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miércoles, 10 de agosto de 2016
Día de Pre-Estreno. Ser consciente de Star Trek: Más Allá.
Cuando uno va a ver una película de Star Trek sabe a lo que va, pasa lo mismo con el amigo Bond o Jones. No existen pretensiones. Es lo bueno y también lo malo del asunto. La previsibilidad acabó con la antigua franquicia cinematográfica y esta nueva generada por, entre otros, J. J. Abrams parece seguir por los mismos derroteros. Empezó bien con su Star Trek (2009) transformándolo en un original reboot que no partía de una copia sino de un paralelismo a la antigua saga. Había un momento en un planeta de hielo donde va a parar el capitán Kirk y donde se encuentra con el Spock originario (Leonard Nimoy), que nos hacía replantearnos todo lo visto hasta el momento para darle otro giro narrativo. Funcionó. Con En la Oscuridad (2013) las cosas se fueron formalizando aunque también contenía algún que otro secreto. La presencia de la némesis de Kirk, Khan que lo llegaba a ensombrecer por momentos. Bien, nos encontramos en el 2016 y aparece la segunda secuela. El subtítulo nos recuerda el espíritu originario de la serie de televisión (1966-1969) creada por Gene Roddenberry, la exploración, la aventura, el mito de la frontera, lo desconocido metaforizado en ese Más Allá. El objetivo del Enterprise, la búsqueda de nuevos planetas y nuevas razas con los que poder convivir en paz y armonía. ¿Nos ha sorprendido? Pues sinceramente no. Tampoco es algo negativo. Es más de lo mismo pero eso sí, fabricando el producto perfecto para los Trekkies y los que no lo somos. Diversión garantizada, entretenimiento conseguido y algún que otro mensajito filosófico, que no queda mal del todo. La eterna lucha del individuo contra el grupo y aunque suene extraño, el rebelde capitán Kirk no es ese individuo que nos quiso vender el primer film renovado de Abrams. Es más, el personaje es consciente de su posición dentro del organigrama de la Federación y dentro de su nave. Pareciese más que evolucionado, civilizado por lo tanto tendremos que buscar ese signo “antisistema” en otro personaje, un outcast, el villano de la función, el general Krall (Idris Elba).
Personaje que encierra secretos como los mejores villanos de la saga pero que se convierte en un héroe destronado cuando se le vacía de su propósito final, la venganza. Persigue todo símbolo de la Federación y a sus integrantes porque piensa que están equivocados al hacer creer al universo que la fuerza viene de la unión. No existe mayor poder que la lucha y solamente puede ser representada mediante un carácter fuerte y totalitario, es decir, un dictador. Por aquí se filtraría el interesante choque entre democracia, o lo que creen los creadores que es la mejor forma de gobierno, frente al control totalitario que recae en una sola persona. Quitando los típicos enfrentamientos espectaculares, no podemos quejarnos del ritmo orgiástico que Justin Lin imprime a esta secuela y de aquellos momentos donde el humor generado en conversaciones arrincona a esa velocidad rítmica del montaje absorbente. Como curiosidad dentro del contexto narrativo, destacar la presencia de un nuevo personaje, Jaylah (Sofia Boutella), que refresca la trama aunque también se va diluyendo rápidamente. Pareciese al principio que podría convertirse en el alter ego de Kirk pero que después se va apartando, a medida que la trama avanza, irónicamente gracias a ella y sus conocimientos del planeta donde van a parar los protagonistas de esta gran evasión. Otro elemento que acompaña a la historia es el macguffin que siempre prologa cada comienzo y que normalmente es solamente eso, un divertimento sin más que aquí se extiende hasta dar sentido a la misión. Conseguir un objeto (el abronath), un bioarma que al principio protagoniza un delirante comienzo pero que después se transforma en un objetivo nuclear para el guion. Seamos conscientes de que existen diferentes maneras de disfrutar una película, Star Trek: Más Allá es una de ellas. Una que propone los mismos conceptos y las mismas resoluciones garantizándote pasar un buen rato. Es como aquel recorrido que haces subido en una montaña rusa. El primer viaje te sorprende pero el resto no tanto. Incluso Kirk al principio se muestra desilusionado. Empieza describiendo la vida cotidiana de la Enterprise y a sus integrantes, replanteándose dejar su nave y a su tripulación por el tedio, gracias al cosmos que sólo le dura esta película.
martes, 2 de agosto de 2016
LOS TRABAJOS PERDIDOS. (Y VAN DOS). ZAYA. SIMULACRUM ARTIS.
Una nueva revista de cómic salía hace tiempo (NinthComic) y con ella, agarrado de sus manos, un montón de ilusiones y proyectos que tan rápido como aparecieron, se fueron esfumando. Otra derrota más de la que aprender. Llegó a editar línea clara con una calidad sorprendente (Elías el Maldito por ejemplo). Y un amante de la animación dispuesto a "colaborar" con el equipo que hacía posible ese milagro. Mandé algún trabajo, creo incluso que de esta Fortaleza de Nintes, y me contestó el editor en jefe, Sandro Mena que estaban preparando un número donde se hablaría de Zaya. Que si estaba interesado en "colaborar" que podría hacerlo con un análisis de los tres tomos. Con mi corta experiencia en esto del mamoneo creativo, por supuesto que accedí, pero claro, esta vez no haría el ganso como en otras propuestas (Los Trabajos Perdidos. La vida es una cárcel), y me cubrí las espaldas. Realicé el siguiente análisis de Zaya sin comprar los tomos, por supuesto, dejándome simplemente la piel en una librería conocida de la capital y haciendo tránsfugas fotos mientras leía el cómic de pie, y sin que el miembro de seguridad me viese en pose sospechosa. Pues bien ahí os lo dejo dedicándoselo al señor Mena, con humildad.
ZAYA. SIMULACRUM ARTIS.
“Una de las
principales ideas básicas de la física es que la información nunca se destruye.
Todo el universo está hecho de partículas y la información codificada incluida
en esas partículas nunca puede ser eliminada.”
Leonard Susskind
INTRODUCCIÓN.
Las palabras del físico norteamericano explican la
pervivencia informativa eternamente. Si entendemos por información todo aquello
que es energía, entenderemos que de lo que realmente está hablando es de algo
muy conocido por todos: la energía no se crea ni se destruye sino que se
transforma. Lo original de la propuesta no es el texto por tanto, sino su
contexto ya que lo hace incluir en la temática de los agujeros negros, uno de los
mayores enigmas universales y que más debate genera. En su contra estará la
paradoja de Stephen Hawking acerca de la información almacenada en los agujeros
negros, tendiendo a desaparecer con éstos. Como consecuencia las palabras de
Susskind reabren el debate e insisten en su aportación.
En muchas de sus master-class llega a representar a los agujeros negros dibujándolos como agujeros de drenaje en el interior del mar. Auténticos coladores que funcionan como espirales succionadoras de materia. Bien, las palabras y hechos del señor Susskind me permiten realizar un ejercicio mimético sin igual. La figura geométrica de la espiral me recuerda a un dibujo de la última aventura de Estela en nuestro país. Obra del mismo guionista que Zaya, Jean Louis Morvan y del dibujante Philippe Buchet. Es la representación de un psicoportal al comienzo del capítulo 14 (Liquidación total) por donde se filtra el letal asesino que pondrá en serios aprietos a Navis.
Esta figura es una constante en todo el universo de esta serie de ciencia ficción que está arrasando en el país vecino. La forma de la nave de la Constituyente tiene forma de espiral, igual que los portales espacio-temporales que utilizan sus pobladores para desplazarse de un lugar a otro. Así que no estamos tan lejos de las propuestas fantacientíficas que abundan en la biografía del guionista francés pero tampoco damos palos de ciego con respecto a las características formales del dibujante de mahua, Huangjiaweig. Ambos portentos confluyen en un punto del universo creativo, uniendo sus talentos para expandirlos de forma espiral, mostrándonos un curioso cruce de culturas y temáticas genéricas que es Zaya. ¿Estamos ante un mahua o un ejemplo de línea clara? O ambas cosas, generando una especie de postmodernidad donde ya no solamente confluyen elementos del noveno sino también del séptimo arte.
La espiral es la curva
plana que da indefinidamente vueltas alrededor de un punto, alejándose de él
más en cada una de ellas. También es el nombre de una organización secreta
terrestre que opera en cada rincón del universo conocido en Zaya. La elección
de la espiral es una constante en la creación nuclear del propio dibujo del
chino Wie, sobre todo cuando Zaya se aventura en el Hiperespacio pero también
se muestra pertinaz característica del guion del francés Morvan, convirtiéndose
en metáfora del enrevesamiento narrativo del mismo.En muchas de sus master-class llega a representar a los agujeros negros dibujándolos como agujeros de drenaje en el interior del mar. Auténticos coladores que funcionan como espirales succionadoras de materia. Bien, las palabras y hechos del señor Susskind me permiten realizar un ejercicio mimético sin igual. La figura geométrica de la espiral me recuerda a un dibujo de la última aventura de Estela en nuestro país. Obra del mismo guionista que Zaya, Jean Louis Morvan y del dibujante Philippe Buchet. Es la representación de un psicoportal al comienzo del capítulo 14 (Liquidación total) por donde se filtra el letal asesino que pondrá en serios aprietos a Navis.
Esta figura es una constante en todo el universo de esta serie de ciencia ficción que está arrasando en el país vecino. La forma de la nave de la Constituyente tiene forma de espiral, igual que los portales espacio-temporales que utilizan sus pobladores para desplazarse de un lugar a otro. Así que no estamos tan lejos de las propuestas fantacientíficas que abundan en la biografía del guionista francés pero tampoco damos palos de ciego con respecto a las características formales del dibujante de mahua, Huangjiaweig. Ambos portentos confluyen en un punto del universo creativo, uniendo sus talentos para expandirlos de forma espiral, mostrándonos un curioso cruce de culturas y temáticas genéricas que es Zaya. ¿Estamos ante un mahua o un ejemplo de línea clara? O ambas cosas, generando una especie de postmodernidad donde ya no solamente confluyen elementos del noveno sino también del séptimo arte.
La línea aboceta la historia marcando un camino a seguir, convirtiendo al lector en peregrino de una escenificación. Una cuyo maestro de ceremonias es la organización secreta. Su objetivo es el poder y su máxima es su manipulación de una manera efectiva y directa, sin miramientos. Posee un ejército de agentes bien entrenados, listos para la lucha y las misiones más arriesgadas. A este mundo pertenecía Zaya Oblidine pero hace seis años que la jubilaron o eso creía ella. Ahora vive de sus holoesculturas exponiéndolas. La irónica metáfora acerca de cómo el arte amansa a las fieras bien valdría como preámbulo de nuestra historia. La vida de Zaya es una sosegada y acomodada, muy diferente a la de casi el resto de la población como muy bien representa el trazo centelleante de Wei, cuando la narración es empujada al exterior y la acción vibrante inunda cada viñeta del tomo primero, despojándola de todo sentido y proporcionándola solamente aquel del que se retroalimenta, el movimiento. Las calles están conquistadas por gente apelotonada frente al solitario paraje de las dependencias que contiene la casa-palacio de la protagonista.
Líneas sinuosas conquistando espacios abigarrados de detallados objetos que hacen que los límites de las viñetas produzcan una cierta claustrofobia, no por su continente sino por el contenido que poseen, buscando un único fin: representar la vida misma aunque sea en un futuro lejano, persiguiendo la realidad. Ya se sabe que una de las cosas más difíciles de realizar en animación es la imitación del medio acuoso, entre otras cosas porque siempre está en perpetuo movimiento, incluso si viésemos un estanque y nos pudiésemos sumergir, podríamos observar que la sustancia se mueve porque está viva. Como vivas están por ejemplo las persecuciones pantagruélicas de la trama, donde se puede percibir el caos reinante en las calles o la escena del crucero placentero que se tornará arrebatadoramente infernal del tomo segundo. Donde el agua del océano y el de una piscina jugará un importante papel bautismal: desenmascarar la mascarada organizada por los agentes del gobierno y hacer partícipe a la protagonista de la acción, envolviéndola en su entramado y convirtiéndola en ser activo de la historia dejando su pasividad hasta hora adormecida. La diégesis también se verá empañada por estos rocambolescos momentos, no sólo entroncándola en esos movimientos expresivos, violentando nerviosamente su estructura, sino como cebo para capturar a Zaya en una red de engaños y mentiras. Es el arte del simulacro. Adentrémonos en el interior de la espiral.
ENTRE LA REPRESENTACIÓN Y EL CONOCIMIENTO.
Un simulacro es una imagen hecha a semejanza de
alguien o algo, aunque también es una idea que forma la fantasía. Ambos
conceptos Imagen/idea, funcionan a la perfección en Zaya. Por un lado tenemos
la representación subconsciente de la materia de donde se crean todas las
cosas, el dibujo. Desde las milenarias pinturas rupestres hasta la
digitalización, es la representación del concepto. Animándolo proporcionamos
las características primarias subjetivas de cada animador, de cada dibujante
diseñando los parámetros por los que el sentido se filtra, bien bosquejando
(storyboard) o bien planificando el folio (cómic) multiplicando su sentido y
mutándolo en una especie de montaje mental, donde el orden gana la partida al
caos. Las viñetas obviando la individualidad del plano en detrimento del
conjunto. Una sola viñeta carecería de signo pero un grupo de ellas lo
definiría. Podemos contemplar individualmente alguna de las viñetas de Zaya
pero cuidado, mirar al abismo es tanto o más peligroso que caer en sus
profundidades. El abigarrado mundo que se nos presenta en cada viñeta bien
podría ser un mundo propio, donde sus elementos decorativos, narrativos serían
suficientes para proporcionar la información requerida en cada momento pero es que
además, impulsa la perspectiva metanarrativa de sus márgenes. La primera vez
que vemos un Battle suit en el primer
tomo, enseguida nos viene a la memoria el maestro Masamune Shirow y sus trajes
de la Patrulla Especial Ghost o quizás mucho antes, el cuerpo de Briareos
Hecatonchiros y las armaduras de la policía de Appleseed.
El talento de Wie no
sólo orbita alrededor de su cultural oriental, sino que su dibujo nos puede
llegar a recordar al de un suizo. Cuando Zaya navega por el Hiperespacio o
cuando represente a su inteligencia artificial (L.I.A), muestra una
rugosidad insultante. Es un dibujo
orgánico, sucio de tonalidades carbonizadas en grises y tonos fríos, opacos
como los utilizados por H. R. Giger en sus ilustraciones y diseños conceptuales
para sus incursiones cinematográficas. Es como si siguiese el concepto seguido
por Zaya cuando se enfrenta a la construcción de sus holoesculturas. Sin ir más
lejos, el comienzo del tomo primero es una viñeta donde todo su significado gira
alrededor de una de estas esculturas y salvo la intromisión de un escueto
bocadillo narrativo, pareciese que la figura nos abriese las puertas del
universo gráfico al que vamos a ser testigos: un mundo abigarrado de
estructuras multiformes donde su sentido estético deja de ser prioritario en función
de una forma estática contemplativa. A partir del momento del asesinato de uno
de los miembros de la Espiral, todo se irá desenredando frenéticamente.
De igual manera
podríamos escoger otro momento para resaltar la otra parte del binomio, el
componente dramático cuya arma de destrucción masiva es la palabra y su hueste,
la historia creando la génesis narrativa. Podríamos llamarlo, blasfemando, la secuencia en la que somos testigos de cómo
Zaya ingresó en la Espiral. Son las viñetas que actúan como mecanismo de
recuerdo de la protagonista en el tomo segundo. No existe diálogo salvo al
final del mismo, quizás cuando ella empieza a ser consciente del recuerdo, de
su papel. Es un momento clave de la historia porque a partir de ahí, se pliega
abriendo las posibilidades narrativas a un paralelismo desestructurado de Zaya
y de su mundo. Es la herramienta por la cual el guionista la disfraza de ser
humano. Zaya recuerda. Es un momento magistralmente dibujado donde la palabra
no tiene cabida y el dibujo se muestra desnudo explicando la vida de la
protagonista. No es baladí que este pliegue se produzca en la mitad del tomo,
justamente en el ecuador de la historia zurciendo los tres tomos en un arco
argumental ejemplar. Sin dejar de desmerecer la sinuosidad explicativa de los
términos científicos empleados en la historia, y que de algún modo van acompañando
al guionista desde sus comienzos, el poder del relato teje su tela enredando lo
máximo posible. Es el hechizo del guionista. Una especie de encantamiento por
el cual se desliza la historia y su poder. Zaya podía haberse quedado siendo
una artista el resto de su vida. Podría haber seguido alimentando su vida
aburguesada, aislándose de la propia realidad criando una familia y olvidándose
de su pasado pero es presa del mismo. Pagar el precio del olvido es muy caro y
para poder realizarlo, primero tienes que hacer un reseteo integral. Somos
testigos de eso cuando Zaya reprograma a L.I.A para comenzar con la misión
asignada. La vida de Zaya ha llegado a un punto en el que es preciso ese
borrado, incluso si se produce inconscientemente para ella. Este proceso de muerte
y renacimiento se genera desde un punto de vista omnisciente. No son la serie
de asesinatos de los ex compañeros de Zaya lo que provocan su reenganche, sino
la historia trazada de una manera desordenada. Una espiral narrativa por tanto
que no distingue el pasado del presente (el momento del recuerdo de la
protagonista es un buen ejemplo) y que incentiva la creación de un futuro
poblado de incertidumbres (existe una sonrisa final que ejemplifica la
rotundidad de la inseguridad más absoluta, se podría decir que es una sonrisa monalisa, no sabiendo muy bien si se
está riendo o no). Y es que todo este entramado se crea en el Antiespacio,
conformando la singularidad de la vida de Zaya en varias posibilidades. Pasando
de ser ex agente de la Espiral a transformarse en uno de ellos otra vez, para
acto seguido convertirse en la enemiga número una de la organización y ser
perseguida, no ya sólo por ella misma sino por la policía. Esa es la clave de
Zaya: encontrarnos de frente con el relato desperdigado de una sucesión de
hechos que se entrelazan sin distinción temporal ni espacial, donde sus
protagonistas son meros dígitos de un mundo virtual que nos enseña que no
existe la verdad sino las verdades y que el único vínculo que define a la
humanidad por encima de entelequias de organizaciones secretas, viajes en el hiperespacio
o identidades tránsfugas es el poder de poder narrarlo todo aunque sea de
manera atrozmente fragmentada.
ANATOMÍA DE UN SIMULACRO.
Hablemos de hechos, de
ejemplos. La captura del sospechoso homicida de agentes de la Espiral encierra
otras claves de este complejo cómic. Sucede en el tomo segundo, justamente al
principio y tiene su lógica. Después de la clásica presentación de los
actantes, toca ahora el turno a la acción propiamente dicha. La Espiral
requiere de los servicios de Zaya. El simulacro orquesta el contexto. Un yate
lujoso navegando por unas aguas paradisíacas.El engaño nos transporta al paraíso desde su realidad contraria. La antítesis de conceptos explota. El mundo descrito anteriormente choca con el edén turístico. Un mundo frío, metalizado, mecanizado se enfrenta a uno soleado, caliente, vivo. No obstante ambos tienen algo en común, un núcleo de unión donde conectarse: el bullicio humano. Tanto en uno como en otro existe sobreexplotación humana. Hay gente por todas partes. En uno actúa de manera determinada y en otro predeterminada. Todos en el yate están haciendo un papel. Zaya es una más rodeada de compañeros de la Espiral dispuestos a eliminar al asesino de sus camaradas. El objetivo de la misión es detonado cuando entra en juego la seguridad nacional. El universo pícaro ficcional se transforma en uno realmente pesadillesco. El horror de agentes desmembrados, de sangre por doquier refleja un montaje sincopado al que ya hemos aludido en la introducción. El momento es procreador del desconcierto que se irá construyendo alrededor de Zaya y de su misión, o lo que es lo mismo de su identidad. El mundo maravilloso del yate es el símbolo por el cual Zaya se aventurará a buscar una salida, sin saber que el laberinto no tiene porque ser siempre uno físico. El final del segundo tomo y prácticamente todo el tercero intentará resolver el misterio de la identidad de la protagonista. Se posicionarán otras fichas en el tablero narrativo, o quizás sean las mismas desde otro punto de vista, generando en Zaya y también en el lector una sensación desasosegante por saber la verdad. El simulacro ha sido capaz de despertar en nuestra cabeza los pasos a seguir: ¿es verdad o mentira lo que le ocurre a Zaya? Un espléndido y complejo juego de muñecas rusas perpetrado por la mente de un francés y el dibujo de un chino para presentar el simulacro y al mismo tiempo, reconstruir su mecanismo con el único fin de descubrir su secreto: el arte es la imitación de la vida y la holoescultura de la primera viñeta del relato, nos da la bienvenida para poder desentrañarla aunque hay que tener paciencia, ya que mirarla atentamente, igual que a una espiral, crea vértigo.
viernes, 8 de julio de 2016
Día de Pre-estreno. Buscando la lógica del relato. A propósito de Buscando a Dory.
La historia iba a ser otra. Gracias a la MasterClass
de Andrew Stanton celebrada el día 20 de junio en Madrid, nos enteramos de
cositas. Que el comienzo por ejemplo iba a ser protagonizado por Marlin y su
hijo pero después de revisiones (¡hasta ocho veces el guion original!), se
llegó a la conclusión que aparece en la película. Nuestro pez azul preferido es
la auténtica protagonista de esta Buscando a Dory (2016). Y como si fuesen
figuras reflejadas en el océano, distorsionándose a cada nuevo oleaje, los
actantes principales de Buscando a Nemo (2003) ceden su escalafón artístico
transformándose casi en secundarios. El comienzo es muy significante. Nos
adentramos en la ficción de la mano de la propia Dory, el océano se abre ante
el espectador al mismo tiempo que eleva sus párpados por primera vez.
El punto
de vista, clave de la focalización de la historia, se hermana con el del
testigo visual. Esto lo saben muy bien en Pixar y Andrew Stanton es su garante,
él no cree en la política de autores y ejerce/delega su utopía creativa en su
grupo artístico. Sin embargo, quizás inconscientemente, no se da cuenta que ya
un tal Orson Welles puso en práctica el hecho con una simple fórmula dibujada
en tiza sobre una pizarra: una cámara es igual a un ojo humano. Bien, la imagen
aparece desenfocada y oímos primero antes que vemos a los padres de Dory.
Pronto los perderá e igual que nosotros, el establecimiento de unos lazos
emocionales construidos bajo el prisma de la identificación, resultaran
capitales para mostrar la tragedia que prologa tanto esta ficción como su
antecesora. En Buscando a Nemo el comienzo no podía ser más dramático
(coincidiendo con uno de los momentos más aterradores de nuestra historia
contemporánea, el ataque y caída de las Torres Gemelas); Marlin pierde a su
familia al completo excepto a Nemo, que a partir de ese fatídico momento vivirá
en un mundo sobreprotegido redireccionado por el miedo (como lo es ahora
nuestra sociedad tras los atentados terroristas). En su secuela la tierna y
pequeña Dory preguntando al resto de la fauna marina, se torna trágica también hasta
su aceptación desorientada dentro de los límites de esa poca retención mental
que posee. La memoria y su construcción se presentan como brújulas que dirigen
no sólo al propio personaje sino a su admisión. Primero a nivel personal y después
social conformándose un fascinante mapa imbricado, a través de los
fundamentales flashbacks para seguir su periplo en busca de sus progenitores.
La herramienta se torna imprescindible a la hora de responder a las exigencias
narrativas de sus creadores. Con un sutil giro de 360 grados vemos como Dory puede
olvidar todo lo dicho anteriormente y reprogramarse de nuevo. Ese hándicap
resultará aterrador para el equipo de Andrew. Si bien en la primera parte
proporcionaba el alivio cómico del drama, en su secuela se trasmuta y con ello
a todos sus actantes. ¿Cómo contar la búsqueda de algo que no recuerdas pero
que por momentos te vienen a la mente esporádicamente?
La clave está en su estrategia y para llevarla a
cabo solamente hace falta una cosa, seguir la lógica pero no una cualquiera
sino la que manda el relato. Nos encontramos ante una historia donde los peces
hablan, cualquier animal que aparece en la trama tiene el don de la palabra.
No
nos sorprende en Pixar ni en Disney, y a decir verdad, ni en cualquier relato
ficticio que se precie. Ya lo hicieron con anterioridad haciendo enamorarse a
dos androides (Wall-E, 2008) o también en la rebelión de ciertos insectos
luchando por su colonia (Bichos, 1998), sin olvidarnos de la amistad entre un
juguete viejo y otro nuevo (Toy Story, 1995). Es asombroso hasta qué grado de
indefensión puede llegar el espectador cuando se apagan las luces y comienza el
relato. Niño y adulto se encogen en el asiento para creerse lo que sea con tal
de disfrutarlo. Todas las premisas son válidas para pasar un buen rato perdido
entre las sombras. Una ayuda inestimable es el concepto antropomorfo que no es
nuevo. Dory y compañía son los últimos ejemplares de esta característica,
aunque se logre de una manera sutil, diferente al Espantatiburones (Rob
Letterman, Vicky Jenson y Bibo Bergeron 2008) por ejemplo. La sutileza se
trasforma en norma. Aquí no nos encontramos con peces vestidos y actuando como
humanos. Ni siquiera existen edificaciones o accidentes geográficos hechos por
la propia humanidad. No, simplemente utilizan el don dramático por excelencia,
el rostro (parte expresiva por antonomasia), para jugar con las emociones y
sentimientos pertenecientes a la raza humana. Y la aplicación de esta norma es
su propia agudeza para utilizarla. La fauna en presencia del hombre no habla,
ni se expresa, pareciese que sólo la habilitan cuando están solos. El resorte
narrativo salta de golpe ya que la intimidad entre la historia y el espectador
es incorruptible, creándose un poderosísimo vínculo metanarrativo de
confidencialidad para sostener la veracidad del relato. Una vez forjado todo es
posible y la realidad sobresale a la superficie (aunque en este caso sea al
contrario, sumergida) ayudada por la técnica. El uso del flashback es capital
(fue la clave para poder contar la historia de Dory y la que llevó a Andrew
Stanton y los suyos a trabajar tanto tiempo en el guion según nos contaron en
la pasada MasterClass).
Nos encontramos ante un
despliegue de la herramienta narrativa sin igual, no ya sólo desde la forma más
primaria y ya conocida por todos, sino que de la más revolucionaria posible (y
eso demuestra el background cinéfilo de
sus creadores). El flashback aparece sobre la propia imagen presente mediante
superposiciones de imágenes pasadas mostrándonos lo imposible: el presente y el
pasado conectados de una manera física y casi mental (esa casa de los padres de
Dory rodeada de conchas que salen en todas las direcciones bien podría ser una
imagen metafórica de los circuitos neuronales de nuestra mente, ¿de la de Dory
quizás?). Todo esto que parece muy teórico nos lleva a la práctica del
afianzado real de la narrativa, regalándonos secuencias tan increíbles como
ridículas pero que en definitiva funcionan en la captación de la verosimilitud. La de la liberación de los peces, que conecta con la huida en un
camión conducido por un octópodo (septópodo según Dory), Hank contrapunto de la heroína. Sidekick del héroe y reflejo invertido de Dory. Mientras ella refleja la esperanza, él es el símbolo de la decepción (sentimiento heredado de aquel Oso Lotso en Toy Story 3, 2010). O también la secuencia
magistral del reencuentro entre Dory y (¡cuidado spoiler!) sus progenitores,
digno ejemplo de estudio psicológico donde Dory es derrotada por la acumulación
de errores en su búsqueda y la depresión está a punto de invadirla. Sólo su
infancia, la verdadera patria del ser humano que diría el poeta austriaco
Rainer María Rilke (1875-1926), puede hacerla guiar en la recta final de su
aventura. Solo el recuerdo vivo de su persistencia (unas conchas le indicarán
el camino) logrará su propio objetivo pero el viaje iniciático no será fácil.
Dory tendrá que responderse a sí misma quién es. La paradigmática frase encontrada
en el templo dedicado a Apolo en Delfos, “Conócete a ti mismo” bien podría
ayudarnos a entenderlo. Sólo cuando uno conoce sus límites es posible
sobrepasarlos o no. La valentía no reside siempre en superarlos, sino en
constatarlos y decidir su resolución. Dory concluye que jamás llegará a
encontrar a su familia porque no recuerda nada pero Nemo la prestará una
sensacional ayuda, siempre de la mano, aunque en este caso sería de la aleta,
de su padre Marlin. La dice que tiene que empezar a actuar cómo lo haría ella
misma. Es decir que Dory por mucho que olvide las cosas tiene que afrontarlas.
Más que pensarlas, repensarlas a su propia manera. En el pasado la perjudicó
(llegó a perder a los suyos) pero también la ayudó (consiguió sobrevivir ella
solita en la inmensidad oceánica). La coda es sensacional. Marlin y Dory miran
al arrecife en todo su esplendor. Ya no les da miedo. Uno lo tenía pavor por su
propio desconocimiento consciente y la otra, quizás por su desconocimiento
inconsciente pero ambos han aprendido la lección. Los personajes han pasado las
pruebas y por eso el título genérico de Fin es tan concluyente, no ya solo para
finiquitar ambos relatos hermanándolos (¡después de trece años!) sino también
para mostrar su lógica. ¿La hemos encontrado?
La persistencia de una sola cosa: mantener la ilusión. Solo eso, nada
más.miércoles, 16 de marzo de 2016
HOTEL.
Sus ventanas, mis ojos...
...sus tuberías, mis lágrimas...
...y su ritmo, mi desgracia.
Sus gentes, mis señores...
...mis compañeros, sus esclavos...
...y sus vidas, mi agonía.
Su estructura, mis tripas...
...su suciedad, mi trabajo...
...y su permanencia, mi futuro.
lunes, 14 de marzo de 2016
PASANDO EL LUDOMINGO CON EL SÍMBOLO ARCANO. CAPÍTULO 9. EPÍLOGO.
¡Lo consiguieron! Hastur jamás despertará. Nuestros héroes han ido encontrando los Símbolos Arcanos repartidos por los lugares más inhóspitos de este misterioso museo sito en Arkham. (Fue Jenny la primera en conseguirlo: Capítulo tercero. Monstruos horribles... revelan un secreto). Y nosotros hemos conseguido el relato de sus aventuras. La tarea no ha sido sencilla y por el camino se han quedado cosas perdidas, muertes físicas y psíquicas que uno tiene que saber utilizarlas para proyectos futuros, pero en definitiva lo que queda de este juego y este taller, es un meandro narrativo tan increíble de creer como tan creíble de fabricarse y del cual han sido testigos durante todo este tiempo.
Puede que los cementerios estén llenos de valientes y los cobardes hayan conquistado la gris realidad. Pero la ficción juega con otros parámetros y otras reglas. Un singular juego acrobático narrativo donde la apuesta es tu punto de salida y el premio tu meta. ¿Te atreves a seguir jugando? ¿Te atreves a seguir creando?
El Símbolo Arcano no deja de ser un juego azaroso donde la tirada de los dados es fundamental y en ese aspecto, Monterey Jack ha sido el más beneficiado de los tres investigadores, no sólo atravesando las diferentes estancias del museo, superando las cartas de aventuras, sino adquiriendo valiosos objetos y encontrando importantes aliados (como Duque en el Capítulo segundo. Las estrellas se alinean... sobre nubes oscuras) que al final, le han servido para resolver la historia, a él y a sus compañeros. El pasado del personaje, como el de Amanda o el de Jenny, han estado conformando su particular brújula narrativa conduciéndolos hacia el momento final, esa Exposición de Medusa, que se transformará en la traca final de nuestra historia.
Un brazo ardiendo se posó en la espalda
del arqueólogo asustando la poca cordura que le quedaba. Rápidamente se deshizo
de lo que quedaba de un ser carbonizado y corrió hacia el final del pasillo.
Las llamas y el fuego iban devorando las diversas estructuras arquitectónicas,
conquistando sus alrededores de una manera desenfrenada. Manotazo a manotazo se
fue librando del ejército de seres llameantes que se oponían a su paso hasta
llegar al umbral de una puerta, por donde se seguían oyendo berridos. No lo
pensó mucho, prefiriendo dejar atrás al fuego y abalanzándose hacia el
alboroto. Al entrar contempló los restos de la actividad que alojaba la
estancia: Exposición de Medusa. En ese justo instante pensó en el mito
griego ampliado por el dibujo visto en los libros encontrados hace un rato. Si
todo no parecía estar conectado alrededor de una de las Gorgonas, al menos puede
que le indicase su destino. Mientras lo pensaba pasó de largo una figura femenina de
piedra muy expresiva, adentrándose en la sala hasta llegar a un
grupo de cultistas arremolinándose sobre algo o alguien. El gigantón de la
primera fila le impedía ver el objetivo del grupo. Cuando éste retrocedió,
Amanda apareció en el marco de visión del arqueólogo. La multitud seguía
corriendo despavorida y en bandadas caóticas pero a él solo le importaba una persona.
—¡No sois muy mayores para asustar a una
jovencita! —No se le ocurrió mejor manera de empezar una pelea que
proponiéndola.
Amanda
giró su mirada al mismo tiempo que la del grupo, aunque sus facciones eran bien
diferenciadas. La sonrisa de la primera contradecía el estupor y seriedad de los segundos.
—¡Monterey! —Se alegró la estudiante.
El grupo
se desplazó hacia el arqueólogo que les esperaba titubeante, sin saber cómo
salir de la trampa en la que se había metido. La luz fulgurante volvió a
aparecer indicando a los habitantes de la habitación su procedencia. Todos
miraron el haz, pero Monterey y Amanda estaban muy ocupados intentando escapar del lugar. Automáticamente, los
integrantes del grupo se quedaron petrificados ante el fulgurante foco de luz.
—¡Ni se te ocurra mirar! —Alertó a la
joven agarrándola de su brazo derecho y empujándola hacia él.
—¿No me digas? —Ironizó al respecto.
Ambos
llegaron a donde se encontraba la estatua de la mujer de piedra. Amanda se
detuvo otra vez, no pudiendo olvidarla.
—¿Qué haces? —Se sorprendió el arqueólogo
deteniéndose delante de la efigie.
—La conocía. —Se entristeció la joven.
El potente
haz de luz empezó a seguir a los fugitivos desde el portal a otra dimensión
que había instalado en la sala de exposiciones.
—¡Tenemos que irnos si no queremos acabar
como ellos!
Amanda
reaccionó rozando cariñosamente el rostro de la mujer.
—Gra… gracias.
Jenny no
podría creerlo pero desde el interior de su prisión de piedra podía ver y oír
todo a su alrededor.
—De nada.
Vio cómo
los dos iban a salir de la sala cuando el haz rozó sus espaldas. No sabe cómo
ni porque pero Jenny chilló enrabietada y su estructura se hizo añicos. Las
partes de su ser se desplazaron violentamente por todas partes. Ahora solamente
recordaba. El cómo había llegado a Releh y cómo la habían transportado los
cultistas a la sala de exposiciones otra vez, como al resto de petrificados.
Quizás la esencia humana solamente era eso, un recuerdo ampliado para la
posteridad. Pensó que mientras la recordasen jamás moriría y con ese dulce
pensamiento desapareció.
El
arqueólogo y la estudiante se agacharon al oír el impacto. Los diferentes
trozos, cascotes se incrustaron en los sitios más variopintos de la sala.
Varios destrozaron el portal, sellando a la luz del amuleto de la Medusa y al
ser que había en Releh. Las llamas seguían recorriéndolo todo a su paso. Rápidamente
los dos huidos se encaramaron en una de las ventanas del museo y vieron como
los haces de luz de los diferentes coches de bomberos aparecían en las
inmediaciones del Museo. La gente de Arkham despertó apiñándose en los
alrededores. Monterey miró como el horizonte de un nuevo amanecer lo iba
bañando. Los rayos del sol desterraban todo vestigio de niebla nocturno. Amanda
también se alegró de que la realidad estuviera a tan solo un paso de su rostro.
Las llamas los acordonaban y Monterey intentó abrir la ventana pero no pudo. El
pestillo había desaparecido.
—¡Pe… pero! ¿Qué diablos?
El hombre
empezó a empujar el cristal de la ventana para romperlo pero era imposible. No
sabía de qué material estaba hecho pero no era de un cristal normal. El techo del pasillo empezó a desvencijarse, cayendo su
artesonado delante de los dos. Ambos tuvieron que apartarse de la ventana. Ni
siquiera la estructura caída del techo pudo romper el cristal de la ventana.
Poco a poco el techo se iba cayendo a su alrededor, pronto los sepultaría
y después el fuego concentrado los acabaría
por quemar. ¡Qué ironía del destino! Morir tan cerca de haber encontrado una
salida a ese maldito museo. El crujido de las paredes empezó a inundar el
pasillo y el único resto de techo empezó a temblar. Amanda se tapó con sus
brazos su cabeza y Monterey la arropó con los suyos. De pronto algo vino de
entre las llamas hacia los dos. El calor no permitía ver con toda claridad pero
Monterey empezó a definir la silueta de ese algo. Un gruñido lo ayudó a saber
quién era. El hombre no lo podía creer. ¡Era Duque! El perro pasó de largo al arqueólogo y a la estudiante y se lanzó hacia el cristal de la ventana. La
superficie no pudo resistir la presión de la embestida animal y se rompió en
añicos. Duque salió despedido del Museo por la ventana del segundo piso. Desde
los alrededores la gente agolpada miraba asombrada como un chorro de fuego
salía disparado de una de las ventanas del milenario edificio. La lengua de
fuego empezó a escalar los pisos siguientes frente a la multitud de chorros de
agua que los bomberos con sus coches a bombeo iban combatiendo. No tardaron ni
dos segundos pero Monterey cogiendo a Amada salió despedido al exterior rodeado
de cascotes y humo. Seguramente que pensó que sería su momento y que moriría al
caer al suelo, pero mirando a la desmayada Amanda, pensó que quién tenía en sus
brazos no era a la joven estudiante sino a su madre y que era una bonita manera
de morir. Pero a veces la realidad supera a la ficción y contra lo que se
golpearon los dos no fue granito, ni asfalto. Fueron unas copas de uno de los
árboles que había diseminados alrededor del perímetro del Museo. Lentamente
amortiguaron su caída, haciéndoles tumbarse dulcemente en el suelo arenoso del
jardín del edificio. La gente se arremolinó ante ellos mirándolos con cierta extrañeza.
La joven seguía inconsciente pero el rostro de Monterey reflejaba una sonrisa.
No se lo creía, ni tampoco la gente aglomerada a su alrededor. Ahí tenía su
minuto de gloria. Su mano tocó el interior de su bandolera y constató la
presencia del extraño rubí encontrado en el singular museo. Después una lengua
viscosa le lamía una y otra vez su sonriente rostro. Duque lo bañó con su
saliva haciéndole reír como un loco. Los bomberos y las autoridades llegaron y
vieron cómo el arqueólogo no dejaba de reír y convulsionarse. No parecía un
profesor, ni siquiera un erudito de la arqueología, sino más bien un demente.
Todos mezclaron miradas mientras a su espalda las mangueras acababan con el
último reducto de fuego del museo y el sol bañaba su arquitectura.
F I N.
lunes, 18 de enero de 2016
REFUGIADOS.
Lloran y ríen sus cuerpos enalteciendo su derrota...
...al mismo tiempo que denigrando su victoria.
Huyen y mueren por una causa perdida, su última esperanza...
...diluyéndose frente a las costas de la indiferencia.
Desfallecen, caen y se vuelven a levantar una y mil veces...
...en busca de su arcadia particular.
Transportando vidas, experiencias, hacia una nueva oportunidad que muta en vieja parca fatal.
Valientes dubitativos, cobardes decididos de sus destinos.
Hombres y mujeres, ancianos y niños refugiados somos todos...
...granitos de arena en esta prisión llamada Tierra.
domingo, 17 de enero de 2016
PASANDO EL LUDOMINGO CON EL SÍMBOLO ARCANO. CAPÍTULO 8. GORGONEION.
Acción y más acción. Estamos llegando al final de nuestro juego y de nuestra historia y nuestros personajes lo intuyen y de qué manera. En el primer caso, tenemos a Monterey intentando escapar de una situación bastante comprometida, perdiendo valiosos objetos como veis en su carta de aventura. Gracias a eso puede que llegue al final del juego y ¿desentrañar el misterio que rodea al museo? ¡Veámoslo!
"Monterey Jack seguía poseyendo el rubí pero ahora lo tenía a buen recaudo, en su bandolera de piel, mordisqueada por el paso del tiempo. No supo cómo pero al guardar su preciado objeto apareció repentinamente en una habitación. La exploró desorientado. Cada vez entendía menos lo que pasaba a su alrededor y cada vez pensaba que estaba más lejos de una explicación racional. El profesor se encontraba rodeado de estanterías habitadas por filas y más filas de polvorientos manuscritos. Pensaba que se encontraba otra vez en el Museo, y más concretamente en su biblioteca pero la cantidad de polvo que ahogaba los lomos de los libros le decían lo contrario. Puede que estuviese en la biblioteca del Templo de Hastur en la Meseta de Leng donde había ido a parar misteriosamente (capítulo 6 y 7). Se acercó inquieto a la que tenía más cerca, a su izquierda y empezó a espiar su geografía. La luz de queroseno de los diferentes candiles que había en las paredes le permitían observarlas con mayor detenimiento, inmiscuyéndose en cada volumen. Su dedo iba rozando los lomos al mismo tiempo que leía sus títulos en voz alta. Hubo uno que lo llamó poderosamente su atención.
"Monterey Jack seguía poseyendo el rubí pero ahora lo tenía a buen recaudo, en su bandolera de piel, mordisqueada por el paso del tiempo. No supo cómo pero al guardar su preciado objeto apareció repentinamente en una habitación. La exploró desorientado. Cada vez entendía menos lo que pasaba a su alrededor y cada vez pensaba que estaba más lejos de una explicación racional. El profesor se encontraba rodeado de estanterías habitadas por filas y más filas de polvorientos manuscritos. Pensaba que se encontraba otra vez en el Museo, y más concretamente en su biblioteca pero la cantidad de polvo que ahogaba los lomos de los libros le decían lo contrario. Puede que estuviese en la biblioteca del Templo de Hastur en la Meseta de Leng donde había ido a parar misteriosamente (capítulo 6 y 7). Se acercó inquieto a la que tenía más cerca, a su izquierda y empezó a espiar su geografía. La luz de queroseno de los diferentes candiles que había en las paredes le permitían observarlas con mayor detenimiento, inmiscuyéndose en cada volumen. Su dedo iba rozando los lomos al mismo tiempo que leía sus títulos en voz alta. Hubo uno que lo llamó poderosamente su atención.
—¡No
puede ser!
El
arqueólogo cogió el libro y detrás del mismo salió expulsada una cortina de
polvo que impactó de lleno en su rostro.
—¡El
Rey Amarillo!
Monterey
abrió el tomo y empezó a perderse por sus páginas. Esta vez fueron sus ojos, o
más concretamente sus pupilas abriéndose abismalmente ante lo que leía, lo que
delataron su sorpresa y su asombro. A cada renglón leído andaba un paso
llegando a la otra estantería, donde un ejército de tomos le esperaba. Uno de los mismos sobresalía del resto. Parecía que alguien
más había visitado la extraña habitación. Dejó de
sumergirse en las páginas del libro que tenía entre sus manos, sumergiéndolo en el interior de su ya pesada bandolera, y navegó hacia el otro. Al cogerlo
constató que no había ni una mota de polvo por su perímetro, muy diferente al otro
tomo que había cogido hace un rato.
—¿Cultes
des Goules? —Lo leyó asombrándose del desconocimiento que tenía acerca del
hallazgo.
Repentinamente
empezó a oír un grupo de voces procedentes del techo. Dejó de leer el libro y alzó su rostro
mirando arriba. La superficie estaba completamente lisa salvo en el centro
donde existía una especie de trampilla por donde seguían filtrándose las voces,
ahora transformadas en chillidos. Pero dónde diantres se encontraba pensó,
mirando a su alrededor. Su mirada circular constató que la trampilla era la
única opción de salida pero cómo acceder a ella. Miró y miró las estanterías y
al echar un vistazo rápido sobre la situada más a su derecha, vio la presencia
de una escalerilla corrediza, ridícula en una estantería de solo tres niveles. Automáticamente
pensó que el único fin de esa nimia escalera de madera era salir de esa
biblioteca zulo. La desencajó de su estructura y apoyándola sobre la estantería
más cercana a la trampilla, se aventuró a escalarla. Justamente llegaba a la
misma. Con una sonrisa de superación, quizás la primera en su vida, se aceleró
a subir a la misma mientras el retumbar de las voces proseguía. De pronto sonó
una explosión y Montery bajó rápidamente asustado. Mal asunto, si había estallado
algo encima de su cabeza, lo más seguro que allí dentro no estaría a salvo.
Agarró el libro en su mano derecha y con su izquierda se encaramó hacia arriba.
Al abrir la compuerta de madera, una bocanada de humo casi lo hizo retroceder y
caer al suelo de la biblioteca, pero se agarró fuerte y con un leve impulso
pudo llegar al suelo del espacio que empezaba a conquistar arrastrándose
lentamente. Empezó a oír berridos y gritos como nunca los había oído y de
pronto se encontró en un Pasillo en Llamas.
Se levantó rápidamente y observó, lo poco que
pudo, una arremolinada cortina de humo espeso gris acordonándolo. No pudo ver
más allá pero alguien o algo corrían en su dirección. Se apartó y vio como un
hombre, o lo que quedaba del mismo consumido por las llamas, caía al agujero de
donde él había salido. La trampilla se cerró tragando al quemado. Pronto la
biblioteca sería pasto de las llamas y el pasillo por donde estaba también. Así
que velozmente intentó buscar la salida. A cada paso que daba miraba en todas
las direcciones y en algunos casos, aventuraba sus manos más allá de las
cortinas de humo, explorando lo desconocido nerviosamente. Sus manos llegaron a
una pared y se acercó, casi besándola. No había duda se encontraba de regreso
en el museo, o lo que quedaba del edifico. A su lado vio un poster publicitario
de la exposición itinerante de Reliquias del Pasado del museo. ¿Qué había
pasado en su interior? ¿Alguna lámpara mal apagada? o quizás ¿algún loco de los
cultistas de Hastur había sido el causante? El fuego y las llamas le recordaron
algo que acababa de leer en ambos libros y que misteriosamente coincidían. El
calor sofocante del pasillo era escenificado en un dibujo que se repetían en
ambos tomos. Las llamas devoraban la geografía de un altar donde existía un
extraño medallón que en su interior dibujaba la cabeza de una mujer con
serpientes en su calva."En nuestro segundo caso tenemos a Amanda resolviendo su correspondiente carta de aventura, con una colección de pistas que la ayudarán a ir por el camino correcto en su investigación.
Además de utilizar su habilidad especial, que la supondrá una beneficiosa tirada de dados extra si lo precisase.
"Amanda
llegó a una conclusión. ¿Sería la Medusa la que había en el dibujo? ¿El mito
griego? Las hormigas rodearon a la pensativa estudiante y después formaron una
hilera que se perdía al fondo del pasillo. La marcha marcial despertó a la
joven de sus argumentos y contempló como se perdía debajo de una compuerta, de
donde salía una fulgurante luz amarillenta. Cuando llegó y la abrió no lo pudo
creer. Se encontraba en la entrada de lo que parecía una de las salas del Museo
de Arkham. No perdió el tiempo dudando y se adentró en la estancia. Caminó
sigilosamente entre un mar de estatuas de piedra. Las observaba a medida que
caminaba mirando sus perfectas construcciones. Representaban a personas en
diferentes gestos, todos ellos horrorizados por algo. Quién había sido capaz de
captar tal perfección en los rasgos faciales de aquellas esculturas dignas del
Hollywood más siniestro, aquel que ella adoraba en sus ficciones. De pronto
chocó con el brazo de una de ellas. Se asustó del tacto frío, helado de la
escultura. Cuando se dispuso a abandonar la sala volvió a echar un vistazo a la
estatua y miró sorprendida que conocía ese rostro. ¡No podía ser cierto! Era la mujer con la que había estado hace escasos minutos en ese maldito museo salvándola de un Gul. (Capítulo 4). Se acercó a la estatua y la miró
detenidamente. No había ninguna duda era ella pero ¿cómo había acabado así? Un
escalofrió la inundó todo su ser. Todo tenía una contaminada relación con el
mito de la Gorgona, sí es que ese era el argumento más lógico a lo que estaba
viviendo. Si había estatuas de piedra era porque alguien o algo las había
convertido. Ella había conocido a esa mujer antes y ahora se encontraba con su
escultura. Y si todas eran también humanas y no estatuas de piedra. Se giró y
miró aliviada que ese argumento se caía por su propio peso al leer la
habitación donde estaba o mejor dicho, el evento que acogía: Exposición de Medusa.
Se relajó solo había sido una ilusión, seguramente esas estatuas eran muñecos
de la propia exposición para poder lograr una escenificación más veraz de la
misma.
—¡Ves lo que pasa cuando uno se enfrenta
al Rey Amarillo! —La chilló un hombre vestido con un capuchón amarillo.
—¿Pe…pero?
—Se asustó la estudiante, comprobando que detrás del hombre había más.
Amanda se
encontró rodeada de cuatro corpulentos encapuchados, vestidos igualmente. No
podía ver sus ojos pero si se percató de sus sonrisas.
—¿De
qué está hablando? —Empezó a retroceder.
— Creían
que protegiendo el Gorgoneion se librarían de nosotros pero no sabían que eso
mismo los mataría.
—¿Qué?
Amanda seguía sin comprender nada a medida que
iba siendo rodeada por los cultistas."
"Jenny iba
dando bandazos, siendo zarandeada por la muchedumbre enfervorizada de la sala.
Precipitadamente se vio cruzando el umbral de la estancia y apareciendo,
repentinamente delante de un pórtico. El viento sopló contra su rostro,
avisándola que ya no se encontraba en un sitio cerrado sino en uno exterior,
pero uno extraño y siniestro. La mujer vio el pórtico y a la gente adentrándose
en él y se quedó pensativa por un momento.
—¡No
lo pienses más, compañera!
Un hombre
la interrumpió dándole una palmadita. Jenny lo miró encorvada y enfadada.
—No
todas las noches, uno tiene la posibilidad de visitar Releh.
Inesperadamente
se produjo un chispazo en su mente, nublándosela y volviéndose todo muy
confuso. Parecía que recordaba más que vivía. No sabía ya si se encontraba
despierta o dormida, viva o muerta. Su mente navegaba en un limbo. Pequeños fogonazos
de pensamientos se desplazaban delante de ella. Vio a la joven que ayudó a
escapar en el museo y también recordó a su padre, o más bien, a su puño. Se
desplazó al instante en el que una mujer le arrebató su valioso hallazgo, el Necronomicón en la Exposición de
Medusa. Pero qué diablos estaba pasando en su cabeza. De pronto, regresó al
exterior y reaccionó ante el objeto de su deseo. La mujer que la había robado
pasó delante de ella con el manuscrito entre sus manos. Se detuvo y abrió el
libro en una página concreta, en un renglón preciso. Jenny no podía pensar en
mejor momento para arrebatar el Necronomicón. Miró hacia atrás comprobando que la puerta de la sala del museo permanecía
abierta, expulsando una amarillenta luz plomiza desde su interior. Sus manos
estuvieron a punto de rozar el libro pero sorprendentemente se detuvieron al oír
una especie de canto. La mujer empezó a cantar algo que estaba escrito en el
manuscrito y de las profundidades del pórtico salió una luz esmeralda que hizo
detenerse a la turba automáticamente. Jenny también lo observó. Parecía como si
dentro del pórtico se abriese una puerta dimensional a otra parte. Quizás a ese
Releh que la decían. Todo volvió a pasar muy rápido. De pronto se vio en una
sala delante de una estatua monstruosa de piedra. Todos estaban congregados
delante de la efigie. Era enorme, sentada en un trono sobre su mano derecha
sostenía una especie de amuleto colgado, a modo de péndulo. El objeto oscilaba
parsimoniosamente de izquierda a derecha. Era lo único vivo de la sala.
—¡GORGONEION!
¡GORGONEION! ¡GORGONEION! —Clamaban todos menos una.
Inesperadamente
se empezaron a oír los primeros gritos. Jenny dejó de mirar el objeto y vio
como unos encapuchados empezaban a blandir sus puñales y asestarlos sobre los
cuerpos de aquellos que encontraban en su camino. Uno a uno iban cayendo. Algún que otro encapuchado cayó también
ante el ataque. Rápidamente se empezó a contemplar las llamas provenientes de
los candiles que transportaban algunos de los atacantes. Unos y otros no se
dieron cuenta pero la estatua se levantó y una serie de tentáculos le salieron
disparados de todas partes. No tardó mucho en coger el péndulo y abrirlo. En su interior apareció un rostro ensortijado en serpientes que rápidamente abrió sus ojos. Del interior de sus cuencas abisales salió un potente haz de luz, encendiendo todo a su alrededor. Jenny regresó al interior de la
sala y volvió a ver a la misma joven, también en una situación dificultosa,
siendo rodeada por los encapuchados. Quiso moverse pero no podía. Su cuerpo
estaba completamente paralizado. Intentó chillar, llamar la atención de los
hombres pero nada. Cuando se pudo mirar en el espejo de la sala comprobó con
horror en lo que se había convertido. Ella también era una estatua de piedra. Enseguida pensó en lo inevitable: ¿estaba muerta? y si lo estaba porque seguía oyendo su voz, y lo más curioso, porque la de los demás."
CONTINUARÁ…
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