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domingo, 21 de marzo de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. Invitando a observar la vida.

  


Han sido, exactamente, cuarenta y ocho domingos, es decir, cuarenta y ocho semanas, o si quiere, trescientos treinta y siete días, o casi un año, pero por fin hoy hablaremos, siempre un poquito, del maestro Francisco Ibáñez Serrador, ¡uy, no! Ése no, ya hablé de Chicho en otros medios, por cierto otro maestro pero en lo suyo aunque ambos siempre han tenido algo en común, entretener al público, quizá de ahí mi lapsus viperino. Con esta entrada intentaré hablar un poco de la obra de F. Ibáñez donde quizá sobresalga, de entre todas sus creaciones, unos tal Mortadelo y Filemón, pero qué duda cabe que hubo más personajes magistrales, unos han envejecido peor pero ahí quedan, y otros, gracias a los dioses, nos siguen acompañando. Precisamente el próximo mes de abril se publicará la nueva aventura de los agentes de la T.I.A Misión por España.

¿Cómo hacer una pequeña introducción de alguien que ha trabajado tanto? Bueno ahí está el desafío, así que ¡Valor y al toro! Otro maestro nuestro, para el que escribe, uno de los mejores guionistas del cine español, Rafael Azcona decía a un bulímico de la información como David Trueba en una entrevista (Rafael Azcona: oficio de guionista): "Cuando yo era joven me gusta oír cómo hablaban, lo que decían los viejos. Yo frecuentaba a los mayores". De alguna manera el maestro Azcona era un observador, y por supuesto, un oyente de su época, de la vida que lo rodeaba. Creo sinceramente que Ibáñez ha hecho lo mismo, durante todo este tiempo, pero en el cómic. Se ha consolidado como un cronista de su época. Ver sus viñetas, inmiscuirse entre sus trazos, no es otra cosa que un pacto social, una invitación a observar un país y unas gentes, donde algunas costumbres ya han desaparecido y otras perduran por los siglos de los siglos, intoxicando nuestra cultura.

                                             (Viñeta 1 del álbum El bacilón, 1983).

Esta viñeta nos escenifica a la perfección el estilo del maestro y su práctica, es decir, su funcionalidad. Heredada de la Bd, la técnica Ibáñez nos regala un pedacito, ya no sólo de su mundo, sino de sus preocupaciones, pero siempre aliñada con sorna, con humor, donde cada milímetro de espacio de esa diégesis enmarcada en un cuadrado como somos testigos más arriba, representa además del inicio de una aventura, elemento narrativo incuestionable, crítica de un momento concreto de aquello que está pasando por su vida, pero disfrazada de una serie de elementos típicos de nuestro país que afloran con cada lectura, con cada visionado. Por supuesto que Ibáñez no es el único por estos lares en realizar este tipo de dibujo, me viene a la cabeza Jan por ejemplo y tantos otros, pero el barcelonés se erige como testimonio de una época por su ingente obra, por su tozudez creativa, por su perseverancia gráfica que nos conquista hasta la actualidad. La ironía, el decir o mejor dicho, el mostrar algo contrario de lo que se dice ha sido su herramienta predilecta. La ciudad de arriba está infestada de burla además de otras cosas. La mezquindad de la vecina de enfrente, el inicio de la comida basura, el homicidio de la naturaleza, la proliferación de la presencia de la mascota como germen dañino urbano, la desfachatez del peatón. Desde el minúsculo fondo, ese pájaro cayendo en picado, hasta el primer plano de la viñeta ahogado por el humo negro del tubo de escape del autobús, nos reímos pero también somos conscientes de la denuncia. 

Si cogiésemos un álbum un poco más reciente como el de ¡A reciclar se ha dicho! (2011), veríamos que las cosas han cambiado un poco, la dinámica sigue siendo la misma desde hace unas décadas, empezar sus aventuras como si fuesen lecciones de Historia, para luego transformarlas en la actualidad más recalcitrante...

                                                       (Viñeta 1, página 7).

...pero seguimos contemplando el abismo en la viñeta, Ibáñez sigue invitándonos a mirar por su agujerito particular un fragmento de vida. Aquí tenemos el interior del salón donde comen y cenan nuestros queridos agentes en su pensión El calvario. Quizá no tenga el contenido crítico de la anterior, pero precisamente por esa razón, uno al descubrirla, decide explorarla por el mero hecho lúdico del ejercicio visual. Puede que con menos detalles, el tamaño de la viñeta aquí sí que importa, pero el maestro sigue ejerciendo de notable cronista.

                                                                                                                      Continuará...

 

domingo, 14 de marzo de 2021

Domingo de viñetas. EL MARCO DE LA AVENTURA. (Y van cuatro).

     


Regresamos al causante de esta subsección en este blog, Theodore Poussin de Frank Le Gall y lo hacemos con su segundo álbum, El devorador de archipiélagos. Recordemos que nuestro aventurero se despidió de nosotros en plena aventura en busca de su tío, o en busca de su tumba, si lo recuerdan y como muy bien dice Franck Bouysse en el formidable dossier de la edición integral de Planeta de Agostini: "Al final de la historia, en el momento de tocar la verdad con los dedos, Le Gall nos aleja rápidamente de ella." El joven Theodore se sube en el barco que, presumiblemente, le llevará a descubrir la verdad sobre su tío y el álbum se cierra con el bote alejándose de la mirada del lector.

     (Viñeta 4, página 62. El capitán Steene. Edición integral de Planeta de Agostini).

Por tanto la búsqueda continua pero de una manera heterodoxa. Para empezar esta segunda aventura de Theodore es un milagro de narración, ya que parte, como se nos cuenta en el dossier, de tres historias cortas publicadas en Spirou y que con ayuda de Yann, intentaron darle un corpus narrativo para convertirlo en el relato que es hoy en día. Un maravilloso recorrido por ese "Oriente misterioso y soñado, el Oriente de la infancia" que decía el autor. Una palabra que va adscrita a la aventura, sin duda alguna es INFANCIA. Es el auténtico motor propulsor de cualquier aventura. Trampolín avasallador generador de la primera aventura, matriz del primer riesgo de nuestras vidas, anhelo construido en la fantasía de cada uno. Theodore no lo sabe, pero su aventura le llevará por territorios que duermen en el subconsciente de su creador, su deseo soñado de involucrarse en otros mundos recónditos, otras culturas lejanas.

(Viñetas de la 1 a la 9, página 120. El devorador de archipiélagos. Edición integral de Planeta de Agostini).

Este momento refleja dentro del propio relato, esa asunción de protagonismo del propio héroe. Sobre su rostro preocupado, distraído, el vuelo de un pájaro. Pasa de largo y se posa en un balcón donde un gato, demasiado disneyano, hará un buen uso gastronómico del mismo. La génesis tripartita de este álbum dejaba claro que el protagonista era Theodore, pero cómo engarzar estas tres historias, cómo montarlas de tal manera que pareciese una sola. Esta página y sus viñetas nos lo desvelan, solamente desde la distancia, desde el alejamiento del rol protagónico, si bien es cierto que Frank Le Gall tenía un as en la manga, esa búsqueda del capitán Steene, el tío de Theodore, como columna vertebral de la acción, estaba claro que esa renuencia tenía que ser demandada por otro actante, y no me estoy refiriendo al gato, si no a otro personaje nacido de una operación algo más arriesgada. Uno que desconocemos, un personaje del cual no sabemos absolutamente nada, otro misterioso aliado o enemigo como el señor Noviembre, el señor Martín al principio del álbum. Con él, disfrazado de maestro de ceremonias, seguiremos esa aventura del héroe en desenterrar el pasado de su familia. Una aventura que se torna en algunos momentos, existencial. A veces vivir una simplemente es querer soñarla. Seguiremos buscando, continuaremos soñando.

(Viñeta 7, página 117. El devorador de archipiélagos. Edición integral de Planeta de Agostini). 

domingo, 7 de marzo de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. Anagnórisis.

  


Regresamos a la "gentil"  Drakoo para ser testigos de una aventura en el París de las Maravillas de la mano de un equipo extraordinario. El guion parte de Pierre Pevel, de los lápices se encarga Étienne Willem y del color, Tanja Wenish para invitarnos a resolver un misterio en Les Artilleuses. 1. Le vol de la Sigillaire (Las Artilleras. 1. El robo de la Sigillaire), como de costumbre, esperando ser editada algún  día de estos en el lenguaje de Cervantes.

No existe nada motivador en el primer tomo de Les Artilleuses, salvo que uno se agarre al factor genérico de su propuesta. Quiero decir, si eres un fan del Steampunk ya tienes la mitad del precio del álbum comprometido y eso, quieras o no en estos tiempos que corren es de agradecer, pero qué pasa si no te gusta el pastiche futurista, aunque en nuestro caso particular más bien sería retrofuturista, bueno siempre te puedes aproximar a su universo de fantasía como excusa perfecta. Insistimos, pareciese que no hay nada nuevo en el horizonte de esta historia y sin embargo, comprobamos que su circuito narrativo clásico nos va descubriendo oportunidades, riesgos formales que merecen la pena. Nos encontramos en la antesala de una Anagnórisis, ¡descubrámosla!

                                                          (Viñeta 2, página 31).

La noche posibilita la revelación como dijimos, a propósito de los últimos álbumes de Astérix, en Empezar por el final (I). Es un tiempo de recogimiento, pero en absoluto de calma sino todo su contrario. La viñeta de más arriba lo escenifica a la perfección, y es que a veces una imagen vale más que mil palabras. Si diseccionamos la viñeta en dos partes trazando una diagonal, comprobaremos que el dibujo inferior, los dos gendarmes apoyándose mutuamente en "darse calor" con un cigarrito, demuestra una tranquilidad cotidiana frente a la parte superior, su rotunda antítesis donde una de las protagonistas, Mam'zelle Gatling, intenta llegar a un piso superior buscando algo. El suspense de un choque de trenes no nace de un accidente sino de su gestación, la tensión de la administración del relato como antítesis del sosiego, pero su revelación no consiste en descubrir el propósito de la protagonista, regresando al lugar del crimen, sino en destapársela al lector. Esta Anagnórisis tiene su propio prolegómeno, eso sí acompañada por diferentes actantes (el traficante de arte, el fauno Cristofaros, junto a Lady Remington, líder del trío rebelde), pero igual escenario aunque diferente estado atmosférico, de día.


                                                     (Viñeta 6, página 16).

Habría que pasar unas páginas atrás para comprender la dimensión del juego narrativo que nos proponen sus creadores, brillando su particular as en la manga creativo aunque no seamos conscientes de ello todavía. Nuestra vista se posa sobre la mirada de la joven Gatling contemplando el nuevo universo que está descubriendo en ese vivero acristalado. 


                                          (Viñetas 1, 2, 3, 4 y 5, página 17).

Mientras hablan Lady Remington y Cristofaros del robo de la Sigillaire (fenomenal proto MacGuffin de la trama) y son detectados por unas dianas misteriosas, desde el exterior, Gatling provoca el componente lúdico antes de presentarse la tragedia. Juega con fuego con una planta carnívora y al final se quema, es picada por ella. Es ahora de regresar a la nocturnidad.

                                                             (Página 32).

El esplendor azulado de la página nos regala un momento mágico, la cuna de la Anagnórisis, la revelación está puesta en juego. En este micro universo cuadriculado el escenario es el mismo, pero sufriendo unas consecuencias distintas, que por supuesto no desvelaremos aquí y que como hemos señalado, tampoco lo haremos en cuanto al objetivo de la joven Gatling en volver al vivero, invitando a otro enigmático personaje a poblarlo y a amenazarlo.

                                    
                                                            (Viñetas 7, 8 y 11).

Lo importante es el rostro de la protagonista encontrando algo. De la planta carnívora, aquella con la que jugaba unas páginas atrás, sale escupido un objeto, un anillo, la reliquia conocida como Sigillaire. Hasta este momento el rostro de la actante es uno inconsciente, ve el anillo y le llamaba su atención pero nada más, es en el lector donde se inicia un mecanismo de apertura, el de la Anagnórisis, la revelación de la consciencia de que el objeto no se ha perdido y lo más importante, que a partir de ahora dará mucho más juego a la trama.


domingo, 28 de febrero de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. Intersticio enigmático. A propósito de Bone. Libro primero. II. Thorn.

    


Seguimos (re)conociendo la obra de Bone de Jeff Smith con este segundo capítulo. Recordemos que en el primero, los primos Bone escapando de un escándalo en su Boneville natal acaban en un desierto. Perdidos y separados, Fone Bone encontrará un extraño valle donde decidirá buscar a sus primos, pero una elipsis en forma de cambio de estación arruinará sus planes, abocándolo a quedarse mucho más tiempo del que esperaba.


                             (Página 36 del libro primero de Bone, edición Astiberri).

Y de manera directa, sin concesiones, agarrados a esa herramienta literaria, que por otra parte es bien sabida y mejor utilizada por su creador, iremos descubriendo algo maravilloso, ¿qué es lo que se oculta entre las viñetas de un cómic? La pregunta es todo un catalizador que podríamos trasladar a otros medios y otras artes, por ejemplo, ¿qué es lo que se esconde entre los fotogramas de una película?
Solamente podemos hacer unas cosa y es mirar, o mejor dicho, contemplar.


                                                  (Viñeta 2, página 42).

Es lo que hace Fone Bone, siguiendo las pisadas de su responsabilidad, arbitraria todo hay que decirlo, mutada en el cuidado de unos bebés zarigüeyas que se han escapado de su guarida para adentrarse en esa ominosa negrura en la que se ha convertido la linde del bosque. Lo deja claro el propio actante contemplando el problema, ¡Ya vale de tonterías! Hasta ese momento no dejaba de ser un mero juego circense, rozando lo teatral, el cuidar de unos pequeñuelos pero una vez que se aventuran a la espesura, el control forzosamente cambia de manos, pasa a las de la narratividad, al qué pasará y Fone Bone es consciente al observar esa senda que se pierde en la oscuridad. Otro juego ha comenzado, el de la supervivencia en la naturaleza para unas crías y el del lector para motivar su imaginación que irá más allá de ese plano congelado del personaje mirando en la lejanía los escuálidos troncos de los árboles.


                                     (Viñetas 7 y 8, página 51).

La inquietud puede aguardar entre viñeta y viñeta, pero también hay cabida para el misterio, la sospecha, la incertidumbre. No tenemos que olvidar el título del episodio, Thorn, como si fuese un imán que nos magnetiza, no sólo los personajes sino el relato irá avanzando en esa dirección hasta resolver la pesquisa. Ya Ted puso la primera pista sobre la mesa cuando en el primer capítulo le dijo a Fone Bone que la única que podía ayudarlo a encontrar a sus primos era Thorn, pero vicisitudes narrativas aparte, ese encuentro se fue postergando en detrimento de otras presentaciones como la del Dragón por ejemplo, y ahora pareciese regresar como brújula por donde dirigirse la historia. La indumentaria del personaje ha cambiado, parece que le ha sucedido algún percance pero no es óbice para que pueda descubrir algo más allá de las viñetas: su destino. Puede que su búsqueda haya acabado o puede que otra comience, lo que es  innegable es que parte de un temor, el miedo como escondite seguro donde parapetar todas nuestras inseguridades, pero al mismo tiempo prosigue y muta en curiosidad, en esa boca abierta y en ese alzamiento de su cabeza. La sutileza es otra compañera de viaje de Smith en toda su obra, las grandes transformaciones que vemos en sus historias nacen de lo minúsculo, de lo imperceptible, de lo anodino para encauzarse después, en auténticos timones narrativos que hacen avanzar la trama. Este momento encapsulado entre estas dos viñetas lo escenifica a la perfección.


                                     (Viñetas 6 y 7, página 45).

El gag también se cuela  entre las viñetas y la diégesis de Bone, no tenemos que olvidar que su matriz inicial son las comic strip (tiras dominicales) de los Peanuts (Carlitos y Snoopy) de Charles Schulz o el Pogo de Walt Kelly, lecturas referentes y referenciales de Smith, por lo tanto el humor también tiene su hueco entre los intersticios viñeteros. De hecho, este momento se ha convertido en todo un himno a la inoperancia famosísimo.



domingo, 21 de febrero de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. El entrelazado.

   


Regresamos al antropomorfismo que tan buenos momentos nos han dado en el universo viñetero, sin ir más lejos, De capa y colmillos (Alain Ayroles y Jean-Luc Masbou) era un magistral ejemplo, como ya dimos buena cuenta de ello en Más allá del "valle inquietante" y como esperemos hacerlo en un futuro. Hoy hablaremos de La Saga de Atlas y Axis por Pau, editado originalmente en el país vecino, la misma historia de siempre, por Ankama Editions y aquí por Dibbuks.

El volumen 1 es el prototípico de toda estructura narrativa que se precie, al menos ortodoxamente hablando, donde el lector es testigo de la presentación de los héroes y de alguna que otra aventurilla que irá entrelazando a otros personajes. ¿Aventura en diminutivo? Porque no ahí tenemos a la maravillosa y clásica Bd, Los hombrecitos (Seron)  para demostrar que no solamente hace falta saber dibujar en un cómic, sino que su estructura, su guion, son igual de importante. El tildar de "aventurilla" la búsqueda de Atlas y Axis a unos Norcandos que han masacrado su pueblo, no es menospreciarla, es (re)situarla en un orden narrativo preponderante, situándola en una especie de Sidequest, en una búsqueda alternativa de la principal, porque nos daremos cuenta que el destino de nuestros héroes no son los normandos canizados sino el periplo desde su devastada Kanina hasta las tierras del Norte y lo que vivan durante la misma.

La primera herramienta que demuestra utilizar Pau es la elipsis, de una sencillez apabullante con la que poder  ahorrar cientos de viñetas y páginas que pueden acabar en tediosos circunloquios que no llevan a ninguna parte, la página 16 y sus viñetas 2, 3, 5 y 6, respectivamente, lo representan a la perfección. En cómo caminan, en cómo comparten el viaje intercambiando miradas, confrontándose con la geografía y sus elementos es, cuanto menos de agradecer, haciéndonos partícipes de uno de los secretos internos de cualquier relato. No hay nada como una buena elipsis para demostrar el ritmo de una aventura.

Pero insistimos en el entrelazado narrativo que hemos mencionado hace un rato, en la capacidad de estructura que desempeña cada historia delante del lector, en cómo los personajes, inconscientemente, son zarandeados por ese destino incierto de su creador para disponerlos nuevos horizontes que atravesar llenos de desafíos por solucionar. Uno puede ir pasando las páginas, deslumbrarse con sus dibujos, pero si no están sostenidos, entrelazados, por una buena historia caen por su propio peso quedándose en promesas rotas o en juguetes rotos, o en nuestro caso, cómics defectuosos. ¡Ojo! el término defectuoso implica una posibilidad, la de la recuperación aunque no será nuestro caso concreto.                              Si observamos la página 64 de más arriba quizá no entendamos nada en su individualidad, habría que introducirla en su totalidad, es decir, haber leído el cómic, pero la propia viñeta 2 se encargará de recordarnos la acción que en páginas anteriores había comenzado. Atlas y Axis están en peligro por el ataque de un oso polar y, milagrosamente, son salvados por un árbol caído. Bueno no existe tal milagro, como nos lo ha hecho recordar Axis en esa viñeta. Es maravilloso comprobar como una acción se queda en suspenso frente a otra, más importante, el ataque a los Norcandos, y como gracias al ritmo, otra vez, narrativo, se vuelve a recuperar transformándola en un milagro, cuando no pasa de ser una herramienta para contar historias. El cómo cae un árbol salvando a unos perros nunca ha estado mejor justificado que aquí.


Y tenemos que retornar al antropomorfismo, efectivamente, nuestros actantes son animales, en este caso perros y Pau no deja de decírnoslo. Por mucho que hablen, por mucho que combaten al enemigo, sobresale una honestidad creativa con el elemento narrativo en sí, el relato. En la página 9 somos testigos en sus viñetas de esa lógica que desafía a cualquier "valle inquietante". Tendremos más noticias de estos canes. 



domingo, 14 de febrero de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. Construyendo puentes.

 

                                    (Viñeta 1, página 33. Más allá de las sombras).

Hoy continuamos desmadejando el ovillo de Thorgal con los que algunos han llamado el comienzo de su madurez artística, el ciclo o trilogía, Los Maestros de Brek Zarith. Digamos que la obra de J. Van Hamme y G. Rosinski está entrando en una consciencia creativa importante y que El ciclo de Qa será su eclosión, pero no adelantemos acontecimientos, hoy como digo, toca pagar peaje a Shardar.

Esa telaraña donde están atrapados Shaniah y Thorgal nos va a ayudar a entrelazar una serie de uniones, vínculos si se quiere, entre diferentes momentos de los álbumes que, sobre todo, lo que evidenciará  es su conglomerado narrativo. Y es que esta serie es un perfecto maridaje entre diseño y gramática, entre imaginación y realidad. El ciclo, como prefiero llamarlo, consta de tres álbumes, a saber, La galera negra (La galère noire, 1982), Más allá de las sombras (Au-delà des ombres, 1983) y La caída de Brek Zarith (La chute de Brek Zarith, 1984). En ellos Thorgal pasará de una vida campesina apacible a una frenética "montaña rusa" en busca de su amada Aaricia por el reino de Brek Zarith. Empecemos uniendo puntos, construyendo puentes.

Y nada más empezar, desde la primera página de La galera negra los autores establecen vínculos con el ciclo anterior, concretamente con Los tres ancianos del país de Arán (Les trois vieillards du Pays d'Aran, 1979),  cuando entre bocadillos y paisanaje acompasados de una tonalidad casi mediterránea contrastando con la climatología nórdica, vemos en la segunda viñeta del mencionado álbum la llave de plomo que le entregó la Guardiana de las llaves a Thorgal en su anterior aventura. Existe algo poderosamente que llama la atención en esta viñeta y no es el cuerpo del héroe sino ese objeto que lleva colgando. Ese será el preámbulo a un  primer engarce narrativo, si se quiere, de la saga pero no el único. Si continuamos leyendo un poquito más, veremos cómo los autores establecen su estrategia a la hora de posicionar el relato en el "ojo de la tormenta" discursivo, estableciendo un diálogo entre viñetas prodigioso que se irá repitiendo en todo el ciclo. Este sería nuestro primer puente:

       

              (Viñeta 7, página 11).                                (Viñeta 6, página 16).

No sólo significa una comunicación entre viñetas, sino el detonante de la aventura mostrándonos su complejidad visual y narrativa, compartiendo elementos de una técnica con la otra. El horizonte o el punto de fuga de la imagen como amenaza, por desconocimiento, por no poder verlo claramente, alimentando las hipótesis del campesino, la incertidumbre ya no sólo de los personajes sino también del relato, cabalgan juntas. Veremos que ese esquema se irá amplificando con los otros álbumes. En el segundo álbum del ciclo, Más allá de las sombras, veremos algo parecido, ya ubicado desde otra perspectiva y ampliando su radio de acción, ya no afectará a unas páginas del comienzo sino prácticamente a todo el álbum. Nuestro segundo puente:

       
              (Viñeta 1, página 11).                                 (Viñeta 1, página 48).

La matemática es avasalladora, ambas son viñetas primeras y están situadas en la presentación y en el final del relato, respectivamente, anudando un arco narrativo donde el héroe se dispone a partir en busca de su Aaricia y donde el personaje acaba, más o menos, de igual manera en su conclusión. Sentado en una escalinata, primero expectante con la cabeza en alza, posibilitando la ilusión de poder encontrar a su amada, y después cabizbajo, derrotado por sus consecuencias. El clima ayuda con esa tonalidad neblinosa, opaca, a invitarnos a la desazón pero nos encontramos en el nudo de la trama y esto nos conducirá al último puente: La caída de Brek Zarith.

         
           (Viñeta 3, página 13).                                        (Viñeta 1, página 47).

Curiosamente regresamos a mirar al fondo, al más allá de la viñeta, a su horizonte, como si regresásemos a la aldea de acogida de Thorgal y Aaricia en La galera negra, pero lo que antes era recelo se ha convertido en constatación, se ha hecho realidad. Shardar desde su palacio mira a la flota vikinga de Jorund aproximarse y después es Galathorn, junto a los protagonistas, quien contempla los mismos drakkars marcharse. Cambio de planes, los actantes han mutado pero una misma localización los acoge. El discurso político reverbera al final del ciclo, la crítica del poder como cáncer devorándolo todo, representada en ese rostro de Shardar casi cadavérico.

                                            
                                                            (Viñeta 5, página 13).

Nos vaticina que por mucho que un monarca haya desaparecido, el recambio será igual o peor que el anterior, la propia institución está en entredicho en las últimas páginas del álbum, cuando el príncipe heredero mira solitario el horizonte, su rostro pareciese que no fuese golpeado por la brisa del mar sino por la zozobra de la duda de sus consecuencias en el futuro, unas que ya se las vaticinó el propio Shardar.


                                                           (Viñeta 5, página 33).

Estos puentes narrativos también nos podrían ayudar a comprender la situación de uno de los creadores de Thorgal, de su dibujante que fue testigo del otro lado del puente, su Polonia natal y como desde el otro lado, veían las cosas de otra manera. Por suerte para Rosinski estuvo su arma de destrucción masiva, su lápiz, en este caso sí que podríamos decir que "la pluma vence a la espada" como recordaba Marcus Brody (Denholm Elliott) a Henry Jones (Sean Connery) en Indiana Jones y la Última Cruzada (Indiana Jones and The Last Crusade, Steven Spielberg, USA, 1989), para llevar a cabo un ejercicio de estilo "cinematográfico" exultante.


                                                          (Página 6, La galera negra).

Ese sería otro puente a seguir, uno que como señala Jorge García en su análisis en el primer integral de Thorgal por Norma Editorial sobre Van Hamme resaltaba su "agilidad casi cinematográfica de sus ficciones", aunque más que eso, que también, el poderoso dibujo de Rosinski rompe la página sexta como si se tratase de una supuesta cuarta pared, para mostrar ya no solamente su poderío artístico sino para revelar el sentimiento de Thorgal cabalgando en esa noche aciaga, quizá pensando que su vida iba a convertirse en una relajada, también los héroes pueden llegar a ser unos ilusos y también por eso puede que Thorgal se siga editando actualmente, gracias a este tipo de puentes que nos van desvelando sus pequeños enigmas.


  

domingo, 7 de febrero de 2021

DOMINGO DE VIÑETAS. La estructura lo salva todo.

 

Hoy daremos un pequeño repaso a un cómic patrio llamado Entre tinieblas (Aleta Ediciones) guionizado, dibujado y coloreado, todo siguiendo ese riguroso proceso creativo, por el alborayense Jordi Bayarri centrándonos en sus cuatro primeros tomos, que se pueden comprar sueltos o en un único volumen, en vuestras tiendas de cómics favoritas o en la tienda online anillodesirio.com de su creador. Antes de nada, un poco de autobombo, ya tuve la oportunidad de compartir algunas palabrejas con Jordi en mi sección de Hoja Apergaminada (III). Cuadraditos, y de hablar de su precuela de la serie llamada Piel de Dragón, hace ya eones.

Bien, Entre tinieblas sigue las andanzas de Beryl Mediodragon en el mundo de Anthaggar ganándose la vida como cazador de monstruos, faltaría más en un mundo de fantasía. Durante estas cuatro primeras aventuras de un total de nueve hasta la fecha, seremos testigos de la presentación de sus compañeros de acechanzas. Con Cazador de medianoche (1), conoceremos a Dsedraj, un vampiro, en Dama del cielo 2) será Eilyrn, una Isewyn, y por último nos queda por conocer a Teela, una novicia con poderes ígneos en Doncella de fuego (3). En cuanto al último tomo Portal al Abismo (4), de alguna manera aglutina a todos los héroes para hacer frente a una amenaza que durante las otras aventuras se ha ido formando lentamente. Por tanto, sobresale un nexo de unión escenificado en ese Portal del que hemos oído hablar hasta poder llegar a conocerlo en el último número de la serie. Esto es importante porque sobresale la idea, como si fuese la punta de un iceberg narrativo, que Entre tinieblas, entre otras muchas cosas buenas y malas, es pura estructura. La viñeta que abre este post corresponde a la número seis de la página cinco de Cazador de medianoche y refleja perfectamente la unión entre el guion y el dibujo de esta historia. Un elemento sin el otro destruiría Entre tinieblas abocándola o a un amasijo de dibujos, la mayoría de ellos de cariz ripio en su diseño, o a unas galeradas redundantes y superfluas.

                           
                            (Viñetas 1, 2, 3 y 4, página 38. Portal al Abismo).

Aquí descansa un ejemplo de lo anteriormente descrito, los bocadillos se muestran reincidentes en su exposición, uno tiene la sensación que al leerlos se encuentra con esos bocadillos de El Capitán Trueno (Mora y Ambrós) o El Jabato (Mora y Darnís), por citar una manera de narrar clásica que se erigía como aplanadora del significado, explicando hasta el más mínimo detalle cualquier cosa, y en cuanto al dibujo vemos que los rostros de Teela o de Dsedraj varían poco, quizá alguna línea más geométrica que otra pero poco más, no obstante existe algo en Entre tinieblas que nos debería alegrar y es su loa a la estructura narrativa, su condición por encima de todo, de relato, de historia.

En Cazador de medianoche aparecen dos momentos que representan dos hiatos narrativos que nos hacen (re)pensar en esa estructura.


                                                           (Página 36).

La primera vez que tenemos conciencia del Portal, del verdadero objetivo de los personajes aunque camuflado en subtramas, es esta página que corresponde a la primera explicación de la meta de los villanos también. Hay algo de intersticio en estas viñetas, como si se tratase de esa parte del Portal que se está abriendo, se está rompiendo, el lector es consciente que algo está sucediendo, que por muchas búsquedas alternativas, la central de Beryl y sus amigos les llevará hasta esta misteriosa localización. Pero habrá más momentos como este, que anuncian una continuación en la descripción de personajes y que seguirá en las otras aventuras.


                                                 (Doble página 44 y 45).

A poco de acabar Cazador de medianoche, Jordi nos posiciona en otra geografía y con otros actantes, la sensación de derrumbe es brutal, el punto de vista del lector en estos momentos es de pura desorientación. Asombro y desconcierto que se convertirán en compañeros de viaje en las siguientes viñetas y páginas que, cada una en su tomo, irán anunciando la direccionalidad de los protagonistas, es como si siguiéramos un hilo de Ariadna que nos ayudará a salir del laberinto del minotauro.


                                                         (Página 32, Dama del cielo).

El segundo número de la serie se podría también haber llamado retornos, porque además de regresar al primer escenario de las aventuras de Beryl en Piel de Dragón, volviendo a ver a personajes de la misma, como el juguetón y amoral elfo Ávalar, retornamos a ese espacio enigmático del Portal con esas extrañas viñetas que nos muestran a un singular personaje en el interior de alguna mazmorra contemplándolo.


                                                       (Página 4, Doncella de fuego).

Las viñetas de esta página del tercer tomo de la saga representan un contraplano de las anteriores de Dama del cielo, otorgándonos perspectiva de la trama, ayudándonos a edificar una posible meta de los protagonistas. Independientemente de las tramas que haya en esta aventura y que tengan a Teela como protagonista, de igual manera que Eilyrn lo tenía en la anterior, estas páginas muestran una cesura en la manera de contar el relato que nos posiciona en una especie de recelo metanarrativo tensionando la lectura de tal manera que incluso el propio Bayarri nos lo recuerda, de vez en cuando con momentos de acción tan bien coreografiados como éste, que incluso homenajean al séptimo arte.


                                                    (Página 39, Doncella de fuego).

Uno puede llegar a cansarse de algunos dibujos, sonrojarse con algunas explicaciones, pero de lo que no puede dudar el lector de Entre tinieblas es de estar asistiendo a un  ejemplo de estructura narrativa que lo sostiene todo.