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viernes, 17 de noviembre de 2017

Día de Pre-estreno. Liga de la justicia. Perdiendo la confianza.


No soy fan de los relatos superheroicos y menos de sus reuniones, aunque si defiendo la creencia en ellos. Son la quintaesencia de la esperanza humana. De hecho en la película, la muerte de uno de ellos prologando la trama, anuncia la presencia del desánimo entre nosotros. Existe una secuencia a cámara lenta, como no podría ser de otra manera en la filmografía del señor Snyder, que lo ejemplifica burdamente intentando justificar el miedo al inmigrante, y más concretamente al de origen islámico, con esa pérdida de confianza. Por eso los necesitamos, llamadlos como queráis. Su existencia nos ayuda a pensar, ya no sólo como entes protectores sino también como guías en nuestro devenir como construcción de modelos a seguir. Si bien no podremos ser como ellos, podremos llegar a seguir sus formas de pensar, de adoctrinamiento. En definitiva de lo que estamos hablando es de una forma de manipulación, como la llevada a cabo por el cine sin ir más lejos. Y eso hay que hacerlo bien, sin que se note mucho. La sutileza es un  sustantivo poco dado en la filmografía de Zack Snyder,  más propenso a la grandilocuencia pirotécnica visual, por eso no lo consigue aquí ni tampoco en sus proyectos anteriores. Aliándose con el enemigo, es decir con Joss Whedon, no va a disfrazar su fracaso. No se da cuenta que tiene entre sus filas a un ronin creativo muy bueno, sobre todo en el ámbito televisivo (Firefly, 2002-2003) que puede llegarle a hacer una nefasta sombra marvelita. Y es una pena después del camino recorrido desde El hombre de acero (2013) hasta esta Liga de la Justicia (2017) pasando por Batman vs Superman. El amanecer de la justicia (2016) o WonderWoman (2017).


No obstante, es de resaltar a ese Aquaman (Jason Momoa) pendenciero y sarcástico  o las dos horas justas de metraje, que son de agradecer frente a otros relatos de casi tres que se mostraban terriblemente tediosos. Si vas a destruir una ciudad hazlo deprisa, seguramente que sobre el guion ocupaba medio párrafo. También resaltaría a Flash (Ezra Miller), personaje metacinematográfico/televisivo que escenifica la adolescencia fan/freak dentro de la propia trama. Momentos gloriosos son aquellos en los que se intenta medir con Superman. O también el miedo al compromiso, cuando le cuenta a Batman (Ben Afflect) sus miedos antes de entrar en acción. Bruce Wayne solamente le regalará un consejo: que trabaje como siempre lo ha hecho. La consciencia de ser alguien muy diferente a los demás, no te da el derecho de endiosarte como lo harían los malvados de la película. Por otra parte muy flojillos, como ese homenaje al Tim Curry diabólico de Legend (Ridley Scott, 1985) con el rostro quemado de Steppenwolf (en la voz de Ciarán Hinds). Eso en cuanto a los actantes porque la historia, bueno, ¿os suena esto? Tres cajas, una para las amazonas, otra para los atlantes y una tercera para los hombres. El homenaje o la farsa, tolkiena no tiene ninguna gracia. Salvo aquella de comunicarnos sólo una cosa, que estamos ante un relato autorreferencial heroico, eso que hablábamos al principio. La necesidad de pensar en héroes para ayudarnos, desmitificándolos si hace falta (resaltando los rasgos humanos presentes en dos de los integrantes del grupo como ya he dejado claro anteriormente) y proponiéndoles un nuevo camino, la unión (tan de moda, ya no sólo con Los Vengadores prescindibles sino también con los imprescindibles Defensores televisivos) dejando atrás la lucha individual, aunque eso también puede acabar mal, como ya nos lo hizo recordar el propio Snyder en Watchmen (2009). La confianza es un don mucho más poderoso que ver a alguien volar o destruir un país y cuando la pierdes, eliminas todo aquello que la rodea: personajes, historia, recuerdo, nada.


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