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domingo, 25 de abril de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. El poder de las viñetas.

 


Hoy os propongo un viaje, uno que comenzó hace más de treinta años, pero para ello primero tendría que citar otro periplo, uno poco más corto. Buscando en Google di con un tal Massimo De Vita, al principio ni idea, pero lo que tiene andar en un buscador, aliado de otras búsquedas, algoritmos indescifrables que se van solapando, por debajo o por encima de otros, conformando un espectacular agujero de gusano por dónde todo, o casi todo, puede ser hallado. Después del nombre del autor enseguida vino la obra, Mickey y la Espada de Hielo y con el título sonó la alarma del recuerdo. Enseguida reaccioné, incrédulo, no podía estar pasando, ¡era posible encontrar La espada de hielo!, el cómic que me abrió, prácticamente, las puertas al noveno arte, la casilla de salida de esta pasión, la ruta por donde empecé a perderme en el mundo de las viñetas. Y una mañana, buscando y buscando, acabé en Amazon, donde si no, y fue allí donde encontré el tomo de la serie Disney Masters titulado The Ice Sword Saga. Book 1, publicado por Fantagraphics Books. Algunos compatriotas del Foro de la BD ya lo habíais nombrado con anterioridad, pero hasta que no lo tuve en mis manos no pude creérmelo y es que la historia tiene tela, tanta como ese mapa de más arriba.

Ya he comentado en mi blog cuáles eran mis ágoras particulares en una época convulsa, todavía hoy lo sigue siendo pero con menor intensidad, para un niño en el Bilbao de los años ochenta del siglo pasado. Los Quioscos, sin duda alguna, fueron mis primeras bibliotecas que con el pasado del tiempo se transformaron en alejandrinas, llegando a desaparecer. Eran mi excusa ideal, ya sea para esperar al autobús que me llevaba al cole, o para acercarme cuando mi madre me transportaba a algún sitio, siempre escurría el bulto y me acercaba a sus fronteras. Era fácil porque estaban revestidas de cómics, revistas y otras publicaciones, todo hay que decirlo, que quizá un niño de ocho años no tendría que ver, pero bueno, yo las ninguneaba, las "autocensuraba" en detrimento de las viñetas que me llamaban. Acercarse a unas de estas paredes era rodearse de amigos, viendo como las portadas de los dibujos te daban la bienvenida, podía pasar horas y horas contemplándolas. Eran pequeñas puertecillas que abría mi imaginación, una de ellas era la publicación de Don Miki. En ella descubrí La espada de hielo y quizá mi primera ofuscación, explorando sus páginas me di cuenta que en ese número de Don Miki, donde aparecían los Jóvenes Castores en una balsa sobre un río, solo existía la segunda parte del relato.


Enseguida miré el número de la publicación y rápidamente le comuniqué a mi madre que necesitaba el número anterior. La pobre fue al quiosco pero nada, no lo tenían, así que me tuve que conformar con leer la segunda parte de La espada de hielo varios meses, una y otra vez, antes de que descubriese el número perdido en casa de un familiar. Por supuesto, ni corto ni perezoso, me hice con él utilizando las estratagemas más viles hasta que cayó bajo mi poder, no me daba cuenta pero con el paso del tiempo era yo él que estaba bajo el influjo del cómic de Massimo De Vita.                                                        La historia de La espada de hielo volvía a interrumpirse porque me fue imposible encontrar la tercera y última parte. Ya sé que hoy en día con internet es mucho más fácil, pero en aquellos días pasados, la tarea se transformó en casi titánica. Además me tuve que desplazar a otra comunidad autónoma y ya la di por perdida. ¡Iluso de mí! Las cosas que te interesan nunca se pierden, uno las puede dar de baja pero regresan cuando menos te lo esperas y mientras pasaba el tiempo, iba alimentándome de hipótesis narrativas. ¿Cómo hubiese terminado? ¿Miki y Goofy llegaron a encontrar al misterioso Gunni Helm? ¿Cómo sería llegar al  reino de los gigantes? ¿Cómo combatieron al Príncipe de las Tinieblas?

Curiosamente mis dudas tenían mucha relación con los textos escritos, como los que aparecen en la viñeta de más arriba, de hecho ahora los leo en inglés y son muy parecidos. Quizá esa fue mi primera fuente de alimentación y esa viñeta, que fue mi adiós del relato, mi despedida del mundo de las viñetas, se ha fosilizado en el cómic como recordatorio de algo. Uno va creciendo y poco a poco va relegando la historia y su poder imaginativo a los rincones de la memoria más insospechados, aletargados, esperando pacientes a sobresalir de nuevo. Y hoy después de más de tres décadas he concluido como adulto La espada de hielo que empecé de niño y ¿sabéis una cosa? Prefiero lo que imaginé antes que el resultado final del cómic, creo que el tiempo me ha dado mucho margen para pensar e imaginarme un montón de cosas, más que las que contienen las propias viñetas. Quizá ese sea  otro de sus maravillosos secretos, el de potenciar la imaginación de un niño y acompañarle hasta su etapa adulta. Hoy mirando a Miki y a Goofy adentrándose en territorio Trol, veo que no van solos, esas sombras detrás de ellos corresponden a las de un niño de ocho años, que todavía a día de hoy les sigue...

domingo, 18 de abril de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. La épica cotidiana. A propósito de BONE. Libro primero. III. Phoney Bone.

  


Seguimos encerrados en el maravilloso Bone. Libro I con este tercer episodio donde seremos testigos de cómo se reencuentran los dos primos. Recordemos que en los episodios anteriores (El mapa y Thorn respectivamente), los tres primos Bone (Fone, Phoney y Smiley) escapándose de su pueblo llegan a un extraño valle, pero no podrán explorarlo juntos mucho tiempo porque un misterioso enjambre de langostas los hará dividirse y será Fone Bone quien se convertirá en nuestro guía en esta obra maestra. Bone es un cómic épico, entre otras muchas cosas, porque entremezclado entre sus más de mil páginas podemos otear infinidad de referencias y, yo diría que incluso, descubrir cualquier género desde la aventura hasta el thriller pasando por el horror y la comedia, siempre teniendo en cuenta, eso sí, la criba americana, es decir, la asunción de que estamos ante una historia norteamericana donde sus homenajes y fundamentos caen en obras de esa misma cultura, desde el Pogo de Walt Kelly al Disney de las tiras cómicas, donde sobresale la obra de Carl Banks, sin menospreciar el Peanuts de Charles M. Schulz  llegando incluso al Matt Groening de Los Simpson, como vemos la referencia salta incluso de formato, del papel a la animación, y entronca una línea temporal vasta y fructífera. Como es lógico en una historia como ésta, la epicidad se irá construyendo paulatinamente, no empezando en el principio de la diégesis pero si gestándose poco a poco, descubriéndola curiosamente, ya no sólo en aquellos momentos trascendentales de la saga, las típicas batallas por ejemplo, si no también en aquellas situaciones que no lo parecen. Por tanto la cotidianidad se transforma en aliada del proceso.

                            (Viñeta 1, página 2 del capítulo tercero. Phoney Bone).

Nos encontramos con un despertar, antes ha aparecido una enigmática viñeta donde podemos ver a uno de los primos perdidos, Phoney, pero enseguida regresamos a Fone Bone desperezándose y lo hace en el interior de la cabaña de Thorn. Hay algo en esta viñeta que siempre me ha producido un cierto sosiego,sobre todo después de lo que ha vivido nuestro héroe, desorientado en el desierto, separado de su familia (sus primos), luchando contra mostrorratas, perseguido por el Dragón rojo y sin embargo, llega este momento de desajuste rítmico, una desaceleración narrativa donde veremos cómo dialoga con Thorn sobre un montón de cosas banales al principio, pero que descubriremos después, a medida que avance la historia, que forman parte nuclear del relato. Es como si el propio Jeff Smith nos dijese "que tranquilos" "que estamos empezando este viaje", preparándonos para lo que vendrá. Y cómo lo hace es una auténtica delicia. La sonrisa de Thorn mirando a Fone despertándose, las columnas de vaho que salen de las tazas y de la tetera, los bollos en primer término, el fuego de un caldero al fondo, demiurgo de la sombras que van poblando la habitación, conquistando las diferentes superficies de los materiales constructivos de madera y piedra. Va posicionando una serie de elementos cotidianos que nos hacen sentirnos como si estuviésemos allí dentro con los actantes. 

                           (Viñeta 2, página 17 del capítulo tercero. Phoney Bone).

Sin duda alguna, de lo que estamos hablando es de la forma, una representada excepcionalmente como vemos en la viñeta de más arriba. La manera en realizar el punto de vista narrativo, en focalizarlo, construyendo un aparato estético qué duda cabe, pero al mismo tiempo formal. Mirar al lector, como si los personajes estuvieran rompiendo la cuarta pared cinematográfica, dejando entrever restos de osadía creativa entrelazados en la propia dinámica del relato para hacer ejercer la herramienta más poderosa que tiene el ser humano, la imaginación. Algunos pueden ver en esto una simple omisión laboral, es decir, una vagueza en el trazo, llegando a una peregrina conclusión: la opción elegida es la más fácil, no dibujar, pero sinceramente creo que en nuestras cabezas se produce un efecto mayor si conseguimos imaginar cualquier cosa antes que observarla. Es una de las razones por las que el erotismo, la insinuación, siempre ganará a la pornografía, a la contemplación absoluta, y que conste que no me estoy refiriendo al tema sexual solamente. En este caso, Thorn y Fone Bone están esperando a la abuela Ben y parece que se aproxima a ellos, pero no lo hace sola, algo la acompaña. A partir de este momento, la responsabilidad creativa pasa al lector, Smith delega el hecho a su testigo para que él mismo imagine el suceso. La épica elevada a forma cotidiana.


                                                                                                                 CONTINUARÁ.... 

domingo, 11 de abril de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. Loa teatral.

  

                                        (Viñeta 6, página 23 después del título).

Hoy desvelaremos el enigma más allá de esa entrada guardada por unos petroglifos con forma de luna. Este domingo toca hablar, un poquito, de la magistral De capa y colmillos. 4. El misterio de la isla extraña de Ayroles (guion) y Masbou (dibujo). Si queréis saber cómo han llegado a las Tingitanas nuestros gentileshombres aquí tenéis el anterior enlace: Domingo de viñetas. Más allá del "valle inquietante"

Antes que nada, tenía en mente comentar los dos siguientes capítulos de la saga pero este número IV es tan rico en contenido como en forma que me ha sido imposible hacer una síntesis de ambos, así que hoy solamente hablaré de este Misterio de la isla extraña editado por Norma aquí, Delcourt allá. Bien, empecemos por la forma, al final de El archipiélago del peligro la página realizaba una especie de vaciado, digámoslo así, estético haciendo desaparecer, casi,  el dibujo pero manteniendo la división en viñetas y los bocadillos de las mismas, es decir, sus creadores se atrevían a desnudar una de las herramientas primordiales del noveno arte para dejar protagonismo a la palabra, a la literatura, y por supuesto, a nuestra imaginación. Pues en esos vericuetos nos encontramos al comienzo de este cuarto capítulo.

                                                        (Página 2 antes del título).

Nada más abrir el cómic, uno se encuentra con la continuación de ese atrevimiento, dos páginas en las que solamente vemos bocadillos y unos ligeros dibujos, diseños, de los ojos de los protagonistas en el interior de un caldero. El significado reducido a su mínima expresión artística, dejando a un lado el peligro que se cierne sobre nuestros héroes, son testigos de sus pasados, de sus aventuras pretéritas y de esta manera podemos llegar a conocerlos mucho mejor, insisto, velados por una oscuridad eterna. Los ojos como guía insustituible de la narración va compartiendo sentimientos encontrados de los actantes hasta que deciden actuar, dejar de relatar, y ponerse manos a la obra, empujar la historia, sacarla del interior de ese caldero y proseguir sus acechanzas y lo hacen de una manera moderna, rompiendo la cuarta pared, utilizando un símil cinematográfico, en la última viñeta, mirando al lector de frente, instándole a que pase de página porque lo que viene a continuación es una maravilla, que por supuesto no mostraré, pero que queda como sugerente punto de partida. No hemos empezado el cómic y ya tenemos un montón de cosas desplegadas sobre la mesa creativa de la serie. Sinceramente, el final del anterior episodio podría defraudar pero este comienzo, promete.

¿Y qué vamos a encontrar entre sus páginas, entre sus viñetas? Construyendo una magnifica conexión con el primer capítulo, El secreto del Jenízaro, y con su seminal primera viñeta, un plano general de una representación en un rincón de Venecia, podemos llegar a constatar que todo lo que mueve al relato se puede definir con una sola palabra: TEATRO. De capa y colmillos es una maravillosa loa teatral. Un homenaje a la escena, al genuino mundo de las apariencias escénicas que va escalando puestos hasta llegar a ese volcán misterioso donde los señores Maupertuis y Villalobos nos llevan de sus pezuñas. Todo empieza a tener un sentido, si se quiere surrealista, de la trama donde la imaginación no tiene límites, y si los encontrase alguien, vería que los ha fabricado un Moliere o un Lope de Vega, o incluso y cambiando de género, un Verne, pero no adelantemos acontecimientos, seguimos explorando esta isla extraña.


            (Página 9 después del título).                        (Página 19 después del título).

Lo que tenemos más arriba es una auténtica delicia de construcción matemática que nos habla, precisamente de esas apariencias, el mundo de la representación que no es otro que el de la imitación de la realidad, en este caso, hecho por unos loros, veremos más adelante que el volcán está habitado por, entre otros muchos personajes, mimos. Y todo realizado, como toda la serie, desde un punto de vista lúdico, la anagnórisis sobresale después de haber leído un par de veces el cómic. En una primera vez uno no se da cuenta, está metido literalmente en la búsqueda del misterio que no se percata del detalle y en una segunda ocasión, uno puede acomodarse mejor en la platea y darse cuenta de los detalles creativos. Ambos momentos son elocuentes de lo que hay más allá de la tramoya. En la primera página somos testigos de la aventura del capitán Boone, donde se le hace ver al pirata que no tiene a un loro como mascota si no a un pollo. No deja de ser una "representación" banal dentro de la diégesis pero hasta qué punto esa banalidad deja de serlo para mutar en espejo escénico de la misma, diez páginas después. Es decir, veamos al narratario. En la primera página es el propio lector, pero en la segunda, además de ser el lector, aparece otros en la primer viñeta, los propios actantes, Don Lope, Don Arnaud y el científico Bombastus, que miran a los loros imitar lo que han visto antes y ser testigos de la representación. Sin duda un ejemplo minúsculo de cómo se puede ubicar un gran homenaje al TEATRO.   

domingo, 4 de abril de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. En el reino de la línea... ¡recta!

  


Hoy nos toca mirar el mundo de Hellboy pero escorando a su creador, Mike Mignola y a su criatura, para testificar su legado en la serie AIDP, donde Abe, Roger y Mr. Kraus se erigen en sus nuevos protagonistas. Este primer volumen de Norma Editorial está dibujado, entre otros, por Ryan Sook y guionizado, además de por Mignola, por Christopher Golden y Tom Sniegoski.

En Las Tierras Huecas, la brigada de la  agencia paranormal tendrá que ir a rescatar a Elizabeth Sherman de las garras de una secta, perdida en los montes Urales, adentrándose en un mundo subterráneo y descubriendo algún que otro secreto por el camino. Todo esto no suena a nuevo, más bien es un ronroneo de cosas que hemos visto en la serie matriz, por tanto si alguno pensaba que las nuevas incorporaciones creativas al equipo de Mignola pudiesen traer aire fresco a la franquicia que se den media vuelta porque estamos ante una continuación, bastante ortodoxa, conservadora entonces, del universo del niño endiablado. Y esto se percibe nada más sumergirnos en el cómic.

                                                         (Viñeta 3, página 5).

Una descripción geográfica al principio de la trama. El ecosistema perfecto para administrar nuestro interés por el relato y todo ello apoyado por líneas rectas que basculan próximas o lejanas sobre el ojo del lector, dando forma conceptual, amparándose en la matemática. En definitiva, un conjunto de líneas que nos avisan de la geometrización de la narración, balizas de alerta del contexto del cómic, de su forma de aproximarse a la aventura, una perfecta invitación abstracta a la acción.

                                                 (Viñeta 4, página 10).

Una que no tiene reparos en ahogar a los personajes en su entorno poligonal, donde las líneas nos conducen a sus mismos vértices para indicarnos lo pequeño y minúsculo que son los actantes que están poblando su escenario. Ligeras formas que poco a poco irán mutando también ellas en elementos de una fisicidad poliédrica.

                                                    (Viñeta 7, página 37).

El propio límite de la viñeta de más arriba cercena la posibilidad de una curva, la parte redondeada de la cabeza de Roger, el golem, para construir un rostro geométrico de rasgos punzantes y sombras impertinentemente construidas para sugerir. Y es que estas dos herramientas son las que AIDP hereda de Hellboy para conseguir un ejercicio formal continuista amparado en la solidez de la línea recta pero al mismo tiempo, desamparado en esas sombras que conquistan todo el relato y que suscitan incertidumbre y tensión por lo que sugieren más que por aquello que pudiesen mostrar. No estamos lejos de una contienda entre lo que se ve, qué es si no la matemática, una representación de la realidad que muestra limpiamente sus contornos a través de la geometría de una línea recta versus lo que se esconde, la información sustraída al lector para potenciar su imaginación y llevarlo a encontrarse con sus propios límites. Llegar a conseguirlo es toda una proeza.

                                                    (Viñeta 7, página 28).


domingo, 28 de marzo de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. Adentrándonos en el Bosque.

 


                                              (Viñeta 1, página 21. Número 1).

Hoy daremos un paseíto por el bosque de la mano de dos mentes perturbadoras, creativamente hablando, como son Cullen Bunn, sacando punta a su mina del lápiz, y Tyler Crook, desenfundado sus pinceles, y nunca mejor dicho para este cómic dibujado en acuarela. Nos vamos a Harrow County 1-4. (Dark Horse) editada aquí por Norma Editorial.

Desde la génesis misma del relato sus autores lo tenían claro, bosque y campo rodeando un núcleo humano que a vista de pájaro se iría transformando en el Condado de Harrow.


                          (Página 15 del Sketchbook incluido en la edición de Norma).
 
Bien, por tanto, desde el principio queda establecido que la historia iba a dirimirse entre la civilización, el campo creado por el hombre, horadado por la comunidad y el bosque, lo ignoto, la creación misma, milenaria y desconocida. Deseo siempre del hombre moderno por su control, pero también lucha pírrica del mismo. Se podría decir, deportivamente, que construida la meta y la salida de la narración solamente hace falta su desarrollo, es decir, la carrera, el recorrido, uno que pivota alrededor de la naturaleza que como veremos hace de presentación en cada número del cómic en sus primeras páginas.


                                                  (Página 2 del número dos).


                                                   (Página 1 del número cuatro).

No descubrimos el Mediterráneo si nos ponemos a enumerar los cómics e historias que han estado nutriéndose de esta dialéctica, pero lo maravilloso es intentar descubrir dentro de la propia diégesis del cómic sus pistas, sus argucias, es como cuando eras un niño, en mi caso, y te ponías a unir los puntos y se iba desvelando el dibujo ante tus ojos. Ante los de Emmy también se vislumbran otro tipo de dibujos.


                                                (Viñeta 1, página 22. Número 1).

Una vez que la protagonista decida introducirse en el bosque, lo primero a lo que tendrá que hacer frente es al último reducto de civilización en la foresta. El puente como símbolo de unión de dos ecosistemas diferentes, ciencia y magia, religión y hechicería, y que comparten solamente la construcción humana como cordón umbilical de paso. La osadía requiere un ofrecimiento, el bosque se lo facilitará.


                                                (Viñeta 1, página 22. Número 1).

Emmy miraba algo al otro lado del puente, pues bien, al otro lado de la página le espera el sujeto de observación. Su transgresión será recompensada con un cebo, un niño sujetando lo que parece un conejo o un peluche de conejo. A partir de este momento la unión es indefectible, pareciese que Emmy regresase a un posible útero materno, su ímpetu en encontrar a ese niño, arañando las ramas impenetrables de los árboles evocan el ansia del bebé por salir fuera. Su descendencia es el pasado, ya no de su familia, es decir, de su padre, sino de toda la comunidad, de todo Harrow County. El prólogo del número uno lo dictamina así, Emmy empieza a (re)nacer desde este encuentro fortuito en el bosque, del que poco a poco, iremos conociendo más escenarios.


                                         (Viñeta 1, página 44. Número dos).

Huyendo de su progenitor y de la comunidad, se encuentra con la ayuda de Bernice, y ambas acaban en un cementerio. Escenografía que no podía faltar en un relato terrorífico, aunque aquí funcione más de catalizador donde las dos niñas se vayan enterando un poco más de los secretos que guarda su comunidad. El lugar se presta a ello, Bernice, como consejera, le dice a Emmy que "el abuelo me contó que había cementerios antiguos en el bosque donde se enterraba a los indeseables". La "S" final de la palabra "cementerios" no ayuda a tranquilizar, este camposanto que vemos arriba es uno de otros que andan desperdigados por el bosque, inquietante cuanto menos pero de eso mismo se trata Harrow County, de perturbar la tranquilidad del lector de una manera a la que no estamos acostumbrados en un género como este, y aunque la propia narración contenga viñetas gore, este tipo de indirectas narrativas, estremecen más, abriendo nuestras mentes a lo desconocido, nuestra imaginación.


                                    (Viñetas 1, 2 y 3, página 79. Número cuatro).

La estrategia de los creadores irá imbuida al ritmo del relato, a medida que se vaya desenrollando el mismo, los obstáculos irán multiplicándose, pero también la adhesión de nuevos aliados que puedan ayudar a la heroína a poder vislumbrar mejor un pasado todavía un tanto neblinoso. Estas viñetas responden a ese esquema, la presentación del Sr. Sorrell. El personaje ayudará  a Emmy a poder establecerse un poco mejor en la nueva realidad a la que tiene que enfrentarse. Por supuesto, y como no, esa anagnórisis empezará en el bosque, donde los faros del coche del farmacéutico se asemejan a los de un monstruo, pero su resolución se celebrará en la casa del actante. De regreso a la civilización, la construcción de un hogar, se puede resolver el enigma. Solamente después de haber superado las pruebas de iniciación Emmy, recordemos que ha cumplido diecisiete años, con lo cual está a las puertas de convertirse en mayor de edad, podrá saber la verdad sobre su padre y sobre su entorno. La ofrenda en forma de extraño niño, la revelación en uno de los cementerios olvidados del bosque, agrupan sus ítems más característicos para que la heroína se libere de unas ataduras, más psíquicas que físicas, generadas en el mundo oculto del bosque, pero su proceso final tendrá lugar en el mundo conocido, el del hombre. Este vaivén narrativo se refuerza en el epílogo.


                                            (Viñeta 1, página 99. Número cuatro).

Ya no en un núcleo rural humano si no en la urbe. Está lloviendo intensamente como si esa frecuencia nos hiciera recordar unas páginas atrás, como si nos hiciese volver, ni más ni menos, al principio del relato, poniéndonos frontalmente el misterio de adentrarse en el Bosque como si se fuese algún tipo de mecanismo temporal. Uno que nos avisa de la dialéctica encerrada en Harrow County o mejor dicho, de aquello de lo que se alimenta el miedo, ni más ni menos, que de lo desconocido.


                                                      (Página 5. Número 1).

domingo, 21 de marzo de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. Invitando a observar la vida.

  


Han sido, exactamente, cuarenta y ocho domingos, es decir, cuarenta y ocho semanas, o si quiere, trescientos treinta y siete días, o casi un año, pero por fin hoy hablaremos, siempre un poquito, del maestro Francisco Ibáñez Serrador, ¡uy, no! Ése no, ya hablé de Chicho en otros medios, por cierto otro maestro pero en lo suyo aunque ambos siempre han tenido algo en común, entretener al público, quizá de ahí mi lapsus viperino. Con esta entrada intentaré hablar un poco de la obra de F. Ibáñez donde quizá sobresalga, de entre todas sus creaciones, unos tal Mortadelo y Filemón, pero qué duda cabe que hubo más personajes magistrales, unos han envejecido peor pero ahí quedan, y otros, gracias a los dioses, nos siguen acompañando. Precisamente el próximo mes de abril se publicará la nueva aventura de los agentes de la T.I.A Misión por España.

¿Cómo hacer una pequeña introducción de alguien que ha trabajado tanto? Bueno ahí está el desafío, así que ¡Valor y al toro! Otro maestro nuestro, para el que escribe, uno de los mejores guionistas del cine español, Rafael Azcona decía a un bulímico de la información como David Trueba en una entrevista (Rafael Azcona: oficio de guionista): "Cuando yo era joven me gusta oír cómo hablaban, lo que decían los viejos. Yo frecuentaba a los mayores". De alguna manera el maestro Azcona era un observador, y por supuesto, un oyente de su época, de la vida que lo rodeaba. Creo sinceramente que Ibáñez ha hecho lo mismo, durante todo este tiempo, pero en el cómic. Se ha consolidado como un cronista de su época. Ver sus viñetas, inmiscuirse entre sus trazos, no es otra cosa que un pacto social, una invitación a observar un país y unas gentes, donde algunas costumbres ya han desaparecido y otras perduran por los siglos de los siglos, intoxicando nuestra cultura.

                                             (Viñeta 1 del álbum El bacilón, 1983).

Esta viñeta nos escenifica a la perfección el estilo del maestro y su práctica, es decir, su funcionalidad. Heredada de la Bd, la técnica Ibáñez nos regala un pedacito, ya no sólo de su mundo, sino de sus preocupaciones, pero siempre aliñada con sorna, con humor, donde cada milímetro de espacio de esa diégesis enmarcada en un cuadrado como somos testigos más arriba, representa además del inicio de una aventura, elemento narrativo incuestionable, crítica de un momento concreto de aquello que está pasando por su vida, pero disfrazada de una serie de elementos típicos de nuestro país que afloran con cada lectura, con cada visionado. Por supuesto que Ibáñez no es el único por estos lares en realizar este tipo de dibujo, me viene a la cabeza Jan por ejemplo y tantos otros, pero el barcelonés se erige como testimonio de una época por su ingente obra, por su tozudez creativa, por su perseverancia gráfica que nos conquista hasta la actualidad. La ironía, el decir o mejor dicho, el mostrar algo contrario de lo que se dice ha sido su herramienta predilecta. La ciudad de arriba está infestada de burla además de otras cosas. La mezquindad de la vecina de enfrente, el inicio de la comida basura, el homicidio de la naturaleza, la proliferación de la presencia de la mascota como germen dañino urbano, la desfachatez del peatón. Desde el minúsculo fondo, ese pájaro cayendo en picado, hasta el primer plano de la viñeta ahogado por el humo negro del tubo de escape del autobús, nos reímos pero también somos conscientes de la denuncia. 

Si cogiésemos un álbum un poco más reciente como el de ¡A reciclar se ha dicho! (2011), veríamos que las cosas han cambiado un poco, la dinámica sigue siendo la misma desde hace unas décadas, empezar sus aventuras como si fuesen lecciones de Historia, para luego transformarlas en la actualidad más recalcitrante...

                                                       (Viñeta 1, página 7).

...pero seguimos contemplando el abismo en la viñeta, Ibáñez sigue invitándonos a mirar por su agujerito particular un fragmento de vida. Aquí tenemos el interior del salón donde comen y cenan nuestros queridos agentes en su pensión El calvario. Quizá no tenga el contenido crítico de la anterior, pero precisamente por esa razón, uno al descubrirla, decide explorarla por el mero hecho lúdico del ejercicio visual. Puede que con menos detalles, el tamaño de la viñeta aquí sí que importa, pero el maestro sigue ejerciendo de notable cronista.

                                                                                                                      Continuará...

 

domingo, 14 de marzo de 2021

Domingo de viñetas. EL MARCO DE LA AVENTURA. (Y van cuatro).

     


Regresamos al causante de esta subsección en este blog, Theodore Poussin de Frank Le Gall y lo hacemos con su segundo álbum, El devorador de archipiélagos. Recordemos que nuestro aventurero se despidió de nosotros en plena aventura en busca de su tío, o en busca de su tumba, si lo recuerdan y como muy bien dice Franck Bouysse en el formidable dossier de la edición integral de Planeta de Agostini: "Al final de la historia, en el momento de tocar la verdad con los dedos, Le Gall nos aleja rápidamente de ella." El joven Theodore se sube en el barco que, presumiblemente, le llevará a descubrir la verdad sobre su tío y el álbum se cierra con el bote alejándose de la mirada del lector.

     (Viñeta 4, página 62. El capitán Steene. Edición integral de Planeta de Agostini).

Por tanto la búsqueda continua pero de una manera heterodoxa. Para empezar esta segunda aventura de Theodore es un milagro de narración, ya que parte, como se nos cuenta en el dossier, de tres historias cortas publicadas en Spirou y que con ayuda de Yann, intentaron darle un corpus narrativo para convertirlo en el relato que es hoy en día. Un maravilloso recorrido por ese "Oriente misterioso y soñado, el Oriente de la infancia" que decía el autor. Una palabra que va adscrita a la aventura, sin duda alguna es INFANCIA. Es el auténtico motor propulsor de cualquier aventura. Trampolín avasallador generador de la primera aventura, matriz del primer riesgo de nuestras vidas, anhelo construido en la fantasía de cada uno. Theodore no lo sabe, pero su aventura le llevará por territorios que duermen en el subconsciente de su creador, su deseo soñado de involucrarse en otros mundos recónditos, otras culturas lejanas.

(Viñetas de la 1 a la 9, página 120. El devorador de archipiélagos. Edición integral de Planeta de Agostini).

Este momento refleja dentro del propio relato, esa asunción de protagonismo del propio héroe. Sobre su rostro preocupado, distraído, el vuelo de un pájaro. Pasa de largo y se posa en un balcón donde un gato, demasiado disneyano, hará un buen uso gastronómico del mismo. La génesis tripartita de este álbum dejaba claro que el protagonista era Theodore, pero cómo engarzar estas tres historias, cómo montarlas de tal manera que pareciese una sola. Esta página y sus viñetas nos lo desvelan, solamente desde la distancia, desde el alejamiento del rol protagónico, si bien es cierto que Frank Le Gall tenía un as en la manga, esa búsqueda del capitán Steene, el tío de Theodore, como columna vertebral de la acción, estaba claro que esa renuencia tenía que ser demandada por otro actante, y no me estoy refiriendo al gato, si no a otro personaje nacido de una operación algo más arriesgada. Uno que desconocemos, un personaje del cual no sabemos absolutamente nada, otro misterioso aliado o enemigo como el señor Noviembre, el señor Martín al principio del álbum. Con él, disfrazado de maestro de ceremonias, seguiremos esa aventura del héroe en desenterrar el pasado de su familia. Una aventura que se torna en algunos momentos, existencial. A veces vivir una simplemente es querer soñarla. Seguiremos buscando, continuaremos soñando.

(Viñeta 7, página 117. El devorador de archipiélagos. Edición integral de Planeta de Agostini).