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domingo, 27 de diciembre de 2020

DOMINGO DE VIÑETAS. Interioridades.

De la mano de Fandogamia en nuestro país y de la de Boom! Box en el suyo (USA) nos viene Giant Days, creado y escrito por John Allison, ilustrado por Lissa Treiman y ayudado en el color por Whitney Cogar. Aquí se ha publicado en forma de recopilatorios y hoy hablaremos del primero que incluye los cuatro primeros números. De alguna manera este post nos posiciona en terreno norteamericano del cual hablaremos las próximas semanas para comentar algunas publicaciones de carácter independiente del país al otro lado del Atlántico. ¡Adentrémonos en la universidad de la mano de Susan, Esther y Daisy!


                                                        (Página 9, viñetas 5,6 y 7).

Ya en el primer capítulo quedan establecidas las coordenadas por donde se irán moviendo la tríada protagónica, vagabundeando, naufragando en algunos casos, y en otros llegando a costas ignotas, envueltas en una aventura constante diaria. Y es que no existe mayor heroicidad que la de enfrentarse con la tediosa realidad y transformarla, para alegría del lector, observándola con otros ojos. No estoy hablando de (súper)heroínas ni tampoco de monstruos, ni siquiera de otras dimensiones paralelas sino que el verdadero enemigo a abatir será la gris y monótona realidad que invade ya no sólo al ámbito universitario sino a la propia vida y lo gracioso es que la mente de Allison ha pergeñado una estrategia apoyándose en elementos cotidianos, vulgares y superfluos para poder hacerla frente. El primero y ya que se trata de conocer a las protagonistas será invadir su zona de confort. Un ejemplo claro lo tenemos más arriba, Susan entra sin llamar en la habitación de Daisy y se la encuentra delante del ordenador mirando o haciendo cositas. ¿Cuántas veces nos ha pasado, verdad? Nuestra intimidad violentada y aunque se trate de amigas, la reacción tanto de una, el miedo (viñeta 6), como de la otra, la vergüenza (viñeta 7) nos habla de que ambas han cruzado líneas rojas.

                                                                  (Página 16).

Existen muchas maneras de enfrentarse a la seriedad de la cotidianidad, pero quizá su antónimo sea el arma más destructiva que haya. En la página 16 pero antes en la 15 se nos muestra en todo su esplendor, cuando Esther pone en acción lo que Susan llama "campo de drama activado". La ironía del texto se alía con el humor de la acción creando situaciones que para nada son tediosas, más bien, animadamente entretenidas. El concepto de animación es importante en la serie, no obstante Treiman es artista de Disney y a Allison se lo ha comparado con Joss Whedon. No tenemos que bajar la guardia, ni siquiera aunque lo hagamos desde el reino del cachondeo. La página de arriba no hubiese desentonado en ningún cartoon catódico a lo Avery o a lo Warner Bros, es más, podría pertenecer a una Silly Symphonies perfectamente.


                                                   (Página 5, viñetas 5, 6, 7 y 8).

La interioridad como muro a rebasar, no ya de un grupo de actantes, sino centrándose en el ámbito individual de cada uno de ellos. Aquí tenemos el ejemplo de Susan, aunque iremos descubriendo el de sus compañeras más adelante, McGraw, su antiguo amigo con visos de ser su novio de toda la vida que aparecerá en su misma Universidad. Tanto para Susan como para McGraw el choque es brutal, su mundo circunscrito a ese cuadradito se ha tambaleado, se ha oscurecido e incluso parece la viñeta cuarteada como si fuese un cristal que se va a hacer añicos de tanto mirarse el uno en el otro o viceversa. En definitiva ejemplos de secretos revelados, interioridades que salen a la luz para escenificar un cómic que merece la pena ser leído, o por lo menos este primer volumen.  

domingo, 20 de diciembre de 2020

Domingo de viñetas. EL MARCO DE LA AVENTURA. (Y van tres).

 

Hay que diseñar una estrategia nueva para adentrarse en Akbar, hay que retorna a esa historia emblemática de La búsqueda del Pájaro del Tiempo (Serge Le Tendre y Régis Loisel, Dargaud) en su segundo ciclo narrativo que propone una vuelta temporal a su mundo y al de sus actantes, así que hoy a modo de prólogo (re)visitaremos pequeños apuntes de lo que fue su primer ciclo, la búsqueda propiamente dicha, y que cubrí hace un tiempo en este blog pero en otra sección llamada Hoja Apergaminada. Aquí os dejo los enlaces de sus cuatro primeras aventuras. 

 I. La concha de Ramor. La indeterminación como narración visual y gramatical.

 II. El Templo del Olvido. Homenaje al detalle o mirada microscópica a dos maestros.

 III. El maestro. Círculos.

 IV. El Huevo de las Tinieblas. Quiebros.

Bueno y dicho esto, se podría apuntar algo más... ¡pues claro! eso es lo que tienen los clásicos. Lo primero que llama la atención es el puntilloso encaje de bolillos de un ciclo sobre el otro. A esta viñeta del primer álbum:

Le corresponde su desarrollo visual en El amigo Javin, el álbum que abre el segundo ciclo, donde veremos, efectivamente, como se las gasta Bragon, todavía no era caballero, contra la bestia. Pero hay más cosas interesantes, por ejemplo los objetos/objetivos de la trama y la serie de personajes que la van poblando.

Podríamos resaltar el Grimorio, el verdadero catalizador de la búsqueda del Pájaro del Tiempo, que conecta magistralmente con el segundo tomo del segundo ciclo, El libro mágico de los dioses. O personajes de la talla del Rige, actante bisagra del aprendizaje de Bragon de ambos ciclos. En Tras la pista del Rige lo veremos en todo su esplendor. Y esto me hace recordar unas de las cosas que me deslumbró de toda la saga, el ambiente barrocamente envilecido, sosegadamente pesado.

Uno tiene la sensación, observando viñetas como la de arriba, de estar asfixiado por la geografía, uno parece apabullado por la variedad de los detalles, por el misterio de contemplarlos pero al mismo tiempo de quedar totalmente velados sus misterios. Estás contemplando la viñeta en su totalidad, perdiéndote en su interior como si te tragase pero sin tener la completa certeza de su exploración, como que no solo basta la mirada para realizar dicho ejercicio. No es suficiente, el espacio está tan poblado de recovecos que es imposible abarcarlo todo y lo único que nos queda es el regreso, volver a releer la emblemática búsqueda del Pájaro del Tiempo una y otra vez, esperando que la última sea la decisiva, que en la postrera lectura resolvamos el enigma.

Pero hay más, dejando el elemento heroico y de acción a un lado, nos queda también la contemplación de las dudas de los héroes.

Y de esta manera se nos abre un abanico de posibilidades más grande, conformando a los integrantes de la trama ya no sólo en arquetipos sino en seres humanos que piensan, recelan y comente errores como todos, llevándolos a sus últimas consecuencias.


¿Estamos preparados para afrontar el segundo ciclo? El amigo Javin está llamando a nuestra puerta.

domingo, 13 de diciembre de 2020

DOMINGO DE VIÑETAS. Reivindicaciones. (III).


                                                            (Página 5, viñeta 6).

Acabamos las reivindicaciones, por ahora, con una de las Bds más populares en el panorama europeo, Blacksad y lo haremos con su última aventura, Amarillo (2013). Nunca un color pudo aspirar a ser el protagonista, tanto a nivel gráfico como narrativo, y es que el título del quinto álbum de la serie bien podría representar la concreción de la maestría de una pareja de autores que decidieron contar una cultura como ellos han querido. No estamos muy lejos de esa fogata alrededor de un grupo humano y alguien empieza a contarnos algo. Solamente viendo (Juanjo Guarnido) y leyendo (Juan Díaz Canales) en esta obra, uno puede disfrutar de la direccionalidad del relato, de una manera de narrar unos hechos ordenadamente complejos que beben de la literatura pulp, y en este caso incluso de la beatnick, sin dejar de lado el noir cinematográfico pero también las referencias pictóricas (la temperatura del color en este álbum se empareja con obras de Hopper por ejemplo) y todo con la única finalidad de asistir a una buena historia, no hay nada más placentero que reivindicar aquello de lo que carecen las creaciones artísticas de cualquier ámbito cultural en la actualidad. ¡Nos aventuramos a un "Macguffin" excepcional de la Ruta 66!

                                                                      (Página 3).

Desde las primeras viñetas el ególatra Abraham Greenberg merece morir y cuanto más siga poblando el relato más cerca estará de su final, pero además es compañero de Chad Lowell, un joven escritor que ha vivido las mieles del éxito con su primera novela y despertado, quizá, la envidia en su colega. Este personaje será el anzuelo por el cual John Blacksad se verá transportado a este periplo muy a la "americana", donde iremos literalmente de su mano buscando al joven escriba. En esta aventura más que en ninguna otra del gato negro se produce una interesante encrucijada, una "crossroads" creativa entre la ciudad y la carretera, entre las vías de acceso a esa cultura y su núcleo desarrollador. Aquí se ve con sumo detalle la técnica de las acuarelas de Guarnido que ya nos dejó explicado perfectamente en dos volúmenes editados por Norma Editorial en nuestro país.

                                                              (Página 23, viñeta 8).

El carácter casi impresionista del trabajo del granadino es perturbador, no sólo asistimos a un dibujo sino a unas ligeras manchas en la lejanía, descubriéndonos que el secreto de la búsqueda de la luz descansa en su temperatura. Esa camioneta roja alejándose con Blacksad y Beato en la viñeta de arriba o los agentes del FBI buscándolos, con el fondo totalmente emborronado, en esta otra de abajo.  

                                                         (Página 26, viñeta 4).

Como hemos dicho nos encontramos con la génesis de un país, la confrontación entre la carretera y la ciudad.

                                                             (Página 8, viñeta 7).

El horizonte desconocido y a punto de ser explorado por el protagonista en la carretera frente a la "civilización" acomodada entre edificios de la urbe.

                                                           (Página 9, viñeta 5).

Curiosa relación de viñetas si las miramos con un poco de detenimiento. La posición en escorzo del Cadillac amarillo, con Blacksad sentado en ambas viñetas, observando los acontecimientos. En la primera quizá recordando, en la segunda testificando un hecho. En el universo del asfalto al aire libre queda la ensoñación de la realidad, en el del recinto urbano solo podemos ser sus testigos.

Pero envuelto en un recorrido se puede desentrañar la génesis de su propia narración, y aquí sobresaldría la labor eficiente y ejemplar de Díaz Canales. Tenemos un recorrido que hacer, el álbum empieza en el territorio donde se quedó Blacksad en su anterior aventura, El infierno, el silencio, New Orleans, despidiéndose de su inseparable Weekly. Otra curiosidad, la mutación del "sidekick" de la trama, el antiguo aliado del protagonista permuta en otros nuevos, habitando la serie para un futuro. El destino que le espera a Blacksad será Tulsa, Oklahoma y frente al lector diferentes pistas, mojos narrativos en su desplazamiento.

                                                          (Página 12, viñeta 2).

Cronológicamente la primera de las pistas sería esta viñeta, dentro de la bolsa de Abe un mapa y un destino en círculo rojo. Después de robarle a Blacksad el Cadillac Eldorado ese será su punto de salida.

                                                       (Página 16, viñeta 3).

La segunda sería está de aquí arriba, Chad espera en Amarillo a su agente literario. El cerco se va acortando en su captura, pronto conoceremos a Neal Beato, un tipo curioso.

                                                             (Página 22, viñeta 1).

De la mano de un personaje anecdótico pero circunstancial a la trama, Filipe Papaleguas, alias Phil, el tramoyista del Circo Sunflower, descubriremos el paradero del escritor. La manera de aproximarse cuanto menos es curiosa, el bocadillo protagoniza la viñeta invadiendo su espacio y llamando la atención de un Blacksad al fondo mientras el tal Phil explica su desgracia al abogado y representante literario Beato. Ya sobre el rastro del Circo irán a Denver, Colorado y aquí ocurre la amalgama maravillosa de relatar una historia como dios manda, la confluencia de dos investigaciones en una sola página, en una sola viñeta. Por un lado la que están realizando los dos agentes del FBI, viejos conocidos de los lectores de Blacksad y en especial de su tercera aventura Alma roja (para un servidor la obra maestra de la serie hasta la fecha), buscando al que creen que ha sido el asesino de Abe, el propio John Blacksad, y por otra la del escritor en el Circo.

                                                          (Página 39, viñeta 5).

Más allá del maravilloso dibujo y del elaborado guion de Amarillo, queda desentrañar su tema. Puede que todo vaya relacionado con la creación artística, en nuestro caso la literaria, pero podría valer para cualquier opción cultural o más que eso, de la confianza de poder llevar a cabo una obra, de llegar hasta las últimas consecuencias del acto de escribir, incluyendo el azar, que no dejará de molestar a Chad continuamente en su viaje. Si comparásemos la viñeta que abre este artículo y esta de aquí abajo:

                                                        (Página 54, viñeta 7).

Podríamos llegar a una conclusión, y es que al final se trata de una transformación en el personaje, de un pasado ligeramente nihilista, heredado de su compañero Abe, a asumir con decisión su destino y sobre todo, como lo expresan sus ojos, llegar al final de este camino calmado y a gusto consigo mismo. Puede que lo creamos así o no, pero las guardas traseras del álbum nos regalan un secreto:


Weekly aparece al final de la historia y le dice a Blacksad que revele las fotos que ha tomado del viaje. Su cámara se la dejó a su amigo al principio del mismo y lo que veremos en ellas serán trozos de vida, aquello vivido durante la aventura, lo que está en tránsito de la acción, lo situado en su marginalidad, aquello de lo que no interesa en un guion bien construido, pues bien hasta en eso, en su propia contradicción de cómo escribir una buena historia, Amarillo es un buen ejemplo de profesionalidad creativa indiscutible.

                                                          (Página 55, viñeta 6).

Me gustaría acabar esta entrega de reivindicaciones con otro apunte, ya que estamos con Canales y Guarnido, simplemente colocar otra reivindicación que se torna doble, por un lado hablar del trabajo de las compañeras, que la verdad, se habla poco en este blog y en este foro, invitándolos a que lean un post mío del año 2014 donde hablaba de Curiosity Shop una maravillosa historia de Teresa Valero en el guion y Montse Martín en el dibujo, que es una auténtica gozada y merece la pena ser reivindicado también.

                                                                                                                   Continuará...

domingo, 6 de diciembre de 2020

DOMINGO DE VIÑETAS. Reivindicaciones. (II).


Hoy reivindicar a José Luis Munuera no comporta un desafío pero hace unos años lo hubiese sido, y es que estamos hablando de un historietista que ahora mismo está embarcado en una aventura maravillosa y desafiante, continuar la estela dejada por Louis Salvérius y Willy Lambil con Las túnicas azules, cosa por otra parte que no es nueva para el dibujante de Lorca, hace unos años hizo lo mismo con el legado de Spirou y Fantasio entregando una serie de Bds con guion de Jean-David Morvan extraordinarios, y de hecho siguiendo con Dupuis se encuentra ampliando el universo "franquiniano" con el personaje de Zorglub y su hija de una manera desenfadada y genial. Eso es su presente, uno que promete, pero su pasado quizá no fue tan prometedor. La serie de Los Campbell se sigue circunscribiendo al universo Dupuis, y más concretamente, a la emblemática revista Spirou dentro de una línea juvenil desenfadada que vio la luz a cinco números y que hoy hablaremos del primero, Inferno.

El pincel de Munuera es incuestionable y también lo más fácil es su defensa, te puede gustar su estilo "cartoonnist" o no, pero el reconocimiento a un tipo de estética no será lo que me lleve hoy a hablar de su trabajo pirata,  sino reivindicar una cierta forma de narración y Los Campbell  puede ser su paradigma. Una forma de contar heredera de la mítica revista Spirou y su forma "coleccionable" de escenificar las aventuras de sus héroes, posicionándonos en el borde mismo del suspense, mirando su fondo y pensando en el qué pasará sostenido sobre un continuará, otorgándonos las claves suficientes para disfrutar de esta saga corsaria.

Para empezar, si queremos ser consecuentes con esa manera narrativa continuista de tipo coleccionable, lo primero que habrá que encontrar es el punto y aparte de la trama, una forma de cesura en el formato álbum. ¿Cómo lo consigue José Luis? Lo tenéis más arriba. Cada segmento de su Inferno está dividido en cinco páginas y entre medias, estas páginas en blanco ligeramente esbozadas con un dibujo. Es osado, pero al mismo tiempo, seguro pensar que aprovechar una página en blanco con solo un dibujo puede llegar a ser insultante, sobre todo para el lector, pero también es una forma de prologar la historia que vamos a leer a continuación, escenificándola con un apunte. Por ejemplo las viñetas que vamos a disfrutar a continuación de esa imagen, la del personaje de Fanny, tendrá algo que ver con la misma. Al mismo tiempo es extraordinario la idea de encapsular un tema en solamente cinco páginas y además conectarlos con esas páginas en blanco, construyendo al final del álbum una historia ya no solo de los protagonistas sino de todos aquellos personajes aledaños a la diégesis, me viene a la memoria el invento de Génova en la segunda historia, el Cocodriómetro, que después regresará para ayudar a nuestros protagonistas a escapar. Esto nos lleva a pensar que nada es accesorio en la historia, que todo importa hasta el más mínimo detalle, incluido, los pequeños homenajes a otras Bds como el que hace a los Dalton del Lucky Luke de Morris.

Todo parece tener cabida en este primer volumen de Los Campbell, el pasado que nunca se olvida y regresa con unas páginas descoloridas por el agua salada del recuerdo.


                           (Página 55, viñetas 1, 2 y 3, de la edición de Dibbuks).

Los fantasmas que regresan a la cabeza de los actantes avisándoles que lo pretérito puede regresar en cualquier momento.


                                               (Páginas 19, viñetas 4, 5, 6 y 7). 

Los actantes secundarios que mutan en esenciales para sustentar una mejor construcción de la trama.


                                                             (Página 4, viñeta 1).

Todo parece estar engarzados perfectamente a través de esos pequeños huecos, dándonos la oportunidad de asistir no sólo a una aventura sino a ser testigos de cómo un padre educa a sus dos hijas en un escenario tan ripio como el caribe del siglo XIX pero al mismo tiempo, descubriendo la novedad en una isla leprosa por citar un ejemplo. 


domingo, 29 de noviembre de 2020

DOMINGO DE VIÑETAS. Reivindicaciones. (I).

 

¿Qué tienen en común estos cómics? Una simple pregunta que quizá venga aledaña a una respuesta más compleja. Independientemente de lo maravilloso que sean, o se hayan convertido, estas obras y por supuesto de sus dispares relatos y géneros disímiles, existe algo que las une: su trabajo para el mercado foráneo. Son cómics realizadas por dibujantes, historietistas que, si bien es cierto no han tenido que emigrar a otros países para poder llevarlas a cabo, sí que han tenido que enviarlos a gente de otras latitudes, concretamente la geografía francófona, para poder convertirse en realidad, y aunque la fotografía muestre editoriales patrias como Norma o Dibbuks, su forja creativa han sido las bárbaras Dargaud (Blacksad), aliándose con Lombard (Warship Jolly Rogers) o Dupuis (Los Campbell). Hoy en día quien no sepa quién es Juanjo Guarnido o Juan Díaz Canales, Miquel Montlló con el genial Sylvain Runberg, único extranjero del grupo, o José Luis Munuera, es porque no le interesa el noveno arte. Son nombres consolidados que no hace mucho no brillaban tanto, que no hace un tiempo puede que nadie confiase en ellos, o para ser más directos, que nadie en España daba un duro por ellos, y me estoy refiriendo al mercado del papel, ya sabemos que algunos hacían sus pinitos en el dibujo en movimiento. ¿Os suena la historia? Es una vieja cantinela que como apéndice de este país nuestro pasa muy a menudo. La cultura siempre estará bajo el asedio de la incomprensión y más en aquellos lugares donde la tradición más conservadora se ha quedado enquistada, llegando a desvirtuar el propio significante. Lo hemos oído millones de veces o por lo menos mi generación, ningunear algo por ser un mero dibujo. Eso de... "Es para niños, no ves que son dibujos", relacionando el sujeto con el predicado sojuzgando aquello más visible, el color, despreciando su contenido literario.

Hoy por tanto, nos toca reivindicar y no será el primer día, haciéndolo con un viejo zorro, el capitán John Tiberius Munro de Warship Jolly Roger. 1. Sin vuelta atrás. Al pincel el barcelonés Miki Montlló y al lápiz  el de Tournai, Sylvain Runberg.


En la página ocho de la edición de Norma Editorial, en su primera viñeta aparece el rostro del presidente Vexton dejándose inyectar suero químico para acabar con sus arrugas naturales y edificarse una fachada irreal de piel. Se muestra relajado y tranquilo lo opuesto a lo que ha sucedido en las páginas anteriores con su némesis el capitán Munro.


Sobre esta viñeta, la número cuatro de la página siete, se produce un interesante choque visual con la anterior. Una críptica sinestesia donde descansa el conflicto narrativo de toda la trama, una construida bajo el paradigma santo de la reivindicación más absoluta, la venganza. A partir del agorero título de este primer capítulo, ya no habrá vuelta atrás, ha comenzado una riada de consecuencias que harán explotar a la galaxia entera. Vexton se resiste al dios más poderoso, el tiempo, insuflándose dosis de fuente de juventud, aislándose de la realidad y escenificando una propia. Munro, asume su realidad pero se inyecta su propio veneno en forma de razzia carnavalesca en pos de su objetivo: destruir a aquel que acabó con su familia. Cronos está presente de una manera desaforada, a veces insultantemente visible en los pasajes pasados, rememorando y acercando al lector la tragedia que vivió el viejo capitán de la Valkiria y otras veces, parapetados en los detalles como este par de viñetas que solitarias no tendrían ningún valor narrativo, salvo el estético quizá pero montadas, solapadas, una encima de la otra o viceversa adquieren su estima. Lo viejo nunca ha estado tan de moda en esta sociedad en la que vivimos, en una actualidad donde lo que dura no es valorable, la veteranía descansa en nimios destellos de resistencia, en locuaces actos tozudos. Son emblemas de resistencia, honorables espacios reivindicativos.

La persistencia como arma de destrucción masiva, la terquedad como timón direccional inapelable, puede que aplazable, pero siempre recordado. El recuerdo puede que sea el mayor enemigo del paso del tiempo. El color nos ayudará a una mejor captura del mismo y aquí se muestra glorioso.

                                                        (Viñeta 5, página 3).

Rojos, diría casi que incandescentes a punto de ser  detonados, de un presente disconforme  a grises opacos de un pasado temerario.

                                                         (Viñetas 1 y 3, página 15).

El futuro no se puede ver, no se puede disfrutar, está demasiado neblinoso por eso el espacio de Warship Jolly Roger es uno que nos puede recordar a otros, pero al mismo tiempo la línea nos muestra la novedad en lo sucio, en aquello que se pudre por dentro pero también por fuera.

                                                            (Viñeta 1, página 11).

Después vendrían los personajes pero eso ya es otra historia (una especie de intrahistoria dentro de la propia diégesis), ya hablaremos de Alisa Rinaldi, Nikolai Kowalski o Trece y sus reivindicaciones en otro momento, la serie consta de cuatro tomos, al fin y al cabo, hay tiempo pero no será uno agradable.

                                                             (Viñeta 8, página 51).

 

domingo, 22 de noviembre de 2020

DOMINGO DE VIÑETAS. "Menos es más". Buscando la Piedra filosofal del relato.

    

"Greyson, no te dejes monopolizar por el pasado. El presente es más duro de llevar."

                                                                                                                                     Névo.

Ya fue algún tiempo, ni siquiera me acuerdo, pero sí que tengo muy presente lo que descubrí y donde lo hice. Fue la editorial francesa Drakoo, capitaneada por el gran Arleston y fue en este mismo foro. Alguien posteó unas imágenes de una BD, que no es de la que voy a hablaros un poquito hoy, sino de otra, creo recordar que fue Le Serment de L'acier de Gwenaël en el guion y Elisa Ferrari en el dibujo, bueno el caso es que me quedé noqueado al visitar la web de Drakoo y descubrir, como dice su logo, un pasaporte a otros mundos imaginarios.

Viajar por internet es como explorar lo desconocido, si adecuamos los parámetros correctos de nuestra búsqueda, podremos revivir  algo parecido a lo que vivieron los grandes exploradores en el siglo pasado, pero un poco más seguros, sentados en nuestros sillones delante de un ordenador. Descubrir Dragon & Poisons. Greyson, Névo et Natch, dibujado por Rebecca Morse, escrito por Isabelle Bauthian y coloreado por Aurélie F. Kaori, para mí fue algo parecido a descubrir el paso del noroeste ártico. Después de leer y ver mucho, uno va disminuyendo su aura de interés y piensa que quizá ya no haya nada que lo sorprenda, craso error cuando hablas del universo digital, ¡ay amigo!, la cosa cambia porque la escenografía es apabullante y la zona de rastreo se hace expansiva.


Pongámonos como Névo y Greyson a descender en el Pozo de los Deseos, puede que pidamos una pesadilla antes que un anhelo. No sé si se podrá disfrutar de la octava viñeta de la página séptima del álbum pero si he citado a la colorista de esta BD no es baladí, junto al relato y al dibujo nos encontramos con una maravilla en los colores, es más, todo el trasfondo geográfico, que remite a una zona mediterránea no hubiese sido posible o no se hubiera conseguido de no ser por el color de Kaori.

¿Qué es Dragon & Poisons? ¿Qué es este Dragones y Venenos? La portada es muy importante en un cómic y la que abre este artículo es muy definitoria de lo que el público puede esperar. Un gran dragón rojo arropando a unos personajes y no sólo a ellos, al fondo a la ciudad de los venenos, Pâimoson. El subtítulo de la portada nos presenta a estos personajes. La última es la chica, Natch y los otros dos son Greyson y Névo en orden de huida. No huyen del dragón, ni siquiera son conscientes de su enorme presencia, vuelan para que la furia de Natch no los alcance. Las claves están sobre el mismo dibujo pero al mismo tiempo desaparecen ante el lector. ¿Es por tanto una BD fantástica? Diría que sí, pero es mucho más que eso, digamos que el género se muta en excusa para hablar de otras cosas, algunas de una actualidad increíble, sobre todo en el tiempo de la realización de la obra, el 2019.

Dragon & Poisons, efectivamente puede llegar a ser una crítica al sistema capitalista sin lugar a dudas, un análisis del arribismo imperante en las sociedades de consumo dispuestas a todo con tal de poder pisar al vecino, contribuyente, paisano, de al lado pero sobre todo, y por encima, se encuentra el poder del relato, que no es otra cosa que su forma, el cómo narrar unos hechos para que puedan ser contados con el único fin, y aquí no tendríamos que engañarnos, todos los cuentistas lo buscamos, de perdurar. De conseguir encontrar la piedra filosofal donde otros las han encontrado. Es una empresa difícil, tanto como la que quieren hacer Névo y Greyson, remontar el tiempo para salvar a su amiga de un destino aciago, pero fascinante a la vez. La página 35 nos desvela en su viñeta séptima una forma de conseguirlo. En esta viñeta sólo cabe la mirada de Névo, su catarsis, encontrarse con el asesino de su querida Natch y acabar con él. A las autoras no les hace falta escenificar el acto violento, en este caso, menos es más, han tenido tiempo de poder hacerlo cuando por ejemplo la pareja de perdedores descienden al Pozo y van destrozando a los bichos que salen a su encuentro. Aquí solamente hay que mostrar la cara de Névo para saber lo que pasará y sus palabras encerradas en el bocadillo explican mejor el destino del asesino de Natch que un buen trazo del mismo.

Esto nos lleva a la última página del álbum, lo siento spoilers, la fórmula "menos es más" se escenifica en toda su majestad aquí. Névo y Greyson llegan a la casa de sus clones de otra alteridad y los ven tras las rejas. Su diana está puesta sobre su amiga Natch, el origen de este viaje temporal para poder salvarla de la parca. Sobre todo el más interesado es Névo, ya que al comienzo de la historia es su querida y no la de Greyson, pero el destino no siempre es como lo deseamos. Resulta que ambos se dan cuenta que Natch parece sentir algo por Greyson mientras que ningunea a Névo. El relato parece retomar otra dirección, estamos al final de la primera parte, y el lector se dará de bruces con una encrucijada. ¿Cómo hacerlo? Los autores de Dragon & Poisons nos los enseñan. De una sola pasada podemos comprender el lío donde se han metido los dos perdedores, pero otorgando más tiempo a la página y a sus viñetas, podremos descubrir cosas más interesantes. Todo se dirime entre un cruce de miradas.

Podríamos pensar que la relevancia visual recae entre Greyson y Natch, de hecho, las autoras nos lo muestran resaltando con una subviñeta el rostro de Natch, pero existe otra mirada recelosa, la del joven Cik. Parece que es el único, salvo los Névo y Greyson del pasado parapetados en la reja, consciente del sentimiento de la joven.

Ella seguirá observando a Greyson como acuna a su mujer mientras Cik no deja de recelar de dicha mirada. ¿Dónde reside la importancia de la mirada? ¿Entre los protagonistas o entre los secundarios? O quizá todo se delega en la del lector para que construya la suya propia. Lo dicho, menos es más, no estamos contemplando una página de un cómic, estamos ante la Piedra Filosofal del relato. No es tontería que detrás de Drakoo este uno de los guionistas más prolijos de la actualidad de la BD. 

  



domingo, 15 de noviembre de 2020

DOMINGO DE VIÑETAS. El primer impulso.


Con Quena y el Sacramús (Le Scrameustache) de Gos (Roland Goossens) empezó mi aproximación a la mítica  École de Marcinelle, por tanto no fue Tintín, demasiado denso para un niño de siete años, ni los pitufos, demasiado livianos, y ni siquiera unos galos que sólo tenían miedo a que el cielo se les cayera sobre sus cabezas o un cowboy más rápido que su sombra, los primeros en hacerme explorar la BD, fueron un adolescente y un gato, más o menos, del espacio. Luego vendrían más sorpresas pero el primer impulso fue gracias a un antiguo militar que se pasó a la historieta. No me olvidaré, aunque solamente sea una cita, de la plataforma que me dio esa oportunidad, la emblemática revista Spirou Ardilla, hermana genética de su versión franca, pero eso es otra historia.

Y la aproximación fue, cuanto menos, errática como todas las mías. Si observásemos la viñeta doce de la página 41 de la maravillosa y necesaria edición de Dolmen Editorial (Colección Fuera Borda), esa escenificación del Machu Picchu en la forma de la ciudad perdida de Satsohuataco, como destino del Sacramús en su "pasaportodo", descansa mi brújula particular. Mi viaje por tanto comenzará con el primer álbum de la serie, El heredero del Inca (L'Héritier de L'Inca, 1972). Es curioso como ya el propio título nos anuncia que el tema incaico nos recuerda a otro emblemático autor, Hergé, con uno de sus muchos clásicos El templo del sol (Le temple du soleil, 1946), pero digamos que aquí el homenaje es utilizado como mero trasfondo donde ya no sólo la aventura y la intriga acamparán a sus anchas, sino que el humor, e incluso la comedia de enredo, se escenificarán entre sus páginas.

La página 24 de la edición de Dolmen es un buen ejemplo. No una ni tres, sino todas las viñetas  conforman un esquema vodevilesco, que además de escenificar el suspense (¿descubrirá el tío Jorge al Sacramús?) lo disfraza lúdicamente para que el lector se vea envuelto en una trama detectivesca (el misterioso origen de Quena, cuyo rastro se pierde en el lejano Perú y cuya medalla que pende de su cuello, nos invita a explorar un enigma: el Continente de las Dos Lunas). En cómo están situados los diferentes personajes dentro del escenario (la casa del tío Jorge) y de cómo se mueven dentro de las respectivas viñetas, independientes, pero al mismo tiempo en conjunto, a favor de la propia página, nos traslada a ese teatrillo burdo y falsete de la propia representación de Quena en intentar esconder a su misterioso aliado espacial.

Que termina, a modo de epilogo cómico, con las viñetas cuatro y cinco de la página 26, con la asistenta de la casa del tío Jorge "mareada" (sobre todo por los sucesos acontecidos de transformación en estatua de sal y de su posterior recuperación, siendo encarcelada dentro de un armario) ante el personaje (el pasante del notario que lleva consigo una carta "reveladora") que va a continuar con el equívoco. Pero no tenemos que olvidarnos del verdadero contexto de ciencia ficción que cubre toda la serie y que aquí no deja de regalarnos pequeños anticipos de lo que luego serán las aventuras espaciales de nuestros protagonistas.

Desde aquí podríamos descubrir otro homenaje posible, la Yoko Tsuno de Roger Leloup, y es que en esos años la École de Marcinelle debió ser un hervidero creativo sin igual, tenemos que situarnos temporalmente en un marco increíble donde Peyo (Johan y Pirluit), Walthéry (Natacha), Seron (Los hombrecitos, al respecto ver el número 20, Viaje a la infancia (II). Por un accidente,  o Will (Tif y Tondu) y los citados entre otros muchos más, hablaban y creaban a sus respectivos personajes.

Era imposible que un niño de siete años no pudiese dejarse cautivar por estas claves para conformar su interés futuro en el noveno arte y seguir con vida desde entonces, impulsándose hacia esa ventanitas llamadas viñetas.