo algunos y pereciendo otros. La continuidad se frena con un único sentido, parar la diégesis pero no para fosilizarla sino para revivirla cogiendo impulso y retomando el ritmo para mucho más tarde. La trama ha llegado a una encrucijada y ahora toca posicionarse en otra dirección, y si bien es algo peligroso y no cabe duda que la historia se queda suspendida, el riesgo alimenta mi creatividad constantemente. Es mi dinero y mi trabajo conjunto a mi tiempo y sacrificio el que hace posible que La Caída de Dundee haya sido un rotundo éxito. Y no lo digo por el número de unidades vendido, que es más bien escueto, sino por un hecho incuestionable: mi obra ha salido a la luz. Eso ya es un logro aunque uno no puede quedarse en solamente eso, hay que seguir consiguiendo muchos objetivos más, como por ejemplo saber venderla. En eso soy más cauto pero continuo en la brecha y mientras tanto me tomo un gin-tonic en mi taberna favorita.



viernes, 20 de febrero de 2015

ENCRUCIJADA DAIKINI. (2014).


Lo hemos conseguido, ya vamos por el tercer año. Aunque con alguna que otra ralentización debido a mil causas, aquí seguimos en nuestra trinchera cultural favorita para poder ofreceros un surtido de fantasía, magia y espectacularidad pero también de crítica, análisis y opinión. Ahí sigue Madmartigan esperando a alguien o a algo que lo rescate y por ahí vienen Willow y compañía prestos a realizar tal acción o no. Ha pasado un año y la sensación que uno tiene es contradictoria. Por un lado, a nivel personal mi vida ha dado un giro de trescientos ochenta grados, decelerando mi ritmo creativo hasta unos límites insospechados y por otro, un vértigo por ese cambio. De pasar a tener más tiempo para poder desarrollar "mis cosas" a tener un par de horas al día para poder llevarlas a cabo. Es un cruce de alegría y tristeza, de confianza y traición, de libertad y aprisionamiento, en definitiva, de lo que trata la vida. Pero el reloj de pared de la vida creativa tiene que seguir, aupándonos con más responsabilidad que antes pero reforzando la ilusión primigenia con la que empecé este blog y todos mis proyectos. Con ese motor empiezo una nueva temporada, con nuevos proyectos (CIUDAD DIVIDIDA o MINVS II se acerca), nuevas secciones (Una Noche en la Filmoteca) y nuevas sorpresas pero sin dejar de lado los otros elementos que me han provocado alegrías y decepciones a la par.
La imagen congelada del film de Ron Howard nos habla a las claras de qué deseamos hacer. ¿Ser Madmartigans o Willows? ¿Convertidnos en rescatados o en rescatadores? La Fortaleza de Nintes sigue entre vosotros para responderos.

NOTA: el esquema de búsqueda es idéntico al del año pasado. Debajo tenéis el nombre de cada sección (en negrita) y seguido el capítulo correspondiente actualizado. Una vez más si queréis seguir en esa sección solamente tendréis que seguir la numeración de dicho capítulo, si los hubiera.

-SESIÓN CONTINUA. (Críticas de films de serie B,westerns, de autor, de aventuras, etc, etc,...).
  XI. Tributo a la mirada primigenia.

-BLOG. (Reseñas y análisis de películas, de opinión, trabajos de Scifiworld y poesía).
  Oda.

-LA CAÍDA DE DUNDEE. (Toda la información concentrada acerca del universo de MINVS).
  XIX. Hoja de personajes. Lepanto.

-PARTITURA NOCTURNA. (Reseñas de bandas sonoras).
  VIII. El secreto de una Saloma.

-PERCEPCIÓN CATÓDICA. (Análisis de series de televisión).
  Lo ridículo.

-HOJA APERGAMINADA. (Reseñas de libros y cómics).
  XI. Canción de Hielo y Fuego. Juego de Tronos. Capítulo 0. Intenciones.

-PASANDO EL LUDOMINGO. (Reseñas de juegos de mesa, de carta, de dados, rol, etc, etc,..).
  Cadwallon. Ciudad de Ladrones. Capítulo 6. El Maestro Alquimista.

-LOS TEMÁTICOS DEL MES. (Especiales monotemáticos que aglutinan diferentes secciones en  una, utilizando un tema como eje común para su desarrollo).
  I. De espadachines y otros menesteres.

lunes, 16 de febrero de 2015

PASANDO EL LUDOMINGO CON EL SÍMBOLO ARCANO. CAPÍTULO 5. EXTRAÑAS VISIONES... EN LA CALMA.



"Soñé la destrucción de vuestra insulsa sociedad. Empecé con los Imperios reinantes, después vendrían las sociedades hipócritamente democráticas para, por último desestabilizar el reino animal. Sería un trabajo fácil solamente haría falta una cosa: sembrar la duda. ¡Despertadme y os concederé el beneplácito de ser testigos del Apocalipsis."

Otra noche más en el interior del museo más lovecraftiano del mundo. ¡Bienvenidos al misterio y la aventura! Hemos conseguido más Símbolos Arcanos y hemos hecho frente a más peligros. Sin duda alguna, nos estamos acercando al final del juego o al final de nuestras vidas. ¿Qué pasará? ¿Venceremos al Rey Amarillo?

Empecemos con la señorita Barnes que parece salir de un peligro para meterse en otro. La gánster se enfrentará con adoradores de Hastur y con bestias mitológicas, consiguiendo valiosos objetos.



Todavía se encontraba en un auténtico éxtasis. Y no era por lo que había vivido desde que eligió penetrar en una caja y mantenerse escondida un buen tiempo hasta llegar al Museo. No. Sus aspiraciones se habían colmado con creces. Entre  sus manos de porcelana tenía un libro, pero no uno cualquiera. Era uno recubierto de una piel rugosa y cuyo interior estaba escrito con una peculiar tinta roja, sangre humana. Lo que llevaba Jenny consigo era el famoso y, según algunos, perdido Necronomicón, El libro de los Muertos. Lo estuvo mirando detenidamente sin pestañear mientras se alejaba del almacén, pensando en la cantidad de dinero que podrían darla por semejante tesoro literario. Atrás quedaban los ataques de bestias mitológicas o presencias demoníacas, sólo importaba poseer el afamado incunable. Perdiéndose en su partiular cuento de la lechera, también se olvidó de la joven que la ayudó a escapar de las garras del Gul. A cada paso dado, no dejaba de pensar en el dinero que recibiría de parte de su socio McGlen. Con esa cantidad podría jubilarse del mundo del hampa, aquel que la había concedido una oportunidad para sobrevivir. De pronto empezó a oír gritos seguido de un tumulto, como gente corriendo. Jenny se detuvo en seco en el tercer paso que dio hacia la salida. Oía cada vez más cerca las voces desde los pasillos que conformaban la laberíntica estructura del Museo. Inconscientemente, apretó el Necronomicón fuertemente contra su pecho y decidió esconderse en una esquina, acurrucada como una niña traviesa por haber hecho algo prohibido. La señorita Barnes estaba detrás de una estatua y junto con la oscuridad reinante, transformada en su aliada perfecta, su parapeto parecía el más sofisticado de los escondites. Los gritos se aproximaban hacia donde se encontraba. Las sombras empezaron a desfilar delante de su rostro. A la primera de ellas no prestó mucho caso, pero a medida que iban apareciendo empezó a alzar su cara viendo como un ejército de encapuchados corrían poseídos hacia el otro lado del pasillo. Al principio no entendía sus palabras pero después se volvieron más inteligibles, a medida que se acercaban a su posición. Eran comentarios que solamente tenía un hilo conductor: ¡Tiene que estar por algún lado! Rápidamente la joven pensó en ella. ¡La habían descubierto! A medida que llegaba a esa conclusión, sus manos no dejaban de sostener fuertemente el libro, reduciendo su estrés al mismo tiempo que la masa terminó por desaparecer de su mirada. El silencio regresó para gobernar el lugar. Pasaron unos interminables segundos hasta que la cabeza de la diletante surgió de detrás de la estatua. Miró en ambas direcciones sutilmente y se incorporó lentamente. Pensó que no sería muy buena idea tomar el pasillo por donde había ido la turba, así que dio marcha atrás. Al voltearse se percató de que un pequeño rayo de luz señalaba su turgente pecho. Le bastó un ligero movimiento para darse cuenta de que detrás  no había una pared, sino una puerta que se empezaba a entreabrir a medida que su cuerpo hacía presión. ¡Una habitación secreta! Pensó y rápidamente se introdujo en su interior. Era una biblioteca en miniatura. Jamás iba a olvidar esta noche. Tenía en sus manos uno de los libros más buscados del planeta y quizás, quién sabe, podría encontrar otro en singular lugar. La habitación sólo tenía una ventana cuadrada y el resto eran cuatro paredes enmoquetadas en estanterías de libros. Los había de varios tamaños y compartían espacio sin mostrar ningún tipo de predominio. Jenny los miró de pasada y fantaseando con su interior. Al llegar a la ventana miró más allá del museo pero no pudo ver nada. Una espesa niebla la impedía ver con claridad la calle. Pero repentinamente pudo ver una forma que se le aproximaba rápidamente. No la conocía al principio pero cuando apareció el rostro reptiliano alado la recordó.
     —¡OTRO! —Se apartó violentamente de la ventana.
El graznido llegó antes que el ruido. El impacto fue brutal. La cabeza de un  Byakhee se incrustó en el marco de la ventana. Los cristales se hicieron añicos saltando con una virulencia inusitada. Uno de ellos rajó la bella mejilla izquierda de la señorita Barnes. La joven se echó para atrás al mismo tiempo que dejaba caer el Necronomicón y sacaba su pistola. La bestia empezó a berrear de tal manera que pronto se empezaron a oír pasos corriendo hacia la habitación. El animal azulado empezó a aletear intentando salir del marco de la ventana e intentando morder el cuerpo de Jenny. La joven no perdió el tiempo y descargó todo el cargador de su pistola sobre la nerviosa presencia animal. Sus alas se convirtieron en coladores. Ya no podría volar pero sí morder, y siguió insistiendo en acercarse a su presa. No sabía cómo pero se había metido en una trampa, era como concentrar una Tempestad en una Tetera. No sabía cómo iba a salir de ahí, sobre todo cuando la puerta empezó abrirse lentamente y un manto amarillento se dejó caer, rozando el suelo de madera de la biblioteca. Uno de los adoradores de Hastur, el más rezagado pensó Jenny se preparaba para el ataque. Éste alzó sus corpulentos brazos para asfixiar a la joven, pero la señorita Barnes tenía mucho oficio aprendido en las calles de Arkham y, sin miramientos como un rayo, lanzó su pistola hacia una estatuilla situada en la esquina derecha del atacante. La figura cayó a su cabeza, haciéndole detenerse de dolor y haciéndole ganar un tiempo precioso a Jenny. En ese momento, el Byakhee se desencajó del marco de la ventana y se lanzó hacia la joven pero ésta fue más rápida y se agachó dirigiéndose hacia la puerta y haciendo que la bestia se encontrase con el aturdido adorador del Rey Amarillo. El infernal reptil se abalanzó sobre su desconcertada presa mordisqueándole parte de su rostro. El hombre empezó a berrear cuando su piel era roída por la bestia. Jenny se disponía a abandonar la biblioteca cuando miró el objeto que la había salvado la vida. Era muy extraño, una Estatuilla alienígena. Los gritos la desconcertaban mientras el emisario de Hastur se retorcía de dolor siendo devorado vivo por el Byakhee. No perdió más el tiempo y cogió la estatuilla, si la había salvado en ese momento la podría salvar en otro pensó y rápidamente desapareció de la habitación. Allí se quedaron los huesos de un hombre mientras el animal se arrastraba hacia la ventana, pensando tal vez que podría retomar el vuelo cuando lo que hizo fue caer al vacío."


Un efecto de una de las cartas de Mitos perjudicó en la tirada de dados de Monterey Jack haciéndolo que perdiese la oportunidad de ganar otro suculento Símbolo Arcano. Los efectos de terror le supusieron perder su oportunidad. Algo vio el arqueólogo en la Meseta de Leng que le petrificó de miedo, pero ¿qué fue?...


"No podía abrir sus ojos y sentía un calor intenso que lo ahogaba lentamente. Sus parpados estaban sellados por una potente luminosidad. No podía verla pero la percibía. Era como cuando una persiana está bajada a mediodía. Aunque la superficie esté cerrada los rayos solares se filtran por sus agujeros. Lo único que sentía a su lado era la presencia de Duque, olisqueándolo y babeándolo. El sudor empezó a extenderse por su cuello al mismo tiempo que sus manos se deslizaban por un manto de hierba. Empezó a estar intranquilo cuando Duque comenzó a  ladrar precipitadamente. El pelaje del perro se erizó como si se tratase del de un felino comenzando a salivar rápidamente.
     —¡Ey! ¿Qué te pasa chico? —Intentó tranquilizarlo poniendo su mano derecha sobre su cabeza pero no pudo conseguirlo, porque al poco tiempo, Duque salió disparado hacia ninguna parte.
     —¡DUQUE! ¡DUQUE!
Monterey no pudo esperar más, no era ese tipo de hombre. Así que decidió arriesgarse, incorporándose al mismo tiempo que intentaba abrir sus ojos. La retina empezó a  alimentarse del fogonazo luminiscente de un sol. El arqueólogo se cubrió su rostro con sus manos para que la primera impresión no le supusiese un daño irreparable. Al principio solo podía ver perfiles desenfocados en la lejanía pero lentamente se fueron formando elementos más definidos, como picos montañosos para después pasar a matojos y rincones de vegetación. Sus ojos estaban sumergidos en lágrimas mientras se mantenía atento  a todo lo que le rodeaba. Se encontraba en una especie de meseta pero una especial. Estaba guardada por una cordillera al norte de sus ojos y sobre sus pies se entendía una extensa planicie donde la hierba crecía poco y en determinados sitios concretos, a la asombra de esqueléticas ramas de árboles disecados por una presumible sequía eterna. Monterey miró en busca de algún tipo de poblamiento humano pero no encontró ningún resto. A cada paso dado, sus pies iban pisando hojarasca y hierbas con tonos marrones arañándolo. Siguió caminando totalmente desorientado por los alrededores. ¿Dónde demonios estaba? Se preguntaba una y otra vez. Lo último que recordaba era su acción desesperada de introducirse en un portal para poder escapar de las garras del culto a Hastur y de cómo había ido a parar a su cónclave secreto. Había sido una larga historia que los ladridos de Duque interrumpieron. Monterey se dirigió hacia el perro, que lo esperaba bajando una ladera. El arqueólogo se detuvo justamente donde se encontraba el animal sin parar de ladrar. Humano y perro se encontraban cerca de una construcción humana. Una gran muralla les impedía ver más allá.
     —¡No puede ser! —Se extrañó mientras se acercaba al muro de piedra, tocándolo con su mano derecha—. Pe…pero…
El arqueólogo empezó a recordar, regresando al libro que le abrió todos los secretos a cerca del Rey Amarillo, Cultos Inconfesables. Había estado estudiándolo durante toda su vida y parece que la muralla que tenía ante él, le era conocida. Recordó que entre muchas de las residencias, o supuestas localizaciones, de Hastur en este planeta una de las más queridas por el Rey Amarillo era una ubicada en Mongolia, concretamente en la lejana y misteriosa Meseta de Leng. No podía ser, era algo imposible. Si hace un rato estaba en el museo de Arkham, en Estados Unidos cómo había ido a parar a Mongolia. Era algo inconcebible al menos que estuviera equivocado. Duque empezó a aullar desconsoladamente, parecía asustado de algo. Monterey se dio la vuelta y miró asombrado la presencia de una extraña sombra que se cernía sobre ambos. La sombra dibujada sobre la pared iba creciendo rápidamente y, a la vez, le iban saliendo diferentes patas peludas de un centro que se expandía. Ante el arqueólogo había una araña del tamaño suyo, aproximándose peligrosamente. No era normal, su tamaño desafiaba cualquier regla natural conocida hasta ahora. Pero lo que más asustaba al hombre no era el tamaño desproporciona que también, lo que más odiaba Monterey en esta vida eran a los arácnidos, tenía auténtica aracnofobia y una de ellas empezaba a rozarla su pie. La espalda del hombre chocó contra el muro de piedra mientras Duque no dejaba de encabritarse ladrando sin piedad. La sombra de la araña los engulló por completo..."


Y por último nuestra estudiante favorita Amanda, que no deja de descubrir cosas nuevas. Pistas que la permitan adentrarse en dimensiones desconocidas y encontrar elementos que la hagan aumentar su conocimiento, pero también su bolsa de valiosos objetos.


Parecía que estaba levitando pero eso era imposible. Cómo podría hacer eso, era algo sobrenatural aunque bien visto, ella se dedicaba a lo sobrenatural y lo que había presencia en el Museo no era nada normal. No sabía dónde se encontraba, había sido succionada por un Portal y ahora flotaba en una especie de limbo existencial. Sentía a veces frío y otras, calor. Una brisa la escupía constantemente indicándola la temperatura a la que iba su cuerpo. Además sentía una velocidad que por momentos deceleraba y parecía detenerse para después continuar el ritmo incrementándose. La primera sensación que tuvo fue la náusea pero después vino la estabilidad, seguida de algún que otro espasmo apunto de hacerla vomitar. Una arcada seguida de un asombro cuando pasaba por los lugares más extraños y sombríos que se podía imaginar en algunos casos, y que jamás en su vida podría haberlos conocidos, en otros. Era un auténtico viaje a lo desconocido que por un lado la aterraba y por otro la fascinaba. Pasó de fogonazos de luz a una auténtica oscuridad y en ese momento se acordó de la Lámpara de Alhazred. Introdujo su mano derecha en su mochila y la sacó lentamente. Mágicamente la luz empezó a iluminar los alrededores y como si respondiesen a la llameante luz rojiza que desprendía el objeto, enseguida empezaron a aparecer junto a la estudiante ejércitos de medusas. Amanda pudo ver lo que parecía un mar azulado y ella estaba sobre el mismo. Agitó la Lámpara y las medusas que se acercaban a ella desaparecieron de su alrededor. Inesperadamente creyó ver un templete en medio del océano y sin saber muy bien dirigió la Lámpara de Alhazred hacia el lugar. Inmediatamente sus pies tocaron tierra firme y caminaron sobre una superficie de granito. La estudiante se encontraba sobre un templete con dintel abovedado y en el centro peristilado un pequeño altar con un libro abierto en el centro. Amanda se aproximó al objeto, engulléndola un aura misteriosa. Las manos de la estudiante empezaron a pasar página del libro. Parecía un Viejo Diario por las páginas pasadas. Alguien había llegado a donde había ido a parar y parecía que había escrito algo. Amanda dejó la lámpara en el suelo y sin que se diese cuenta, el objeto se hundió lentamente como si se tratase de arenas movedizas. Amanda se concentró en el libro, manteniéndola absorta. De pronto sintió un ruido y se dio la vuelta encontrándose rodeada otra vez del ejército de medusas grises y blancas. Sus manos empezaron a buscar nerviosamente la lámpara pero no encontraron nada. La segunda opción vino sola. Amanda sacó su Espada de Gloria por si la haría falta ante el inminente ataque pero, inesperadamente empezó a brillar una luz amarillenta de entre las letras que conformaban el Viejo Diario y rápidamente la luz aumentó engullendo a tiempo a la joven. Las medusas se abalanzaron hacia la nada. No había joven pero tampoco diario. Habían desaparecido y la oscuridad regresó a reinar en Otra Dimensión.”