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martes, 10 de febrero de 2015

PERCEPCIÓN CATÓDICA. MÉRITO EN LA INSOLENCIA.


Mucha de la presión de un show que podría cancelarse en cualquier momento te puede ayudar realmente. No lo hace en tu digestión, no lo hace en tu matrimonio pero lo hace en tu forma de contar una historia. Porque vas marcha atrás y piensas: ¿Qué es lo más importante que necesito sentir? ¿Qué es lo esencial de la historia? ¿Qué quiero contar de verdad?”
                                                                                                       Joss Whedon.

Pues vayamos al asunto. El Capitán Reynolds mira a su alrededor: el paisaje, una ceremonia, a sus participantes, a sus compañeros y después… ¿a nosotros?, ¿al espectador de Firefly? Último capítulo, última secuencia y último plano. Podríamos hablar de muchas cosas en este episodio pero nos volveremos minimalistas y lo haremos de un simple gesto. Aquel del que se abasteció y sigue haciéndolo un arte: de su mirada. Uno que, como hemos visto a lo largo de los catorce capítulos, está construido y premeditadamente  ubicado al final del relato. Todo tiene que seguir un ritual y Mal rompiendo la cuarta pared “brechtiana” lo finiquita haciéndolo de la manera más clara, observándonos. Pero, ¿qué miran sus ojos? Como he dicho antes, podríamos ser su centro de atención o quizás lo que esté contemplando sea algo más transcendental, el abismo que se cierne ante él (consciente por su mirada frontal) frente a la inconsciencia de  los suyos, perdidos en el funeral. Esto nos llevaría a otra cuestión. ¿Qué es el abismo? o concretamente, ¿qué es la mirada abisal? Cuando un personaje mira al abismo está declarando su insolencia con respecto al de otros. Ubica su prepotencia en el sagrado olimpo de los dioses narrativos realizando un ejercicio de constricción individual, consciente de su propio final incluido en la diégesis. Y por final no quiero decir muerte, sino simplemente cierre de una historia o termino de un personaje. Pero ya que nos encontramos en un funeral, no desentonaría para nada la idea de estar mirando al más allá. ¿Qué hay allende el abismo? Más allá existe el mundo sensible, no tangible, el contracampo alimentado por la mayor de las energías creadoras, la imaginación. Las interpretaciones se han ido multiplicando con cada episodio de Firefly pero en este momento, Whedon aparta su descaro creativo, dejando atrás el artificio para ofrecernos directamente su esencia. Las diferentes herramientas que conforman y hacen posible la secuencia, potenciándola (la cámara lenta, la música, los efectos visuales de la nieve cayendo) nos hablan de un momento trágico, pero no hay que engañarse porque no nos encontramos ante una elegía sino, más bien ante una despedida pero no una definitiva. Para aquellos que no lo sepan, el amigo Joss hizo una especie de secuela-sumario en el 2005 con su film Serenity. Si quiso con esta película reanimar a la mortuoria serie, no lo consiguió ayudándola a convertirla aún en más maldita que antes, quizás ese fue el objetivo desde el principio (“Firefly fue insoportable…” Whedon dixit).
Decir adiós nunca es fácil. Lo ridículo puede hacer acto de presencia y destrozar cualquier tentativa de despedida. La última secuencia tiene el honor o la obligación de cerrar un ciclo pero a Whedon no le interesa cerrar arcos argumentales más bien, acelerarlos. Y lo que nos ofrece el último plano es un salto al vacío en esa mirada de su protagonista. “Firefly cuenta la historia de nueve personajes mirando la negrura del espacio, observando nueve cosas diferentes.” Puede que al final y partiendo de esa hipótesis tan sutil como sencilla (son palabras suyas), esa mirada resuma en unos minutos el universo de su creador. Uno que empezó a expandirse a una velocidad que ni él mismo pudo contener, ni controlar, como ya dejó claro más arriba. El universo actante se multiplicó de tal manera que fue imposible describirlo todo. Cada integrante de la Serenity desarrolló su propio cosmos mezclándose sutilmente con una trama principal, sí es que la ha tuvo alguna vez Firefly, enriqueciéndola y en algunos casos, la mayoría de ellos, relegando su protagonismo. Cuando no tenían que hacer un trabajo para subsistir tenían que ayudar a algún personaje secundario, o incluso, episódico como somos testigos en este The Message. La trama se genera en el pasado bélico del Capitán Reynolds y de su lugarteniente, Zoë pero ensuciará al resto poniéndoles en aprietos.  
Todo eso ya pertenece al pasado aunque quizás, y con el éxito cosechado con Los vengadores (2012), cosa que parece no se le ha subido a la cabeza (Mucho ruido y pocas nueces, 2012), puede que algún día regrese a su universo de Browncoats. Siempre nos quedará una incertidumbre (quizás alimentada por él mismo): el misterio de cómo un afamado showrunner (creador de Buffy o Ángel) acabó siendo cancelado y después resucitado por sus fans (según él). O quizás es otra pieza más de su puzle creativo. Otro integrante más de su particular juego con el otro. Aquel con el que ha estado jugando durante todo este tiempo: romper sus expectativas ofreciéndoselas y transformándoselas en otras opciones. Nos puede gustar o no pero tiene su mérito, digo yo.

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