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miércoles, 5 de diciembre de 2012

LA CAÍDA DE DUNDEE. (VII). JUEGOS DE MESA. MOTORES CREATIVOS. PRIMERA PARTE.


Siempre me basaba en lo que estaba de moda en la época, tanto en cine, comics o TV. La temática de la que siempre he intentado partir es de la fantasía, ciencia ficción, o de la originalidad.
                                                                  Pepe Pineda. (Diseñador y creador de juegos).


Mi primer acercamiento a los juegos de mesa fue con uno muy particular que tenía una cobra como enemigo. Quizás desde ese momento empecé a temer a los reptiles cual Doctor Jones. Desde tiempo inmemorial, siempre han estado los Parchís, los Juegos de la Oca y más contemporáneamente, los Monopolys, quizás estos últimos hayan sido los que mejor han envejecido evolucionando con el discurrir del tiempo (¿cuántas versiones del juego primigenio hay actualmente?, creo que cada año sacan una, ¡pero si incluso hay una adaptada para los niños en versión Disney!). Quizás el éxito radique en su temática económica  que siempre ha estado en alza desde que triunfó un modo de vida y fracasó otro. Por desgracia, la actualidad económica siempre me recordará a ese juego donde solamente comprabas y vendías. A lo mejor todos nos volvimos en algún momento de nuestras vidas ése personajillo que anunciaba el juego. Ese cabezón con chistera que cual vampiro financiero, nos abdujo lentamente, haciéndonos creer que podíamos ser los reyes del mundo.  Pero no todos los juegos de mesa fueron así, hubo otros que apoyándose en otras temáticas, nos introducían en fascinantes mundos, alejándonos de nuestra realidad. ¡Qué se quedasen atrás esas minúsculas formas cuadrangulares abstractas que, en teoría representaban nuestra ambición para dar la bienvenida a esas figuras con yelmos vikingos y faces inexpresivas! ¡Qué dejásemos de jugar con esos billetes falsos y nos pusiéramos a coger a nuestro héroe acartonado para invitarle a la aventura! En definitiva, ¡qué diésemos la bienvenida a títulos como En Busca del Imperio Cobra, El Cetro de Yarek, La Maldición del Templo de Cristal o Dagón contra el Hechicero de los Reinos Negros! Todos tenían tres cosas en común, dos nombres y una compañía. Los dos primeros eran Pepe Pineda creador y Isidre Monés ilustrador, ambos trabajando para la zaragozana compañía de juegos Cefa.


En busca del Imperio Cobra, allá por el año 1983 o 1984, fue el que despertó mi fascinación por los juegos de mesa y por algo más. Por aquel entonces vivía enclaustrado en un Parque Móvil perteneciente a la Policía Nacional, que representaba mi mundo donde  el piso de mis padres, era el epicentro de mis aventuras y el trayecto a mi colegio de monjas, mi periplo diario. Recuerdo otro lugar mítico, el Parque vallado que nos rodeaba convirtiendo el lugar en una aldea gala, circundada por fábricas y un descampado (lo llamaban la Campa del Muerto, ¡vaya nombrecito!) que más tarde se convirtió en un Polideportivo. Durante la semana el tedio me atacaba inmisericordemente pero cuando llegaba el fin de semana, anunciado por el Un, Dos, Tres televisivo del Viernes por la noche, se transformaba en autenticas desventuras para los que vivíamos por allí, aislándonos de la cruda realidad.
Mi despertar imaginativo ocurrió precisamente la mañana de un sábado, cuando descubrí esa llave que me permitiría abrir la puerta de mi creatividad y que espero que La caída de Dundee sea un buen legado de ello. Caminando hacia un grupo de niños, me llamó la atención su disposición. Siempre los había visto activos, jugando partidos de Futbol o corriendo de un lado a otro pero en esa mañana estaban arremolinados pasivamente, sentados unos, arrodillados otros, mirando atentamente el suelo del portal donde habían decidido tender su ocio. Mi curiosidad me empujó a desvelar el misterio, convirtiéndose en el primer motor de mi creatividad. Me aproxime extrañado hacía ellos y a cada paso que daba iba descubriendo lo que tanta atención les generaba. Lentamente fui descubriendo los límites de un tablero apaisado sobre el frío suelo. Sus colores me atacaron frontalmente y las formas que allí había, dibujadas majestuosamente, me avisaban de que el ojo del gigante Polifemo, lugares exóticos y naves espaciales me daban la bienvenida a esa reunión tribal. Nadie se inmutó de mi acercamiento. Además de la superficie del plano y sus dibujos, empecé a descubrir que existían pequeños cabezones con unos cuernos en sus cascos que se movían de un lado a otro siguiendo un camino de baldosas. Eran impulsados por las manos de esos niños que cogiendo unas cartas y leyéndolas en voz alta, les insuflaban vida al juego y lo más importante, a nuestra imaginación, despertándose el segundo de los motores creativos. No entendía absolutamente nada de lo que mis ojos contemplaban pero me quedé paralizado por la jugabilidad incomprensible de aquellas manos moviendo guerreros en miniatura y luchando contra hombres-cobra troquelados; me quedé hipnotizado por los nombres que allí oí por primera vez y que jamás olvidare: ¡la nave cobra enviada para hacer prisioneros a los héroes que se encuentren en las Montañas del Alud! ¡El Nautilus que te permitía llegar al Templo Cobra! ¡Las tierras de Hyrkania, Vendha y Kithya! ¡Los Oráculos otorgándote los objetos mágicos! Sin duda, algún nombre de aquellos que oí por primera vez aquel lejano sábado se me habrá colado en mi novela y alguna situación posiblemente haya sido creada basada en esa primera experiencia creativa. Por desgracia en los noventa todo eso desapareció con la llegada de los videojuegos como nos lo recuerda el propio Pepe Pineda, el mago creativo de los juegos de mesa de los ochenta en nuestro país:
Los videojuegos, los ordenadores, la tendencia de callar al niño con un mata marcianos en lugar de que exprima su imaginación con otros niños. Lo que ha desembocado en la era zombi de la juventud actual (NI-NI).”

Ése sentimiento generador creativo regresó con fuerza con el nuevo milenio. Continuará…

2 comentarios:

  1. Yo aún conservo el juego, y de vez en cuando me echo una partida con los amigos. Aunque llevo mucho tiempo sin catarlo.

    Mira el blog del autor, seguro que te trae muchos recuerdos porque la imaginería que nos alimentó en la década de los 80 nace de su pluma anónima; yo descubrí que tenía un montón de albumes, pegatinas, libros y cómics que habían sido dibujados por el.

    http://isidremonesart.blogspot.com.es/2012/09/en-busca-del-imperio-cobra-revive.html

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  2. Si señor, bonitos recuerdos.
    Lo que yo no sabia y descubrí en Cordoba, cuando me dieron el premio por la serie de juegos Cefa, es lo vivo que está el mundo de los juegos de mesa.
    Fantástico!!

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