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domingo, 20 de junio de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. El conjunto. (Entreacto).

 


Decía el teniente T. E. Lawrence a un periodista que lo que de verdad le atraía del desierto era que estaba limpio en la maravillosa Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, David Lean, 1962, USA) y Filène de Anar, general de Peloris, en el Libro I de Servitud, suelta esto en la viñeta de abajo.

                                   (Viñeta 8, Página 25. El cantar de Anoroer).

¿Esperanza? ¿Claridad? Alumbramiento quizá. El desierto físico y psíquico se alza ante los relatos y sus actantes para someterlos a las pruebas más difíciles, pero al mismo tiempo, serán las que guarden los descubrimientos, las revelaciones, más importantes. Hoy, después de haber hablado de los tres primeros Libros de la obra de Bourgier y David, nos detendremos en un paisaje que puede que no despierte ningún interés, no parece haber absolutamente nada salvo arena y calor, y sin embargo está destinado a ejercer un papel esencial en este ajedrez narrativo que es Servitud

La primera vez que vemos el desierto, se (re)produce en una doble página (26 y 27) de El cantar de Anoroer, sí que es cierto que precedida de dos viñetas pequeñas en la página 25, justamente después de que Filène diga lo de más arriba. La primera es un sol y la segunda el rostro de un hombre contemplando algo. Lo siguiente es esto:


 El dibujo es el garante del significado, no hay palabras engullidas en bocadillos, solamente alguna que otra onomatopeya perdida y poco más. Pero precisamente, ¿qué significa esta doble página? Si nos atenemos a aquello que puede observar cualquier lector, es decir si dejamos a un lado todo nuestro particular background y nos centramos en la esencia, esto es las viñetas, veremos que es poco más o menos que una  enigmática danza frente a una construcción que nos puede hacer recordar a la milenaria Petra (Jordania). Sigamos mirando, sobre sus paredes existen misteriosos dibujos que comparten espacio con el resto de las viñetas, añadiendo más recelo a aquello que estamos viendo. No tardan en llegar las primeras hipótesis, nuestro cerebro es vago al arrancar pero una vez que lo hace es imparable. Parece que el peculiar ejercicio, ¿reverencia? tal vez, tenga una conexión litúrgica con el diseño en las paredes. El primero de ellos muestra una especie de serpientes gigantes con unos hombres ofrendando algo. Después de que el extraño del desierto haya dejado sus pertenencias, ¿ofrendas quizá?, al abrigo de las sombras, se dispone a danzar con su palo. El siguiente dibujo muestra como esas serpientes han acabado con todos los hombres, menos con uno, de igual manera el extraño ejecuta su baile, saltando y golpeando la arena, soltando su bastón y haciéndolo levitar hasta que regresa a sus manos. El último dibujo muestra al único superviviente subido en una de las serpientes liderando al resto.

Cualquiera que se haya acercado a Servitud sabrá que esas serpientes bien podrían ser una representación de los dragones y que esos hombres, son los habitantes del desierto luchando contra la herencia de los dragones en la tierra, los Drekkars, pero en cualquier caso sigamos adelante, cada tomo de Servitud, nos regalará una doble página ambientada en ese desierto que parece ahogarnos en un mar de dudas.

Antes de desempolvar las páginas 36 y 37 del libro II Drekkars, nada más adentrarnos en sus entrañas, la página 3 nos presenta un extracto del Libro de Arena perteneciente a una profecía oral de los Riddraks en la cual se nos habla de alguien que los comandará hacia una libertad. Aquí volvemos a recoger el guante referencial para recordar a un genio como Frank Herbert y su poliédrica obra enmarcada también en cierto planeta arenoso llamado Arrakis, pero más conocido como Dune. En ella también se describían los avatares de un cierto libertador, Muad' Dib lo llamaban, y todo empezaba y acababa, curiosamente, en el desierto alrededor de una sustancia impagable, la especia. Regresando a lo que nos concierne, en este caso la doble página deja atrás el enigma para invitarnos a un encuentro, o mejor dicho, a la espera y preparación de ese encuentro. Recolectar, elaborar y compartir, fases que irá la doble página escenificando con una muda gramática pero ensordecedor dibujo, heredando el esquema mudo pero no callado de la doble página del Libro I, seremos testigos de su elocuencia artística en el trazo. De igual manera que hay dos cuencos de madera en el suelo arenoso sobre un tela blanca, un cruce de miradas bastará para forjar un encuentro entre dos hombres. 


Más hombres van apareciendo provenientes del desierto, acercándose a la ampliación de lo que hemos visto en los otros álbumes, esa Petra ya tiene un nombre y parece que no solamente será un santuario escondido en el desierto, si no que cambiará de estatus geográfico, nos encontramos en los orígenes de lo que será la ciudad de Shalin, como bien dice el Hegemón, Sekal D' Aegor, al espía en el Libro II. Esta doble página (32 y 33) del Libro III El adiós a los reyes también nos mostrará a sus constructores, los Riddraks, aquellos que habitaban el desierto y que los Drekkars convertían en esclavos en sus dominios y podemos constatar de algo muy importante. Mientras lejos, los diferentes reyes luchan entre sí y destrozan sus propios países, aquí en el desierto, se crea una alianza. Mientras el rey Garantiel muere de la manera más anodina, aquí nace la fraternidad entre iguales, solo hace falta un intercambio de arena para poder guarecerse de las intrigas y traiciones de aquellos que solamente saben hacer una cosa bien, matarse entre ellos.

La doble página (30 y 31) del Libro IV Iccrins, del cual no hemos hablado todavía, sigue resistiendo a la gramática otorgando el sentido al dibujo, como el resto de dobles páginas que hemos comentado, y también redunda en el tema de la fraternidad entre los hombres, en este caso, se trata de la figura del espía que durante todo este tiempo ha estado conspirando contra los reyes de Los Hijos de la Tierra. Llega a Shalin y en su entrada se encuentra el extraño hombre del principio. Más misterios que resolver. 

En cualquier caso hasta aquí llegaremos hoy, la forma ha conquistado al continente pero como veremos no significa que eso sea categórico, ni mucho menos. Todavía queda explorar el reino de los Ángeles.

                                                                                                                     CONTINUARÁ...

domingo, 13 de junio de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. El conjunto. (Tercera parte).

 


Seguimos descifrando este conjunto que es Servitud de Bourgier y David, hoy nos toparemos con su libro III, El adiós a los reyes. Para aquellos que quieran aventurarse aquí tenéis las dos partes anteriores, que cronológicamente son El cantar de Anoroer y Drekkars.Bien dicho esto, vayamos a investigar algo que ya hemos señalado en las anteriores entregas pero que en este álbum ya no hace falta enmascararlo, es demasiado evidente: lo insignificante en el relato. O si se quiere decir de otra manera o con otras palabras, la nimia épica.

Existen muchos momentos en esta tercera parte de Servitud que podríamos enmarcarlos como cotidianos o "sin importancia", algo por otra parte sorprendente si se nos quiere contar, o mejor dicho, preparar para una batalla. Me viene a la memoria el personaje de Kiriel, de camino a Al'Astan junto a Fl'ar, bañándose en las inmediaciones de unas ruinas (hasta qué punto tienen importancia los restos en Servitud). Dentro del gran conflicto que va a suceder entre las páginas del álbum, La batalla de Al'Astán, tenemos este momento, insisto hay otros, donde parece que se detiene el tiempo para poder otorgar una cierta perspectiva al lector, esto que parece un tanto "moderno", no deja de ser una clara técnica de enumeración narrativa de los sucesos que han acontecido antes y de esta manera el lector los tiene más fresco y pueda entrelazar los diferentes hilos de la historia o comprobar la posición de los diferentes actantes en el damero del relato. No me pararé en esto, simplemente lo destaco como si fuese una nota formal a pie de página de cómo sus autores están dispuestos a enfrentarse a una despedida, es decir, a una muerte.

                                                  (Viñeta 8, Página 25).

Casi siempre cuando uno tiene que ser testigo de este tipo de situaciones, sorprende que no sean muy proclives a la concisión, me explicaré. Entre los vivos, sus palabras y sus discursos despidiéndose del difunto, se pierden en lagunas redundantes, normalmente de una bonhomía trascendental. Josep Pla decía que para él el castellano era muy complejo, "es la frase larga buscando siempre el final", bueno digresión aparte, es algo parecido, cuando uno muere, siempre lo hace bondadosamente. El muerto es el bueno y es honorable y por tanto su adiós tiene que serlo de iguales características. La gramática que se le dedica es pomposa, grandilocuente, la propia parca se transforma en un gran acto grandioso, es casi si se me permite, un triunfo de la muerte. Veamos cómo los autores tratan la muerte del rey Garantiel.  Si nos quedáramos con la viñeta de más arriba, todo lo que hemos dicho valdría para introducirlo entre sus límites. Tamaño mediano, no excesivamente grande, personajes alrededor del muerto en diferentes posiciones, ejemplarizando los lazos de sangre y su interdependencia social y sin embargo, el rey no ha muerto en un acto belicoso espectacular (¿se imaginan al rey Théoden muerto en uno de sus paseos matutinos?), si no que ha caído en una emboscada, en un Paso olvidado, entre las ruinas (otra vez la geografía decrépita heredada de un  pretérito erosionado por el único dios existente, el tiempo) de puente y un río con poca agua. No obstante Bourgier y David nos regalan otras viñetas precedentes a ésta que nos dictan el camino a seguir, uno que nos muestra lo (anti)épico que es morir, el anonimato que invade hasta la figura de un rey, que como todos sabemos, no es la de un Don Nadie.

                                                            (Viñeta 7, Página 23).

Primero, lo que llama la atención de esta viñeta es la posición de sus habitantes, el encuadre del momento. En primer término los hombres del rey luchando y al fondo, Garantiel sin rostro, no lo vemos (nulo protagonismo del protagonista), siendo acorralado por el enemigo. Un bocadillo hace de ecuador de la viñeta dividiéndola en dos partes bien diferenciadas, por un lado aquello que podemos constatar, por lo tanto podemos ver, comprobar, y aquello lejano, ignoto si se quiere, que hace borrar el rostro del mismísimo rey.

                                                      (Viñeta 8, Página 24).

Como si estuviesen formando parte de algún tipo de coreografía macabra, las otras dos viñetas se suceden rítmicamente página a página. En esta otra, desde un posicionamiento traidor, desde detrás, vemos a los asesinos afrontar el envite del salvador del rey, Allar, pero sus rostros se igualan al de Garantiel, conformando una gran incógnita sentimental. Decididamente nos encontramos en las antípodas de cualquier muerte honrosa y potencialmente alejada de cualquier cariz artificioso narrativo. 

                                                          (Viñeta 3, Página 25).

Los hombres del rey llegarán a su lado, como me recuerda a la secuencia de la muerte de otro rey de ficción, Uther Pendragon en Excalibur (John Boorman, 1981, UK), pero será demasiado tarde. Garantiel cae al agua hundiéndose al lado de su onomatopeya. ¿No dicen que cuando uno muere, lo hace solo? Pues bien, Garantiel lo hace con su onomatopeya.

Es cierto que después los autores parecen recular su posición y nos crean esa viñeta de más arriba, pero lo que es incuestionable es el proceso que han seguido hasta llevarla a cabo. Uno que nos habla de escorar hacia lo diminuto, hacia lo pequeño. Este gran conjunto que estamos intentando descubrir llamado Servitud descansa en los pequeños elementos narrativos que nos hacen querer seguir avanzando en sus misterios, desvelando sus interrogantes y no hay nada como el final de un álbum para seguir con esa dinámica portentosa, que como decimos se apoya en lo ínfimo.

                                                      (Viñeta 2, Página 55).

El conflicto se va desarrollando ante los ojos del lector en forma de escaramuza, nos encontramos muy lejos de esa épica grandilocuente, estamos muy separados de los campos de Pelennor si se quiere. Kiriel y Fl'ar se adentran en Al'astan para poder abrir sus puertas con ayuda del almirante Koreil Vanarek, pero algo proveniente de las alturas hace torcer el relato (¿os acordáis de aquello que observó Delorn de camino a la Torre Blanca?).

                                                   (Viñeta 8, Página 50).

Los ángeles han llegado a la historia, es cierto que la han sobrevolado como hemos visto en El cantar de Anoroer, pero será ahora cuando pongamos rostro y cuerpo a los nuevos actores de Servitud, la pena es que tendrán muy poco protagonismo porque los autores los han desplazado hasta las últimas páginas del álbum, pero será esencial. El misterio se acrecienta y nace en una situación  trepidante: Kiriel está moribundo de un combate contra un Drekkar y Fl'ar es cuestionada por los suyos (aquí se revela su verdadera identidad, ella es un ángel, es una Iccrin).

                                                       (Viñeta 4, Página 51).

Y todo esto siendo visto por un singular personaje. No se puede despedir la acción de manera más rocambolesca, un auténtico Cliffhanger sustentado sobre esta diminuta viñeta que no dice nada, pero al mismo tiempo nos invita a seguir leyendo Servitud, a seguir adentrándonos en este conjunto que deja a un lado la épica típica y tópica para abrazar lo momentos pequeños, aquellos que sirven como verdadero motor del recuerdo. ¿Os acordáis de la famosa batalla de Al'Astan?                                   Pues bien los autores nos la mostraran pero de una manera peculiar, como digo alejada de todo espectáculo, en una serie de apuntes, notas del conflicto, en un valioso anexo que aparecerá al final del álbum.

                                                                  (Página 67).

En el libro siguiente, el cuarto, Iccrins veremos cómo terminará, pero mientras tanto su desarrollo quedará relegado a esas páginas, donde la palabra vence al dibujo, pero antes de introducirnos en la sociedad iccrin y poder saber el destino de Kiriel y Fl'ar tenemos que hacer una parada en el desierto.

                                                                                                                  CONTINUARÁ... 

domingo, 6 de junio de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. El conjunto. (Segunda parte).

 

Seguimos explorando el Reino de los Hijos de la Tierra aunque esta vez nuestras miradas se dirigirán más allá del gran desierto, a la capital drekkar, Farkas. En el anterior post, hablábamos de las guardas del Cantar de Anoroer de Bourgier y David, y de cómo mostraban un mapa de algo que, en principio, no sucedía en el propio álbum, si es cierto que a la conclusión del mismo y un poco antes, veíamos algunos Drekkars pero poco más. Pues bien, hoy nos adentraremos en su mundo subterráneo así que cojan sus candiles y alumbren cada rincón por donde pasen porque nunca se sabe dónde se parapeta el peligro en geografía tan sombría. Sean bienvenidos a Servitud. Libro II. Drekkars.

Y con ellos empezaremos conectando el primer libro con este segundo, como verán, todo se trata de descubrir los enlaces pertinentes para seguir construyendo/descubriendo este conjunto narrativo. Toda pesquisa comienza con una duda, toda curiosidad se alimenta primero con una pregunta: ¿Recuerdan este momento, la última página de El cantar de Anoroer?

                                      (Página 56. Libro I. El cantar de Anoroer).

En ella, en un paisaje helado, montañoso, tumba del último heredero consanguíneo del rey Garantiel, su hijo Tarquain D. Anoroer, hay dos personajes conspirando, o más bien uno el otro está empezando a recelar de lo que acaba de hacer, de alguna manera está cuestionando su propia misión y el mero hecho de titubear le hace mirar a su propio Emperador y dudar de su asignación, pero no adelantemos acontecimientos. El otro actante de este diálogo es sumamente enigmático. Acerquémonos un poco a él.

                                        
                                (Viñeta 5, Página 56. Libro I. El cantar de Anoroer).

Quédense con ese símbolo en su mano, hoy rastrearemos esa pista en el Libro II, pero aún seguimos habitando el primero porque una vez que hemos confeccionado nuestra particular diana de prioridad narrativa sobre el mismo, tendremos que seguir con sus antecedentes.

                               
                             (Viñetas 4, 5 y 6. Página 34. El cantar de Anoroer).

En estas tres imágenes somos testigos de la la mezquindad del personaje, que está representado como si se tratase de una sombra. Existe otra viñeta ubicada más arriba, concretamente la número 3 de esta página, donde vemos primero sus botas y después conectaremos con esa otra viñeta en vertical donde podemos ver parte de su cuerpo pero no su rostro, escondido en la penumbra de los pasadizos de la fortaleza del Duque de Omel, Othar. Además de ser espía y emisario también es ejecutor en la viñeta 6. ¿Qué poder le confieren sus actos? Si mirásemos este momento enlazándolo con esa página de más arriba, cuando se dirige al Drekkar de una manera insolente, podríamos constatar que tal actante está rodeado de seguridad, de plena capacidad para estar por encima del resto de actantes de la trama, hasta ahora.


                                  (Viñetas 9 y 10, Página 12. Libro II. Drekkars.)

Como segunda parte de una serie de sucesos, Drekkars, va sumando elementos para ir bosquejando una visión mucho más global del asunto. De alguna manera está pergeñando un Gran Plano General cinematográfico a partir de ciertas individualidades, detalles, como si se tratasen de Planos Detalles, si se me permite continuar con el símil cinéfilo. En el caso de arriba, vemos como un personaje mata a otros dos por ese vial extraño. La transición entre viñetas es sencilla, de igual manera, que simple, mecánica, ha sido el acto de asesinar para el personaje. En la viñeta de la izquierda vemos la causa del asesinato, la Tirinka en el interior de ese vial, y en la siguiente ha desaparecido, dejando a la víctima desangrarse y morir.
La Tirinka es el elemento consustancial que abre la investigación, como si de una trama de thriller se tratase, abriendo los caminos insospechados hasta conclusiones sorprendentes, al final, de eso mismo se trata, de mantener la atención del lector vigorizando su curiosidad, no estamos tan lejos de un "macguffin hitchcockniano". A partir de ahora habrá que seguir las pistas de esa extraña sustancia que anhela y anula al Emperador de los Drekkars a niveles de servidumbre inauditos, y que indirectamente está detrás de las intrigas de las gentes de la superficie. Las preguntas se van sucediendo a la misma velocidad que la conjura: ¿De dónde procede? ¿Quién se la suministra? ¿Qué poder encierra?


                               (Viñetas 5, 6 y 7, Página 25. Libro II. Drekkars).

Empezamos a ver su rostro y sabemos que se llama Aïon. Es el que suministra la especie, nunca mejor escrito si sois seguidores de Frank Herbert. El camello del Emperador y el que a cambio de la Tirinka, ordena dónde hay que atacar y cuando, incluso su plan está dividido en fases y la primera de ellas corresponde a la desestabilización ocurrida en el Libro I. El cantar de Anoroer. El gesto es nuclear porque describe a la perfección su posición en esta especie de tablero  de ajedrez que es Servitud. Se lava sus manos. Es un gesto social y político en la estructura Drekkar (las audiciones con el Emperador tienen que ser a manos limpias) pero también convoca al background del lector (el signo cristiano es avasallador) y lo reproduce en la cotidianidad de su pensamiento (aquel que se lava las manos, no se implica en nada). Mientras vemos el rostro de Aïon, se nos pueden pasar muchas cosas por la cabeza, pero su rictus sereno ante el Emperador o frente a un viejo conocido (en la viñeta de más abajo), rozando el ninguneo, nos habla, como digo, de un pedestal desde donde nos mira y observa su juego, manejando los hilos de sus marionetas a su antojo y propósito.


(Viñeta 1, Página 28. Libro II. Drekkars).

El encuentro es fugaz pero elocuente en la mirada del Justicar, Farder de Xiar. Tenemos a los mismos personajes de la página que cerraba el Libro I, con diferente indumentaria y en diferente posición, pero lo que se mantiene entre ambos es el recelo. Algo que irá alimentando el conocimiento del lector en las conspiraciones del relato, y el desconcierto de Farder, empezando a dudar de sus propias órdenes.


                                    (Viñetas 7 y 8, Página 6. Libro II. Drekkars).

Me gustaría acabar, por hoy, con el ingrediente básico de este conjunto que se va edificando ante el lector, el detalle. Frente a esta suma narrativa, la unidad mínima es esencial. Con el Libro II. Drekkars, hemos sido testigos de la sociedad Drekkar y como si se tratase de un mundo dentro de otro, es decir, como si fuese un subconjunto que compartiera una zona común. De esa zona común hablaremos otro día, pero de lo que no hay duda es que el acto mínimo ayuda a comprender mejor el total.
Otro elemento inquietante que nos hace mirar de otra manera aquello que estamos observando. Ya pasó en el Libro I con el momento en el que Delorn, en un momento de sosiego levanta la cabeza y mira como una nave surca el cielo. Un momento intrascendente a priori, pero que se volverá, como si fuese un boomerang, a la cabeza del lector a medida que vaya explorando las páginas de Servitud. Pues bien, aquí tenemos otro de esos momentos. 

Un aspirante a maestro enseña a su Emperador  lo que ha conseguido de un huevo de dragón. La figura del Emperador se muestra impasible, distante, alejada del resto, solamente cerca de su Hegemon, él mismo lo dice los Drekkkars son suyos, él es su Sol. El resto solamente se atreven a bajar sus cabezas y a asentir. Pero el hecho es importante, la celebración del hallazgo no impresiona al Emperador frente a las bocas abiertas del resto de congregantes, pero sin embargo Bourgier y David gastan su esfuerzo en dibujar/describir una viñeta donde el pie del Emperador se inquieta, tiembla y sobresale de su escondite. El bebé dragón/humano ha despertado su recelo, el inicio de su represalia.

                                                                                                             CONTINUARÁ...





domingo, 30 de mayo de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. El conjunto.

 

A propósito de este viernes que NORMA ha sacado, ¡por fin!, la conclusión de Servitud (Servitude, Éric Bourgier y Fabrice David) con una maniobra desconcertante, pero que se agradece ya que a diferencia de su homóloga SOLEIL, ha editado en un solo tomo las dos partes del final de la historia, he decidido pulsar el botón de rewind para subsanar una cuenta pendiente con este Blog y regresar a esta deslumbrante BD.

Lo primero que nos encontramos, nada más abrir el cómic, es el mapa que veis más arriba como guardas esplendorosas de un tesoro a descubrir, pero además hay algo que llama poderosamente la atención, independientemente de los dibujos que también. Si mirásemos la esquina superior derecha leeríamos Libro II: Los Drekkars y ya, sin ni siquiera habernos inmiscuido en el relato, un "aviso para navegantes" nos advierte de que antes de proseguir existe un segundo tomo, es decir, que hay una estructura narrativa  por delante ante el lector. Esa pequeña orla es la representación de una idea, la de un orden escenificado en los límites circulares que encierra el texto, la de un conjunto que se irá gestionando a medida que vayamos descubriendo las páginas, que vayamos leyendo el contenido, donde sus elementos van adquiriendo su consistencia perfectamente ensamblados unos con otros administrando la información a salto de viñeta con el único objetivo de llegar a  producir una experiencia inmersiva narrativa. Hoy veremos algunos de esos elementos que hacen sospechar de esa imbricación narrativa.

Y antes del logos, el prólogo. Una sola página donde sucede algo, una información velada al testigo. El lector no sabrá absolutamente nada de lo que está sucediendo en la escena, simplemente la está observando y poco más. Un comienzo de esos que denomino suicidas donde se nos tira al abismo, una especie de "in media res" cuya función primordial es agarrar al lector por el cuello y no dejarle respirar. Lentamente, como si degustásemos un buen vino añejo, de esos de barrica de madera cubierto por un manto blanco de telarañas y una capa verdosa de moho milenario sobre su superficie, pero en cuyo interior buye el gusto supremo por las cosas bien hechas, aquellas que solamente les hace falta una cosa, el tiempo. Ése es uno de los ingredientes esenciales de Servitud, el tiempo o más concretamente, su paso. El cantar de Anoroer empezará con un trote, Kiriel, maestro de armas del rey, busca entre un país roto a un testigo para su boda, ni más ni menos, que con la hija del rey Garantiel. Pronto el linaje real se verá mutado con este evento y la endogamia noble será cosa del pasado. ¡Un plebeyo casarse con una princesa! La boda no estará bien vista por algunas casas reales pero será un hecho. Bien podríamos decir que ese es el comienzo de la génesis narrativa pero como digo, cada viñeta, cada página de Servitud encierra un detalle que nos alimenta la curiosidad por saber algo más, llegar a conocer mejor las conspiraciones que usufructúan a lo largo de sus 56 páginas. Hemos dicho que el cómic se abre con un suceso misterioso pero se cerrará con otro aún más, la idea de una conspiración casi universal que pondrá en aprietos a los Hijos de la Tierra.



        (Viñeta 2, página 28).                                          (Viñeta 6, página 29).

             

Entre estas dos viñetas se produce un interesante diálogo, uno prudente a una primera lectura. La verdad es que pasa bastante desapercibido y quizá, como me pasó a mí, no será hasta haber leído el cuarto tomo, Ecrins, cuando uno tiene que regresar a este momento, a estas dos viñetas para construir un significado que, como digo, en un primer visionado no se comprendería. Todo un esquema informativo que sustenta la narración de Servitud queda al aire, suspendido en ese momento que Delorn, el testigo y amigo de Kiriel, ve cuando una nave surca el cielo. Y también desde un punto de vista narratológico nos habla la viñeta. Quién observa el hecho, quien se da cuenta del mismo, es un personaje secundario, digamos que el sidekick del héroe, ni siquiera el propio protagonista. Es otra información que podemos sustraer de la trama, el más mínimo indicio de la misma ayuda a construir su edificio, uno que como vemos está ya prácticamente en ruinas.


                                                          (Viñeta 1, página 7).

De esta manera queda constreñida la información, aprisionada en un conjunto narrativo que tiene visos de querer escapar, de huir, por sus propios medios y de la cual seremos unos fieles testigos de ello.

                                                                                                   CONTINUARÁ...

domingo, 23 de mayo de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. La demanda del suspense. A propósito de BONE. Libro primero. IV. Kingdok.

  


Aquí estamos otra vez en el Valle con los primos Bone, bueno con dos de ellos, porque todavía no sabemos nada de Smiley Bone. Aquí tenéis la portada del episodio cuarto con ese ejército de mostrorratas de ojos rojos de ira y desenfreno, dispuesto a arrasar el Valle y la granja de la Abuela Ben. Bien estamos llegando al final del Libro I y este dibujo de la portada nos ayudará a empezar a comprender unas pocas cosas, no muchas la verdad, pero seremos testigos de un interesante proceso. El de cómo Jeff Smith va dosificando la información a la misma velocidad que la del propio relato construyendo una interesante sinergia entre ambos conceptos que se retroalimentan para ofrecernos una historia maravillosa.

                           (Viñeta 4, página 86. Edición Astiberri. Bone. El Valle).

Podríamos empezar con una primera fase de aviso a navegantes. Desde la cotidianidad, de la que hablamos un poco en el capítulo anterior, germina una extrañeza, algo que la desestabiliza y donde, normalmente, el lector es testigo junto a uno de los personajes, en este caso con Fone Bone, de lo que le pasa a otro, en este caso la Abuela Ben. Habría que rebobinar un poco, si recordáis tanto la Abuela Ben como Thorn acogen por unos días a Fone Bone y a Phoney Bone en su granja. Fone Bone fue el primero en conocerlas y el que parece desarrolla una inclinación un poco más directa a hacia Thorn, es decir, podemos estar ante una primeriza historia de amor, por lo menos por parte de Fone Bone. Phoney Bone llegará después y desde la primera viñeta, fuera de campo, veremos que la polémica le persigue. Su comportamiento desde el comienzo choca con el de la Abuela Ben. Sabemos que los primos Bone se han perdido, alejándose de su Boneville natal y han dado con un misterioso mapa que les conduce al Valle. En la Escalera del Dragón, un lugar prohibido de Deren Gard, son atacados por un enjambre de Langostas y separados. Bueno, regresando a la dinámica de este episodio, los Bone viven una situación tranquila en el bosque pero Fone Bone es testigo de algo que le pasa a la Abuela Ben, el pasmo, una especie de presentimiento de algo malo.

El recelo se enquista en la trama, ya había dado visos de que algo empezaba a ser inquietante cuando en el tercer episodio, Phoney Bone, Fone Bone le enseña el mapa a Thorn y mirándolo, se extraña de algo, le parece familiar y le recuerda a un sueño que tuvo. Este momento conecta con otro, justamente, ocurrido en el episodio primero, El mapa, cuando Phoney Bone observándolo también le dice que parece dibujado por un niño de cinco años. Quedémonos con la palabra SUEÑO y NIÑO porque serán importantes al final de este episodio. Pero tenemos que seguir hablando de gestionar la información o como diría el maestro Hitchcock, de la demanda del suspense.

                                       
                          (Viñeta 5, página 87).                              (Viñeta 5, página 100).

Poco a poco nos vamos preparando para lo que viene. Sería una segunda fase dentro de este proceso de administrar la información, preparando la trinchera. Y todo tiene que ver con el pretérito, con algo que ha sucedido en el pasado, y que al lector no le queda otra cosa que imaginárselo. En la primera viñeta que destacamos, la huida de Boneville tiene algo que ver con los tejemanejes de Phoney Bone, es decir con la corrupción y la otra viñeta alude a que están buscando, por las razones que sean, a un Bone con una estrella en el pecho, es decir al mismo Phoney Bone. El mismo actante es detonador de una información que desconocemos pero que sin duda nos hace imaginárnosla. Y cuando ocurre eso, en cualquier narración, es bonito. Cuando un autor te obliga a hacerlo, cuando tu cabeza comienza un proceso creativo para desentrañar lo que crees que pudo pasar, bajo mi humilde punto de vista, creo que es de agradecer. Además esta técnica no es ajena a Smith, la ubica por todo el relato. Es una gozada leer y al mismo tiempo imaginarte las cosas, es un homenaje literario partiendo de una base visual, diría que cinematográfica, el contracampo en off o el fuera de campo.

                                                               (Página 92).

Aquí tenéis un perfecto ejemplo en el mismo episodio. Y por último tendríamos que acabar con una tercer fase, o final, que curiosamente no sería un The end a la vieja usanza, si no que vendría con sorpresas, con un maravilloso cliffhanger que dirían hoy en día los amantes de las series de TV y que, en nuestro caso, englobaría esas dos palabras que hemos guardado, SUEÑO y NIÑO y que regresan para alimentar, más si cabe, la duda en el lector, para seguir controlando su curiosidad.

                                                                (Página 103).

El mundo de los sueños acaba de hacer su acto de presencia y como veremos irá ganando protagonismo en el desarrollo de la trama. Aquí lo que vemos es una niña asustada por un ataque de mostrorratas y que pasando la página descubriremos que se trata de Thorn, que un grupo de gente parece protegerla y que el enemigo ha invadido su lugar. Más preguntas que planean sobre un mapa de respuestas que el lector irá descubriendo poco a poco. Si eso no es storytelling, si eso no es narrar...

                                                                                                     CONTINUARÁ...


domingo, 16 de mayo de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. El bardo ante el amanecer.

  

                                   

                                     (Página 54 del Storyboard de Brigada 3).

Ya hace más de un año del segundo post que escribí en Domingo de viñetas. Formar parte, hablando un poco de los dos primeros números de Brigada (Enrique Fernández, AME). Bien, cincuenta y cuatro posts después regresamos a su conclusión y lo hacemos apoyándonos en una de las páginas del Storyboard que te regalaban con el crowdfunding a través, esta vez, de Spaceman Project. Aquellos que quieran maravillarse con este amanecer tendrán que leerlo en el álbum original, aunque como se puede comprobar, observando los bocetos, también uno puede sufrir una grata satisfacción disfrutando de la creación en su estado cuasi primario.                                                                                                        

Con este amanecer queda establecido el comienzo de la conclusión, ya que no es su final en "stricto sensu", de la historia en Brigada 3 , pero podemos llegar a cerrar un cierto arco narrativo de la trilogía porque si nos acordamos así era como empezaba Brigada 1, con otro amanecer, cierto es que de índole completamente distinta, pero de esta manera queda demostrada la circularidad del relato y esto nos lleva irremediablemente a la forja de su realización. Pareciese que Brigada es un mecanismo de relojería, cuyos engranajes, elementos narrativos, se van subordinando para celebrar el hecho de "contar un cuento", pero serán, curiosamente, sus imperfecciones, sus fallos, los que nos contaran que eso de narrar no es tan sencillo y que el secreto de aprender algo está sustentando en su error.                    

Partiendo de la base de que un cuento tiene siempre su moraleja, en Brigada de igual manera que el Voirandeer trastoca todo a su paso transformando el orden en caos, podríamos decir que esa moraleja de las fábulas se convierte en evolución de sus personajes, sólo se puede evolucionar si uno ha aprendido de sus defectos. Y es que narrar no es fácil, ahí radica su encanto, en la propia tarea desafiante de poder llegarlo a hacer. Quizá todo el mundo puede contar un cuento, pero narrarlo correctamente, eso es más complicado. Y el reto de leer Brigada 3 prometía, estamos hablando de un cómic que cronológicamente se ha ido realizado a bandazos económicos, guareciéndose en diferentes plataformas para recoger un monto y poder realizarlo. Puede que la historia la tuviese atada y bien atada Enrique durante todo este tiempo, eso no lo sabremos, pero lo que es incuestionable es el tiempo, la duración en poder hacerlo y eso se ha traducido en siete años, desde la primera edición del primer Brigada (2013) hasta la última del tercero (2020). El tiempo puede ayudar, la distancia temporal gana en perspectiva posicionando nuestras prioridades narrativas en el lugar que creemos poder situarlas, pero también puede llegar a obstaculizar la constancia del trabajo, apartándolo cuando la desidia y la procrastinación nos invade, arrinconando esa idea maestra y escondiéndola en nuestro subconsciente hasta quién sabe. Como digo narrar no es fácil pero Enrique Fernández nos lega su trabajo para poder comprobarlo.

Brigada cuenta la historia de un grupo de enanos en un mundo de fantasía pero también es un cuento de amor a la familia y de odio, donde los actos más deleznables pueden llegar a tener cabida. Enanos, elfos y humanos viven en esa geografía de ficción siendo asediados por un extraño ente llamado Voirandeer, que exhala una enigmática niebla que muta todo al revés. Los escenarios van cambiando a medida que son engullidos por ese misterioso humo. Esto que podría ser complicado de seguir, no lo es tanto si prestamos un poco de atención. Existen dos escenarios claves, el poblado de Loon, Senda y su madre, donde van a parar la brigada de Ivro...

                                          (Viñeta 1, página 13 de Brigada 1).

...y la ciudad regida por las tres brujas que la han convertido en un almacén donde sus rebaños de humanos controlados y dirigidos por los elfos, dan cabida a todo aquel que huye del Voirandeer.

                                            (Viñeta 2, página 15 de Brigada 1).

Entre estos dos icónicos lugares se extiende otras tierras pero ya han sido conquistadas por el Voirandeer, entre estos dos lugares se producirán las idas y venidas narrativas, se confeccionarán las conspiraciones y se diseñarán los objetivos de cada personaje, entrelazados, con los de las tres brujas, y de sus diferentes razas mezcladas en el relato de una manera democrática y para nada partidista.  ¿Cómo podemos detectar la perfección y el error en la historia? Como hemos dicho, anteriormente, lo perfecto, lo bello que diría Umberto Eco, la suma de las proporciones, no nos interesa pero sí que nos sirve para poder comprobar que, efectivamente, partimos de algo que ha sido muy elaborado. 

Empezaremos con el lado humano, que era el que abría este post con ese amanecer en blanco y negro. En este bando incluiríamos a las brujas (Ymeda, Enis y Aya), a Loon, a su hermana Senda, a su madre y a su padre. Dejando atrás a las brujas, que son hermanas, como veréis el eco de la familia resuena por todos lados y es que funciona como un Totem o mejor dicho, como esas tallas de madera que aparecen, nada más empezar la historia en Brigada 1, en los aposentos de Ivro, y que veremos que irán viajando, casi mágicamente por toda la trilogía, saltando de viñeta en viñeta, de página en página, hasta llegar a la mano de Loon en ese amanecer tan hablado.

                                               (Viñeta 3, página 46 de Brigada 1).

Yaibed es el encargado de los elfos de traer a los humanos que huyen del Voirandeer y lleva a la madre de Loon y Senda ante las brujas porque quiere tenerlos con ella. En esta viñeta les cuenta, entre otras cosas, que Senda parece tener un poder e Ymeda, la más anciana de las tres brujas, parece interesada en el relato. Por tanto al final del primer tomo, sabemos que Senda es especial, es una niña que no puede hablar pero encierra un misterio, de igual manera que uno de los integrantes de la brigada, Ouar, también. Es un enano mudo pero que tiene mucho que decir.

                                       (Viñetas 2, 3 y 4, página 24 de Brigada 2).

Interesante conexión que como veremos se va desarrollando a medida que la historia vaya desenredándose, sustentada solamente con las miradas ya que ambos actantes no poseen el don de la palabra.

                                      (Viñetas 5, 6 y 7, página 28 de Brigada 2).

Unas páginas más adelante y antes de separarse de los dos jóvenes, Ouar entregará una piedra a Senda y ésta la aceptará sorprendida. El enano sabe algo que quizá la joven desconoce.

                                     (Viñetas 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9, página 29 de Brigada 3).

Esa misma piedra será la que pida Ouar a Senda una vez que llegan a la ciudad regida por las Brujas para liberar al Voirandeer. Como hemos visto una imbricación perfecta que une diferentes objetivos y que allana el misterio, más si cabe, entre ambos personajes alimentando la curiosidad del lector, pero cuidado, este tipo de ejercicios pueden llevarnos a un callejón sin salida, es decir, si no tenemos cuidado a la hora de analizarlos, podremos ir en contra de nuestros propios argumentos. Me explicaré.    

Brigada, en ese sentido, no es un cómic que se pueda leer fácilmente, de hecho el haber tardado tanto tiempo en elaborarse hace que regresemos, una y otra vez, al mismo para poder leerlo en su totalidad. Me acuerdo la primera vez que leí el ansiado tercer capítulo y recuerdo que me causó mucha frustración, no me gustó para nada el final de la historia. Estaba cometiendo un error, Brigada no se puede leer individualmente, como digo, hay que leerlo en conjunto. Dicho esto, además la propia estructura de cada uno y los tres en su conjunto, hacen que tengamos que tener la vista bien atenta en su desarrollo. Para preparar este análisis volví a leerlos y descubrí otra interesante conexión, como la que he explicado un poco más arriba. Esta vez unía dos momentos concretos con dos enanos de la brigada.

                             

                                             (Viñetas 6 y 7, página 25 de Brigada 2).

En este momento, Loon les cuenta lo que ha leído de los pergaminos de Ivro, diciéndoles que la mayoría de las bajas de las otras brigadas era como consecuencia de matarse entre ellos mismos y la última viñeta guarda un cruce de miradas entre Vega y Avian.

                                      (Viñetas 1, 2, 3, 4 y 5, página 44 de Brigada 3).

En esta otra página vemos, efectivamente, eso de lo que hablaba Loon, de matarse entre ellos, Vega apuñala a Avian en la espalda. Los dos momentos alejados temporalmente en su creación pero unidos narrativamente, me parecían asombrosos, pero estaba equivocado. En este post no solo hablaremos de los errores de otros, sino también de los de uno, faltaría más. Y es que el fallo es una equivocación, a quien mata Vega no es a Avian sino a Erwin, de esta manera la conexión salta por los aires, como esa veta que hace detonar la piedra de Ouar.

Pero ya está bien de hablar de la virtud, concentrémonos en el vicio. Estábamos hablando de los humanos de Brigada pero, como ya he recordado, el resto de razas danzan al unísono alrededor del Voirandeer. El cómic empieza con un pequeño Loon escuchando a su robusto padre hablar del Voirandeer para después pasar a la comunidad enana con Ivro como protagonista. El enano está rezando a su familia y en ese momento se le informa de que tiene que capitanear la brigada de un tal Macson. Ivro, ya viejo, solo desea una cosa, más que luchar contra los elfos, más que enfrentarse al Voirandeer, lo que quiere es estar con su familia. Es un personaje roto, herido, de alguna manera, perdido, de hecho no dudará en adentrarse en la niebla para dejar a la brigada huérfana de liderazgo. Es un plan que lo tenía preparado y que el encuentro con Loon, que ha leído mucho los escritos de su padre, parece ser un experto en el Voirandeer, y Senda aceleran su huida.

                                        (Viñetas 3, 4 y 5, página 22 de Brigada 3).

Un joven Ivro entrega a un Loon adolescente unas tallas de madera que representan a su familia y le dice que si ve a su otro Yo, que se la entregue para que se de cuenta de lo importante que es tener una familia alrededor. Loon se le queda mirándolo, pensativo, aceptando el encargo.

                                         (Viñetas 5, 6 y 7, página 56 de Brigada 3).

Las palabras de Ivro resuenan en estas otras tres viñetas, regresando a la página de ese amanecer que hemos citado. Loon no ha cumplido con su pequeña misión de entregar las tallas, pero las mira y sonríe abrazado a su madre y con Senda a su lado. Y sí de la familia que hablaba Ivro no fuese solamente la suya, y sí estaba hablando de la del joven también. Es en este punto donde la luz de ese amanecer también llega al lector en forma de revelación, de anagnórisis si se quiere. La madre de Loon no era muy proclive a que su hijo siguiese los pasos de su padre en el camino de la sabiduría.


                                          (Viñeta 8, página 33 de Brigada 1).

Es más, el bocadillo de la viñeta parece representar la autoridad aplastante de la madre sobre sus hijos, es casi tan grande como ellos, casi puede llegar a engullirlos como si del Voirandeer se tratase, pero parece que la madre ha sufrido un cambio, después de sobrevivir al ataque y al enfrentamiento en la ciudad, ese amanecer la ha transformado, ha evolucionado, como se puede contrastar con las viñetas de arriba. Entre esas palabras enclaustradas en ese bocadillo aparece la del padre y aquí sobresale la confusión.

                                       (Viñeta  6, página 8 de Brigada 2).

En esta viñeta Loon dice a los enanos que su padre desapareció cuando investigaba el pozo de las brujas en la ciudad. Bien, si eso es así, y de hecho el capítulo final nos regala el contexto de los hechos pasados, lo que hizo su padre en el palacio de las brujas y las consecuencias que tuvo, entonces, ¿quién es el personaje que está con Loon, de pequeño al comienzo de Brigada 1?                                              Él lo llama padre y después de su lucha, se supone contra el Voirandeer o lo que trae consigo, muere en el combate, legándole a Loon sus cadenas, sus símbolos, para que la lucha continúe en el futuro. Si no es así, si resulta que no murió, el momento pierde toda su fuerza emocional, ¿qué ha pasado? El único que nos puede ayudar es Enrique Fernández.

                                                        (Página 54 de Brigada 3).

Para acabar tenemos que seguir mirando ese amanecer porque es uno que pertenece a los humanos, pero qué pasa con las otras razas, las autóctonas del reino de la fantasía. Una vez liberada la energía del pozo, una vez que se escapa del mundo a través de la veta que explosiona Ouar, toda la fantasía es succionada a otra realidad. Enanos, elfos, seres de otros mundos, incluso aquellas humanas que han jugado a ser diosas, son barridas por una corriente que limpia aquellos elementos fantasiosos de una supuesta realidad, que a partir de ahora es propiedad del ser humano. No estamos tan lejos del mito, ni de sus creencias, es más, estamos muy cerca de Tolkien o del Bone de Jeff Smith, cuya viñeta final resumen a la perfección ese camino del mito al logos de una manera ejemplar. Aunque yo, personalmente, prefiero quedarme en otra alteridad, una en la que pudo pasar esto otro.

Y este tríptico, sí que es el verdadero final de Brigada. Qué le vamos a hacer a algunos nos gusta convivir con Enanos, Elfos y Dragones, sólo somos bardos.